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El dilema de Uribe

Escrito por Ricardo García

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Los partidos uribistas, la oposición, el Congreso y el país están paralizados porque el Presidente aún no ha decidido si postularse o no para un tercer período.

Ricardo García Duarte

El tema de la reelección llena, como era previsible, el horizonte de las preocupaciones en el microcosmos de la política. Pero lo llena a través de la confusión que nace de las indefiniciones prolongadas del Presidente de la República.

Nadie, en efecto, sabe a estas alturas si Álvaro Uribe realmente quiere prolongar su permanencia en el poder hasta el año 2014, y esta incertidumbre congela y al mismo tiempo enreda la política porque los aspirantes uribistas  tienen que jugar al juego de las ambigüedades, la oposición está "descolocada", y las medidas que le abrirían paso a la reelección siguen su camino "como sin querer queriendo".

Una serie de acertijos

Aunque la nueva reelección es un tema por supuesto crucial para Colombia, el Presidente no ha dicho casi nada sobre ella, y lo poco que ha dicho se parece a las respuestas del Oráculo de Delfos:

– Primero fue el enigma de "la hecatombe", que dio pie a toda suerte de  conjeturas – aunque quizás simplemente significa que "me lanzo sólo si no hay otro remedio".    

-Tiempo después se produjo un comunicado de la Casa de Nariño: "Por voluntad del Presidente de la República, el debate parlamentario sobre la reforma constitucional del Referendo debe ser sacrificado en aras de dar prioridad a la Reforma Política y a la Reforma de la Justicia". O sea que, tal vez, lo de la reelección no es importante.   

-La tercera charada  nos llegó por boca del Senador Hernán Andrade, a quien el Presidente le informó que él "se haría a un costado" si los partidos uribistas  "se unen" para escoger un sólo candidato – lo cual, como veremos, es otra versión  de "la hecatombe".

– La cuarta adivinanza vino de alguna "fuente de Palacio"  según lo cual el Presidente estaría "considerando la posibilidad de ser reelegido en el 2014" (y en efecto eso dice o decía algún Artículo en alguna de las versiones del proyecto de Reforma Política que el gobierno ha traído y llevado en estos días). Pero no quedó muy claro si la fuente aludía a una tercera reelección o apenas a una segunda.    

– El quinto y más reciente pronunciamiento lo hizo el Presidente ante los congresistas de su coalición: "Pueden ustedes hacer con el referendo lo que les provoque". El tono y la sintaxis de esta declaración comunican un desinterés por el asunto, como si de verdad ya hubiese perdido la voluntad de buscar la reelección. Sólo que también contiene un desafío ("a ver qué hacen Ustedes") y una ambigüedad: hacer lo que "les provoque" por supuesto incluye la posibilidad de aprobar el referendo, como ha sido el deseo explícito del partido más uribista, el de la "U".

Un Presidente en duda

Los malquerientes y críticos de Uribe dicen que las charadas anteriores son la prueba de su estilo "maquiavélico" para obtener lo que desea. Pero esto sólo prueba que esos señores no han leído a Maquiavelo (que no recomendó la indecisión) o no conocen al Presidente Uribe: si alguna virtud o algún defecto lo caracteriza es ser "frentero" (como el mismo dice) o ser "bocón" (como dicen los destinatarios de sus frecuentes ataques personales).

Álvaro Gómez decía que "a la gente hay que creerle lo que dice", y al Presidente Uribe hay que creerle lo que ha querido decir: que no sabe qué decir porque no sabe si quiere o si no quiere postularse para una nueva reelección.

Esto explica sus evasivas y sus ambigüedades, pero sobre todo explica la difícil disyuntiva que el Presidente Uribe tiene por delante: existen razones de peso para postularse pero también existen razones de peso para no postularse.  

Las razones del no

Son varias las circunstancias que podrían influir en el ánimo del Jefe de Estado para no intentar un tercer mandato:

1. Un rescoldo de pudor republicano ("rescoldo" porque ya una vez se reeligió) que lo llevaría a temer la asociación inevitable entre la búsqueda de una nueva reelección y el afán desmedido de perpetuarse en el poder. Este pudor iría en la misma dirección de las advertencias del Presidente Lula quien, hablando para quien quiera escucharlo, manifestó que su segunda reelección  no contribuiría a "mejorar la democracia".

