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El Picnic de los intelectuales humanitarios

Escrito por Alpher Rojas

alphel rojasUn testimonio de primera mano sobre la liberación de los seis colombianos en poder de las Farc.

Alpher Rojas Carvajal *

"No nos engañaron los guerrilleros pero si nos engañó el gobierno"

A las 6 y 15 minutos de ese domingo 1º de febrero, cuando el helicóptero de la Fuerza Aérea del Brasil tocó pista en el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio, los miembros de la misión humanitaria de Colombianos y Colombianas por la Paz  experimentaron la sensación de que habían logrado sobrevivir a una odisea sin pólizas y se habían librado de una celada de sobrevuelos militares y de ardides siniestros tramados por el gobierno ultraderechista del presidente Álvaro Uribe.  Pero también, que habían dado los primeros pasos en la consolidación de la confianza mutua con la esquiva organización guerrillera de las Farc, con cuyos comandantes habían acordado 147 días atrás un "diálogo epistolar público" para desbloquear los acuerdos frustrados y avanzar hacia la paz.

El proceso de liberación de seis compatriotas -cuatro miembros de la Fuerza Pública y los dirigentes políticos Alan Jara y Sigifredo López –  ha sido recibido por la mayoría de compatriotas y, obviamente, por quienes hemos decidido adelantar el diálogo epistolar, como la posibilidad real de ponerle fin al conflicto armado colombiano por medios distintos a los de la violencia.

Pero ello ocurrió pese a que en su lógica del si es no es, el Presidente de Colombia había expresado su irritación cuando los medios transmitieron los primeros mensajes de las Farc sobre su aceptación del diálogo epistolar y el anuncio de liberaciones unilaterales. Al advertir que un eventual proceso de paz pondría en juego la centralidad de su programa de Seguridad Democrática,  el Presidente Uribe  – con su entonación nasal y su característico acento paisa- le dijo al país por televisión que la guerrilla estaba preparando "una celada" de la mano de "una dirigente política", cuyo nombre no mencionó pero que todo el mundo identificó como el de una mujer afrodescendiente, nimbada por un turbante de colores y una valentía sin orillas, a quien Colombia entera conoce como "La Negra Piedad". No obstante, Uribe ordenó el trámite de su autorización para un grupo de garantes incluida "la dirigente", su acompañante y dos reconocidos periodistas colombianos.

A partir de allí las reuniones que precedieron a la liberación de los rehenes estuvieron cruzadas por sutiles y en ocasiones abiertos obstáculos que la habilidad del psiquiatra Luis Carlos Restrepo trataba de disimular y minimizar con monsergas cercanas a la excentricidad para ganar tiempo, mientras que el ministro de Defensa Juan Manuel Santos en el despacho presidencial  – a diez metros de donde se reunía la misión de Colombianas y Colombianos por la Paz con el Comisionado –  con una "sala situacional" colmada de expertos en la guerra virtual planeaba los detalles de una operación de inteligencia con tecnología de punta para reeditar la "Operación Jaque", con cuyo espectáculo mediático lograría darle el envión final a su descaecida candidatura presidencial. 

Con la estratagema de negar lo que había sido acordado en la reunión anterior o de proponer nuevos elementos que hicieran más dilatadas las gestiones de Colombianas y Colombianos por la Paz, Restrepo deliberadamente dejaba ver los hilos secretos de su comunicación con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y se mostraba en ocasiones gentil y dicharachero para bajarle temperatura a las preocupaciones de los misioneros humanitarios. Sin embargo, no contaba con la inteligencia emocional de Piedad y el olfato zahorí de sus asesores, varios de ellos y varias de ellas historiadoras, filósofas, sociólogas, politólogas y periodistas especializados en resolución de conflictos, en políticas de paz,  y hasta "farcólogos". Ni con las expectativas de la comunidad internacional.

La presencia de una personalidad de otro país se hacía cada vez más imprescindible, dadas las dudas crecientes de Colombianas y Colombianos por la Paz en relación con las garantías efectivas para la misión. La necesidad de blindar la operación y ponerla a salvo de riesgos fue expresada en un comunicado de puño y letra del máximo comandante de las Farc, Alfonso Cano, quien sospechaba que, contra toda humana previsión, Uribe y Santos harían imperar la lógica de la retaliación por los golpes recibidos en los últimos días. Hacer fracasar la misión humanitaria le reportaría al gobierno réditos de suma cero: ganaría a costas de lo que perdieran los colombianos por la paz.

Los miembros del Think Tank de la Casa de Nariño aconsejaban al presidente Uribe ejercer el doble juego de facilitación pública y extremo control interno. Esta maniobra le permitiría tranquilizar tanto a quienes buscan propiciar la paz, como a los nerviosos partidarios de la política de Seguridad democrática. Conceder al Brasil las posibilidades de prestar la logística bajaría las prevenciones de los sectores advertidos, al tiempo que tranquilizaría a la derecha internacional "antiterrorista", con el sigiloso despliegue de su gigantesco aparato de guerra. No le sonó la flauta al listo mandatario.

