El hundimiento de la reforma política: lo bueno, lo malo y lo feo - Razón Pública
Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz El hundimiento de la reforma política: lo bueno, lo malo y lo feo

El hundimiento de la reforma política: lo bueno, lo malo y lo feo

Escrito por Clara Rodríguez
Congreso de la República.

Clara RodriguezEl Congreso soberano acabó por archivar un proyecto inconveniente. Perdimos la oportunidad para abrir y sanear la política en Colombia. Los congresistas hicieron gala de su mezquindad. Esto fue lo bueno, lo malo y lo feo de este episodio.

Clara Rocío Rodríguez*

Hundida por sus promotores

Con el fin de la era Santos y la proximidad de unas nuevas elecciones, eran de esperarse el debilitamiento de la coalición de Gobierno y el surgimiento de intereses electorales que afectarían el trámite de las reformas derivadas del Acuerdo de La Habana.

Por eso a medida que se agotaba la vigencia del proceso legislativo especial conocido como fast track, se fue haciendo más y más evidente la dificultad del Gobierno para que el Congreso le aprobara sus proyectos en materia de paz.

Bajo estas circunstancias no fue una gran sorpresa el que se hubiera hundido el Acto Legislativo que pretendía desarrollar el punto 2 del Acuerdo entre el Gobierno y las FARC, proyecto “por el cual se adopta una reforma político-electoral que permita la apertura democrática para la construcción de una paz estable y duradera”.

Los amigos del proceso estuvieron de acuerdo o celebraron este hundimiento.

La decisión de archivar el proyecto en  su último debate en el Senado (decisión que contó  con 68 votos a favor y apenas dos en contra) parecería haber sido un  duro revés para el proceso de paz. Y sin embargo incluso los amigos del proceso estuvieron de acuerdo o celebraron este hundimiento.

En efecto:

  • La decisión de archivar fue aprobada por el Gobierno a través del ministro del Interior, Guillermo Rivera.
  • La Misión Electoral Especial (MEE) que fue creada por el Acuerdo de Paz para ocuparse de estas reformas, le había pedido al Gobierno no continuar con el trámite.
  • Así también lo había hecho 40 senadores  y el propio exministro Cristo, quien presentó al Congreso la versión inicial del proyecto antes de su retiro.
  • De hecho, hasta las FARC pidieron al Congreso que hundiera la reforma política.

Lo bueno

Delegación de la Misión Especial Electoral.
Delegación de la Misión Especial Electoral.
Foto: Presidencia de la República

La pérdida de apoyo al proyecto de Acto Legislativo fue una consecuencia del gradual y creciente abandono de los objetivos iniciales de la reforma.

Casi ninguna de las propuestas de la MEE fue recogida en el  texto inicial, y las pocas cosas que habrían podido ser importantes se fueron difuminando a lo largo del trámite legislativo, especialmente dentro del Senado. Para mencionar algunos puntos:

  • No fue reglamentada la garantía para crear  partidos de alcance regional ni el  período de transición para que estos nuevos partidos pudieran acceder plenamente a sus derechos.
  • Los miembros del Consejo Electoral seguirían siendo elegidos por el Congreso y no tendrían las funciones o poderes judiciales que había propuesto la MEE.
  • Volvió a permitirse la contratación de transporte en día de elecciones, una práctica que había sido prohibida para evitar el trasteo de votos y reducir los costos de campaña.

De esta manera el proyecto que se fue cocinando en el Congreso no solo desconocía los pilares del Acuerdo de La Habana y las recomendaciones básicas de la MEE sino que hubiera implicado retrocesos en materia electoral. Desde este punto de vista hay que alegrase de que el juego de los cálculos partidistas hubiera hecho que se hundiera la reforma.

Pero el rasgo más positivo de este hundimiento fue el haber desvirtuado la idea que habían venido sembrando los enemigos del  proceso de paz en el sentido de que su “implementación” o desarrollo se haría de manera autoritaria y con desconocimiento del  Estado de derecho. Quedó claro que el Congreso ejerció libremente su función legislativa, más aún que aprovechó y de hecho, que abusó- de la  facultad de introducir modificaciones al texto propuesto por el Gobierno, potestad que le había sido restablecida por el célebre fallo de la Corte Constitucional sobre el fast track.

Lo malo

El hundimiento de la reforma es un indicador de cómo empiezan a reconfigurarse las fuerzas políticas y del gran peso que pueden tener los sectores opuesto al proceso de paz.

El Acuerdo de La Habana implicaba que las FARC cambiarían las armas por la política, pero también implicaba la oportunidad de reformar el sistema electoral para modernizar, fortalecer y limpiar la democracia colombiana de los vicios que la afectan desde la violencia, desde la corrupción y desde la apatía de muchos ciudadanos. En este sentido, la presentación del Acto Legislativo hubiera podido ser un gran insumo para un debate que, lastimosamente, seguirá pendiente en el país.

