El país que queremos y nos merecemos (2ª parte) - Razón Pública
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El país que queremos y nos merecemos (2ª parte)

Escrito por Álvaro Corral
Alvaro Corral

Alvaro CorralLas cifras sobre la educación superior en Colombia son contundentes: el país no le asigna verdadera prioridad. Los resultados son preocupantes: ni en cobertura ni en calidad, las universidades colombianas alcanzan los estándares internacionales. La nueva ley tampoco resuelve el problema central. [1] 

Álvaro Corral Cuartas*

Un debate agitado, pero cosmético La reciente propuesta de reforma a la Ley 30 de educación superior ha suscitado en Colombia un agitado debate en los medios y manifestaciones en las calles:

• El primer asunto que llama la atención es que el borrador de la propuesta se gestó durante algunos meses sin ninguna o muy poca consulta con los actores, beneficiarios e involucrados en la ley de marras. Los esfuerzos recientes parecen tardíos y cosméticos.

• El segundo asunto que se encuentra en las discusiones en los medios de comunicación gira en torno a las ventajas y desventajas de que se abran en Colombia las puertas para que la inversión privada pueda intervenir más activamente, sobre todo en la gestión de la educación superior ofrecida por el Estado.

• El tercer asunto destacado por los comentaristas en un amplio consenso es valorar como muy positiva la propuesta para que en cinco años a partir de su expedición todas las universidades deban contar con acreditación institucional de alta calidad para merecer en el futuro el estatus de universidad.

Pero si la educación fuera una clara prioridad del Estado, hubiera debido figurar en el Plan Nacional de Desarrollo como otra de las “locomotoras” de la prosperidad para todos, y la propuesta de una nueva ley de educación habría tenido un talante muy diferente y estaría inscrita en otro marco conceptual.

Por ejemplo, las reservas y previsiones presupuestales en el Plan de Desarrollo 2011-2014, no se habrían formulado sujetas al vaivén de la economía colombiana, como prevé el artículo 105 de la propuesta, o sobre la suposición de que el sector minero pueda transferir a la educación jugosas regalías. Ni tampoco habría dejado para una reglamentación posterior a través del ICETEX las estrategias de apoyo financiero a estudiantes con las más altas cualidades intelectuales.

Si Colombia pretende dar el salto “desde el filo de la oportunidad” -como propusieron hace casi veinte años los expertos en la denominada “Comisión de sabios”- y lanzarse a una superación sustancial de los desequilibrios sociales, el gobierno debe comprometerse de manera clara, no sólo para transferir a las universidades del más alto desempeño académico recursos para la investigación, sino también recursos para que los estudiantes brillantes y con buen desempeño puedan acceder al sistema universitario.

Los hechos de la educación en Colombia La educación en Colombia constituye un derecho fundamental y por lo tanto corresponde al Estado garantizar su cumplimiento y calidad, en el marco de la Constitución de 1991.

No sobra recordar que la educación debe ser considerada como una prioridad, a pesar de la coyuntura y de las circunstancias históricas de los últimos años, ocasionadas por graves problemas endémicos de violencia y narcotráfico.

Por otro lado, se debe recordar que de manera similar a como acontece con otras funciones estatales y por una tradición histórica anterior a la misma Constitución, el Estado ha permitido que los particulares intervengan en la prestación del servicio educativo, tanto en educación primaria y básica como en la educación superior.

De hecho, en el sistema educativo colombiano caben muchas opciones, pues, a diferencia de otros países, no sólo es equilibrado el porcentaje que corresponde a la educación pública y a la privada, sino que además caben diferentes posiciones ideológicas, incluida la educación liderada por grupos religiosos.

Esa pluralidad es un logro que se debe valorar, conservar y fortalecer, sin desconocer el carácter público del derecho fundamental y el compromiso del Estado por la prestación efectiva del servicio y su mejoramiento permanente.

En ese contexto histórico y jurídico, se entrar a analizar las dimensiones cuantitativa y cualitativa de la educación superior en Colombia.

