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El rechazo al reguetón es una marca de clase

Escrito por Anamaría Vargas y Nicolás Medina
Daddy Yankee es uno de los artistas que tiene canciones que serían clásicos.

Daddy Yankee es uno de los artistas que tiene canciones que serían clásicos.

Anamaria VargasNicolas MedinaDecir que el reguetón es inculto y vulgar se ha vuelto una manera de diferenciarse de las clases bajas.

Anamaría Vargas* – Nicolás Medina**

¿Por qué existe el reguetón?

Para explicar por qué existe el reguetón hay que decir que no existe una expresión cultural que no sea, a su vez, un síntoma social. O sea que cuando las personas actúan, al mismo tiempo reflejan la comunidad a la cual pertenecen.

Aunque el reguetón tuvo su origen entre sectores marginales de América Latina y aunque ha sido considerado por muchos como un género “vulgar”, sin contenido cultural, hoy se trata de uno de los géneros más difundidos en el mundo. ¿Por qué?

¿Un género “inculto”?

Para rastrear las causas de este hecho, hay que preguntarse primero de dónde proviene la ilegitimidad del reguetón.

La música, como cualquier otro tipo de expresión, puede usarse para jerarquizar la sociedad. Existe un imaginario social que jerarquiza las expresiones culturales y considera que algunas son superiores. Hay géneros musicales —y, por extensión, oyentes y artistas— que son considerados “cultos” y otros que no.

Por eso, hay géneros que detentan más status o que son más legítimos, y hay otros —como el reguetón— que son rechazados por considerarse que no tienen mayor valor.

Históricamente, han sido las clases más altas las que han definido qué expresiones artísticas son legítimas.

Sin embargo, esta división no está exenta de problemas. Históricamente, han sido las clases más altas las que han definido qué expresiones artísticas son legítimas. Las clases medias, en su afán por escalar socialmente, se esfuerzan entonces por seguir esa pauta y por distinguirse de aquello que es considerado común, inculto o vulgar. Este tipo de comportamiento de las clases medias es aún más pronunciado en países que fueron colonizados, como el nuestro.

J Balvin en Coachella.

Foto: Facebook: J Balvin Oficial
J Balvin en Coachella.

Además, es importante notar que lo que define a los miembros de un grupo, una corriente o una clase social no suele ser lo que comparten, sino lo que rechazan. Así, oponerse a un género músical no es una simple opinión, sino que tiene una función, un valor de clase.

En ese contexto, no es necesario tener un amplio conocimiento musical, ni manifestar una sensibilidad refinada. Basta con censurar el foco particular de ciertas críticas para producir el sentimiento de que se pertenece a una jerarquía social superior.

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Los orígenes

Los orígenes del reguetón están fuertemente ligados a la construcción del canal de Panamá. Durante este proceso, la población panameña se mezcló con diferentes tipos de comunidades angloparlantes, negras y de las indias orientales, traídas para trabajar en el proyecto.

Entonces, músicas como la cumbia colombiana, la soca de Trinidad, el reggae jamaiquino, el calypso y la kompa haitiana se encontraron y se fusionaron. El ritmo característico del reguetón, el dembow, es de alguna manera una optimización progresiva para que esa fusión sea lo más bailable posible.

Las letras empezaron a hablar del goce del cuerpo y de la sexualidad y, por influencia del hip hop, también tocaron las problemáticas de los barrios. Todo esto se fue hilando hasta conformar un género que sería llamado reguetón en 1999, con la aparición en Puerto Rico de The Mix 107.7, la primera emisora de reguetón 24 horas en el mundo.

En sus comienzos, el reguetón era un género underground: no se encontraba en las tiendas, ni era patrocinado por grandes disqueras. Se producía de forma casera y se distribuía de mano en mano, en espacios como la discoteca The Noise, en Puerto Rico.

Esa precariedad respondía a una imposibilidad económica de acceder a otros medios de difusión, pero esto sirvió para que el reguetón conservara sus elementos más característicos. Poco a poco, el género se popularizó, se volvió visible por fuera de su espacio marginal, y empezó a ser objeto de las mismas críticas que hoy se le hacen por su supuesta crudeza, vulgaridad y simpleza.

