El poder entre junglas: cuarenta años de la Guerra de Vietnam - Razón Pública
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El poder entre junglas: cuarenta años de la Guerra de Vietnam

Escrito por Carlos Alberto Patiño
Tropas estadounidenses en Vietnam.

Tropas estadounidenses en Vietnam.

Carlos PatiñoCrónica del inicio, el contexto y el final de unas las guerras más importantes del siglo XX, no solo por sus implicaciones sociales y políticas, sino por la derrota de la primera potencia militar, económica y tecnológica del mundo.

Carlos Alberto Patiño Villa*

Responsabilidad de Estados Unidos

Estados Unidos se implicó en la Guerra de Vietnam después de la desastrosa derrota de Francia en la región, la cual les dejó el camino libre a los nacionalistas comunistas locales.

Washington tuvo entonces que adoptar una estrategia de guerra contrainsurgente, a pesar de que Estados Unidos no había experimentado este tipo de conflictos. Además, la potencia del norte había apostado, especialmente desde la presidencia de Franklin D. Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial, por la conformación de un orden internacional antiimperialista.

No era un secreto la antipatía silenciosa que había entre Roosevelt y Winston Churchill, primer ministro inglés, a causa de las críticas del presidente norteamericano contra los imperios europeos, especialmente el francés, el holandés y el británico, aunque en distintas ocasiones se abstuvo de hablar del último para no tener dificultades en el bando aliado.

Si bien la guerra de Vietnam fue la mayor derrota estratégica de la Guerra Fría para Estados Unidos (que había asumido el papel de imperio “informal”) esta fue también responsabilidad suya, por su insistencia en involucrarse en la Indochina después de 1955 para enmendar los errores estratégicos, operativos y políticos de los franceses, y para evitar la expansión soviética.

Washington estableció una relación de cooperación política y de operaciones militares permanentes en alianza con el Viet Minh, encabezado por Ho Chi Minh (cuyo nombre real era Nguyen Tat Thanh) a partir de 1941 y hasta el final de la guerra de independencia de Vietnam contra Francia.

Una de las virtudes políticas más importantes de Ho Chi Minh, quien junto con otros dirigentes como Vo Nguyen Giap logró movilizar la fuerza anticolonial vietnamita, fue su manera de fusionar el comunismo y el nacionalismo, mientras mantenía un compromiso austero con el poder dentro de la organización insurgente, lo cual lo convertía en un líder completamente distinto de los cuadros que estuvieron relacionados tanto con Francia como con Estados Unidos.

La guerra anticolonial

El Viet Minh le apostó a una amplia movilización popular, basada en el recuerdo de que durante la Conferencia de París de 1919 las potencias occidentales rechazaron siquiera considerar la independencia de Vietnam y de Corea.

Después de la entrada de los japoneses en Vietnam como consecuencia de las presiones nazis sobre la Francia de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos utilizaron las fuerzas vietnamitas para hostigar, perseguir e impedir la acción de los militares japoneses y de su administración civil.

Para ello establecieron canales de distribución de armas y ofrecieron entrenamientos militares. La Oficina de Operaciones Especiales, antecesora de la CIA, designó como oficial del enlace con el Viet Minh a Archimedes Patti, quien organizó mecanismos de cooperación, como encargar a los vietnamitas de proveer información a los norteamericanos (incluida la atmosférica), recuperar pilotos derribados y crear redes de abastecimiento que apoyaran la acción de los militares estadounidenses.

Una vez se produjo la derrota de Japón con el lanzamiento de las bombas atómicas en agosto de 1945, unos meses después de la rendición de la Alemania nazi, Ho Chi Minh y Giap decidieron lanzar una insurrección para crear un Estado vietnamita independiente, basado en el viejo sentimiento de no sujeción a China, Japón o a cualquier otra potencia, como Francia.

El 2 de septiembre de 1945, en la plaza central de Hanói, delante del palacio del gobernador general, Ho Chi Minh proclamó la independencia de Vietnam, y si bien su intención era  crear un Estado socialista, en su discurso dio un reconocimiento directo a Estados Unidos como un inspirador de la liberación, citando una sentencia de la Constitución de 1776 de aquel país.

El líder comunista y mandatario vietnamita Ho Chi Minh.

El líder comunista y mandatario vietnamita Ho Chi Minh.
Foto: Wikimedia Commons

La Guerra Fría en caliente

Vietnam se dividió entonces entre Hanói al norte y Saigón al sur, en donde los vietnamitas y franceses se enfrentaban todavía, pues el Estado francés que resurgía de la derrota intentó restablecer el gobierno colonial desde allí.

La República de Vietnam del Sur, proclamada en 1955, fue dirigida por Ngo Dinh Diem, un político apoyado por Estados Unidos que murió en medio de un golpe de Estado que el mismo Washington alentaría.

