El retorno de la derecha en América Latina y la victoria de Macri en Argentina - Razón Pública
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El retorno de la derecha en América Latina y la victoria de Macri en Argentina

Escrito por Nicolás Liendo
Presidente de Argentina, Mauricio Macri.

Presidente de Argentina, Mauricio Macri.

Nicolas LiendoLa victoria electoral del presidente Macri es parte de la contra-ola de derecha que está volviendo al poder en toda la región. A qué se debe este giro y cómo el caso argentino  ilustra bien sus motivos, sus logros en el Gobierno y los desafíos pendientes.  

Nicolás Liendo*

La contra-ola de derecha

Después de que una ola de gobiernos de izquierda irrumpiese en América Latina durante la primera década del siglo XXI, una contra-ola de derecha está avanzando paulatinamente en la región.

La victoria del presidente  Macri el domingo pasado en Argentina es apenas la muestra más reciente de esta ola en ascenso, y por eso trataré de explicarla con un cierto detalle en este artículo. Pero antes creo útil apreciar el contexto y las razones que parecen explicar el retorno al poder de la derecha en América Latina.

Ya en 2016 Pedro Kuczynski sustituyó al izquierdista Ollanta Humala en Perú y Michel Temer a Dilma Rousseff en Brasil, mientras que en 2013 Horacio Cartes había sustituido a Lugo en Paraguay, e incluso valdría decir que en Ecuador la derecha de Lasso casi arrebata al heredero designado por Correa -Lenín Moreno- la victoria en una ajustadísima segunda vuelta.

En los próximos doce meses un gran número de países latinoamericanos irán a elecciones para renovar ejecutivos y legislativos. En la mayoría de estos países las encuestas muestran la fuerza de las ideologías de centro-derecha. En Chile Sebastián Piñera, quien fue presidente entre el 2010 y el 2014, es el favorito para ganar la contienda de noviembre. En Honduras el actual presidente de centroderecha Hernández busca la reelección.

En 2018 habrá elecciones en Costa Rica, El Salvador (legislativas), Colombia, Paraguay, Brasil, México (federales) y Venezuela (si la dictadura así lo desea). En Colombia la derecha parece tener la ventaja, aunque como dije en previas columnas para Razón Pública, depende de si van unidos o fragmentados.

Podemos ver esta inclinación hacia la derecha en varios aspectos:

  1. El hartazgo con la radicalización y polarización de la izquierda cercana al modelo chavista. En respuesta al fracaso del chavismo, la reacción de la derecha ha sido modernizarse y defender con mayor firmeza las instituciones democráticas – dejando atrás su pasado militarista o autoritario-.  
  2. Según la encuesta reciente que publicó el Nuevo Herald, entre los ciudadanos latinoamericanos han aumentado el apoyo al  libre mercado y la oposición al  intervencionismo y las políticas proteccionistas. Los partidos de derecha son claramente los beneficiarios de este giro en la opinión.
  3. América Latina sigue siendo el continente con más muertes violentas en el mundo. Aun cuando se está apagando el último conflicto armado interno (el de Colombia), los homicidios y la inseguridad siguen siendo amenazas al desarrollo económico y la calidad de vida de los latinoamericanos. Los gobiernos de derecha proponen medidas efectistas que simpatizan con las demandas ciudadanas.

En resumen diría entonces que una nueva derecha -más moderada y más democrática-viene para reemplazar a la izquierda que gobernó durante una década con resultados mixtos. 

El caso de Argentina es un ejemplo excelente del cómo y el por qué estamos asistiendo a este cambio de rumbo en toda o casi toda la región.

Un triunfo histórico

Manifestaciones Kirchneristas.
Manifestaciones Kirchneristas. 
Foto: Wikimedia Commons

El pasado 22 de octubre la coalición Cambiemos del presidente argentino Mauricio Macri tuvo una victoria contundente en las elecciones legislativas de medio término (que se llaman así porque se hacen a mitad del mandato presidencial). Se trataba de un hecho histórico, ya que desde 1985 ningún presidente no peronista ganaba las elecciones de medio término.

Macri venció a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la provincia de Buenos Aires y a otros ex presidentes que competían para el Senado, poniendo en evidencia el formidable crecimiento electoral de su coalición y el intenso rechazo de un sector social hacia los doce años de gobierno kirchenerista (2003-2015).

El kirchnerismo persiguió a los medios, a la justicia independiente y a los opositores, y empleó mecanismos de violencia sutil y la polarización social con la lógica amigo-enemigo. 

Sin embargo, debido a los laberintos del sistema electoral argentino, la victoria no le permitirá a Macri lograr una mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados, pero sí le dará mayor gobernabilidad al aumentar el número de legisladores y margen de maniobra de cara a la opinión pública para impulsar reformas importantes.

La Revolución Amarilla

Cambiemos es una coalición liderada por el presidente Macri que se conformó  antes de las elecciones del 2015. Además del partido de Macri, Propuesta Republicana (PRO), forman parte de esta coalición el centenario Unión Cívica Radical (UCR, partido de centro), la Coalición Cívica de Elisa Carrió y otros partidos minoritarios que, cansados del avasallamiento institucional del gobierno kirchnerista, decidieron unirse contra este régimen.

