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El nuevo Congreso: un escenario inédito en la política nacional

Escrito por Marcela Prieto
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En medio de un complejo proceso de paz, de una pesada deuda electoral y de la ambigüedad de la “tercera vía”, el gobierno no contará con el Congreso dócil que tenía. Y sin embargo Uribe y Robledo compartirán el papel de opositores.

Marcela Prieto*

Un Congreso distinto

El Congreso que hoy comenzó oficialmente su actividad legislativa y de control político será sin duda interesante y, en muchos aspectos, distinto de sus antecesores en la historia reciente de Colombia.

Si bien Colombia se caracteriza por su sistema hiper-presidencialista donde el Gobierno impone su agenda en el Congreso, esta vez llegarán al Capitolio personalidades que sin duda pondrán contra las cuerdas cualquier iniciativa gubernamental.

Este Congreso tendrá una intensa actividad de control político y duras controversias doctrinales o temáticas en Comisiones y Plenarias.

No es solo la presencia del expresidente Álvaro Uribe sino también las de Antonio Navarro, Horacio Serpa y otras voces contundentes y posiblemente antagónicas, como las de Claudia López o José Obdulio Gaviria.

En otras palabras, este Congreso tendrá una intensa actividad de control político y duras controversias doctrinales o temáticas en Comisiones y Plenarias, situación muy positiva para la democracia y para el papel que por definición le corresponde al Legislativo en un Estado de derecho.  


El Senador Antonio Navarro Wolf.
Foto: Ocha Colombia

Un “pato herido”

La coalición del gobierno en el Congreso será más débil y dispersa y estará lejos del 85 por ciento que tuvo en la pasada legislatura – un porcentaje insólito e incluso poco deseable para el control político y el debate adecuado sobre los proyectos de ley o de acto legislativo-.

En democracias donde existe la reelección por un solo período consecutivo (y sobre todo cuando hay partidos políticos débiles) como en Colombia, es muy probable que se dé una coalición fuerte alrededor del mandatario durante su primer período, pero los intereses y las  lógicas políticas cambian cuando se trata de una administración en su segunda y última fase en el poder.

En Estados Unidos es común referirse a un  presidente reelegido como a un  “pato herido” (lame duck), es decir como a un funcionario cuyo mandato está a punto de expirar y no tiene por tanto el poder suficiente para que sea temido. Pues bien, apelando a esta figura cabría decir que Santos es un pato herido, y que la relación entre el Ejecutivo y el Congreso será más impredecible y más condicionada en esta segunda legislatura.


El Senador por el Polo Democrático Alternativo,
Iván Cepeda.
Foto: Congreso de la República

La hipoteca, la paz y la tercera vía

A este escenario hay que sumarle la pesada hipoteca política que deberá pagar el presidente Santos a raíz de los muchos compromisos adquiridos durante la pasada contienda electoral, tanto con los grandes electores de su propia coalición como con los partidos de izquierda, quienes en último término marcaron  la distancia frente a Óscar Iván Zuluaga. El pago de estas deudas electorales tendrá un gran costo político y debilitará rápidamente a Santos, restándole poder de negociación en el Congreso.

Esto podría llevarnos a escenarios de discusión acalorada sobre temas tan trascendentales como aquellos referentes al proceso de paz con las FARC (y posiblemente con el ELN), donde será intensa la polémica sobre modelos de desarrollo rural, sobre las penas para los responsables de delitos (incluyendo los de lesa humanidad)  y sobre todo aquello que tenga que ver con justicia transicional y la eventual participación política de los ex guerrilleros.

En este escenario tendrán que darse acuerdos entre los partidos de la Unidad Nacional y los partidos de izquierda, llámense Polo Democrático Alternativo o Alianza Verde.

El Centro Democrático (CD), por su parte, enfilará sus baterías contra aquellos acuerdos, siempre que los perciba como una fuente de impunidad o simplemente como un “sapo” demasiado grande para tragar (así provenga de aquel “pato” herido). 

No obstante lo anterior, el gobierno se verá enfrentado a una tenaza política al tener una oposición de izquierda cuando se trate de temas relacionados con el modelo económico y de desarrollo, además de la ya mencionada oposición desde la derecha en temas relacionados con el fin del conflicto con las FARC y quizá con el ELN.

