El ministro y el Ministerio del Postconflicto: se hace camino al andar - Razón Pública
El nuevo Ministro del Postconflicto Rafael Pardo.

El ministro y el Ministerio del Postconflicto: se hace camino al andar

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El nuevo Ministro del Postconflicto Rafael Pardo.

Juan Carlos RuizUna excelente trayectoria de servicio público, una carrera que parece diseñada para el cargo, una serie de propuestas discutibles, un ministerio en pañales y un conjunto de grandes desafíos. Son el ayer y el mañana del recién designado Rafael Pardo.       

Juan Carlos Ruiz V.

Escogencia acertada   

Rafael Pardo Rueda es la persona más adecuada para ocupar hoy por hoy el futuro pero sin duda fundamental “Ministerio del Postconflicto”.  

Pardo es uno de esos funcionarios que ha sabido poner en marcha innovaciones en la política pública, aterrizar ideas difusas, enderezar procesos que se habían torcido y dar claridad a los bosquejos de los presidentes.

Su vida en la función pública muestra esa capacidad tan apreciada en el mundo empresarial, la del gerente capaz de sacar de la quiebra a una compañía, de revivirla y de volver a hacerla productiva.

Presencia del Estado en las regiones

Durante la Presidencia de César Gaviria, Rafael Pardo ejerció como Ministro de Defensa.
Durante la Presidencia de César Gaviria, Rafael Pardo ejerció como Ministro de Defensa.
Foto: OEA-OAS

Pardo era un profesor de 33 años de la Universidad de Los Andes cuando en 1986 el presidente  Barco lo llamó a dirigir el Plan Nacional Rehabilitación (PNR), un programa del gobierno que mediante obras concertadas con las comunidades, pretendía quitarle base social y legitimidad a la guerrilla en zonas de violencia. El PNR, sepultado por administraciones posteriores y hoy poco recordado, fue uno de los programas más exitosos en acercar el Estado central a las regiones y en involucrar a los pobladores de las zonas de conflicto en el diseño y ejecución de los proyectos. Justo es decir que el PNR había comenzado durante la administración Betancur para facilitar la reinserción de guerrilleros desmovilizados y que se mantendría bajo el gobierno Gaviria. Pero fue durante el gobierno   Barco y bajo la tutela de Pardo cuando el programa vivió su época dorada.

Pardo es uno de esos funcionarios que ha sabido poner en marcha innovaciones en la política pública, aterrizar ideas difusas

Pardo convirtió el PNR en un instrumento que llegó a casi la mitad de municipios y benefició a una cuarta parte de la población colombiana. Fue un programa pionero en cuanto a la participación política de las comunidades, algo que años más tarde vendría a imprimirle un sello característico a la Constitución de 1991. El PNR combinaba de manera  magistral la presencia del Estado con la participación ciudadana, la lucha contra la pobreza,   la erradicación del conflicto y la mejora de la calidad de vida de las poblaciones vulnerables. Quizás más importante, el PNR logró evitar la infiltración y las intrigas de los   caciques políticos locales, que por lo mismo lo vieron como una amenaza – por lo menos durante la gestión de Pardo-.

Negociador de la paz

Como Consejero Presidencial para la Paz desde 1988, Rafael Pardo lograría un acuerdo histórico con los grupos guerrilleros Movimiento 19 de Abril (M-19), Ejército Popular de Liberación (EPL), Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y Movimiento Quintín Lame, quizás hasta hoy en día el más importante acuerdo con insurgentes. En la historia reciente de Colombia, sería el tercer proceso exitoso de paz, junto con el acuerdo en ciernes de La Habana  y con la entrega de armas de las guerrillas liberales de Los Llanos y el Frente Nacional.

Como consejero para la Paz, Pardo dejó enseñanzas fundamentales acerca del procedimiento de la negociación, que han servido para guiar las conversaciones actuales entre el gobierno y las FARC.

Al mando de la Fuerza Pública

El presidente Gaviria nombró a Pardo como ministro de defensa tras 38 años ininterrumpidos de ministros militares.

La suya era una labor difícil al frente de una cartera que las fuerzas armadas consideraban reservada a sus comandantes, comandantes que de cuando en cuando se habían opuesto públicamente a las decisiones del gobierno civil – como lo hicieron los generales y ministros Fernando Landázabal Reyes en tiempos de Belisario Betancur y Rafael Samudio Molina bajo el gobierno Barco. Aunque Pardo sostiene que la transición de militares a civiles fue un paso suave gracias al apoyo de los comandantes del momento, no es menos cierto que ni los mandos medios ni muchos oficiales retirados aprobaron su  nombramiento o dejaron de mirarlo con cierta sorna.

Como ministro de Defensa, Pardo debió enfrentar la embestida de Pablo Escobar y el narcoterrorismo, la guerra de los paramilitares contra el Cartel de Medellín y una guerrilla que, tras los bombardeos de Casa Verde, buscaba golpear militarmente el gobierno. Durante su ministerio se creó el Bloque de Búsqueda para dar con Escobar, se llevó a cabo una reforma de la Policía Nacional tras la violación y asesinato de una niña en una estación de policía y se desmanteló el Cartel de Medellín.

Pero sin duda el principal legado de Pardo fue abrir la senda para que la presencia de ministros civiles en la cartera de defensa se volviera una tradición que ya cumple 25 años.