Cifras de la educación superior en Colombia Desde la perspectiva cuantitativa encontramos que para el año 2010, según cifras del Ministerio de Educación Nacional (MEN) se encontraban matriculados 1’674.420 estudiantes en programas de educación superior, de los cuales el 55,3 por ciento estudian en las universidades públicas y el 44,7 por ciento en el sector privado, claro repunte a favor de la educación pública de más de once puntos porcentuales en casi una década.

En términos de cobertura global del sistema se habla de una cifra del 37,1 por ciento. La aspiración del gobierno es que en 5 años la cobertura se eleve al 50 por ciento, lo cual equivale a un incremento cercano a 650.000 nuevos cupos.

En la actualidad existen en Colombia 286 instituciones de educación superior (IES). 80 son públicas y 206 son privadas. El sistema colombiano cuenta con 32 universidades públicas y 48 privadas. De ese total nacional de 286 IES, solamente 22 han obtenido hasta la fecha el reconocimiento de la acreditación de alta calidad.

En términos del rendimiento académico de los estudiantes universitarios se constatan índices de deserción cercanos al 50 por ciento, los cuales resultan preocupantes no sólo por las consecuencias sociales que de esta circunstancia se derivan, pues muchos estudiantes ven frustradas sus expectativas sobre un mejor futuro, sino por la necesidad de indagar con seriedad por las causas de esa situación, por cuanto es de suponer que muchos bachilleres llegan a los institutos técnicos, y a la educación tecnológica y universitaria sin tener las competencias requeridas para ello.

Esto significa que no se puede democratizar la mala calidad. Es probable que entre las causas de una tasa de deserción tan alta encontremos dos razones que deberían ser exploradas:

• Por una parte, creemos que la llamada “promoción automática” que contempla la Ley 115 de Educación Media, ha tenido un efecto negativo en los niveles de rendimiento educativo de los bachilleres.

• Por otra parte, creemos que también ha tenido un impacto negativo la insuficiente preparación académica de los docentes de la educación media, quienes tienen la enorme responsabilidad de la enseñanza en los niveles básicos.

Los avances de cobertura con sacrificio en la calidad tienen un costo social muy alto, pues alimentan el empleo informal y eventualmente la delincuencia. Así pues, tanto en cobertura como en calidad el país se encuentra mal.

Comparaciones latinoamericanas Los indicadores internacionales de desempeño para la educación básica y media como las pruebas PISA, dejan a Colombia en una posición inferior, que no guarda proporción con el tamaño de su población y de su economía.

Los índices sobre productividad científica, como el Ranking Iberoamericano SIR 2011, señalan por ejemplo que sólo aparece la Universidad Nacional de Colombia entre las primeras 100 y que sólo 6 universidades figuran en el rango de las primeras 300.

Además de la baja participación de Colombia en estas estadísticas, llama la atención que sólo 6 instituciones concentran el 70 por ciento de la producción científica del país . Vale la pena comparar estos datos con la forma como Brasil ha encarado su compromiso como Nación.

El ejemplo de Brasil, resulta significativo por cuanto en la presentación pública de la propuesta que ha hecho recientemente el MEN, se ha mostrado a este país como uno de los ejemplos exitosos, donde el sector privado participa en el “negocio” de la educación con ánimo de lucro. Pero Brasil ha seguido invirtiendo recursos públicos en educación y en investigación, sin parangón en América Latina y los resultados en avances científicos, sociales y culturales transferidos al tejido social están a la vista.

De acuerdo con información del periódico Times de Inglaterra , América Latina incrementó su participación en la producción mundial de documentos científicos pasando del 1,7 por ciento para el año de 1990 al 4,8 por ciento del total mundial para el año 2008.

