El príncipe suele hablar a través de las mayorías - Razón Pública

El príncipe suele hablar a través de las mayorías

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fredy canteUna reflexión inquietante pero pertinente sobre las trampas de la democracia reducida al pulso de la opinión pública.

Freddy Cante*

Un Estado débil puede propiciar situaciones de guerra civil y dominio fragmentario por parte de mafias, señores de la guerra y criminalidad organizada. Un Estado muy poderoso puede ser totalitario, autoritario o criminal.

La pretensión de los Estados totalitarios o autoritarios y de las tentativas de ingeniería social ha sido la de elegir al tipo de pueblo que sea funcional a sus propósitos. Un Estado con un poder total podría, como en el poema "La Solución" escrito por  Bertolt  Brecht, amputar de raíz cualquier tentativa de insumisión popular, al tener suficiente poder para "disolver el pueblo y elegir otro". En la realidad se constata que los Estados muy poderosos, al igual que las grandes empresas, suelen manipular las preferencias electorales y la opinión pública.

Libres… para obedecer

Hoy en día tan sólo los demagogos demasiado mal informados, o quizás malintencionados, sostienen que la voz del pueblo es la voz de Dios. En un interesante trabajo de Quattrone y Tversky se muestra cómo, muchas veces,  la gente normal no puede establecer conexiones entre acciones y resultados, y por lo tanto actúan sobre la base de "diagnósticos" pre-establecidos[1]. Haciendo la revisión de alguna literatura sobre la paradoja de Newcomb[2], estos autores citan el caso de ciertas religiones que suponen destinos ineluctables (por ejemplo, aunque los creyentes no pequen ya su condena está marcada por su Dios); y en estas condiciones la escogencia personal es irrelevante puesto que un Dios ha decidido por anticipado lo que la persona hará o dejará de hacer. En este caso la única ganancia del individuo es que su escogencia coincida con la voluntad de su Dios tirano.

Los mencionados autores han estudiado los experimentos médicos hechos con algunos pacientes, quienes creen que si se les diagnostica una alta resistencia en una prueba ya están curados (lo cual contradice la existencia objetiva de la enfermedad).

Encuestas auto-cumplidas

Por el carácter secreto del voto y porque la votación es simultánea, las elecciones masivas se asemejan a un dilema del prisionero[3] de muchos jugadores, y se pueden manipular con cierta facilidad por parte de ciertas minorías organizadas.

Del trabajo de Quattrone y Tversky podría deducirse que las encuestas de opinión hacen las veces de los "diagnósticos" o pistas sobre hacia cuál dirección iría el destino colectivo y, por tanto, sirven para fabricar candidatos triunfadores. Los supuestos sondeos de opinión estarían entonces más orientados a formar determinadas creencias, para que la gente se decida a votar el día de las elecciones reales por el candidato ganador en las encuestas que, con cierta insistencia, se hacen previamente a las elecciones. Si las muestras estadísticas presumiblemente azarosas e imparciales muestran marcadas preferencias por un candidato, es posible que las elecciones masivas reales sigan las tendencias marcadas por las compañías que se encargan de hacer sondeos electorales. Las masas de electores anónimos y rasos no son completamente libres, en el sentido que resultan influenciadas por los llamados sondeos electorales.

¿Mayoría numérica o separación de poderes?

Con razón Jorge Luis Borges (1972), afirmó lo siguiente cuando el entrevistador le interrogó acerca de su opinión sobre la democracia: "Para mí la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política? La verdad es que no entienden, y se dejan embaucar por una secta de sinvergüenzas, que por lo general son los políticos nacionales. Estos señores que van desparramando su retrato, haciendo promesas, a veces amenazas, sobornando, en suma. Para mí ser político es uno de los oficios más tristes del ser humano. Esto no lo digo contra ningún político en particular. Digo en general, que una persona que trate de hacerse popular a todos parece singularmente no tener vergüenza. El político en sí no me inspira ningún respeto. Como político."[4]

Las democracias genuinas se caracterizan por la división de poderes, y en particular por la posibilidad de un gran poder de contrapeso al ejecutivo por parte del legislativo, el judicial, los organismos de control, y entidades críticas e independientes como universidades, centros de producción estadística y medios de comunicación libres.  A esto se suma la posibilidad de queja, protesta, disenso, y aún objeción de conciencia y desobediencia por parte de la ciudadanía.

El visionario Lord Acton, entendió el tema y lo plasmó en la siguiente sabia sentencia: "No puedo aceptar su doctrina de que no debemos juzgar al Papa o al Rey como al resto de los hombres con la presunción favorable de que no hicieron ningún mal. Si hay alguna presunción es contra los ostentadores del poder, incrementándose a medida que lo hace el poder. La responsabilidad histórica tiene que completarse con la búsqueda de la responsabilidad legal. Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad: más aún cuando sancionan la tendencia o la certeza de la corrupción con la autoridad".

Alertas autorizadas

El gran teórico de la democracia, Robert Dalh, plasmó algunas hipótesis fundamentales en su temprano trabajo de mitad del siglo pasado, las cuales se citan como sigue:

  • Ante la ausencia de restricciones o de controles externos, un individuo determinado o grupo de individuos se erigirá en tirano de los demás".
  • La acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo o judicial, en las mismas manos, implica la eliminación de los controles externos".
  • Si no se encuentra restringida por controles externos, una minoría de individuos ejercerá tiranía sobre una mayoría de individuos".
  • Si no se encuentra restringida por controles externos, una mayoría de individuos ejercerá la tiranía sobre una minoría de individuos".
  • Las elecciones populares frecuentes no proporcionan un control externo suficiente para impedir la tiranía"[5].

Algunas autoridades mundiales nos ayudan a librarnos del espejismo de la opinión pública, sea esta electora de ángeles o demonios. La organización estadounidense Freedom House examina los procesos electorales de los países en su relación con los derechos civiles y políticos. El premio Nobel Amartya Sen ha hecho énfasis en que democracia significa discusión pública, libertad de prensa y libertad de opinión. En el ámbito regional existen entidades como Plataforma Democrática que es una iniciativa dedicada a fortalecer la cultura y las instituciones democráticas en América Latina. Está asociada con diversas universidades y centros de investigación en casi todos los países del continente. 

* Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador del Observatorio de Redes y Acción Colectiva perteneciente al CEPI, y profesor principal de la Facultad de Ciencia Política y de Gobierno de la Universidad del Rosario

Notas de pie de página 


[1] G.A. Quattrone y A. Tversky (1982). "Self-deception and the voter's illusion", Journal of Personality and Social Psychology, 46(2): 237-248.

[2] Esta paradoja se ilustra con un juego cuyas reglas implican que para ejercer el libre albedrío hay que sujetarse a la causalidad -que es lo contrario del libre albedrío. Una explicación relativamente simple de la paradoja puede verse en http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_de_Newcomb

[3] En teoría de los juegos, este dilema se presenta cuando actuando racionalmente A y B deciden no colaborar y sin embargo a ambos les iría mejor colaborando.

[4] Borges, J. L. (entrevista a) "Se llama Borges: se le perdona todo… hasta su racismo", ver  REVISTA EXTRA – AÑO XII – N° 133 – JULIO 1976-

[5] Dahl, R. 1988 {1956}. Un prefacio a la teoría democrática. Bogotá: CEREC.

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