En el bicentenario del nacimiento de Manuel Murillo Toro - Razón Pública
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En el bicentenario del nacimiento de Manuel Murillo Toro

Escrito por Super web
Edificio Manuel Murillo Toro en el centro de Bogotá.

Edificio Manuel Murillo Toro en el centro de Bogotá.

Hernando HernandezSemblanza de un hombre de su tiempo – y también de nuestro tiempo-. Exaltar a quienes han servido con honradez y provecho a Colombia es un deber para que las nuevas generaciones re-encuentren los mejores valores de nuestra nacionalidad*.

Hernando A. Hernández**

Universidad de Ibagué

Una carrera limpia y brillante.  

El primero de enero de 2016 se conmemora el bicentenario del nacimiento de Manuel Murillo Toro, reconocido con justicia como el “padre del radicalismo liberal”, “el rey de la prensa”, “el ídolo de la juventud” y “el reformador de las instituciones colombianas”.

Manuel Murillo Toro descolló en todas las responsabilidades que le fueron asignadas, desde su primer empleo como escribiente del Consejo de Estado, que le fuera entregado para costear sus estudios, hasta la Presidencia de la República, para la cual fue elegido en dos oportunidades (1864-1866 y 1872-1874), pasando por otros cargos como diputado, representante a la Cámara, senador en varias oportunidades, ministro de Relaciones Exteriores y de Hacienda, embajador y magistrado de la Corte Suprema de Justicia, entre otros.

Fue un hombre pulcro, atinado, enérgico y prudente  en el manejo de la cosa pública. Una frase de su segundo discurso de posesión presidencial resume su divisa: “gobernar es simplemente administrar con honradez, pero también con firmeza, los intereses comunes. Definido así el Gobierno, la administración actual será contada entre las mejores”.

Ejecutorias

El militar y político José María Melo.
El militar y político José María Melo.
Foto: Wikimedia Commons

De su primera administración se recuerda la creación del Diario Oficial, por Decreto Ejecutivo 2798-A, del 28 de abril de 1864, con la aspiración de que todos los actos de gobierno fueran conocidos por la opinión pública, pues se recuerda que su ideal era someter su conducta como funcionario, a la censura de sus conciudadanos.

Se recuerda también la instalación del telégrafo en Colombia, maravilloso invento de la época que, como señaló el maestro Darío Echandía, “nos permitió transmitir, eliminando, por decirlo así, el espacio y el tiempo, las ideas y las expresiones del humano pensar”.

Durante su segundo mandato presidencial concentró sus esfuerzos en superar las dificultades que para entonces acarreaban la enorme deuda externa de Colombia y las crecientes obligaciones crediticias internas.

Gobernar es simplemente administrar con honradez, pero también con firmeza, los intereses comunes.

Asimismo pregonó e impulsó los conceptos de la economía dirigida y de la función social de la propiedad, temas que fueran acogidos definitivamente por la Constitución de 1936 y reiteradas por la Constitución de 1991 (Artículo 334).

Como buen jurista, el ilustre tolimense desplegó una inmensa actividad para actualizar los diferentes estatutos legales. Así impulsó la expedición del Código de Comercio (Ley 10 de 11 marzo de 1873); del Código Civil (Ley 84 de 1873); el Código Fiscal (Ley 106 de 1873); el Código Penal (Ley 112 de 1873), y el Código Judicial (Ley 57 de 1872) que  estuvo vigente hasta 1923.

Ejemplo de tolerancia

Amigos y adversarios de este real estadista- oriundo del “Chaparral de los grandes”- le han   reconocido  siempre su tolerancia y su respeto por las ideas ajenas, principios que seguramente reforzó durante su paso por el Colegio San Simón en Ibagué, que había sido fundado por  el general Santander en 1822 y se ha caracterizado por estos valores.

El anecdotario de sus intervenciones en favor de sus contradictores o de los vencidos en las innumerables guerras civiles y episodios bélicos que han desgastado a Colombia, es simplemente inagotable.  Destaco apenas su respuesta a un grupo de distinguidas damas que pedían protección para quienes profesaban la religión católica; dijo en aquella oportunidad el ciudadano Presidente: “…Libertad y tolerancia y para todos en el terreno neutral, donde puedan conciliarse todos los derechos y gustos. Eso es lo que quieren nuestras instituciones y eso es lo que yo procuro con ahínco que penetre en nuestras costumbres y se practique con sinceridad. Que nadie turbe a otro en su culto ni en sus goces y que todos defendamos la libertad como la diosa protectora de las expansiones de nuestra alma, así como de nuestros goces materiales legítimos”.

Cuando el también chaparraluno José María Melo, Comandante General de la Capital, se proclamó dictador y revivió la Constitución de 1843, Murillo Toro participó en el Congreso de Ibagué y acompañó los ejércitos del sur en las campañas de Bosa y de Tresesquinas. Un año después defendió con especial ardentía a su adversario, el General Obando, evitando que sobre él recayera una sentencia condenatoria por traición a la patria, por parte de la Corte Suprema de Justicia.

