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El Vicky-periodismo y otras especies

Escrito por Omar Rincón

Logo de RCN.

Omar RinconMás que el escándalo alrededor del video que difundió su ex colega, los periodistas  deberían usar este episodio para preguntarse cómo superar las prácticas que los han desprestigiado – y con razón- en Colombia.   

Omar Rincón*

1, 2 y 3

Vicky Dávila ha sido una figura polémica como presentadora, con su “cosa política”, su uribismo en tiempos de Uribe y su santismo en tiempos de Santos, pero fue la publicación del video que tumbó a un viceministro, a un general y la eliminó a ella misma, lo que acabó por convertirla en marca-país e identidad Colombia.

Gracias a este escándalo donde el sexo diluyó a la corrupción y una periodista fue más importante que la realidad, el periodismo colombiano, por fin, llegó a la autocrítica.

Aquí presento algunas reflexiones sobre este caso y sobre el periodismo colombiano:

  1. Vicky Dávila no debería haber renunciado, su periodismo es necesario y válido. Se necesitan muchas y todas las formas del periodismo porque de eso se trata la libertad de expresión.
  2. Tampoco RCN debería haberla renunciado con un falso dilema ético, cuando esa empresa ha venido haciendo prácticas poco éticas en defensa de sus negocios, su uribismo sin pregunta y su actitud contra la paz por intereses privados.
  3. Mucho menos es aceptable que el presidente pida o presione para expulsar a un periodista.

Ñapa 1. Perversa ha sido la hoguera pública de las redes digitales, que se convirtieron en hordas de éticas medievales para quemar vivos a los pecadores.

Ñapa 2. Qué cosa esto de que en Colombia somos tan conservadores que sexo mata corrupción, y es peor cometer pecados de la carne que robar a la Nación. Este es el triunfo de la ética del procurador y de Uribe sobre la ética de las libertades y los derechos.

Las reacciones

El Ex-director de la Policía Nacional, Rodolfo Palomino.
El Ex-director de la Policía Nacional, Rodolfo Palomino.
Foto: Policía Nacional de los Colombianos

Una periodista de largo aliento y prestigio como María Isabel Rueda defendió a Dávila porque “sin el video de Vicky” todo ese escándalo hubiese quedado olvidado. Puso como ejemplo “el selfi del defensor del Pueblo”, publicado en una columna de Daniel Coronell, y afirmó que ese Vicky-video es lo mismo porque ayudó al cambio del rumbo del país y representa un periodismo íntegro.

La periodista económica y ahora columnista de El Tiempo Paola Ochoa afirmó que “en ningún otro país del mundo habrían botado a Vicky Dávila”, y que “lo que le hicieron  es infame”, ya que “por más pornográficos, obscenos, grotescos, morbosos, atroces, sanguinarios, despiadados y desalmados que sean, siempre la prensa está en plena libertad de reproducir el material que le apetezca”. Concluye que lo que pasó es que Colombia es una republiqueta sub-desarrollada y que “Vicky es una periodista de verdad, con una mentalidad de reportera del primer mundo. Lástima que le haya tocado nacer y trabajar en Colombia, el único país en el planeta en el que se castiga la verdadera libertad de prensa”.

Se necesitan muchas y todas las formas del periodismo

La profesora María Paula Martínez de la Universidad de los Andes afirmó que “a este ejercicio caliente con tintes de tragicomedia y argumentos moralistas le hace falta un análisis frío sobre censura y libertad de expresión. A la Fiscalía le corresponde investigar la red de prostitución y los homicidios asociados, y al periodismo, hacer un debate sobre la censura, la presión y la libertad de expresión”.

El humorista Daniel Samper Ospina comentó que “esta es Colombia. A instancias del procurador, un video íntimo e inocuo tumba en simultánea a un general, un exviceministro y una periodista” y se refiere a Vicky Dávila como “valiosa colega”, “que en un instante pasó de ser periodista, periodista, a desempleada, desempleada”.

La crisis del periodismo

Más que el periodismo a lo Vicky Dávila, lo que debe ser pensado y reflexionado es el periodismo colombiano. Un poco de autocrítica y mucho de cambio en los modos de hacerlo le harían muy bien.

Mucho más cuando sabemos que los medios y el periodismo son imprescindibles para la calidad de la democracia; y constatamos que a los periodistas nos va muy mal en la sociedad porque hemos perdido la legitimidad pública, lo cual ha hecho que la ciudadanía nos odie y no nos crea porque sabe que mentimos por negocio, por política y por ego.

