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El futuro económico y social

Escrito por Enrique Peñalosa

Por: Enrique Peñalosa Candidato presidencial por el Partido Alianza Verde

El futuro económico y social

El cambio del modelo económico es uno de los cuatro ejes del programa de Enrique Peñalosa. Esos cuatro ejes son:

1. Derrotar, en alianza con la ciudadanía, la politiquería y la corrupción.

2. Cambiar el modelo de desarrollo económico y social para poder hacer de Colombia un país más igualitario y ambientalmente sostenible.

3. Hacer la paz sin politiquería y con todos los colombianos, especialmente los campesinos, con o sin acuerdo en La Habana.

4. Mejorar la seguridad ciudadana, despolitizar la justicia y hacer efectivo el derecho a vivir sin miedo.

En este contexto, nos preocupa el modelo económico que ha venido siguiendo Colombia en los últimos años. Es un modelo muy basado en factores favorables de índole externa: unos precios internacionales muy altos de las materias primas, que han favorecido las exportaciones de petróleo, carbón y oro, y unas tasas internacionales de interés muy bajas, que han permitido el flujo de capitales hacia países como Colombia. Esos factores no durarán para siempre, y no vemos al país preparado para la destorcida. Además, la bonanza ha tenido efectos negativos sobre sectores cruciales de la economía, como la industria y el agro, principalmente a través de la revaluación de la tasa de cambio. El agro era casi el 23% de nuestra producción en 1975; hoy no llega al 6%. Por su parte la industria pasó del 21% en 1975 al 12% el año pasado. Colombia se ha especializado en sectores de enclave, poco generadores de empleo. La minería era menos del 2% de nuestra producción en 1975; hoy es el 12%. El 70% de nuestras exportaciones, el 50% de nuestra inversión extranjera y casi el 20% de nuestros ingresos fiscales se los debemos al auge minero-energético. Peor aún, el país no ha aprovechado adecuadamente la bonanza. El déficit fiscal podría ser menor, o la inversión productiva mucho más alta.

De otra parte, los efectos sociales del modelo no son los más favorables. Es cierto que la pobreza ha venido bajando, pero, en 30%, sigue siendo extremadamente alta. La desigualdad apenas si ha bajado, y tenemos la vergüenza de ser uno de los países más desiguales del mundo, hecho que en Colombia no ha generado la suficiente conciencia. Según cifras del Ministerio de Trabajo, 85% de los ocupados ganan menos de dos salarios mínimos y 57% menos de un salario mínimo. La informalidad laboral, según la encuesta de calidad de vida, afecta a poco menos del 80% de los hogares colombianos. El desempleo ronda el 10%, uno de los más altos de América Latina. La clase media es apenas el 27% de la población, y nuevamente la comparación internacional nos deja muy mal parados. En fin, los beneficios del crecimiento no están llegando adecuadamente a toda la sociedad.

Fotos de Enrique Peñalosa alzando los brazos y rodeado de muchas personas con banderas de su campaña.
El candidato presidencial por el Partido Verde,
Enrique Peñalosa.
Foto: www.penalosapresidente.co/

Por último, están los efectos ambientales del modelo, que, basado en la explotación petrolera y minera, no son los más amigables con la naturaleza. Hemos visto cómo las exportaciones carboneras han tenido que ser detenidas para proteger la bahía de Santa Marta, o cómo se ha tenido que desarrollar un intenso activismo para proteger los páramos.

De esta manera, nos hemos beneficiado temporalmente de una coyuntura que nos da una ilusión de bienestar. Pero no parece haber nada sostenible, ni desde el punto de vista económico, ni desde el punto de vista social, ni desde el punto de vista ambiental, en el modelo económico que hemos venido siguiendo. De las locomotoras del actual gobierno solo marchó una, la minera, y su marcha ha traído grandes beneficios, pero también grandes costos. Es preciso volver a un modelo de desarrollo más equilibrado y sostenible. Hay que recuperar sectores clave de la economía, como la industria y el agro. La política de firmar tratados de libre comercio a diestra y siniestra, sin un criterio estratégico y sin una evaluación de sus consecuencias, tiene que ser revaluada. Se requiere una verdadera política de competitividad nacional, y no paliativos en forma de subsidios para los sectores en problemas, que consumen buena parte del presupuesto nacional. La industria y el agro nacionales no pueden ser competitivos con una tasa de cambio por debajo de 2.000 pesos por dólar, sin carreteras ni puertos, con energía cara, con costos laborales altos, con unas dificultades administrativas enormes, con altos impuestos. No nos seduce el discurso de las locomotoras, ni el de los sectores líderes. Hay que propiciar un ambiente económico sano para que las oportunidades de negocios florezcan en todos los sectores. Y hay que evitar, por sobre todo, que se logre acceso a privilegios económicos, como los bajos impuestos que se pagan en las zonas francas, como resultado de la cercanía y amistad con los poderosos de turno. Infortunadamente, en ese tipo de privilegios terminan muchos discursos de promoción de sectores específicos.