Brasil es el gran líder regional en este aspecto. En el año de 1980 se produjeron en Brasil 2.000 documentos científicos y la cifra en el año 2008 pasó a ser de 20.000 textos. De acuerdo con ese análisis, se menciona que Brasil invirtió 8,4 billones de libras esterlinas en investigación y desarrollo para el año 2007, lo cual equivale más o menos al 1 por ciento del Producto Interno Bruto.

Colombia invirtió para el año 2007, de acuerdo con cifras del MEN, 1,754 billones de pesos en la educación superior pública . De ese total de las transferencias del Estado a las universidades el porcentaje destinado a investigación es del 1 por ciento. Con semejante porcentaje es muy difícil que el sistema universitario colombiano pueda contribuir regionalmente al avance del conocimiento en términos de comparación con lo que hacen sus vecinos .

Al analizar estos datos no se desconoce que muchas universidades públicas y privadas han establecido alianzas cada vez más estrechas con el sector empresarial para el desarrollo conjunto de proyectos de investigación y desarrollo tecnológico. Esos avances se deben fortalecer y apoyar.

Sin embargo, un país no puede depender solamente de los intereses del sector privado a la hora de determinar el uso de recursos destinados a investigación y desarrollo tecnológico, pues debe apoyar proyectos de investigación cuya rentabilidad, por lo general es de largo plazo y se mide por indicadores de desarrollo social y cultural.

Si Colombia tuviera la voluntad política para invertir en investigación y desarrollo tan solo el 1 por ciento del PIB, esa cifra para el año 2010 sería del orden 4,13 billones de pesos e ilustra hasta qué punto en Colombia no ha habido interés real en apoyar el desarrollo científico, pues significa invertir en sólo investigación y desarrollo casi cuatro veces más que el valor total de los recursos transferidos a las universidades públicas para su funcionamiento.

Comparaciones a nivel mundial Una mirada a la dimensión cualitativa en el ámbito global, permite constatar que en el ranking de las mejores universidades del mundo para el año 2010, la mejor universidad de Latinoamérica es la Universidad Nacional Autónoma de México que ocupó el puesto 222, seguida de la Universidad do Sao Paulo en Brasil en el puesto 253. Ambas son universidades estatales .

Si continuamos en la búsqueda de otras instituciones, se constata que México, Chile y Argentina tienen al menos dos universidades entre los primeros 500 nombres de la lista. Así como Brasil tiene tres universidades en ese rango.

Colombia no registra en ese rango ninguna universidad. La Universidad de los Andes se encuentra en el rango del 501 al 550 y la Universidad Nacional entre los puestos 551 a 600. A pesar de tener Colombia en este momento 22 universidades acreditadas de alta calidad , no hay ninguna en el rango de las primeras 500, lo cual debería ser el caso si se piensa que países similares como Chile tienen hasta dos universidades en ese rango. Colombia, dado el tamaño de su población y de su economía, debería tener para esta época al menos dos universidades en el rango de las primeras 500.

Preguntarse acerca de las razones por las cuales Colombia no figura en este rango debería ser parte de las cuestiones fundamentales en este debate. Así como la propuesta conmina a todas las universidades para que se acrediten en 5 años, el país debería aspirar a que, en ese lapso, al menos tres o cuatro universidades figuren en el club de las 500. Para lograrlo, se requiere entonces un programa contundente de apoyo estatal.

Algunas propuestas concretas Estas consideraciones nos llevan a aportar algunas propuestas concretas:

• En primer lugar, es necesario devolver a la educación el papel protagónico que las grandes civilizaciones y culturas le han reconocido.

• En segundo lugar, hay que desestimar por inconveniente la propuesta de que un derecho fundamental como la educación pueda ser ofrecido bajo los criterios del lucro que animan a la empresa privada .