Malas ideas

La policía y la seguridad ciudadana han sido preocupaciones constantes de Rafael Pardo.   En su afán por encontrar nuevas formas y un andamiaje institucional eficiente, el estudioso ha lanzado sus propuestas más audaces pero al tiempo más controversiales y contraproducentes:

  • Años antes de que el presidente Santos quisiera congraciarse con los franceses al  anunciar la posible creación de una gendarmería colombiana a la francesa, ya Pardo había propuesto esta policía militar rural con la idea de que el conflicto estaba distorsionando las funciones de una policía propia de las urbes. Aunque los argumentos de Pardo suenan convincentes, desde estas mismas páginas he criticado su propuesta por los costos exorbitantes, las consecuencias adversas para la policía que hoy existe y la escasa eficacia de semejante medida.
  • Como candidato a la alcaldía de Bogotá Pardo propuso crear una guardia urbana de cinco mil miembros sin tomar en cuenta el costo en salarios y pensiones o la experiencia nefasta de “municipalizar” la policía como fue el tristemente célebre Departamento de Seguridad y Control de Envigado que en efecto estaba dirigido por el jefe de sicarios de la ciudad al servicio de Pablo Escobar y que cometió 400 homicidios. Para no hablar de las experiencias de guardias municipales en Venezuela, en México e incluso en Colombia –  donde también existieron durante la primera mitad del siglo XX- todas con muy lamentables resultados.
  • Pero posiblemente la peor de sus muchas ideas fue el Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada que Pardo firmó como ministro en febrero de 1994 y que dio inicio a las famosas Convivir,  que habrían de convertirse en una nueva oleada de grupos paramilitares, quizás la más fuerte y brutal de todas ellas. Tal vez la intención inicial era lograr que las comunidades tomaran en sus manos su defensa y su seguridad, pero este buen propósito dio paso a una deriva bajo el gobierno de Samper hacia grupos de exterminio que todos conocemos.

Ministro de Trabajo y alcalde encargado

Durante la Presidencia de César Gaviria, Rafael Pardo ejerció como Ministro de Defensa.
Durante la Presidencia de César Gaviria, Rafael Pardo ejerció como Ministro de Defensa.
Foto: OEA-OAS

En 2011 el presidente Santos nombró a su competidor en las elecciones del año anterior  como ministro  de trabajo – una cartera que había desaparecido por iniciativa del gobierno Uribe-. Allí intentó extender la cobertura de las pensiones de jubilación hacia sectores tradicionalmente marginados, ampliar el servicio público de empleo y contribuir a la  disminución del desempleo.

Tuvo el olfato suficiente para que uno de sus funcionarios más productivos y polivalentes, el viceministro de empleo Mauricio Olivera, pasara a dirigir la administradora de fondos de pensión COLPENSIONES,  salvando así al gobierno Santos de uno de sus fracasos más estrepitosos:  la sustitución del Instituto del Seguro Social (ISS) por esta nueva entidad pública.

Gaviria nombró a Pardo como ministro de defensa tras 38 años ininterrumpidos de ministros militares. 

Pardo tapa huecos, es fórmula de recambio, soluciona imprevistos, limita estragos. Santos lo nombró alcalde encargado de Bogotá tras la destitución del titular, Gustavo Petro. Consciente de que en unas cuantas semanas sería insensato cambiar los planes y programas en curso, sencillamente prefirió mostrarse firme al frente del timón, y para eso recibió la ayuda incondicional de varias agencias que no habían tenido buenas relaciones con el alcalde elegido, como fue el caso de la Policía.

Tareas pendientes

El recién posesionado ministro del Postconflicto tendrá enormes desafíos.

Tendrá que lidiar con la ostensible falta de planeación bajo el gobierno Santos. A pocos meses de firmarse un acuerdo final con la guerrilla, no existe un plan preciso y detallado sector por sector, con documentos robustos que hayan sido elaborados por equipos de expertos en prospectiva, complejidad, presupuesto, cálculos macroeconómicos y estadística, estudios estos que no se logran a punta de los foros y seminarios sobre el postconflicto que proliferan por estos días.

A estas alturas ni siquiera tenemos una idea sobre cuánto costará el postconflicto; según un exministro de Hacienda, la suma ascendería a 90 billones de pesos, pero una senadora la  calcula en 300 billones. El solo tema pensional de la fuerza pública es uno entre los muchos asuntos que el nuevo ministro tendría que abordar con seriedad, pues se trata de una auténtica bomba de tiempo, como también tuve ocasión de explicar en esta revista.  

Como si fuera poco, Pardo tendrá ahora que lidiar con los egos de los colaboradores inmediatos del presidente que ya han llevado a la renuncia de dos funcionarios con rango ministerial: Néstor Humberto Martínez y su antecesor el general Oscar Naranjo.

Ahora Pardo conducirá el ministerio del Postcoflicto, un nombre pomposo para una oficina ubicada en Presidencia, muy limitada en personal y en recursos, con objetivos y tareas difusas. Todo está por hacer. Pardo tendrá que coordinar a cientos de actores políticos, estatales y sociales que no tienen interés en seguirlo porque cada uno tiene su propia agenda y sus propias prioridades. Será como un director de orquesta que no tiene ni partitura ni batuta y que espera que los músicos conozcan alguna melodía común. Esto no será problema porque Pardo y su vida pública muestran bien que, como  decía Machado que  “… se hace camino al andar… y al volver la vista atrás”.

 

* Profesor titular y director de la Maestría en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

 

Acerca del autor

Juan Carlos Ruiz

*Profesor titular de la Universidad del Rosario. PhD. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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Juan Carlos Ruiz

*Profesor titular de la Universidad del Rosario. PhD. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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