2. La historia universal -y especialmente la de América Latina- enseñan que los gobernantes que se aferran a su cargo acaban mal, y muchos son los que aconsejan a Uribe que se retire a tiempo, "cubierto de gloria", en lugar de exponer su buena imagen al albur de alguna desilusión futura.      

3. Las opiniones que, viniendo de quienes vienen, podrían encontrar en el Presidente oídos receptivos. En este sentido ya se han manifestado el New York Times, el Tiempo, varios dirigentes gremiales y hasta el motor de su elección en el 2002 y de su reelección en el 2006, Fabio Echeverry Correa.

4. Las dificultades que implica tramitar el Referendo ante el Congreso. Ya en su primera ronda en la Comisión I de la Cámara el proyecto -presentado hace casi tres meses- ha sufrido dilaciones sucesivas, primero por cuenta de la ley de víctimas, después por las sesiones canceladas o convocadas a deshoras, luego por los impedimentos, y ahora por el debate sobre la financiación de la campaña para recoger firmas y su transporte en vehículos de una filial de DMG.

5. Detrás de esas dilaciones hay razones de peso pero también está la sombra de los auxilios, los puestos públicos y las Notarías que acostumbran pedir los congresistas a cambio de su voto en cuestiones triviales – y mucho más ahora que se trata de la segunda reelección de un Presidente en funciones. Ni que decirse tiene, esta vez está además la sombra de la Yidispolítica para  inhibir a los funcionarios (según sostiene o sospecha la Corte Suprema) o por lo menos a los amigos del gobierno en las negociaciones por debajo de   la mesa.

6. Está el obstáculo eventual de un concepto negativo de la Corte Constitucional, cuyas complejas teorías acerca de los límites del poder de reformar la Carta no podemos resumir aquí, pero que fueron materia de intensa controversia a raíz de la primera reelección. Y en este caso va a ser necesario que el Congreso cambie el texto del referendo para que la reelección se dé en el 2010 y no en el 2014, lo cual es claramente inconstitucional y así ya lo ha expresado el Procurador General de la Nación.         

 7. Por otra parte, la aprobación popular del Referendo necesita siete millones de votos, casi los mismos que obtuvo Uribe en el 2006, pero muchos más de lo que alcanzó el "referendo contra la politiquería y la corrupción" en el 2003. Y es que no es fácil movilizar al pueblo para estos menesteres, menos aún cuando varios de los supuestos aliados tendrían interés en que la iniciativa no fuera aprobada. Y éste sería un golpe muy duro para Uribe.

8. Está, aunque no parezca, el riesgo de que pase el referendo pero Uribe sea derrotado en el 2010, porque la vida es impredecible y porque -infortunadamente- ni la crisis económica global, ni el cambio de inquilino en la Casa Blanca, ni (quizás) la mordedura de las pirámides, ni (quizás) el  coletazo de la "parapolítica" y de los "falsos positivos", auguran un 2009 precisamente fácil para Uribe. 

Las razones del sí

Y sin embargo hay motivos por lo menos igualmente fuertes para que el Presidente decida postularse. Estos motivos son valorados de maneras casi opuestas por los amigos y opositores de Uribe, de manera que hablaremos brevemente de una versión patriótica, una versión egoísta y una versión pragmática.

1. El mismo Uribe ha reiterado la primera versión en sus tres modalidades. Una es el deseo comprensible y legítimo de que su obra sea continuada, de que "se reelijan  la seguridad democrática y la confianza de los inversionistas en Colombia".  Otra sería "la hecatombe", en el sentido de que solamente Uribe puede acabar la gran tarea histórica del Presidente Uribe. Y la tercera, que parece contundente en una democracia, es que el pueblo así lo quiere (y el sólo embolatar el Referendo sería "no cumplirles a los 4 millones de colombianos que firmaron").