• En tercer lugar, se sugiere aumentar en el equivalente al 1 por ciento del PIB el aporte de la Nación a la consolidación de la calidad en la educación. Estos recursos del orden de 4,35 billones de pesos podrían obtenerse con un desmonte gradual de los gastos de defensa y seguridad nacional , para ser invertidos en capital humano de la siguiente forma: o Medio punto porcentual para becar a los estudiantes más destacados del país en programas tecnológicos, de pregrado, maestría y doctorado de las IES colombianas. o El otro medio punto porcentual se utilizaría en el mejoramiento de los docentes de las universidades públicas que hayan obtenido la acreditación de alta calidad y estén en condiciones de mejorar su infraestructura física y tecnológica para asumir un compromiso significativo en el aumento de la cobertura.

• En cuarto lugar se propone fortalecer los grupos de investigación con recursos equivalentes al 1 por ciento del PIB, que se destinarían para el fortalecimiento de los proyectos de investigación y grupos reconocidos por Colciencias en las categorías A1, A y B.

• En quinto lugar, se propone estimular la cultura de las donaciones y de las compensaciones a empresas y personas que quieran apoyar el fortalecimiento de la educación y el desarrollo de la investigación.

*Departamento de Humanidades. Universidad Jorge Tadeo Lozano. alvaro.corral@utadeo.edu.co


[1] Ver Art. 117.

[2] En la separata UNperiódico del 12 de junio de 2011, el profesor José Luís Barragán destaca el avance obtenido por la Universidad Nacional de Colombia por haber conseguido su ubicación en el puesto 56 y haber ganado 11 puestos con relación al listado de 2010. A pesar de ese significativo avance, resulta muy preocupante constatar que ninguna otra universidad colombiana aparece en el rango de las primeras 100 universidades de Hispanoamérica. La Universidad de los Andes figura en el puesto 108. Compartimos la conclusión con la que el profesor Barragán termina su artículo: “El Ranking Iberoamericano lanza un mensaje de alerta al Estado colombiano y lo conmina a mejorar el financiamiento de las universidades para que estas puedan asumir el reto de emular a las mejores del continente y el mundo en producción científica”. Para más detalles del informe completo, véase: http://www.scimagoir.com/pdf/ranking_iberoamericano_2011.pdf

[3] http://www.timeshighereducation.co.uk/world-university-rankings/2010-2011/south-america.html Acceso en mayo de 2011.

[4] Esta información proviene del informe especial del diario El Tiempo publicado el 10 de abril de 2011.

[5] Presentamos estas cifras con el objetivo de contrastarla con la opinión mencionada por algunos expertos del MEN en la etapa de presentación social de la propuesta de reforma de la ley, según la cual en Brasil ha habido un incremento significativo de participación de capital privado en la educación privada. Lo cual es cierto, pero no debe desconocerse que esa participación de capital privado se suma a los compromisos claros asumidos por el Estado brasilero de posicionar al país como una potencia mundial. Por esta razón los fondos destinados a investigación, llegan a ser en algunos casos más altos que los de varios países desarrollados.

[6] He tenido en cuenta la referencia al PIB de la página consultada el junio 8 de 2011: http://www.indexmundi.com/es/colombia/producto_interno_bruto_(pib).html

[7] QS World University Rankings.

[8] Con muy buen sentido práctico el MEN y la Comisión Nacional de Acreditación han relativizado el concepto de calidad para facilitar y hacer realizable en los últimos 15 años estrategias de mejoramiento continuo en el interior de las IES en Colombia. Sin embargo no se puede perder de vista que el sistema de educación superior colombiano en su conjunto debe estar en condiciones de avanzar significativamente cuando se somete al escrutinio de las comparaciones internacionales, de acuerdo con las cuales la noción de calidad ya no es relativa, sino en función de variables e indicadores validados en comunidades académicas mundiales y por organismos multilaterales dedicados al análisis de los avances de la educación en el mundo.

[9] Esta cifra resulta muy superior al valor propuesto por el Viceministro de Educación de aumentar en 2,9 billones de pesos para un período de tres años a partir de la destinación del 10 por ciento de las regalías, la inversión “para formación doctoral e investigación”. Ver el informe especial del periódico El Tiempo del 10 de abril de 2011.

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