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El triunfo de Obama y la metamorfosis de Estados Unidos

Escrito por Diana Rojas
Diana Marcela Rojas

Diana-Marcela-RojasUna sociedad profundamente dividida puso punto final al consenso dominado por la fracción blanca, anglosajona y protestante. Grandes debates públicos demuestran la vitalidad de una nación golpeada por una crisis de identidad.

Diana Rojas*

Sociedad heterogénea y en plena transformación

Las recientes elecciones fueron un espejo de la manera como Estados Unidos está afrontando e interpretando los vertiginosos cambios sociales que ha vivido. Los resultados confirman la existencia de una Norteamérica dividida entre una sociedad heterogénea, multicultural y de valores liberales, y una sociedad más homogénea, predominantemente blanca, cultural y moralmente conservadora.

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Obama arrasó entre las minorías étnicas: obtuvo el 93 por ciento del voto negro, el 71 por ciento  de los hispanos y el 73 por ciento de los asiáticos.
Fotos: Democratic.org
 

Las cifras son susceptibles de diversas interpretaciones. Sin embargo, más allá de la evaluación del desempeño de los equipos de campaña, de los aciertos y desaciertos de los propios candidatos, de las toneladas de publicidad, y de los miles de millones de dólares gastados, los resultados de estas elecciones son un buen reflejo de la metamorfosis que la sociedad estadounidense ha venido viviendo. Propongo revisar algunos de los datos y adelantar una interpretación sobre ellos.

Dos campos: ¿quiénes están de cada lado?

En primer lugar, estas elecciones confirmaron la división de la nación en dos campos distinguibles. Pero ¿quienes conforman cada uno de los bandos? De acuerdo con las encuestas a boca de urna publicadas por el New York Times, Obama arrasó entre las minorías étnicas: obtuvo el 93 por ciento del voto negro, el 71 por ciento de los hispanos y el 73 por ciento de los asiáticos.

Entre las mujeres, el margen aunque estrecho es importante: un 55 por ciento del voto femenino fue para Obama mientras que un 52 por ciento se inclinó por el candidato republicano.

Por rango de edades, el demócrata se impuso entre los más jóvenes: entre 18 y 29 años, obtuvo el 60 por ciento, y entre 30–44 años, llegó al 56 por ciento; mientras Romney prevaleció entre los mayores: entre 45-54 años logró el 51 por ciento, y más de 65 años, llegó al 56 por ciento.

Otros factores también señalan diferencias relevantes: en relación con los ingresos anuales, Obama se impuso entre los sectores más pobres (menos de 30.000 dólares al año), donde obtuvo el 63 por ciento. Con respecto a la clase media (entre 30.000 y 50.000 dólares al año) alcanzó el 57 por ciento. Entre tanto, Romney prevaleció entre los sectores con mayores ingresos con un 54 por ciento.

En cuanto a la distribución geográfica, Obama ganó en las ciudades grandes y medianas con un 60 por ciento en promedio, mientras Romney lo hizo en los suburbios y las zonas rurales con un 54 por ciento.

De manera meramente tentativa y general se puede afirmar que el presidente Obama fue reelegido por una población étnicamente heterogénea, predominantemente joven, femenina y urbana, perteneciente a sectores populares y de clase media. La población que se inclinó por el campo republicano es predominantemente blanca, masculina, de adultos mayores, que habita en los suburbios, pequeñas ciudades y zonas rurales, y que pertenece a las clases media–alta y alta.

Grandes debates, grandes decisiones

En segundo lugar, estas elecciones también dieron cuenta de sustanciales transformaciones ideológicas que fragmentan la sociedad estadounidense: además de las elecciones presidenciales y legislativas, en la jornada del martes se realizaron decenas de referéndums y consultas populares en algunos Estados sobre asuntos que ponen en juego valores sociales y morales de fondo.

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Obama se impuso entre los sectores
más pobres (menos de 30.000 dólares
al año), donde obtuvo el 63 por ciento.

 

En dos Estados fue aprobado por referéndum el matrimonio gay: Maine (53 contra 47) y Maryland (52 contra 48), con lo cual ya son 9 los Estados — Connecticut, Iowa, Massachusetts, New Hamshire, Vermont, New York y la capital federal Washington — donde se reconoce legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Minnesota, donde los matrimonios gay ya habían sido legalizados, la ciudadanía rechazó la iniciativa para prohibirlos (51–47).