Esto sin duda es nuevo en el país y nuevo en nuestro sistema político. Quizá sea esta una de las consecuencias negativas de la llamada de “tercera vía” a la cual tanto apela el presidente Santos.

La tercera vía es propia de quienes quieren llegar a consensos sobre tantos temas como sea posible, de quienes piensan que no hay enemigos sino adversarios y sobre todo de quienes tienen una visión pragmática menos que de principios ideológicos. En otras palabras, de los que le prenden una vela a Dios y otra al diablo… por si acaso.

Pero mantener ese equilibrio en el mundo político es prácticamente imposible, pues tarde o temprano llegarán los reclamos y la consecuencia será la pérdida de gobernabilidad.

Oposición por punta y punta

Lamentablemente para la democracia en Colombia, los partidos de izquierda han tenido muchas dificultades para consolidarse y llegar al poder. Pero los obstáculos no proceden  solo de factores externos, sino también de errores de los propios partidos.  

La izquierda compite internamente con demasiada insistencia y se divide  con demasiada frecuencia. Los pocos líderes  que han logrado acceder al poder lo han hecho a pesar de sí mismos; unos lo han hecho de manera exitosa, como Antonio Navarro, y otros han sido  desastrosos para la administración pública, como Samuel Moreno por temas de corrupción, o como Gustavo Petro por ineficiencia e ineptitud administrativa.

Y para completar el dificultoso tránsito de la izquierda colombiana, llega a la palestra el Centro Democrático, un nuevo partido de derecha, con el que tendrá que compartir cobijas como partidos de la oposición, al menos durante este gobierno.

¿Quién se habría imaginado que los senadores Iván Cepeda y Álvaro Uribe estarían compartiendo el escenario y cumpliendo el mismo papel de oposición en el Congreso? La trampa está dada: por más que no quieran jugar el mismo rol, les “toca”.

El pago de estas deudas electorales tendrá un gran costo político y debilitará rápidamente a Santos, restándole poder de negociación en el Congreso.

La oposición de izquierda solo será efectiva si no participa con cuota de poder en el gobierno Santos. A esta dicotomía los llevó la llamada “tercera vía” de Santos. No pueden dejar de estar en un lado aunque quisieran y no quisieran estar en el otro pero les toca.

Y por su parte el Centro Democrático se está preparando para avanzar de manera sustantiva en  las elecciones regionales de 2015: ya tiene listos sus estatutos, donde define con detalle las reglas de juego de un partido que representa al menos 15 departamentos del país.  

Sin rencillas internas el CD ha definido su papel en el nuevo Congreso en términos de su participación en las Comisiones, y lo ha hecho no solo con el ánimo de cubrir todos los temas (salud, empleo, justicia, seguridad, presupuesto, reformas constitucionales, medio ambiente, etc…) y servir como veedor temático o “gabinete en la sombra”, sino también teniendo en cuenta la experiencia profesional y técnica de su bancada.    

Por último el CD ha decidido unificar sus UTL (Unidades de Técnica Legislativa) para que brinden un apoyo integral a toda la bancada. Esta podría ser una innovación  importante, más aun cuando se trata de una bancada numerosa (20 senadores y 19 representantes).

Hacia el futuro

Evidentemente ni la Unidad Nacional ni los partidos de izquierda la tienen fácil con el Centro Democrático, pues este llega hablando duro ante los micrófonos y con un nuevo modelo de trabajo colectivo que puede resultar  al menos en la teoría, suena interesante, pero ya lo veremos en la práctica.

En enorme medida el éxito de este segundo periodo del gobierno Santos dependerá de lo que pase con el (o los) proceso (s) de paz. Pues la agenda legislativa que se mueva en torno a este tema le dará más o menos fuerza al Centro Democrático o a la izquierda colombiana en cuanto a su futuro político.

La pregunta es: ¿seguirá siendo la seguridad el tema que defina el devenir político del país? De ser así, seguiremos oyendo y viendo mucho más del CD en el fututo político colombiano. 

 

* Politóloga de la Universidad de los Andes con maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Oxford. Analista habitual de Portafolio. Desde 2006, directora ejecutiva del Instituto de Ciencia Política y directora de la revista Perspectiva.

@marcelaprietobo 

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