2. La versión egoísta parte de reconocer la condición humana: todo poder envicia, Uribe es un caudillo, y los caudillos no renuncian porque no serían caudillos. A esta propensión natural se le añade un factor  negativo que incluso llegaría a inclinar la balanza: el riesgo o la amenaza insinuada o preanunciada de que el ex Presidente fuera sometido a juicio ante el Congreso y después ante la Corte Suprema, o quizá ante un juez extranjero o ante un tribunal internacional por violación o presunta violación de los derechos humanos.

  3. La versión pragmática se resume en una pregunta: ¿y si no es Uribe, quién? Pero antes de contestarla notemos que la indecisión, además de ser genuina, es muy útil para Uribe.    

La ventajas del tal vez

Si al contrario uno supone que el Presidente ya está decidido a quedarse en el poder, la (aparente) indefinición le serviría para facilitar el trámite de sus aspiraciones:

– En primer lugar y por supuesto, porque lo presenta como un estadista generoso, desprendido y capaz de sacrificarse para darle campo a otro…  o de acabar sacrificándose para seguir llevando la carga del gobierno. Este es el Presidente  que se da el lujo de criticar a los congresistas en cuyas manos está la reelección, porque ellos se distraen en asuntos subalternos como la reelección mientras él se concentra en cosas de primer orden como la (ya archivada) Reforma de la Justicia y la (no muy significativa) Reforma Política.

– En segundo lugar porque la inercia lo favorece,  y aunque Uribe no se mueva es casi seguro que el Congreso va a aprobar el referendo (con el pequeño cambio necesario para que sirva en el 2010).  Como repite Luis Guillermo Giraldo, coordinador de la recolección de firmas para el Referendo y Secretario General de la "U", el silencio presidencial deber ser interpretado como un . O en todo caso a eso así han de interpretarlo los integrantes de la bancada oficialista, que de otro modo incurren a ojos vistas en el pecado de la deslealtad – lo cual en este caso es un suicidio -o casi-.

O si al contrario del contrario suponemos que el Presidente para sus adentros ya descartó la posibilidad de continuar en el 2010, la (aparente) indefinición también le serviría para acabar mejor su gestión de gobierno:   

-En primer lugar porque le ayuda a mantener la "gobernabilidad" o sea, en castellano, porque asegura que nadie rompa filas ni se arriesgue a atravesar un desierto 6 o de 5 años (por lo menos); y esto no vale apenas para los congresistas sino para los empresarios y los periodistas.

– Y en segundo lugar esta doble estrategia le ha permitido al Gobierno mantener su propia agenda -la de seguridad democrática, consejos comunitarios y atención personal de cada crisis- sin que aparezca interferida por la reelección (mientras que la agenda del Congreso no puede dejar de estarlo).  

Estamos pues ante una situación curiosa, donde el Presidente gana con cara y gana con sello. Por eso la indefinición no sólo es consecuencia de una duda profunda y realista: es además una estrategia deliberada y que por tanto no se queda en los meros pensamientos. Por un parte Uribe se ha mostrado  tan distante y remolón como hemos visto; pero por otro lado ha permitido que sus seguidores reunieran 4 millones de firmas y embarcaran al Congreso en una empresa de implicaciones mayúsculas.  

Los riesgos de la demora

El  del Presidente no llega pero tampoco llega su no, de manera que quienes quieren sucederlo dentro del uribismo se ven forzados a sumarse al juego de las  ambigüedades; siempre sombreadas ellas por el riesgo de que, obligados a mostrarse leales y coherentes, terminen por pelar el cobre,  por desnudar la deslealtad y el oportunismo.

En medio de esa indefinición y de esas ambigüedades, las mayorías parlamentarias se debaten sin guía entre las razones para el sí y los argumentos para el no. Y mientras tanto por supuesto aflora la lógica del quid pro quo (latinismo que en Colombia se traduce "CVY"): "nosotros apoyamos los proyectos del gobierno, pero el gobierno a cambio debe darnos auxilios, puestos o tal vez notarías". De esa manera, al tiempo que la reelección va copando el ambiente político, "la politiquería y la corrupción" también lo van copando.