Al mismo tiempo, se dio en la región un giro de bandos y posiciones muy importante: la guerra de Corea (1950-1955) había llegado a un armisticio no solo por el empate de las fuerzas sobre el terreno, sino especialmente por la muerte de Joseph Stalin, líder máximo de la Unión Soviética, y su reemplazo por Nikita Jruschev, quien consideraba la Guerra Fría como una gran oportunidad para crear escenarios estratégicos de equilibrio con Estados Unidos.

Adicionalmente, Mao Tse Tung, en China, veía la intervención norteamericana en Vietnam como un acercamiento peligroso del imperialismo de Washington que amenazaba la seguridad de su régimen. Por eso dio su apoyo al Viet Cong, la nueva organización de liberación nacional vietnamita, que iría más allá de lo que había logrado el Viet Minh.

Mientras tanto, Washington, que había tenido una relación directa con el antiguo dirigente nacionalista comunista del Viet Minh, seguía metiendo a todos los grupos, combatientes, políticos o intelectuales en el mismo saco comunista.

La guerra contrainsurgente

Fue así como después de 1958 Estados Unidos se fue involucrando en una guerra de contrainsurgencia, enmarcada por la Guerra Fría, donde la potencia se enfrentaba a una guerrilla con limitaciones tecnológicas pero con gran capacidad para la movilización popular.

La lucha contrainsurgente en Asia Pacífico y en el Sudeste Asiático se había iniciado muchos años atrás a causa de las acciones que Japón había emprendido buscando un nuevo orden internacional para Asia, con acciones como la toma de la península de Corea en 1911, región de la que solo se retiró después de su derrota de 1945.

Japón desarrolló en ese momento diversas formas de estrategia contrainsurgente, y destinó a ello no solo recursos militares, sino también disposiciones políticas y culturales. Por ello acompañó las campañas militares (como en Manchuria después de 1931) con grandes políticas de modernización de la producción industrial, reformas agrarias y la instalación de imprentas y salas de cines, para conseguir el reconocimiento y el apoyo popular.

Con esta perspectiva contrainsurgente, Japón adoptó, de un lado, la estrategia de “ganar las mentes y los corazones” de las poblaciones en donde hubiera organizaciones insurgentes, mientras que, desde otro ámbito de acción político-militar, aplicaba dos tipos de leyes:

1. La “ley de las ramas y las hojas”, que buscaba cortar las relaciones entre los insurgentes y las poblaciones que los abastecían, les servían de retaguardia y les daban una efectiva red de aprovisionamientos.

2. Y “la ley de las raíces”, que se refería a que el Estado contrainsurgente debía eliminar toda fuente de legitimidad política y justificación de acción directa de la insurgencia.

Estados Unidos copió inconscientemente la estrategia japonesa de contrainsurgencia en Vietnam, y en este escenario aparecieron los helicópteros, los defoliantes, los herbicidas y los medios de comunicación como herramientas e instrumentos de una guerra moderna.

Después de 1965 la intervención norteamericana fue directa y con aspiraciones totales, confiada en su superioridad tecnológica. Al final, la guerra dejó en el medio a la población civil, que fue atacada por ambos bandos indiscriminadamente.

El Presidente Estadounidense Franklin D. Roosevelt y el Primer Ministro Británico Winston Churchill, en 1941

El Presidente Estadounidense Franklin D. Roosevelt y el Primer Ministro Británico Winston Churchill, en 1941.
Foto: Wikimedia Commons

La paz después del horror

De esta guerra también surgió una generación de reporteros y fotógrafos cuyo testimonio  se mantiene hasta hoy como un recordatorio del horror. Uno de esos testimonios es la fotografía inolvidable de una niña completamente desnuda, quemada y horrorizada, que huye de una aldea arrasada en 1972.

Los acuerdos de paz se firmaron en Paris en 1973, pero la guerra prosiguió hasta abril de 1975, cuando se dieron el triunfo de Vietnam del Norte, la caída de lo que restaba de Vietnam del Sur y la salida definitiva de Estados Unidos de todos los territorios vietnamitas.

Los norteamericanos habían perdido la guerra a pesar de su superioridad y el Viet Cong, con Giap a la cabeza, había triunfado. Un apoyo clave para este final fue también el llamado “cambio de rumbo” dado por Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, que se acercaron a Mao para profundizar la ruptura de este con la Unión Sovietica.

Una ironía final, más allá de la influencia que la guerra de Vietnam ha dejado en la política contemporánea y la cultura moderna, es que hoy la enemistad entre Vietnam y China es casi tan grande como lo fue entre Vietnam y los Estados Unidos.

 

* Profesor Titular y Director del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia

 

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