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El mundo a través de los ojos de Mafalda

Escrito por Ana María Ferreira

Ana María FerreiraCincuenta años cumplió la niña que formó, entre el humor y la reflexión, a más de una generación de latinoamericanos en los debates más candentes del siglo: la guerra, la desigualdad, la injusticia y hasta el feminismo.

Ana María Ferreira*

“¿Y Dios habrá patentado esta
idea del manicomio redondo?”

Mafalda

Una niña de 50 años

El argentino Joaquín Salvador Lavado (1932-), más conocido por todos como Quino, es el caricaturista más famoso de América Latina, y Mafalda, su personaje paradigmático, es reconocido en muchas partes del mundo.

Mafalda es una niña aguda que este año está celebrando sus primeros 50 años. Su primera aparición ocurrió en 1964 y sus tiras cómicas no dejaron de imprimirse hasta 1973. Esos nueve años fueron suficientes para dejar una impronta en la historia de nuestro continente.

Mafalda odia la sopa y ama a los Beatles, siempre está leyendo el periódico, escuchando la radio o hablando con un globo terráqueo sobre las últimas noticias.

Mafalda odia la sopa y ama a los Beatles, siempre está leyendo el periódico, escuchando la radio o hablando con un globo terráqueo sobre las últimas noticias. Ella tiene la inocencia de una niña y la sagacidad de una persona mayor.

Mafalda es una niña con la perspicaz mirada de adulto que está preocupada por el futuro del mundo y que se pregunta permanentemente sobre la vida y los problemas de las personas que habitan este planeta. Mafalda es una reflexión sobre la familia y la amistad, y al mismo tiempo sobre la guerra y la política internacional.​​

La política de lo cotidiano

Mafalda es la hija mayor de una familia de clase media en Buenos Aires, que bien puede ser cualquier familia latinoamericana. Vive en un apartamento en un barrio de trabajadores, su madre es una ama de casa y su padre es un empleado de corbata, que odia la televisión y adora las plantas.

Tiene un hermanito, Guille, y un grupo de amigos del barrio, con los que pasa la mayor parte del tiempo. Las cosas que la pasan a ella, a su familia y a sus amigos, parecen no trascender las actividades cotidianas de una niña cualquiera: los juegos, el colegio o las formas para evitar que su mamá le sirva sopa.

La historieta sigue la vida diaria de esta comunidad, pero las pequeñas experiencias cotidianas están enmarcadas en una profunda reflexión sobre el contexto político que los rodea: la Guerra Fría, la bomba atómica, Vietnam, la China comunista, la pobreza y las complicadas relaciones entre Estados Unidos y América Latina.

Quino ha sido un caricaturista muy político y su obra es una reflexión sobre las injusticias sociales y la responsabilidad del capitalismo en el estado actual de los países latinoamericanos.

Sin embargo, ninguno de estos temas es tratado con seriedad o dramatismo y esa es tal vez la razón por la que la lectura del mundo y la crítica de Mafalda fueron y son tan poderosas para el imaginario latinoamericano:

“Mafalda: ¿Has pensado qué vas a ser cuando grande?, Felipe: ¡Uf!… Hay tiempo para eso, Mafalda: ¿Hay tiempo?… ¿Y si cualquier día se arma una guerra atómica y espichamos todos? ¡La humanidad despachurrada! ¡Horror!, Felipe: En ese caso no llegaremos a grandes, Mafalda: ¡Mirá que sos macabro, ¿Eh?”.

Debido a esta doble aproximación cruda y al mismo tiempo humorística a la situación global es imposible no dejarse tentar por un toque de esperanza: si estos son los niños que están creciendo, tal vez el futuro va a ser diferente.

Las historias de Mafalda son muy sencillas y están dibujadas con trazos muy claros y limpios, normalmente son secuencias cortas de 4 viñetas seguidas, todas a blanco y negro, con muchos espacios en blanco y una línea casi minimalista.

Es muy interesante cómo las más profundas reflexiones sobre temas difíciles, como la guerra o los niños con hambre, son narradas a través de los ojos de un grupo de pequeños, pues Quino, en sus historietas, tiene la capacidad de entrelazar un sentido del humor muy negro con una gran ternura.

La vieja consigna de que los niños dicen la verdad o que los niños son los únicos que realmente dicen lo que piensan le permite al autor hacer reflexiones que en boca de un adulto serían tal vez muy oscuras.