El color amarillo representa a esta coalición; su base electoral inicial se encontraba en las clases media y alta de las grandes urbes, y en los terratenientes del país. Con esta base llegaron a la Presidencia luego de derrotar al candidato kirchnerista (izquierda peronista) Daniel Scioli en la segunda vuelta de las elecciones de 2015.

El famoso “legado kirchnerista” fue peor de lo que podríamos observar. Cuando Macri llegó a la presidencia, el 30 por ciento de la población seguía en la pobreza, la inflación era superior al 35 por ciento anual, la economía iba en picada, era ineficiente y estaba aislada del mercado global. Los enormes subsidios y distorsiones en la provisión de servicios públicos habían llevado al fisco y al país a una situación insostenible.

La década pasada en Argentina fue sin duda una “década perdida”, ya que el “boom de las commodities” (especialmente de la soya) se perdió en subsidios y corrupción, y se postergaron las grandes transformaciones que necesitaba la economía del país.

El kirchnerismo avasalló sistemáticamente las instituciones, haciendo uso de los métodos de sus aliados socialistas del Siglo XXI: persiguió a los medios, a la justicia independiente y a los opositores, y empleó mecanismos de violencia sutil y la polarización social con la lógica amigo-enemigo.

En este contexto, la propuesta de Cambiemos fue abrir el país al mundo y realizar cambios en temas sensibles que se habían postergado durante décadas debido al populismo electoral. El fenómeno de la “revolución amarilla” ha resultado muy interesante puesto que -si bien los impuestos y las tarifas de servicios aumentaron – Macri redujo la inflación y la corrupción, lo cual fue retribuido por los electores el pasado domingo.  

Entre los logros principales de Macri se encuentran las políticas de seguridad ciudadana, la lucha contra el narcotráfico y el aumento de las obras públicas. El Gráfico siguiente muestra la extensión progresiva del voto amarillo en todo el país durante los últimos dos años. Mientras que en la primera vuelta de 2015 Macri ganó en cinco provincias, en 2017 lo hizo en 13.

Respecto de las curules, Cambiemos pasó de 87 a 107 Diputados de un total de 257 que tiene la Cámara baja, mientras que la oposición quedará con 66. El resto se divide entre el peronismo no kirschnerista  y partidos minoritarios de extrema izquierda. En el Senado, si bien antes la coalición era débil, ahora sumó 8 nuevas curules de manera que tienen 25 de 72. Aunque la ecuación de ganancias en curules solo le da un poco más de control a Macri, el apoyo ciudadano fue histórico ya que superó el 40 por ciento a nivel nacional.

Las reformas pendientes

Presidente de Argentina, Mauricio Macri
Presidente de Argentina, Mauricio Macri
Foto: Radio Provincia

Con este resultado Macri profundizará los cambios que venía imponiendo de manera gradual pero constante. La agenda de reformas se enfoca en lo que debe hacer el país para salir del atraso y retomar su liderazgo regional, lo cual incluye la reforma política, la reforma fiscal, y la reforma de justicia-seguridad.

A diferencia de los gobiernos que imponían cambios a la fuerza, el de Macri busca el diálogo con los gobiernos provinciales y fuerzas opositoras para consensuar las reformas.

Aunque existen otros temas que también serán objeto de modificaciones, como la educación, la reforma laboral, y el sector salud, las prioritarias son las tres anteriores. A diferencia de los gobiernos que imponían cambios a la fuerza, el de Macri busca el diálogo con los gobiernos provinciales y fuerzas opositoras para consensuar las reformas.

  • La reforma política es esencial para hacer más democrática y moderna la competencia electoral. Actualmente Argentina tiene un sistema de votación muy antiguo, con papeletas partidarias que se prestan para todo tipo de trampas y clientelismo. Esto encarece las campañas y hace más lento el proceso de conteo. Además tiende a beneficiar al peronismo.

En este orden de ideas, la reforma propuesta por Macri pretende introducir el voto electrónico (con un debate similar al que existe en Colombia), crear una entidad independiente del Gobierno para organizar las elecciones, así como ajustar el cronograma electoral de la Nación con el de las provincias.

  • La reforma fiscal es imperiosa ya que el gasto público se ha triplicado en los últimos años. Para reducir el déficit Macri deberá acordar con los gobernadores la reducción del empleo público, los subsidios y los gastos superfluos. La economía es el tema más sensible para los electores argentinos; ya se observan los primeros brotes de crecimiento económico del modelo amarillo.
  • La seguridad se ha convertido en la principal preocupación social. El narcotráfico y la instalación de carteles en el país expusieron la escasa preparación y profesionalización de los sistemas de seguridad.

El Gobierno nacional ha atacado el asunto, pero dada la lentitud en la justicia, subsisten problemas para enjuiciar a los apresados y resolver las injusticias de corrupción y terrorismo que azotaron al país. Despolitizar a la justicia y devolverle su independencia es la primera parte, pero su modernización y profesionalización son  también necesarias.

Para no repetir la experiencia del presidente mexicano Peña Nieto- quien durante dos años negoció las reformas con la oposición y las fuerzas sociales para acabar empantanado y perder su apoyo en las encuestas- Macri tendrá que avanzar en estos cambios cuanto antes. Los electorados modernos son muy volátiles y la reelección en 2019 está a la vuelta de la esquina.

*Vicedecano de la Universidad Sergio Arboleda e investigador sobre democracia y partidos en América Latina

 

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