Elecciones y dictaduras - Razón Pública

Elecciones y dictaduras

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La semana pasada en el marco el 47º aniversario de la Revolución Sandinista el presidente de Nicaragua Daniel Ortega manifestó en medios de comunicación que «Aquí no volverá a haber elecciones». Más allá de ratificar con la expresión lo que desde hace más de una década para buena parte de los analistas y la comunidad internacional es un hecho -que Nicaragua es una dictadura o autocracia- la advertencia de Ortega sirve para reflexionar qué representan las elecciones en los regímenes no democráticos. 

Pese lo que podría pensar la mayor parte de las personas, las elecciones no son exclusivas de las democracias. Las elecciones son una característica fundamental de la democracia, pero no la única. Tanto los regímenes democráticos como los no democráticos hacen elecciones, la diferencia está en qué tipo. En política comparada existen tres clases: 

  • Elecciones competitivas: las que se desarrollan en la mayoría de las democracias consolidadas. No son perfectas y pueden presentar en ocasiones problemas como clientelismo, violencia o fraude, pero estos no son ni sistemáticos ni masivos, ni afectan a grandes rasgos los resultados.
  • Elecciones semicompetitivas: se desarrollan en democracias débiles, democracias de baja calidad o subtipos disminuidos de democracias, donde, aunque existen elecciones regulares y derechos para la oposición, estas enfrentan restricciones considerables.
  • Elecciones no competitivas: se desarrollan en la mayoría de las dictaduras o autocracias, ya sean regímenes militares, sistemas de partido único, etc. Puede haber elecciones regulares, pero la oposición literalmente ha sido eliminada, es de fachada o está profundamente aterrorizada por el régimen y se abstiene de competir. 

La mayoría de las dictaduras o autocracias actuales hacen elecciones frecuentes, por ende, buena parte de los analistas las catalogan como regímenes electorales autoritarios o autocracias electorales. Permitir cierto grado de competencia electoral, así sea leve o amañada, es útil para las dictaduras puesto que les permite: (a) servir de fachada para legitimarse ante la opinión pública nacional o internacional, (b) poner en funcionamiento sus maquinarias electorales clientelistas o coercitivas y/o (c) sondear de alguna manera las preferencias electorales en la opinión pública. 

Pero incluso estas elecciones leves y amañadas pueden generar cierto grado de riesgo para los dictadores. Por muy desnivelado que sea el campo de juego para la oposición, las elecciones en contextos de regímenes electorales autoritarios o autocracias electorales, le brindan también oportunidades a la oposición para: (a) exponer sus reivindicaciones de manera pública ante medios de comunicación nacionales e internacionales, (b) así sepan que van a perder, pueden aprovechar mediáticamente para impugnar los resultados electorales, así también sepan que la justicia y los órganos electorales están en manos del régimen y/o (c) incluso pueden lograr  en ocasiones la deserción de sectores leales al régimen o de su base electoral, al estos percibir que la oposición tiene alguna posibilidad- así sea pequeña- de victoria. 

Y es que algunas autocracias electorales en el pasado han caído precisamente porque permitieron cierto grado de competencia electoral en algún momento de su historia, como la misma Nicaragua en 1989 cuando el régimen sandinista de Ortega perdió las elecciones presidenciales ante Violeta Barrios, o en 1999 cuando el régimen de partido hegemónico del PRI en México perdió las elecciones presidenciales ante Vicente Fox. Entonces, las elecciones por muy amañadas y restringidas que las haga el dictador, si permite algún grado así sea leve de oposición y competencia, generarán algún tipo de riesgo para el. 

Esto puede explicar en parte la advertencia de Ortega. En su cálculo costo beneficio, los costos de permitir las elecciones están superando a sus beneficios. En muchas ocasiones esto hace que las dictaduras pasen de ser autocracias electorales competitivas a convertirse en autocracias electorales hegemónicas, como hizo el régimen de Maduro de 2016 en adelante, cuando la oposición le ganó las mayorías en la Asamblea Nacional. Otra posibilidad es que Ortega este cerrando aún más el régimen, para en una eventual negociación/presión diplomática o militar con EE.UU, vender como una muestra de “apertura” del régimen, el hecho de volver a establecer las elecciones y el calendario electoral.

Algunos académicos advierten que estamos entrando -o ya estamos- en una tercera ola de autocratización en el mundo, otros no son tan alarmistas, pero sí coinciden en que en muchas democracias- incluso consolidadas- se están presentado preocupantes procesos de erosión democrática. El llamado entonces a defender la democracia en la región debería ser unánime por parte de lideres políticos y organismos multilaterales. Pero esta defensa no debería tener sesgos, pues es tan grave la advertencia de Ortega de no convocar elecciones, como el anuncio de Bukele de buscar una nueva reelección en El Salvador. 

En una frase apócrifa atribuida seguramente de manera incorrecta al presidente Franklin D. Roosevelt, se cuenta que cuando uno de sus asesores le preguntó por qué EEUU apoyaba a dictadores tan crueles y déspotas como Somoza en Nicaragua (o algunas versiones dicen Trujillo en República Dominicana), Roosevelt respondió “es un hijo de la gran puta, pero es nuestro hijo de puta”. Perece que en ocasiones hay dictadores buenos y dictadores malos, todo depende de la conveniencia geopolítica e ideológica del momento. 

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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