Mafalda mira el globo terráqueo y se pregunta: Y Dios habrá patentado esta idea del manicomio redondo?

Los personajes

Es interesante también que Mafalda sea una toma de posición política en el sentido más amplio de la palabra. Las historietas son muy cortas y se podría pensar que son todas locales: lo más lejos que viaja Mafalda es a la playa durante las vacaciones de la escuela.

Sin embargo, sus experiencias funcionan como un microcosmos del mundo entero. Cada uno de los personajes de la historieta es una caricatura (literal y metafóricamente) de la realidad.

Los personajes que acompañan a Mafalda son igualmente muy interesantes: su hermano Guille es uno de los más graciosos y encarna la picardía de los niños en general; Susanita es una niña obsesionada con el matrimonio y la maternidad, que encarna una reflexión sobre el papel de la mujer en la sociedad y otros temas complicados como el racismo y el clasismo.

La pequeña familia a la que Mafalda pertenece es una reflexión sobre la idea que tenemos de familia en la sociedad contemporánea en Occidente.

También está Manolito, quien está pensando todo el tiempo en dinero y negocios, pero que es completamente ignorante sobre cualquier otro tema. Manolito, como los otros personajes de la historieta, es una creación genial en tanto representa a personas que todos conocemos o hemos conocido en nuestra vida.

Miguelito, por su parte, es la ingenuidad; mientras que Felipe es un niño soñador con una vívida imaginación y absolutamente ningún interés por la escuela. También está su mascota, una lenta tortuga llamada burocracia, que es una perfecta representación de nuestra cotidianidad.

Los padres de Mafalda son una reflexión sobre la familia y unos valores que el autor parece cuestionar sutilmente: Mafalda algunas veces critica a su madre por ser ‘exclusivamente’ una ama de casa y las mayores preocupaciones de su padre tiene que ver con lograr que el sueldo llegue hasta el fin de mes o con poder pagar las cuotas del auto.

La pequeña familia a la que Mafalda pertenece es una reflexión sobre la idea que tenemos de familia en la sociedad contemporánea en Occidente.

Las niñas que fuimos y las mujeres que somos

Creo que no hay una sola historieta de Mafalda que no haya leído más de dos veces en los pequeños cuadernos rectangulares de la Editorial La Flor. Leí sus historias cuando yo misma era una niña, probablemente de su misma edad, y es posible que haya pasado por alto muchas de sus reflexiones o referencias.

Pero había algo muy poderoso en estas caricaturas: esas palabras que me enseñaban en el colegio o en la clase de religión, esas palabras como ética, moral y valores, que no significaban nada cuando la profesora las decía, en las historias de Mafalda tenían sentido.

Además, la representación de lo femenino en el mundo cómic, igual que en cualquier otra expresión artística, es un reflejo de cómo la sociedad ve a la mujeres. Y en ese sentido,  Mafalda es una heroína.

Ella y la Mujer Maravilla fueron en mi infancia un respiro en un mundo donde las mujeres simplemente no eran protagonistas. Esta niña inteligente, que cuestiona la autoridad y el statu quo, sigue siendo hoy en día un modelo para los feminismos  progresistas.

En ese sentido, obviamente Susanita sería su némesis, pues al contrario de Mafalda, que está preocupada por el futuro del mundo, la desigualdad social y la guerra, las mayores preocupaciones de Susanita consisten en imaginar un futuro donde podrá tener hijos y una empleada del servicio que limpie su casa.

Este es un debate viejo: es la pugna entre estar a favor o en contra del feminismo. El mundo sigue lleno de Mafaldas y Susanitas y el aporte de Quino a la discusión es invaluable.

Mafalda hace parte de nuestra historia, de mi generación, de la generación antes de la mía, también de la siguiente y confío en que será también una lectura en el futuro.

En un continente donde la realidad, la pobreza y la violencia parecen a veces la única realidad, la vida cotidiana de una niña extremadamente preocupada es todavía un respiro ante esa misma realidad.

Mafalda era una niña cuando yo era una niña, pero ahora que soy una adulta ella sigue siendo una niña que sigue teniendo razón en muchas de sus reflexiones.

Es una pena que las preocupaciones de Mafalda, sigan siendo las mismas después de 50 años, pero es un alivio que personajes como ella nos hayan enseñado a tomar la vida con humor ¡Feliz cumpleaños Mafalda!

 

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. anaferreira1810@gmail.com

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