Pero su mayor muestra de grandeza la tuvo con su coterráneo el General Melo, al liderar la causa para que se le perdonara junto a los demás rebeldes y, como lo relata el historiador tolimense Darío Ortiz Vidales, al cancelar la fianza de ocho mil pesos que le fuera impuesta, para lo cual constituyó hipoteca sobre su patrimonio.

Diplomático y periodista

El político y escritor tolimense Manuel Murillo Toro.
El político y escritor tolimense Manuel Murillo Toro.
Foto: Wikimedia Commons

El doctor Murillo Toro cumplió también una labor destacada como diplomático. De ello da cuenta el gran afecto que le profesó el presidente norteamericano Abraham Lincoln, quien lo visitaba con frecuencia en la legación en Washington, al punto que dispuso el envío del vapor de guerra Glauco para  trasladar al embajador a Colombia cuando fue elegido por primera vez como Presidente.

También se recuerda que, al culminar su segunda administración, fue designado por el doctor Santiago Pérez para discutir con el gobierno venezolano el diferendo por límites que se mantenía con el vecino país. Se han ponderado por los historiadores las brillantes discusiones que sostuvo con el plenipotenciario venezolano Antonio Leocadio Guzmán.

Como periodista, Murillo Toro fundó en 1847, en Santa Marta, la Gaceta Mercantil donde, se afirma, acrecentó su reputación política, en razón a sus claras ideas partidistas. Al respecto afirma el historiador Medardo Rivas: “…Y como todos estaban acostumbrados a que el movimiento intelectual y político fuese de la capital a las provincias, sorprendió la aparición de este periódico, verdaderamente iniciador de una nueva era; y que escrito con brío, con talento y con moderación, venía a reivindicar los derechos del partido liberal, hasta entonces proscrito y privado de toda intervención en el manejo de los negocios públicos”.

Pregonó e impulsó los conceptos de la economía dirigida y de la función social de la propiedad

Cuando se retira de la Secretaría de Hacienda, por no ser aceptada su propuesta de que se les adjudicaran terrenos baldíos, sin exceder en cada caso de mil fanegadas, a los campesinos que habían sido obligados a salir de sus ejidos, regresó el eximio tolimense a la actividad periodística como colaborador de los periódicos El Constitucional y El Neogranadino. Fue también editor de El Tiempo y escribió para la Bandera Nacional, El Correo y El Latigazo.

Su respeto por la prensa y sus opinadores fue absoluto. Cuando el periódico El Independiente lo atacaba con sevicia, el ciudadano presidente remitió al editor el valor de la suscripción por un trimestre, acompañado de una nota que decía: “Aunque el periódico se ha presentado lanza en ristre contra mí, saludo sinceramente su aparición y le deseo una larga vida. Sin imprenta que refleje con toda libertad los diferentes matices de la opinión, es imposible administrar con mediano acierto. Además, es del más alto interés que cale bien en nuestras costumbres la asistencia de la imprenta, tanto como medio de formar el criterio nacional como para realizar el Gobierno de la opinión. Por esta razón, cuando el Gobierno o el Administrador tiene la calma para leer todo sin preocuparse de lo que le afecta a su persona, lastimando su vanidad o su amor propio, los periódicos que lo atacan o censuran más frecuentemente quizá le sirvan mejor que aquellos que lo aplaudan o sostienen”.

Las consideraciones anteriores llevaron a los amigos de Manuel Murillo Toro y a sus más enconados opositores a brindarle una despedida apoteósica al producirse su deceso en Bogotá el 26 de diciembre de 1880. Así, Rafael Núñez, a cuya elección se había opuesto el caudillo liberal, expresó: “Durante un cuarto de siglo, el hombre cuya pérdida deploramos fue el heroico conductor de un generoso partido político, cuya luminosa huella no alcanzarán a borrar de la páginas de nuestra historia sus necesarios errores. Como el filósofo antiguo aconseja tener horror al delito a la vez que compasión por el delincuente, Murillo no transigía con la doctrina de la escuela contraria; pero ninguno más benévolo con los hombres, ninguno más tolerante, porque mientras conservó intacta su intelectualidad, fue defensor resuelto de todos los oprimidos y campeón indomable de la libertad de conciencia, de la libertad de imprenta, del derecho de asociación y aún del indulto y la amnistía para los culpables de delitos políticos, que él siempre consideró como simples extraviados e ilusos”.

Preparémonos entonces para rendir el homenaje más que merecido a este ciudadano que dedicó su vida a defensa nuestros derechos. Exaltar a quienes han servido con honradez y devoción a la patria constituye un deber ineludible de la sociedad, para que las nuevas generaciones reconozcan y comprendan los valores en que se fundamenta nuestra nacionalidad.

 

* Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

**Magister y doctor en Derecho del Externado de Colombia, autor de libros y artículos sobre derecho penal económico y sobre delincuencia financiera, profesor titular y miembro del Consejo de Fundadores de la Universidad de Ibagué.

 

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