La Silla Vacía publicó recientemente un mapa de autocríticas muy oportunas y necesarias, por parte de periodistas muy conocidos y coherentes. Pero si ya lo saben, ¿por qué no hacen otro tipo de periodismo? Se puede hacer un buen diagnóstico, pero ¿por qué no se mejora en la práctica?

Una respuesta está en que la solución mediática ante esta crisis no está en intentar el oficio ético del contexto y el sentido, y la práctica narrativa de buenas historias, sino acudir a lo tecnológico y convertir el oficio en convergente, hipertextual, interactivo y transmedial.

“El mal no está en el tipo de periodismo que se hace, sino en las tecnologías” es el pensamiento de los dueños de los medios. Los medios están más interesados en la plata que en el oficio y la democracia, y tienen todo el derecho a pensar como empresas más que como democracia. Los mercaderes son así.

La periodista María Jimena Duzán también intentó la autocrítica y propuso otras reflexiones cuando dijo: “ser periodista en Colombia hasta hace poco era un oficio aprestigiado, así no fuera ni bien pago, ni la mejor manera de hacer amigos. Sin embargo, de un tiempo para acá, esa aureola respetable con que la sociedad nos ungió en años pasados se nos ha ido evaporando en la medida en que la opinión pública, que no es boba, se ha dado cuenta de que el periodismo que se practica hoy en Colombia es sinónimo de soberbia, de likes, de arrogancia y de genuflexión ante los poderes económicos y políticos, y que valores como la independencia y la ética son parte ya de la prehistoria”.

La periodista constata que “ese repudio y hastío frente al papel que desempeñan los periodistas y los medios (…) sobrepasaban incluso las críticas a la corrupción en los partidos políticos y en las instituciones gubernamentales”. Invita a atender “ese mensaje” que con el caso de Vicky Dávila la sociedad nos “está mandando y que no deberíamos hacer a un lado con la soberbia que siempre nos caracteriza”.

Por su parte, la respuesta del mejor periodista de la actualidad, Daniel Coronell, fue invitar a hacer periodismo de calidad y con conciencia de país, cuando afirmó que “la meta del periodismo no es tumbar funcionarios” sino ejercer efectivamente “el control social” e informar “a los ciudadanos para que sepan lo que está pasando y así puedan tomar mejores decisiones”. Recordó que el oficio del periodismo tampoco es “impartir justicia” sino “ser un contrapoder”, ya que el periodista está para averiguar lo que no le conviene al poderoso y publicarlo”. Por eso el valor más importante es “la independencia” y el “preguntar lo que la gente necesita saber”.

La reinvención del periodismo

Más que el escándalo, busquemos cómo convertir al periodismo en ese oficio que define la democracia y gana pasión por las historias. Lo que dice Duzán y Coronell son excelentes puntos de partida en tanto auto-crítica y propuesta. Los periodistas no podemos olvidar que nuestro oficio es, como todos los oficios terrestres, mutante y se transforma con su época, más cuando el periodismo es el relato del presente y un valor esencial para la democracia.

En Colombia somos tan conservadores que sexo mata corrupción, y es peor cometer pecados de la carne que robar a la Nación. 

Lo primero que debemos reconocer es que el mal está en nosotros. Ya nuestro periodista más famoso, Gabriel García Márquez, lo dijo: “el periodismo perdió el mundo”, luego no podemos contarlo.

El periodista más importante del siglo XX, Ryszard Kapuscisnki, afirmó “este oficio no es para cínicos” (¡aunque parece que en Colombia sí lo es!). Y Marcelo Franco, director de la maestría en Periodismo del ICESI de Cali, dice que hacemos mucho pet-periodismo o periodismo mascota o sea, bien escrito, bien reporteado, pero inocuo frente al poder: no molesta a nadie, y el buen periodismo debe molestar.

No estamos haciendo bien nuestro oficio. Se hace urgente una reinvención del periodismo. Volver a saber que para ser buen periodista se necesita pensar con la propia cabeza y tener mirada. Buscar otros modos de narrar ya que habitamos contextos tecnológicos que obligan a contar en convergencia con la complementariedad narrativa, interactiva y de negocio.

Debemos experimentar e intervenir los modos de producción y enunciación del mensaje. Demostrar que la libertad de expresión es nuestro mayor valor democrático y que, por lo tanto, sabemos ejercerla. Imaginar un periodismo como tejido social desde abajo, para el diálogo y la producción de confianza.

Pero, por ahora, no somos los periodistas que requiere este momento del país en el que se imagina un nuevo mundo.

* Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. orincon@uniandes.edu.co

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