Elecciones en Estados Unidos: Biden, Trump y la justicia
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Elecciones en Estados Unidos: Biden, Trump y la justicia

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Los estadounidenses han perdido la confianza en los procesos electorales. El panorama se oscurece con los enredos judiciales de los dos principales candidatos. ¿Quién llegará a la presidencia?

Guillermo Calvo Mahé*

El sistema electoral

Los Estados Unidos son una federación: se asemeja más a la Organización de la Naciones Unidas, donde cada país mantiene su independencia que a un Estado unitario (como decir, Colombia).

Hay más de diez mil jurisdicciones de administración electoral, cuya cobertura varía drásticamente de estado a estado. No existen normas generales acerca de cómo se tabulan los votos. Aunque muchos atributos del federalismo se han descartado, queda la notable excepción de Colegio Electoral —así abunden las propuestas para abolirlo y adoptar un sistema electoral para la presidencia donde no importe el lugar de residencia de los votantes (como se hace en Colombia)—.

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El fenómeno Trump

Donald Trump es un personaje sui generis.  Ha sido exitoso en negocios de propiedades raíz y en la televisión.  Políticamente comenzó como miembro del partido Demócrata (y amigo cercano de los Clinton), después como seguidor del billonario Ross Perot (candidato independiente en la elecciones de 1992 y 1996) y al final como miembro de una nueva rama populista del partido Republicano, el Tea Party.

Trump proyecta una imagen grosera e infantil –en realidad, casi una caricatura– con mal manejo del idioma, pero sumamente agresiva.  Pero no es estúpido, como lo pintan sus opositores, y sus políticas económicas e internacionales fueron novedosas.  “Peligrosamente” novedosas para el mundo tradicional estadounidense, pues en gran parte estos sectores rechazan la beligerancia internacional y tratan de reducir los conflictos al terreno económico (con la excepción de temas que afecten a Israel, país que apoyan totalmente).

Trump ganó inesperadamente las elecciones de 2016, pero no pudo gobernar, impedido por investigaciones constantes tanto en el Congreso como por medio de su propio Departamento de Justicia y agencias de inteligencia.

El partido demócrata logro la mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones de 2018, y se dedicó a promover la destitución del presidente Trump. En dos ocasiones lo acusaron formalmente de graves delitos de carácter político que fueron rechazados en el Senado, pero lograron afectar las elecciones federales de 2020, con la ayuda de los medios de comunicación y la colaboración de agencias de inteligencia como el FBI y el Departamento de Justicia (supuestamente del gobierno Trump). Estos ocultaron información desfavorable sobre corrupción del candidato Demócrata mientras investigaban de forma constante al presidente Trump y a sus aliados.

Trump ganó inesperadamente las elecciones de 2016, pero no pudo gobernar, impedido por investigaciones constantes tanto en el Congreso como por medio de su propio Departamento de Justicia y agencias de inteligencia.

El asalto al Capitolio

Convencidos de que hubo fraude electoral, seguidores del presidente Trump  protestaron masivamente en Washington, D.C. el 6 de enero de 2021, día en el que los resultados de las elecciones de 2020 serían certificados. Durante las protestas, una pequeña minoría invadió al Capitolio para interrumpir la certificación.  Al parecer, agentes de la policía y agentes federales se infiltraron y posiblemente impulsaron la invasión como agentes provocadores.

En respuesta a las protestas y a la invasión del Capitolio, miles de personas han sido formalmente acusados de crimines bajo normas legales adoptadas para lidiar con el  terrorismo.  Totalmente distinto a la manera como fueron tratadas las numerosas protestas por parte de seguidores de Hillary Clinton después de las elecciones de 2016.  Incluso, hace poco, el mismo candidato Donald Trump, sus asesores y abogados fueron incluidos en acciones penales a raíz de la invasión del Capitolio.

La situación actual

Como resultado de lo anterior, la confianza en la legitimidad de los procesos electorales en Estados Unidos ha sido seriamente afectada.

Quienes apoyan a Trump afirman que los medios de comunicación, las plataformas que albergan las principales redes sociales y las agencias de inteligencia, de justicia y la misma judicatura federal  han intervenido a favor de los Demócratas.  Notan que estos excesos han sido tantos que la copresidenta del partido Demócrata, Tulsi Gabbard renunció a su posición en 2016 y se retiró del partido para convertirse  en una de sus más feroces críticas.

El presidente Biden está rodeado por escándalos sobre posible corrupción, incluyendo pagos de sobornos que habrían sido ocultados. Además, tiene problemas debidos a la inflación económica causada por la guerra en Ucrania y por la posibilidad de otra guerra, esta vez con la China sobre el tema de Taiwán.

