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Elecciones en Chile

Escrito por Harold Correa
Harol-Correa

Una contienda electoral que debe entenderse a la luz de la historia reciente de Chile y que da pistas sobre lo que puede avecinarse en las próximas elecciones en Colombia.

Harold Correa*

De Allende a Pinochet

La historia latinoamericana nos ha acostumbrado a una tensión permanente entre los fenómenos políticos y sociales y la diversidad local. Esta tensión se originó durante la Conquista y ha persistido hasta hoy. Los fantasmas de las largas y oscuras noches de dictaduras en el Cono Sur siguen marcando la suerte de varios países, especialmente de Chile.

El 4 de septiembre de 1970 el médico socialista Salvador Allende asumió la presidencia de Chile. La “vía chilena al socialismo” dialogaba con la revolución cubana, pero buscaba ser democrática.  Sin embargo, lo que él llamaba “revolución con empanada y vino tinto” prendió las alarmas del mundo occidental liberal que, por esos tiempos estaba obsesionado con la Guerra Fría.

El triunfo del socialismo en las urnas fue suficiente para que Estados Unidos decidiera intervenir. El final del gobierno de la Unidad Popular le mostró al mundo entero que la historia de un país podía cambiar en cuestión de días.

El régimen de Pinochet transformó a los chilenos para siempre y su aterrador legado persiste en el ADN nacional hasta el día de hoy.

La llegada de Pinochet rompió con la larga tradición democrática que floreció con poetas como Mistral, Neruda o Huidobro, y en cambio impuso la brutalidad y la cultura del miedo a disentir y a discutir. El régimen de Pinochet transformó a los chilenos para siempre y su aterrador legado persiste en el ADN nacional hasta el día de hoy.

Pese a los numerosos atropellos y violaciones perpetradas por la dictadura, se sigue celebrando que Pinochet adoptara el modelo neoliberal guiado por unos jóvenes graduados de la Escuela de Chicago que vieron en Chile el lugar perfecto para llevar el liberalismo económico a su máxima expresión.

Desde que Pinochet le dio luz verde al neoliberalismo, las privatizaciones se volvieron la ley y el mercado empezó a inmiscuirse en todas las decisiones políticas: la educación, las pensiones y la salud se volvieron esclavas del todopoderoso.

Retorno a una democracia limitada  

A finales de la década de los ochenta, los aires democratizadores llegaron otra vez al Cono Sur.

Chile logró una transición sui generis que permitió el reencuentro de los demócratas en el exilio y la apertura de nuevos espacios de participación en medio de un estricto régimen militar.  El 5 de octubre de 1988 los chilenos vencieron el miedo y dijeron NO al régimen de Pinochet, pero la transición solo fue posible gracias al acuerdo que permitió que Pinochet se convirtiera en comandante en jefe del Ejército y, posteriormente, en senador vitalicio.

La Concertación por la Democracia que derrotó a Pinochet en las urnas logró gobernar exitosamente durante cuatro períodos en los que se mantuvo el modelo mercantil establecido por la dictadura, pero se llevaron a cabo reformas importantes, especialmente en materia social.

El modelo chileno post-dictadura permitió que la mayor parte de los ciudadanos salieran adelante y tuvieran una mejor calidad de vida. El número de universitarios aumentó exponencialmente y la economía creció de forma sostenida durante la década de los noventa gracias al aumento de las exportaciones.

El Estado chileno comprendía que en la Constitución de Pinochet el sector privado primaba sobre el Estado y, por ende, el Estado tenía poco margen de acción.

El estallido social 

En 2006 se inauguró el primer gobierno liderado por una mujer. Michelle Bachelet era la heredera de la Concertación por la Democracia y, al mismo tiempo, un símbolo de transformación.

Los más jóvenes pedían a gritos un cambio: querían educación pública de calidad y mejoras en el sistema de salud. Al salir a las calles dejaron claro que eran menos condescendientes con el legado de la dictadura que sus padres y sus abuelos.

El 19 de octubre de 2019 quedó grabado en la memoria de los chilenos. Un alza en la tarifa del transporte público desató la ira de millones de personas sumidas en el cansancio y la desesperanza.

Con la llegada de Sebastián Piñera en 2010, se rompió la exclusión presidencial de la derecha chilena y apareció la posibilidad de la alternancia en el ejecutivo. Además, quedaron en evidencia el desgaste de la centroizquierda y el aumento de la popularidad de la derecha.

