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El paro agrario y la reelección de Santos

Escrito por Boris Salazar
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En el horizonte político aparecen simultáneamente el paro agrario, la reelección de Santos y los diálogos de La Habana. ¿Cómo se relacionan y se condicionan recíprocamente estas coyunturas?

Boris Salazar*

Un paro muy político

Todo paro es político, y este segundo paro nacional agrario en menos de un año lo es por muchas razones:

Después de casi dos décadas durante las cueles la protesta popular había pasado a ser una reliquia del pasado remoto, los últimos tres años han visto la resurrección de movimientos y protestas por casi toda la geografía de Colombia
  • Es político por la proximidad de las elecciones presidenciales y por las dificultades que el presidente-candidato está teniendo para hacer valer su posición de jefe de Estado.
  • El político por las cuentas que le están pasando a Santos tanto Álvaro Uribe como Jorge Enrique Robledo, el uno su patrón de ayer y principal enemigo político de hoy, el otro su más férreo opositor en cuestiones agrarias.
  • Es político por el oportunismo de las organizaciones agrarias de todos los tamaños que aspiran a obtener de un gobierno enredado en su reelección la seguridad económica que han estado reclamando durante años.
  • Es político por la real o supuesta  “infiltración del terrorismo en la protesta social”, como gusta de repetir el ministro de Defensa, quien parece preferir a las FARC dando bala que intentando dar sus primeros pasos en la política democrática – si es que el proceso de paz logra despegar-.

El paro es político por todo eso y por algo más. Después de casi dos décadas durante las cueles la protesta popular había pasado a ser una reliquia del pasado remoto, los últimos tres años han visto la resurrección de movimientos y protestas por casi toda la geografía de Colombia, hasta llegar a 1.027 protestas sociales en 2013 – la cifra más alta desde 1975- según un estudio del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP).  

Tampoco es casualidad que el paro agrario de septiembre sucediera mientras el gobierno de Santos y las FARC  estaban discutiendo el muy viejo problema de la tierra en la mesa de La Habana.   


El Presidente Santos manifestó en Montería que se
negaría a actuar bajo presión de los manifestantes.
Foto: Presidencia de la República

Un tema nodal

Hoy la política agraria vuelve a ocupar el centro del escenario nacional. Este es el tema  crucial, tanto para la eventual paz con las FARC como para el acceso de los campesinos a la propiedad de la tierra y a la vida digna que por tanto tiempo les han sido negadas por los arreglos políticos y militares prevalecientes.

Pero también es un problema de política económica y comercial. Después de dos décadas de apertura, de liberalización del comercio internacional, de desarrollo de la agroindustria, los resultados del modelo “neoliberal” son – para decir lo menos- bastante pobres en lo que atañe al nivel de vida de los campesinos, a la productividad agrícola y a la seguridad alimentaria.

Los pobres del campo son más pobres que los más pobres de las ciudades, y las inversiones agropecuarias siguen siendo más riesgosas que inversiones similares en otros sectores de la economía.

La encrucijada de Santos

Es paradójico que la movilización social ocurra después de que en La Habana se lograran acuerdos importantes sobre el tema agrario, y cuando ya las FARC (consideradas como el mayor obstáculo para el avance del sector agropecuario) no son la amenaza que solían ser.

La paradoja sin embargo es comprensible en tanto el paro agrario es parte de la reaparición de las luchas sociales que se produjo desde el final de los gobiernos de Uribe, junto con el viraje de Santos hacia la paz y el comienzo de las conversaciones de La Habana.

Después de casi una década de guerra total contra las FARC, de lucha por la recuperación del territorio para las Fuerzas Armadas y el Estado, y de unidad cerrada contra el enemigo que amenazaba desde la selva, el viraje político de Santos abrió el espacio para ventilar los asuntos sociales y económicos cuya discusión había quedado suspendida en los años de Uribe.

El paro agrario aparece, entonces, en el cruce de caminos entre la complicada política electoral de hoy y el avance de la movilización social.

Pero el viraje político de Santos está en juego ante las elecciones presidenciales de este mes. La oposición radical de Uribe y la derecha dura, la desconfianza de la izquierda y de sectores progresistas frente a lo que Santos realmente quiere, y la indiferencia, rayana en  oposición, de Robledo y asociados con respecto a la política de paz del gobierno, se aúnan para poner en peligro la reelección del presidente.

El paro agrario aparece, entonces, en el cruce de caminos entre la complicada política electoral de hoy y el avance de la movilización social.

El gobierno ha respondido con lo que puede hacer: comprar deudas menores de 20 millones de pesos, comprometerse a bajar los precios de los insumos agrícolas, y cumplir con algunas de las promesas que había hecho en septiembre. Tiene a su favor los buenos precios de mercado para el café y la papa, que no son frutos  de su gestión sino de eventos internacionales y del ciclo particular del precio del tubérculo.

Pero el gobierno no podrá renegociar los TLC que Colombia ha firmado durante estos tres  años, ni cumplir con muchas de las promesas que hizo el año pasado, ni resolver el problema de la propiedad de la tierra. Los resultados de la política de restitución de tierras – apenas 20.000 hectáreas devueltas hasta el momento- ponen en evidencia la dificultad de ejecutar este proceso sin la participación decidida del Estado y de la sociedad.


Campesinos en Nariño marchan hacia la ciudad de
Pasto, en el marco del paro agrario del año 2013.
Foto: Youngist Photos

La ambigüedad de Santos

Tanto el paro agrario como las dificultades crecientes que el presidente está enfrentando en su reelección tienen que ver con su ambigüedad frente a la política de paz, que lo distanció de Uribe y lo situó sobre una trayectoria política para la cual no estaba preparado.

En lugar de convertirse en el gran vocero de la paz y de llevar a la nación una pedagogía de la paz como espacio de oportunidades y gran opción para un mejor futuro, el presidente optó por caminar sobre una cuerda floja, apoyando las conversaciones de paz mientras les hace guiños a los sectores más reacios a dejar la guerra y sus ganancias políticas y económicas.

Santos, el líder de la paz y del cambio social en el campo que hubiera podido ser,  es hoy un presidente-candidato cercado por su ambigüedad. Sus enemigos lo saben y están jugando sobre esa debilidad evidente.

Una nueva negociación cerrará el paro agrario y la política nacional se concentrará sobre las elecciones presidenciales. La cuestión ahora es hasta dónde el futuro de la movilización social estará en manos de los resultados electorales o mantendrá la dinámica que ha tenido hasta hoy. Y todo, aunque parezca extraño, dependerá del éxito de la política de paz.  

 

* Profesor del Departamento de Economía de la Universidad del Valle.

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