Hay opositores demócratas, entre ellos Marianne Williamson, una figura muy popular en medios sociales y Robert F. Kennedy, Jr., hijo del asesinado candidato presidencial en 1968, Robert F. Kennedy, y sobrino del asesinado presidente John F. Kennedy.

Kennedy podría ser un opositor serio, dadas su trayectoria familiar y el apoyo de independientes e incluso de Republicanos.  Pero ha sido estigmatizado por los medios como adicto a teorías conspirativas porque critica la reacción del partido demócrata ante la pandemia, porque apoya a la causa palestina en oposición al sionismo, y porque cree que la CIA fue responsable de los asesinatos de su padre y de su tío.

Los Republicanos tradicionales parecen desesperados para encontrar candidatos opuestos a Trump, y para eso movilizan muchos recursos económicos.  A diferencia del Demócrata, este partido sí tendrá debates presidenciales.  Entre los posibles candidatos se destacan Mike Pence, vicepresidente bajo Trump; Tim Scott, senador por Carolina del Sur; Nikki Haley, anterior gobernadora de Carolina del Sur y embajadora ante la ONU; Chris Christie, anterior gobernador de New Jersey, y Ron DeSantis, gobernador actual de la Florida.

DeSantis, un latino de ascendencia cubana, había sido la mayor esperanza de los opositores Republicanos de Donald Trump, pero no ha logrado despegar.  DeSantis generalmente tiene posturas más conservadoras que Trump, pero en temas bélicos está mucho más alineado con la administración Biden.

Entre los candidatos Republicanos figuran además Doug Burgum, gobernador actual de Dakota del Norte; Larry Elder, locutor de radio; Will Hurd, anterior miembro de la Cámara de Representantes; Asa Hutchinson, anterior gobernador de Arkansas; Perry Johnson, empresario y autor; Vivek Ramaswamy, empresario billonario y comentarista político; Corey Stapleton, anterior secretario de estado del Estado de Montana; y, Francis Suarez, actual alcalde de Miami.

Foto: Twitter: Robert F. Kennedy Jr. - Aunque Robert F. Kennedy Jr. puede ser un opositor serio, ha sido catalogado por los medios como un adicto a las teorías de conspiración.

El presidente Biden está rodeado por escándalos sobre posible corrupción, incluyendo pagos de sobornos que habrían sido ocultados.

Como siempre, hay candidatos de otros partidos y, como siempre, son ignorados por los medios de comunicación. Entre los candidatos alternativos se destaca Cornel West del Partido Verde, brillante filósofo y activista político afrodescendiente.

Pronósticos

El partido Demócrata postulará como su candidato al actual presidente Joseph Biden.

Como en 2016, el partido Demócrata insiste en postular al candidato más leal a la coalición informal conocida como el “Estado profundo”,  que incluiría a los principales medios de comunicación, las plataformas principales de Internet (aunque esta vez con excepción de Twitter, ahora denominado X), las agencias de inteligencia, el departamento de justicia, el FBI, la burocracia federal, la comunidad financiera de Wall Street, Republicanos tradicionalistas y, quizás más importante, el complejo industrial-militar contra el cual el presidente Eisenhower advirtió en su discurso final al inicio de 1961.  A lo anterior se sumarian Republicanos tradicionales si el candidato de su partido fuera, como se espera, Donald Trump.

Su opositor probablemente será Donald Trump. Aunque quizás estará preso en alguna cárcel y luchando contra una plétora de procesos penales y civiles, también rodeado de escándalos —pero no referente a sobornos— por su rechazo a los resultados de las elecciones de 2020 y, en algunos casos, por relaciones extramaritales.  Estar encarcelado en Estados Unidos no le impide ser elegido.

Seguramente la elección será manipulada a favor del presidente Biden por los medios de comunicación y las plataformas del Internet, con oposición seriamente censurada, pero el pueblo les tiene poca confianza.  Sin embargo, aunque no crean en los medios de comunicación, son afectados por la publicidad negativa sobre Trump y la poca información sobre las investigaciones contra el presidente Biden, temas estos que a su vez exageran los medios cercanos al expresidente Trump, como decir Fox News, la cadena de mayor audiencia en Estados Unidos. Los electores norteamericanos viven así en dos burbujas o en dos planetas diferentes.

Es probable que el candidato Republicano sea Trump. Y si ocurre un milagro, como el 2016, Trump podría superar todos los obstáculos, pero no será seguro que se le permita asumir la presidencia y, si la asume, que pueda gobernar.

Lo único seguro en este momento es que de Cornel West poco o nada se sabrá.

Lea en Razón Pública: El gigante maniatado

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Guillermo Calvo Mahé

*Politólogo, traductor, magister en Estudios Jurídicos y doctor en Jurisprudencia. Correo: guillermo.calvo.mahe@gmail.com.

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