En nuestro modelo económico se respeta la iniciativa privada y se procura ofrecer un ambiente amigable para que el sector privado pueda generar riqueza. A este respecto, dos temas nos parecen cruciales: (1) unas reglas del juego estables y sostenibles, pensadas para el beneficio de todos los colombianos y no para el beneficio de unos pocos, y (2) una tributación empresarial que no grave excesivamente a las empresas y que sea competitiva en términos internacionales. Hoy todas las regiones del mundo compiten para atraer el capital, y nosotros no podemos desestimular Consideramos que los bajos impuestos empresariales no deben ser un privilegio al que acceden unos pocos empresarios, usualmente grandes empresarios con buenas conexiones con el gobierno de turno y figuras como las zonas francas, sino una característica que esté abierta para todos los empresarios.

Es crucial fomentar la formalidad empresarial. Para ello, es indispensable no imponerles excesivos requisitos de toda índole a las empresas que están en proceso de crecimiento. Los requisitos de las empresas formales deben graduarse para que sean consistentes con el grado de desarrollo de las empresas. Ninguna empresa, por pequeña que sea, debe encontrar más provechoso ser informal que formal.

Así como nuestro modelo económico asigna al sector privado el papel de la generación de la riqueza en la sociedad, asigna al sector público el papel de proveer las condiciones correctas para que el sector privado pueda florecer. Al respecto, al sector público le caben dos responsabilidades centrales: la primera es proveer los bienes públicos que son indispensables para el buen funcionamiento del sector privado, y la segunda es garantizar que los beneficios del crecimiento económico alcancen a todos los colombianos.

Enrique Peñalosa sonriente abrazado a su fórmula vicepresidencial Isabel Segovia
El candidato presidencial por el Partido Verde,
Enrique Peñalosa con su fórmula
vicepresidencial Isabel Segovia
Foto: www.penalosapresidente.co

Con respecto a los bienes públicos que debe proveer el estado, se destacan tres aspectos: la seguridad, especialmente la seguridad ciudadana, y la justicia, con el fin de que se pueda hacer efectivo el derecho a vivir sin miedo; (2) la educación, como instrumento de desarrollo e igualdad en el mediano plazo; y (3) la infraestructura, tanto la que conecta a los grandes centros económicos con el mundo, como la que conecta a todas las regiones de Colombia con sus centros económicos. La falta de la primera afecta nuestra competitividad; la falta de la segunda afecta la legitimidad del Estado en todo el territorio.

Con respecto a la necesidad de crecimiento con equidad, consideramos crucial eliminar la desigualdad extrema en Colombia y consolidar una vigorosa clase media. Para eliminar la desigualdad extrema, es necesario contar con tres tipos de políticas: (1) una política de distribución equitativa del capital humano, cuyo aspecto más importante, pero no el único, es el acceso universal a una educación de calidad; (2) una política fiscal más progresiva; y (3) unas políticas activas para superar la desigualdad regional y en la tenencia de la tierra, y para superar los discursos discriminatorios de las minorías sociales. Es necesario garantizar el acceso de nuestros niños y jóvenes a una educación de calidad en el corto plazo. Es igualmente necesario garantizar la progresividad de la política fiscal, tanto por el lado de los impuestos como por el lado del gasto. No hay países igualitarios sin una política fiscal activa en ese sentido. La tributación de las personas tiene que ser progresiva, y el gasto público tiene que beneficiar más a los más pobres. En este sentido, es necesario revisar la estructura de la seguridad social en Colombia. Hay que garantizar la calidad en salud y la cobertura y equidad en las pensiones. Pero, más que nada, hay que desarrollar un sistema que garantice la empleabilidad de los desempleados.

Estos son los trazos principales del modelo económico que se pueden contar en 1.500 palabras. Por razones de espacio, no se pueden desarrollar muchos aspectos, pero el punto de fondo es que estamos insatisfechos con el modelo actual, que se ha venido consolidando en los últimos 12 años. A pesar de sus bondades superficiales, o quizás precisamente debido a ellas, el país no está haciendo todo lo que puede para incorporarse más decididamente al desarrollo, y para producir la revolución social que el país necesita. En esto, como en muchas otras cosas, el país necesita un vuelco, que solo se dará de fondo si se cambia la forma de hacer la política en Colombia, que es una política corrupta, y el país abraza la revolución ciudadana que proponemos.

 

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