Además de ese daño moral y político, la continuada indecisión del Presidente podría enredar el propio referendo. Su trámite en el Congreso ya comenzó a pasar la zona de turbulencias y a cada paso irá siendo salvado – o puede ser hundido- "por un pelo". Esta semana los pelos fueron dos: por una parte la ausencia calculada del representante Telésforo Pedraza; y por la otra el voto, digamos sorprendente, de Roy Barreras de Cambio Radical y en teoría contrario al referendo, para que José Thyron Carvajal de la "U" y partidario del sí no quedara impedido para hacer mayoría contra los que piensan como dice que piensa Roy Barreras.        

El trabalenguas anterior es una muestra del cruce de presiones que están sufriendo los pobres congresistas uribistas porque como dice el evangelio  "nadie puede servir a dos señores".  Un señor es Uribe y el otro es el señor o la señora Vargas Lleras, Santos Juan Manuel, Santos Francisco, Noemí Sanín o Carlos Holguín Sardi (para no hablar de palos ni evocar carambolas).  Cada uno de estos aspirantes se debe a Álvaro Uribe, y sin embargo cada uno tiene que escoger su propio margen de deslealtad o de disensión frente al Presidente, apartándose de la reelección en el 2010.

Es el caso sobresaliente del  ex – senador Vargas Lleras, jefe supremo de  Cambio Radical, pero tal vez el dirigente uribista que más se ha distanciado de su presunto jefe. Por eso mismo se ha permitido un cierto margen de chantaje al sugerir la posibilidad de regresar a las toldas del Partido Liberal, en donde encontraría un lugar más cómodo para sus aspiraciones. En ese marco de cálculos y contra- cálculos, su bancada ha anunciado el voto por la reelección para el 2014, no para el 2010, facilitando el lanzamiento de Vargas Lleras.

Y es porque, así parezca increíble, el promotor y vocero del referendo, jurista el mismo y parlamentario de larga trayectoria, después de "consultarlo con juristas muy destacados", se dio a la tarea de conseguir cuatro millones de firmas para firmar el referendo que no era. Como se sabe, el texto de Giraldo permite elegir otra vez a la persona que haya ejercido la Presidencia dos veces, no que haya sido elegida dos veces – y este detalle deja a Uribe para el 2014 o el 2018.

Aunque los cuatro millones de firmantes pensaran que lo hacían para el 2010, tal vez Giraldo resulto cripto-varguista, porque cambiar el texto sería inconstitucional. Y sin embargo Vargas Lleras no es un enamorado de la Carta ni el voto anunciado de Cambio Radical es consecuencia de su respeto profundo por el estado de derecho. Es la expresión, para decirlo en colombiano, de un oportunismo al que le dieron papaya.              

Con todo, las dificultades anteriores no entrañan todavía que se hunda el referendo. Pero eso sí: su aprobación en los plazos apropiados exigiría un compromiso expreso del Señor Presidente – lo cual equivaldría a destapar sus cartas y a perder las ventajas que hasta ahora ha obtenido de la indefinición.

Uribe ¿y si no quién?

Y es porque así las razones del no sean muy poderosas, nos falta explicitar una razón aún más poderosa para el : si Álvaro Uribe no es el candidato, será casi imposible lograr que los partidos uribistas vayan juntos y además entusiasmados a la próxima elección presidencial, lo cual querría decir que un enemigo de Uribe puede acabar de sucesor de Uribe.        

Así que el riesgo mayor es que siga existiendo Uribe pero no el uribismo, en tanto coalición mayoritaria de partidos. Sin la reelección del Presidente, la coalición uribista quedaría sometida a las fuerzas centrífugas de cada uno de sus componentes, movidos por las aspiraciones de sus jefes respectivos. El Partido Conservador, Cambio Radical y el Partido de la U tendrían, cada uno, su propio candidato, lo cual para empezar pondría en peligro la sucesión uribista en el Gobierno y para rematar dejaría al próximo presidente  uribista (si lo fuera) sin apoyo suficiente en el Congreso.

La ruptura es todavía más probable si uno piensa que con la reelección de Uribe ganarían todos los congresistas y demás políticos uribistas, pero con la elección de Vargas, un conservador o un Santos sus seguidores se ganarían   el premio mayor.    