Además, no sorprende que la comunidad LGBT haya votado mayoritariamente por Obama en un 76 por ciento tras sus declaraciones a favor del matrimonio gay. Es de mencionar también que resultó elegida Tammy Baldwin como senadora por Wisconsin: la primera congresista en declarar abiertamente su condición homosexual.

Otro asunto que suscita enconados debates es el uso de drogas psicotrópicas. En dos Estados fueron aprobadas las consultas para legalizar el consumo de marihuana con fines recreativos: Colorado (54-46), y Washington (55-45).

Si bien varios Estados de la Unión ya habían legalizado su consumo con fines médicos, hasta ahora ninguno lo había hecho con respecto al uso recreativo. En contraste, Oregón rechazó la propuesta (56-44).

Estos resultados empiezan a poner de veras en cuestión el enfoque prohibicionista y moralista que ha predominado y parecen abrir la vía para la despenalización, al menos para las drogas “blandas”.

El tema del aborto es muy controversial y estuvo presente durante la campaña electoral. Las escandalosas declaraciones de candidatos republicanos al Congreso sobre el asunto perjudicaron la campaña de Romney y le enajenaron parte del voto femenino.

El candidato Todd Akin desató una controversia al hablar torpemente de “violaciones legítimas”; otro candidato republicano, Richard Mourdock, fue criticado cuando dijo en Indiana que si una mujer resulta embarazada como producto de una violación, eso era algo "que Dios quería que sucediera": ambos perdieron en las urnas. Por su parte, los votantes de Florida rechazaron una propuesta de prohibir el uso de fondos públicos o de cobertura médica para practicar abortos (55 por ciento en contra y 45 por ciento a favor).

Otros temas también fueron materia de consulta popular. Los electores de California rechazaron (con 53,6 por ciento en contra y 46,4 por ciento a favor) una propuesta de prohibir la pena de muerte y reemplazarla por la cadena perpetua sin opción de libertad condicional.

También rechazaron una propuesta para obligar a los distribuidores de alimentos que contienen organismos genéticamente modificados (OGM) a etiquetarlos como tales, por 54 por ciento a 46 por ciento.

Y aunque no formó parte de las consultas es interesante traer a colación un dato que resulta significativo en un país que ha sido tradicionalmente religioso: de acuerdo con un estudio reciente, por primera vez, 20 por ciento de estadounidenses se declararon « sin religión” (lo cual no quiere decir necesariamente que se reconozcan como ateos).

Se acabó el consenso

Los resultados de la contienda electoral reflejan sin duda los profundos cambios que se están dando no sólo en el plano demográfico, sino también en el de las mentalidades. De una parte, ni la composición ni la identidad de la población estadounidense son las mismas: las minorías son cada vez menos marginales y la mayoría es cada vez menos WASP (“White, Anglo Saxon, Protestant”- blanca, anglosajona y protestante).

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Obama fue reelegido por una población étnicamente heterogénea, predominantemente joven, femenina y urbana, perteneciente a sectores populares y de clase media.
 

De otra parte, en los temas de matrimonio gay, aborto, drogas psicotrópicas, pena de muerte e incluso sentimientos religiosos, ya no existe en Estados Unidos el consenso que prevaleció por mucho tiempo.

Así, en esta elección se han puesto de presente dos elementos claves: el malestar y la confusión de una sociedad en rápida transformación que todavía no actualiza su propia imagen; y la gran tensión entre una visión liberal y una visión conservadora de la sociedad, entre las cuales no hay aún fórmulas de compromiso.

Dado este complejo panorama, ¿están los partidos políticos, y en general, el establisment estadounidense preparados para entender y responder a los desafíos planteados por esta sociedad en plena mutación?

Al parecer, todavía no: en esta ocasión, el mensaje más incluyente de los demócratas se impuso (por poco) al discurso intransigente y errático de los republicanos radicalizados a la derecha.

En las recientes elecciones, los ciudadanos no basaron su decisión tanto en el desempeño o las promesas de los partidos en contienda como en lo que cada campo representa o aspira a representar: una de las dos Américas en contienda.

En ese sentido, los comicios fueron una especie de referéndum ad hoc acerca de la autoimagen de la actual sociedad estadounidense, la búsqueda de respuestas a las preguntas sobre quiénes son como sociedad, cuál es su identidad hoy y cuáles son los valores fundamentales que deben guiar a los Estados Unidos del siglo XXI.

* Docente e investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, IEPRI, de la Universidad Nacional de Colombia, y Co-directora del Centro de Estudios Estadounidense CEE-Colombia. 

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