Daddy Yankee y Zion

Foto: Wikipedia
Daddy Yankee y Zion.

En suma, el reguetón se gestó en un ambiente de mestizaje cultural propio de los contextos obreros. Su producción y difusión se dio principalmente en los barrios de Puerto Rico, por lo que sus letras son la expresión de las realidades de estos entornos.

A través de ellas se aborda el crimen, la violencia y la importancia de la pertenencia a los barrios, aunque el contenido más representativo del género es su elogio a la fiesta, al baile desenfrenado, a la diversión y a la expresividad.

El reguetón es un canto a la vida en su sentido más lúdico, todo esto enmarcado en el contexto social particular de los barrios bajos, primero, de Panamá y Puerto Rico, y después, de toda América Latina.

Más vivo que nunca

Teniendo esto en cuenta, no es sorprendente que el reguetón disguste a grupos que buscan diferenciarse de estas comunidades, movidos por un sentimiento de superioridad social.

Sin embargo, el reguetón no está buscando compararse con otras manifestaciones culturales, ni tiene la necesidad de ser legitimado por las clases dominantes. El reguetón es algo propio, válido en su esencia: es autosuficiente.

Representa la identidad de una clase social, no porque haga una crítica profunda de las desigualdades sociales, sino porque exhibe las características distintivas de los entornos de las personas que hacen parte de las comunidades donde se gestó. La principal de ellas es la tendencia a la “gozadera”.

El reguetón es un canto a la vida en su sentido más lúdico.

Precisamente por eso, por su tendencia a exaltar el disfrute, el reguetón ha alcanzado una difusión global enorme, y es constantemente tendencia en las plataformas musicales. A partir de su ritmo característico y su retrato de los barrios de clases populares, el género encontró puntos en común con el hip hop estadounidense.

En algunos espacios underground de los Estados Unidos, compuestos en gran parte por comunidades de latinos migrantes, los DJs advirtieron que mezclar canciones de hip hop con otras de reguetón era un éxito desde el punto de vista rítmico y lírico. Con el tiempo, estas mezclas comenzaron a hacerse cada vez más populares hasta escucharse en Hot 97, una de las emisoras de música urbana más importantes de Nueva York.

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Finalmente, el reguetón permeó la música pop e involucró a artistas de todo tipo a nivel mundial. No obstante, a pesar de las distintas fusiones y mezclas, y las aproximaciones de otros ritmos, nunca se dice que el reguetón haya dejado de ser reguetón. Por el contrario, el género se extiende cada vez más y más.

Wisin y Yandel.

Foto: Wikipedia
Wisin y Yandel.

Hoy día artistas como Daddy Yankee, Don Omar, Zion y Lennox o Wisin y Yandel tienen temas que ya son considerados clásicos y que son escuchados una y otra vez. Por supuesto, el reguetón no solo es objeto de críticas por lo que es, sino también por lo que empieza a ser: un fenómeno mundial.

Algunos dicen que el género perdió su esencia, que ha mutado en un objeto puramente comercial y que existe solamente para vender. Sin embargo, esa crítica desconoce los orígenes del reguetón. En el festival de Coachella, J Balvin hizo un homenaje a los inicios del reguetón, y le recordó al mundo cuál es la esencia de este género: es la manifestación de la vida a través del disfrute del cuerpo y la felicidad.

Hoy, cuando el reguetón se oye en todo el mundo, su objetivo sigue siendo el mismo. Y, a pesar de las críticas, este ritmo que se sobrepuso a la censura social y gubernamental está más vivo que nunca.

O como cantaría Daddy Yankee en Alerta Roja, “demostré que ni el gobierno pudo ponerme censura, la palabra reguetón la hice parte de la cultura”.

*Antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Epistemologías del Sur. Actualmente cursa la maestría en Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

** Físico, Magíster en Matemática aplicada y Magíster en Física de la Universidad Nacional de Colombia. 

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