Lo ocurrido demostró que no existen las condiciones para una gran transformación. Y esto podría tener varias explicaciones:

  • La falta de apoyo popular al proceso de paz, que se expresó en el triunfo del no en el plebiscito y que esta vez se tradujo en una falta de presión ciudadana sobre el Congreso.
  • La falta de negociación entre el presidente y las fuerzas parlamentarias, donde se cuentan algunas con la capacidad de sabotear el proceso (como Cambio Radical y el presidente de la Cámara  Rodrigo Lara), otras con aspiraciones o apetitos burocráticos (como algunos  sectores del partido Conservador),  y otras interesadas en ajustar las normas electorales a su propia situación o perspectivas de cara a las elecciones del año entrante.
Las pocas cosas que habrían podido ser importantes se fueron difuminando a lo largo del trámite legislativo.

De esta manera se perdió una oportunidad para seguir  avanzando en la mejora del sistema electoral y en construir la “paz estable y duradera” que había sido esbozada y convenida en el Acuerdo.

El resultado ha sido el de frustrar o por lo menos aplazar la “apertura democrática”  para el ingreso de nuevos actores a la política y la posibilidad de contar con reglas más justas, transparentes y limpias para el acceso al poder político.

Lo feo

Comisión Primera del Senado en debate sobre la Reforma Política.
Comisión Primera del Senado en debate sobre la Reforma Política.
Foto: Ministerio de Interior

Lo feo, sin duda, es el papel cumplido por el Congreso a favor de intereses que no pueden ser leídos como algo bueno para Colombia.

En efecto, fueron evidentes algunas estrategias para dilatar o enredar el trámite de los proyectos: “engavetamiento” de iniciativas, inhabilidades, abstenciones, ausentismo, votaciones contrarias a lo aprobado en discusiones anteriores, imputaciones  artificiosas para desgastar al Gobierno o a los defensores del Acuerdo… Bien valdría la pena un estudio detallado de este  proceso legislativo para mostrar las artimañas y señalar a sus responsables.

También fue feo tener que presenciar las propuestas para favorecer intereses mezquinos de personas o partidos. Por ejemplo,

  • Contra la prohibición de la doble militancia que existe desde 2003, el proyecto permitía el transfuguismo entre partidos, adecuando además el calendario electoral para que pudiera funcionar sin tropiezos.
  • Las coaliciones entre partidos o movimientos pequeños (o que no sumen más del 15 por ciento de la votación) para presentar listas a las corporaciones públicas, que fueron aprobadas en el Acto Legislativo 02 de 2015 , se extendieron a todos los partidos para facilitar su reacomodo ante las próximas elecciones. Esta medida había sido diseñada para evitar que las agrupaciones minoritarias perdieran su personería jurídica debido a la elevación del umbral electoral, en una elección en la que a la vez se verá el ingreso del partido de la FARC a la política.

Adicionalmente, y de forma paradójica, mientras el Congreso niega de tajo el ingreso de nuevas agrupaciones políticas que hoy no se sienten representadas, la prensa señala cómo algunas fuerzas políticas, de alguna manera ya insertas en el sistema, acuden a lo estipulado en el Acuerdo para revivir organizaciones políticas sin personería jurídica. Este es el caso de la Nueva Fuerza Democrática para el expresidente Pastrana , el Nuevo Liberalismo para herederos de Luis Carlos Galán, o del Partido Nacional Cristiano de Claudia Rodríguez de Castellanos.

¿Y ahora qué?

El balance de lo ocurrido en el Congreso en materia de reformas políticas para la paz debe incluir las varias iniciativas referentes a la participación política:

Lo ocurrido demostró que no existen las condiciones para una gran transformación.

● El estatuto de la oposición y el Acto Legislativo de reincorporación política de las FARC, que actualmente se encuentran en estudio por parte de la Corte Constitucional.

● Las Circunscripciones Especiales de Paz, hoy en vilo frente a la confirmación de su aprobación, como manifiesta el gobierno, o de su hundimiento, como lo sentenció el Secretario del Senado, Gregorio Eljach Pacheco, al finalizar la votación.

En todo caso el hundimiento de la reforma política en el Congreso significa que un pilar fundamental de este andamiaje se quedó sin construir.

Una razón más para que aumente el descontento de quienes se sienten excluidos o para que se abran paso alternativas radicales e inconvenientes o riesgosas: desconocer al Congreso, acudir a “outsiders” salvadores, o volver a plantear la Asamblea Nacional Constituyente.

*Docente e investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional.

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Cuando ayudas a Razón Pública


· Apoyas el análisis independiente
· Apoyas el debate con argumentos
· Apoyas la explicación de las noticias
 
Apoya a tu Revista

DONA A RAZÓN PÚBLICA