El fin de la guerra con las FARC - Razón Pública
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El fin de la guerra con las FARC

Escrito por Álvaro Villarraga

El Presidente Santos junto a Timoleón Jiménez.

Álvaro Villarraga¿Cuáles fueron las novedades más grandes del anuncio de cese al fuego bilateral y definitivo? ¿Qué sigue en este proceso que ha pasado por tantas etapas? ¿Cuál es la ruta de la dejación de armas y el paso a la vida civil?

Álvaro Villarraga Sarmiento*

El hecho histórico

En un ambiente muy animado se anunció el pasado jueves el Acuerdo sobre Cese al Fuego y de Hostilidades entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, que impone el final de la guerra que estos bandos sostuvieron durante 52 años.

Este hecho histórico fue noticia mundial, mereció el acompañamiento de la comunidad internacional de más alto nivel y desató en Colombia muchas manifestaciones espontáneas de respaldo y optimismo sobre la conclusión exitosa del proceso de paz.

El presidente Santos explicó en su discurso que “este acuerdo sobre el punto fin del conflicto les debe dar tranquilidad a todos los colombianos. (…) el camino para que las FARC dejen las armas queda claramente definido”. Por su parte, el comandante general de las FARC, Rodrigo Londoño, (Timochenko), fue enfático sobre el paso de su movimiento insurgente a la política: “(…) las FARC haremos política, esa es nuestra razón de ser, pero por medios legales y pacíficos, con los mismos derechos y garantías de los demás partidos (…) sin sectarismos ni posiciones hegemónicas (…) que este sea el último día de la guerra”.

Si la ciudadanía respalda mayoritariamente el pacto de paz, esta guerrilla procederá a aplicar el calendario de dejación del material bélico.

Después de la sexta declaratoria de cese unilateral e indefinido por parte de las FARC en julio de 2015 y la posterior declaración de cese a los bombardeos por parte del gobierno, hubo una situación de cese de operaciones militares, lo cual redujo drásticamente los indicadores de la guerra y la violencia. Pero este Acuerdo para el Cese al Fuego y a las Hostilidades, Bilateral y Definitivo es convincente e implica la terminación de las acciones de guerra.

El cese al fuego de hecho durante los últimos meses facilito el avance de las negociaciones sobre algunos de los puntos más difíciles de la agenda de La Habana y permitió concretar la forma de verificación internacional del desarme guerrillero y cumplimiento de los acuerdos convenidos.

En este momento queda pendiente la preparación del acuerdo general de paz, que se estima estaría listo en los próximos dos meses. Después, el presidente Santos convocará al mecanismo de refrendación convenido, que sería votado alrededor de octubre del presente año.

Por su parte y cinco días después de la firma del Acuerdo Final, las FARC procederán a concentrarse en 23 zonas y en 8 campamentos, con apoyo de los dispositivos de seguridad convenidos y con la presencia de la misión internacional de verificación. Después, si la ciudadanía respalda mayoritariamente el pacto de paz, esta guerrilla procederá a aplicar el calendario de dejación escalonada del material bélico.

Los anuncios

Mesa de Diálogos de Paz en el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba.
Mesa de Diálogos de Paz en el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba.
Foto: Presidencia de la República

Junto con el acuerdo sobre cese definitivo al fuego y las hostilidades, sorprendió gratamente la adición de otro acuerdo: el gobierno nacional y las FARC dijeron haber convenido en que la forma de refrendación ciudadana será aquella que valide la Corte Constitucional en su fallo de revisión de la iniciativa gubernamental para llevar a cabo un plebiscito.

En lo relativo a los términos y procedimientos, las partes comunicaron que el acuerdo de cese del fuego bilateral y definitivo contará con la verificación y monitoreo coordinado de la Organización de Naciones Unidas, por medio de una misión política nombrada por resolución del Consejo de Seguridad. Esta misión incluirá observadores de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), delegados del gobierno nacional y de las FARC.

El acuerdo especifica 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización y 8 campamentos para la concentración de las tropas guerrilleras en distintas regiones del país. Esta disposición garantizará el cese del fuego y permitirá proceder a la dejación de las armas y prepararse para el proceso de incorporación de los integrantes de las FARC a la vida civil.

En estas zonas estarán restringidos los vuelos militares hasta cinco mil pies de altura y estará prohibido el porte de armas, pero a ellas podrán ingresar las autoridades y la población civil, así como los amnistiados de las FARC y los excombatientes en proceso de reintegración.