La comprobación de que América se mueve a favor de la paz de Colombia, no tanto porque el conflicto este "incendiando el hemisferio", sino porque la mayoría de países que lo integran están en transición hacia el socialismo que es paz más democracia, y observan en Uribe Vélez la cabeza de playa de una destorcida política o una regresión militarista, es que varios presidentes (Chávez, Correa, Kirchner, Bachelet, Castro -Fidel- y Lula) estuvieron siguiendo el proceso con milimétrica obsesión  – ágilmente informados por el sistema de comunicación de Colombianas y Colombianos por la Paz– prestos a colaborar con todos los recursos indispensables para afianzar el proceso. "No vamos a dejar sola a la Negra", habría dicho una de las mandatarias.

Fue la misma solidaridad de UNASUR con Cuba. Entonces Luiz Inácio Lula da Silva entró en escena y ofreció el apoyo logístico que salvó la operación. Más adelante ese mismo grupo activó su diplomacia para restituir a Piedad a su condición de garante, que le había sido arrebatada – igual que a Daniel Samper, a Olga Amparo Sánchez y a Jorge Enrique Botero –  por el presidente Uribe en un momento de delirium tremens político.

Los detalles de la operación han sido magistralmente narrados por Daniel Samper en El Tiempo, en donde el gran periodista da cuenta de los riesgos que corrieron sus vidas y las de los liberados, tanto como las de los actores armados de ambos lados si por desgracia los sobrevuelos de las naves militares hubieran culminado la operación planeada que el gobierno obstinadamente negó, hasta que la sagaz conciencia profesional del periodista Jorge Enrique Botero obturó el "on" de su grabadora y le  transmitió al mundo las voces de los instructores de inteligencia que, desde la base militar de Tres Esquinas y viceversa, guiaban a los pilotos castrenses para abortar la operación y bombardear el área.

Cuando los guerrilleros detectaron con sus aparatos sensores el ronroneo de las naves de la fuerza aérea colombiana, se pusieron en guardia. Piedad Córdoba observó a más de quinientos combatientes sobre el piso con sus poderosas armas apuntando hacia las alturas. Fue un momento de pánico, solo superado por la calma de los garantes y la sangre fría de los guerrilleros. Los pilotos brasileros habían comunicado el percance al agente diplomático brasilero y este lo había transmitido a su gobierno. La comunicación retornó exigente y los aviones retornaron con sus armas mortíferas a la base de Tres esquinas. Luis Carlos Restrepo les había dicho a los miembros de Colombianas/os por la paz en el aeropuerto de Vanguardia, que el CICR le había confirmado que eran vuelos comerciales a 23.000 pies de altura debidamente autorizados y convenidos con la delegación humanitaria. "No nos engañaron los guerrilleros pero si nos engañó el gobierno", dijo uno de los familiares a un medio de prensa.

Paradójicamente, entre la abigarrada multitud de reporteros concentrados en los alrededores del terminal aéreo de Villavicencio, el debate interno y las comunicaciones que despachan a sus medios se concentraban en comentar y analizar con alardes moralistas el error supuesto cometido por Jorge Enrique Botero, y no el peligroso y suicida atentado de los sobrevuelos militares. Igual sucedió con el General Padilla, para quien lo mas importante no fueron las liberaciones de personas que habían permanecido cautivas en la selva por cerca de diez años, sino el condumio campesino ofrecido por unas guerrilleras que ya las quisiera Raimundo Angulo para su conspicuo reinado, por lo que calificó a toda la operación humanitaria como el "picnic de los intelectuales".

El colectivo humanitario Colombianas y Colombianos por la Paz, que hoy cuenta con más de 125 mil apoyos ciudadanos, y pese a las admoniciones terminantes de Uribe para impedir la celebración de un Acuerdo Humanitario, se ha reunido para continuar el diálogo epistolar, ha perfilado una nueva misiva y ya ha recibido señales desde la selva en el sentido de que esta misión humanitaria irá una y otra vez a la manigua a liberar a más colombianos y a buscar los hilos perdidos de la convivencia. 

El propósito de Colombianas y Colombianos por la Paz es el de "contribuir no sólo a la concreción  del acuerdo humanitario, sino colaborar en la construcción de espacios en los cuales, más allá del medio epistolar y dentro del marco institucional que permite hacer efectivo el derecho constitucional a la pazse pudiera analizar objetivamente la actual realidad nacional y las responsabilidades que tenemos frente a ella como miembros de la sociedad a la cual todos pertenecemos". ¡Así Uribe diga que no!

* Analista político e investigador social, Director Nacional del Instituto de Investigaciones Sociopolíticas Colombia Plural y miembro de Colombianas y Colombianos por la Paz.

 

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