
El gobierno De la Espriella arranca con mayorías en el Congreso
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Las declaraciones de los partidos representados en el Congreso esta semana confirman la existencia de mayorías oficialistas en ambas cámaras. Esto no significa que el presidente De la Espriella obtendrá un apoyo automático a todas sus iniciativas.
Unas mayorías cómodas en ambas cámaras
Si las peleas entre el Gobierno y Centro Democrático para la presidencia del Senado pudieron dejar dudas sobre el apoyo del que gozará el Gobierno en el Congreso, las declaraciones de esta semana de los partidos confirman que arranca con una coalición mayoritaria. Conforme a lo estipulado en el estatuto de la oposición, cada bancada se pronunció eligiendo el oficialismo, la oposición o la independencia frente al gobierno De la Espriella. Podrá cambiar de posición una sola vez durante el período de cuatro años del Congreso. Desde luego, estas declaraciones no constituyen un estricto compromiso a votar siempre a favor o en contra de las iniciativas del Gobierno, pero nos dan unas indicaciones útiles de la relación de fuerza, sobre todo en un contexto de fragmentación creciente que hace difícil la lectura del panorama.
El resultado de estas declaraciones es contundente. El Gobierno contará con mayorías bastante amplias en ambas cámaras. En el Senado, puede contar con 63 congresistas para lograr la mayoría absoluta de 52 votos.

Al apoyo de los partidos de derecha, como Centro Democrático y Salvación Nacional, se suman los partidos tradicionales (Liberal, Conservador, Cambio Radical y La U) y algunas otras pequeñas formaciones. En la oposición, se sumaron al Pacto Histórico solo dos senadores más de En Marcha y el MAIS, lo que suma 28 congresistas, apenas más de una cuarta parte del Congreso.
Con estos números, el Gobierno podría incluso darse el lujo de pasarse del apoyo de alguna u otra fuerza política. Sólo la defección de Centro Democrático o del partido Liberal, los dos socios más grandes del oficialismo, podría teóricamente hacerle perder la mayoría, aunque siempre podría buscar compensar estas pérdidas con votos de los independientes.

Por el lado de la Cámara, el panorama es muy parecido, con 107 representantes oficialistas por una mayoría absoluta de 92 miembros. La mayoría es algo más ajustada que en el Senado, pero sigue siendo confortable, sobre todo porque clasificamos por defecto como independientes a todos los representantes de las Citrep, a pesar de que algunos de ellos ya declararon su intención de colaborar con el Gobierno. Ahí también, Centro Democrático y el Partido Liberal son en principio los únicos socios necesarios del Gobierno para lograr la mayoría.
Más allá de los números
Con estas cifras, el gobierno De la Espriella parece asegurado de cierta tranquilidad para lanzar su agenda legislativa; sin embargo, el ministro Rodrigo Lara, que llevará la batuta, no podrá perder de vista que estas mayorías no son automáticas. Esto es así no solo porque, como lo recordamos, el estatuto de la oposición no condiciona el voto de los partidos, sino también porque las mismas bancadas no siempre votan unidas. En realidad, la indisciplina es más la regla que la excepción a pesar de la ley de bancadas, particularmente en los partidos tradicionales que constituyen el grueso de la mayoría del presidente De la Espriella.
El oficialismo está constituido por dos alas muy distintas. Por un lado, están los partidos de derecha como Centro Democrático, Salvación Nacional y Creemos, que comparten muchas de las propuestas del Gobierno por cercanía ideológica. En este caso, el apoyo debería ser más sólido. Sin embargo, las tensiones que hemos observado el mes pasado entre el presidente y Álvaro Uribe, quien sigue siendo la referencia del principal partido de derecha, Centro Democrático, podrían complicar la ecuación, sobre todo si De la Espriella insiste en impulsar su propio partido, Defensores de la Patria, que ya goza de personería jurídica, y trata de empujarlo en las elecciones locales del próximo año. Esto podría desembocar en una guerra de las derechas que podría fragilizar la mayoría gubernamental.
La otra ala de la coalición es constituida de los partidos tradicionales, para quienes el oficialismo es una vocación. Ahí, el apoyo al Gobierno resultará más frágil porque se obtendrá no tanto con base en cercanías programáticas, sino con beneficios para los territorios de los congresistas y sus redes de apoyo, lo que resulta complicado en tiempos de limitaciones presupuestales. Por lo demás, los tradicionales raras veces actúan en bancada, y si el Gobierno puede en general contar con ellos en casos graves como, por ejemplo, para evitar mociones de censura, son previsibles disidencias sobre proyectos claves. Hacer avanzar la agenda de descentralización puede ser un asunto clave para lograr consolidar estos apoyos por parte del Gobierno.
Una tribuna para la oposición
Por el lado de la oposición, por más que el Pacto Histórico haya logrado las mayores bancadas en ambas cámaras, parece bien aislado. Las declaraciones confirmaron que nadie puede disputarle la vocería de la oposición, con un centro que sale de las elecciones debilitado y más fragmentado que nunca. Pero significa también que no tiene muchas posibilidades de lograr los acercamientos necesarios con otras fuerzas para oponerse eficazmente al Gobierno. Para eso, tendría que acercarse a congresistas de los partidos tradicionales, lo que resultará difícil, particularmente sobre temas político-ideológicos como los que se anuncian en el marco de la llamada “guerra cultural” anunciada por el Gobierno.
Con todo, como ya vimos, el Gobierno no la tendrá necesariamente tan fácil cuando se trate de tocar a los intereses de los políticos, o si empieza a perder popularidad. Empezaremos a ver en los próximos días cómo estas nuevas relaciones de fuerza operan en el marco del debate clave sobre el presupuesto.
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Acerca del autor
Yann Basset
*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.
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