Para sortear estos amagos de fuga existen en principio dos salidas:

-La primera sería  que el Presidente designara y ungiera a su sucesor. Pero al dejar flotar nombres como el del Ministro Arias, el Comisionado Restrepo o la Embajadora Sanín, el mismo Uribe ha inquietado a los aspirantes que tienen cauda propia. Más todavía, hay una especie de empate complejo y enredado a tal punto que Uribe no podría escoger a un aspirante y esperar que los otros se resignen sin antes, por lo menos, haber medido fuerzas. Y en todo caso es  sabido que un candidato "a dedo" es un mal candidato porque los segundones no ganan elecciones.

– Queda la opción del mecanismo de la consulta contemplado en la Reforma Política, ya no dentro de un partido sino entre varios partidos. Esta fórmula no le conviene sólo al uribismo sin Uribe sino también al Polo y al Partido Liberal, de suerte que haría tránsito en el Congreso. Sólo que el Polo y el Partido Liberal la necesitan para sumar fuerzas, mientras que los partidos uribistas seguirían sujetos a presiones centrífugas, pues más de uno buscaría apoyos por fuera del uribismo.

Ni Cambio Radical ni el Partido de la U aceptarían el riesgo de perder frente a un conservador en la consulta restringida a los militantes  de esos partidos, cuando Vargas y Santos podrían tener más votos por fuera o hasta podrían ser más fuertes en la primera vuelta de las presidenciales.

La oposición, ahí

Mientras sopla el huracán del uribismo, la oposición ha tenido que refugiarse en los gobiernos locales, en algunos debates sonados de control en el Congreso y en denuncias penales contra personas cercanas al Presidente. Pero esto no significa renunciar a la lucha por la Presidencia y por eso tanto el PDA como el Partido Liberal "se  le midieron" al imbatible Uribe en el 2006 (en el caso del Polo, muy decorosamente).

La discusión central entre los dirigentes de la oposición gira hoy, precisamente, alrededor de este asunto: ¿es posible tener un candidato de unidad que le haga frente a Uribe en el 2010? El ex Presidente Gaviria, el ex Alcalde Garzón y un sector del PDA creen que  y lo están trabajando activamente; otro sector, tal vez mayoritario, del PDA, cree que no, que es preferible conservar la identidad doctrinaria. Y en realidad es casi un imposible que el Partido Liberal acepte como suyo un candidato del Polo o que el Polo acepte a uno del Partido Liberal.

Así que, en una especie de universo paralelo, la oposición también se mueve al ritmo que le impone la indecisión del Presidente Uribe: si él es el candidato, cobran fuerza las razones del  a la coalición multicolor; si no es el candidato las razones del no ganan aliento. La oposición no puede decidirse sin que Uribe se decida.

¿Votación o elección?

Más allá de las consideraciones estratégicas que hasta el momento vinimos  revisando, es necesario mirar al deber ser, a lo que en nuestra opinión le conviene a Colombia. La democracia le conviene a Colombia, las elecciones son el pilar de la democracia, y elegir significa, a la vez, participar y escoger. No sólo participar y no sólo escoger. Es participar y escoger al mismo tiempo. Y la escogencia solo tiene sentido si hay distintas opciones, y si estas son opciones realmente, es decir, si lo son en términos del sentido de representación que asiste a cada candidato, y en términos igualmente del equilibrio de fuerzas.

La reelección por segunda vez consecutiva y la modificación sobre la marcha de las reglas constitucionales, son hechos que sin duda confirman la participación en tanto dimensión de la democracia representativa. Lo que no es muy seguro es que tengan el mismo efecto con esa otra dimensión no menos importante, constituida por la escogencia, en tanto posibilidad real de que fuerzas diversas se alternen en el poder.

Al contrario: abrir la posibilidad para más de un segundo periodo presidencial consecutivo, con toda la carga de reformas en el camino que ello implica, serviría para introducir en el sistema democrático un elemento de Priización,  esto es un elemento  hegemonía partidista, al estilo de lo que fue el PRI Mexicano por muchos años; no ciertamente del mismo modo y en el mismo grado que éste, pero en todo caso, sí en el sentido de un debilitamiento de  la competencia y del juego de opciones, tan esenciales para  una verdadera democracia.

 

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