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El país de la impunidad

Escrito por José Gregorio Hernández
jose gregorio

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No nos engañemos. Los falsos positivos, las atrocidades de los paramilitares, las chuzadas y otros escándalos de corrupción van a quedar sin castigo. 

José Gregorio Hernández Galindo*

No tengo duda de que los procesos sobre los mal llamados "falsos positivos" – que no son otra cosa que crímenes de lesa humanidad- terminarán dando paso a la más descarada impunidad. Lo ocurrido durante los primeros días del año nos muestra apenas el comienzo.

Resulta inconcebible que hayan dejado vencer los términos en un caso tan grave, y peor todavía que se diga ahora que la salida a la calle de los diecisiete militares se debe a las estratagemas dilatorias de los abogados de la defensa, sin que -como expresa la Fiscalía- el juez de garantías que decretó esa libertad haya aplicado una norma del Código de Procedimiento Penal que impide el transcurso de los términos cuando se presentan esa clase de maniobras. 

Si esto último es verdad, estamos frente a un prevaricato, y la sociedad colombiana asiste al derrumbe del sistema penal, toda vez que entonces ahora los procesos no los conducen los jueces sino los abogados de los sindicados.

Sea lo que fuere, lo cierto es que los angustiados rostros de las madres de Soacha, cuyos hijos fueron sacrificados en el curso de operaciones cada vez más oscuras, reflejaban en la televisión lo que deben estar sintiendo muchos colombianos que no tienen voz.

La sal se corrompe. Lo estamos viendo todos los días, y nuestros dirigentes no piensan en otra cosa que en la reelección presidencial, al paso que los funcionarios encargados de la vigilancia sobre los jueces disculpan la negligencia de éstos con un  argumento "campeón" – el de la congestión existente en los despachos judiciales- porque nadie lo ha podido derrotar, pese a que el artículo 228 de la Constitución señala perentoriamente que "los términos procesales se observarán con diligencia y su incumplimiento será sancionado". 

No nos engañemos. Vamos hacia la impunidad en el caso de los "falsos positivos". Pero también en el  de las "chuzadas". En el de los cohechadores de Yidis. Con toda "seguridad", en el escándalo de "Agro Ingreso Seguro". Vamos hacia la impunidad en el caso de la zona franca y de los terrenos sobrevalorados de los hijos del Presidente.

Y qué decir de los crímenes cometidos por los paramilitares, y de la reparación de sus víctimas. Ahora esa reparación no es ni siquiera una esperanza: los jefes, extraditados para que negocien sus penas por narcotráfico en Estados Unidos, sin que importe su responsabilidad en Colombia, aunque no cumplieron ni siquiera los requisitos de la Ley "de justicia y paz"; y los subalternos serán cobijados por un extraño "principio de oportunidad" aprobado por el Congreso el mismo día en que se hundió la "Ley de víctimas" -que, en el sentir del Presidente reelegible, resultaba muy costosa-,  y se  apagarán así  por completo las posibilidades de verdad, justicia y reparación, pero a lo largo y ancho del territorio están las fosas, en las que reposan los restos de personas torturadas y asesinadas.

Es todo un conjunto de situaciones que, observado por alguien que ignore los antecedentes, parece increíble, pero que exhibe una realidad dolorosa.

Ese es el aspecto interno de la cuestión. En el externo, todo conduce a la adquisición de competencia de la Corte Penal Internacional, que seguramente iniciará en cualquier momento alguna investigación sobre cualquiera de los  aberrantes casos de crímenes de lesa humanidad, como el de los "falsos positivos", que no les interesa a nuestros jueces. Y ya veremos entonces a funcionarios colombianos rasgándose las vestiduras y diciendo que la Corte carece de jurisdicción porque en nuestro territorio sí funciona la administración de justicia. Que se ofende la dignidad nacional, y que aquí impera un Estado Social de Derecho y una auténtica democracia.

Es que "Colombia es pasión", como dice el slogan, curiosamente  copiado de "Alemania es pasión", de Hitler, como lo recuerda el Editorial de El Nuevo Siglo de este domingo 10 de enero.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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