En 2011, el descontento estudiantil cobró más fuerza y varios dirigentes universitarios empezaron a exigir una educación mejor e independiente del mercado. Para esta fecha, era evidente el agotamiento del modelo chileno. Muchos sentían que el poder político y económico llevaba mucho tiempo en manos de los mismos.

El 19 de octubre de 2019 quedó grabado en la memoria de los chilenos. Un alza en la tarifa del transporte público desató la ira de millones de personas sumidas en el cansancio y la desesperanza.

Un puñado de jóvenes decidió saltar los controles del metro de Santiago con el propósito de promover un camino distinto que aún es incierto. La manifestación convocó más de un millón de personas en la Alameda y obligó al gobierno a entregar la joya la corona de la dictadura: la Constitución de Pinochet.

La élite se vio forzada a establecer un itinerario que incluyó la participación de indígenas y ciudadanos independientes y desde el pasado 4 de julio se discute el texto de la nueva Constitución que deberá aprobarse a través de un plebiscito.

Foto: Aceprensa - https://www.aceprensa.com/

Las elecciones de 2021

Los resultados de las elecciones fueron tan predecibles, como complejos para el país.  Más allá de las encuestas, se sabía por el clima electoral que ningún candidato obtendría la mayoría absoluta y que, por tanto, habría una segunda vuelta.

Para la mayoría de los analistas y políticos estos candidatos serían José Antonio Cast del Partido Republicano —derecha—, y Gabriel Boric, Partido Comunista+ Frente Amplio Chileno —izquierda—. Finalmente, con poco menos que el 100 por ciento de las mesas escrutadas José Antonio Kast obtuvo el 27,99 % de los votos y Gabriel Boric el 25,67 %.

En un país recientemente estremecido por un estallido social de grandes proporciones, con demandas sociales tan intensas, y un proceso constituyente abierto, resulta interesante comprender y explicar por qué pudo abrirse paso en el camino presidencial un liderazgo de derecha dura.

Sin embargo, esto no es del todo extraño si tenemos en cuenta que la mayoría, en mayor o menor medida, identificó este estallido con un movimiento social movilizado por la ideología de la izquierda.

En este tablero, José Antonio Kast utilizó una estrategia de reivindicación de las causas sociales desde un frente “antipolítico”, siendo el candidato con mayor claridad en sus críticas a la élite política, incluida la de derecha y, en especial, Piñera.

La distancia trazada por Kast con el gobierno actual fue un acierto electoral, pues cualquier apoyo al gobierno de Piñera pudo ser el talón de Aquiles del candidato de la derecha.

Así, la segunda vuelta presidencial será una lucha de dos grandes bloques en la que el más hábil para convocar al centro político tendrá más posibilidades de ganar.

Por su parte, Gabriel Boric fue el representante de la renovación de la centro-izquierda. Pero lo que lo catapultó en el tablero electoral fue su “energía anticomunista”, muy representativa del electorado chileno, la cual pudo canalizar en la incipiente izquierda chilena y que lo llevó a ser vencedor frente al candidato más fuerte de la izquierda, Daniel Jadue.

Aunque su anticomunismo posicionó a Boric como un fenómeno electoral, también puede ser la razón por la cual no consiga la presidencia. La coalición que lidera tiene como partido base al PC chileno, alianza que usará la derecha chilena para hacer contrapeso, apelando al hecho de que en Chile el rol del mercado es más relevante que los discursos.

Así, la segunda vuelta presidencial será una lucha de dos grandes bloques en la que el más hábil para convocar al centro político tendrá más posibilidades de ganar.

Al final, será una guerra retórica en la que Boric estará tentado a decir que la decisión estriba en el pinochetismo versus las transformaciones sociales exigidas por la gente en las calles; y en la que Kast podrá decir, en cambio, que la decisión estriba en la disputa entre la libertad versus el comunismo.

Ninguno de los escenarios que serán planteados por los candidatos responden del todo a la realidad del país. Por ahora, sólo queda apostarle a una participación democrática profunda que permita a los chilenos decidir por un futuro mejor.

De seguro, quienes vayan a las urnas en la segunda vuelta deberán pensar cuáles son las cosas que los movilizan para el futuro. De seguro, muchos de ellos mirarán la larga historia de Chile para tomar una decisión. Veremos qué tanto peso tiene esta para un chileno en el 2021.

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