La periferia de cada una de estas zonas tendrá un anillo neutral de un kilómetro que estará bajo responsabilidad del grupo verificador, y que solo en casos especiales y con autorización de las partes podrá tener acompañamiento policial. Por fuera de este anillo habrá dispositivos de seguridad de la Fuerza Pública.

En los campamentos se concentrarán las tropas guerrilleras con su armamento, en preparación de la fase del desarme, con presencia permanente de los equipos de verificación internacional y con prohibición de ingreso a personas y autoridades civiles.

La dejación de las armas será un procedimiento gradual que involucra a las 88 estructuras guerrilleras reconocidas por las FARC, su duración no debe exceder seis meses y se hará en tres fases, así:

  1. 90 días después de la firma se deben haber desactivado los explosivos y entregado un 30 por ciento del total del armamento.
  2. 120 días después de la firma se habrán entregado las armas largas y pesadas, hasta acumular otro 30 por ciento.
  3. 150 días después de la firma se habrán entregado las armas de defensa personal, hasta completar el 30 por ciento restante.

Se estima que este proceso puede culminar hacia febrero o marzo de 2017. Igualmente, se anunció que la ONU será la encargada de recibir y fundir las armas, y que con el metal fundido se erigirán tres monumentos.

Durante la concentración y el desarme progresivo se permitirá la salida y el tránsito de ciertos integrantes de las FARC para cumplir tareas propias del proceso de paz, pero sin armas y vestidos de civil. Estos serán 10 por cada zona (230 en total), y a ellos se sumarán 60 exguerrilleros para actuaciones a escala nacional, para un total de 290 en todo el país.

¿Informaciòn desde las entrañas de la guerra?

El Presidente Santos junto a Timoleón Jiménez.
El Presidente Santos junto a Timoleón Jiménez.
Foto: Presidencia de la República

No existe un reporte exacto del número de integrantes de las FARC, lo cual es comprensible al tratarse de una organización ilegal, clandestina y solo parcialmente reconocida por los organismos de seguridad estatal. Por eso la prensa difunde la versión del Ministerio de Defensa, que estima en entre siete y ocho mil los combatientes adscritos a esta organización guerrillera, a quienes se suma otro tanto de los adscritos al entorno miliciano.

Sin embargo, dentro de la mentalidad de guerra es frecuente que la parte oficial subestime  el potencial real de la insurgencia. Solo la propia guerrilla podrá y deberá reportar oficialmente el número y los listados de sus integrantes, para que puedan adelantarse los procesos de incorporación a la vida civil, otorgamiento de amnistías y garantías de protección.

Se estima que este proceso puede culminar hacia febrero o marzo de 2017. 

Las garantías de seguridad anunciadas corresponden al compromiso de lucha del gobierno “contra las estructuras criminales y sus redes de apoyo, consideradas sucesoras del paramilitarismo”.  Ante la persistencia del fenómeno paramilitar, las FARC han reclamado justamente medidas efectivas para su pronta desarticulación. Igualmente, es importante la protección de los territorios y de su población, para que sea posible hacer énfasis en el sentido colectivo del proceso y para que los excombatientes puedan permanecer en los diversos territorios del país.

Aunque es cierto que aún no estamos frente al cierre total de la guerra, pues quedan pendientes el pacto de paz con el ELN y la desarticulación efectiva del paramilitarismo, no puede desconocerse el gran alcance del paso de esta semana: las FARC son la guerrilla más antigua, extendida y de mayor potencial bélico de nuestra historia.

Ambas partes de la mesa advierten que aunque ahora falta lo menos y puede decirse que se entró en la recta final, lo que sigue no será fácil, pues subsisten diferencias marcadas y están por resolverse asuntos en todos los puntos de la agenda antes de llegar al Acuerdo Final.

Tampoco puede desestimarse el poder de los opositores al proceso de paz, aunque estos hayan quedado desautorizados después de los anuncios de esta semana. El respaldo ciudadano a la paz necesita conseguir por lo menos un 13 por ciento del censo electoral, es decir, 4,4 millones de votos.

La responsabilidad es histórica y el resultado será definitivo. Si ganaran los opositores, este valioso y trascendental pacto de paz quedaría invalidado y podrían continuar las hostilidades de guerra.

Si gana el respaldo al pacto de paz, este proceso tendrá el apoyo mayoritario de la población, lo que le brindará legitimidad y asegurará el carácter vinculante del resultado del plebiscito, para que los distintos órganos del poder público actúen en correspondencia.

 

*Directivo del Centro Nacional de Memoria Histórica, integrante de la Fundación Cultura Democrática (FUCUDE) y catedrático.

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