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El desbalance crítico en el sector externo colombiano

Escrito por Álvaro Andrés Escobar

Una estrategia ante el desbalance de pagos de la nación, sería restringir de manera selectiva las importaciones.

La situación se está acercando a su punto de quiebre, y no quedan más caminos que la mezcla de devaluación con desaceleración o una restricción temporal de las importaciones sin violar los acuerdos internacionales. Estos son los porqué y el cómo.

Álvaro Andrés Escobar*

Deterioro paulatino

La balanza de pagos se ha venido deteriorando gradualmente desde la década de 1990, con un déficit creciente durante los últimos veinte años que se debe, por un lado, a la mayor penetración de las manufacturas y servicios extranjeros en el mercado colombiano y, por el  otro lado a las mayores salidas de capital hacia el resto del mundo.

Si este déficit sigue aumentando como viene, nuestras obligaciones con el resto del mundo  llegarán a ser insostenibles. Así lo indican las dos gráficas siguientes:

Gráfica 1: Balanza comercial de bienes, 1980-2015* (en dólares)

Fuente: Dane

Gráfica 2: Balanza de pagos, 1996-2015* (en dólares)

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Fuente: Dane y Banco  de la República

La cuenta corriente de Colombia (gráfica 3) ha registrado saldos negativos desde comienzos del año 2000. Y los niveles actuales son peores que los de la grave crisis de 1999. Es más: el boom reciente de materias primas no fue suficiente para revertir esta situación.

Gráfica 3: Cuenta Corriente (porcentajes del PIB), 2000-2012

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Pérdida de riqueza

La Bolsa de valores de Colombia.
La Bolsa de valores de Colombia.
Foto: Wikimedia Commons

Pero si el persistente déficit externo no había tenido efectos muy traumáticos hasta el momento, es razonable preguntarse por qué hoy sería una fuente de preocupación.  La respuesta radica en que los déficits continuos, así sean muy pequeños, van produciendo una pérdida progresiva de la riqueza colombiana hacia el extranjero.

Los déficits continuos, así sean muy pequeños, van produciendo una pérdida progresiva de la riqueza colombiana.

La gráfica 4 muestra un estimado de los activos externos de Colombia, que en efecto resultan haber sido negativos durante los últimos quince años (debemos más de lo que tenemos en el extranjero). Al comienzo de la década (crisis de 1999) este saldo negativo equivalía al 25 por ciento del PIB, una suma de veras sustantiva. Y  partir de 2005 se registra un proceso explosivo, de modo que en 2012 la deuda externa neta superó el 26 por ciento del PIB. Aunque las cifras aún no se conocen, parece claro que este desbalance se hizo aun mayor entre 2012 y 2015.  

Gráfica 4.  

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Nota: Sobre la base de las cuentas NIPA y las cuentas financieras.

Espiral de la deuda

¿Por qué una creciente deuda externa puede importarle a Colombia? Por la misma razón que una creciente deuda puede importarle a cualquier agente: esto ocasiona aumentos en el pago de intereses que cada vez se vuelven más onerosos y más difíciles de financiar. La conocida espiral del deudor se alimenta de sí misma hasta llegar a explotar en una crisis de insolvencia.

Los déficits en las cuentas externas se traducen necesariamente en más deudas con el resto del mundo, y estas pueden surgir del desbalance comercial de bienes y servicios o del pago  de dividendos e intereses causados en períodos anteriores.

Este proceso acumulativo va agravando el déficit de la cuenta corriente y el peso de la deuda, que se traduce en alza de la tasa de interés dado el riesgo creciente para los prestamistas, al mismo tiempo que los pagos del país endeudado hacen que sea menor su ingreso nacional.

Lo anterior implica que si Colombia es deudor neto del resto del mundo, y si además se presentan déficits en la balanza comercial, aumentaría el déficit de cuenta corriente por la acumulación de obligaciones anteriores con el resto del mundo. Colombia tendría entonces que contratar más y más empréstitos internacionales. Y si la economía o el ingreso nacional no están creciendo a un ritmo aun mayor, el resultado eventual viene a ser una crisis de insolvencia.

Pero además la salida de recursos es un drenaje que tiende a desacelerar el crecimiento económico, y la porción de la deuda que haya sido contratada por el Estado va siendo financiada con más y más aumentos del déficit fiscal.

En resumen, y para controlar o corregir esta situación, la economía debe producir los suficientes recursos (dólares) para cumplir con las obligaciones externas y evitar una acumulación insostenible de deudas.

Industria de capa caída

Una estrategia para corregir el déficit externo del país es fomentar el consumo de productos nacionales.
Una estrategia para corregir el déficit externo del país es fomentar el consumo de
productos nacionales.
Foto: Agencia Prensa Rural

Si las cosas se miran desde el largo plazo, es claro que un país debe vender más de lo que compra en el mercado internacional y que las ventas deben consistir básicamente en productos de alto valor agregado y de continua mejoría tecnológica. De aquí se sigue que la  importancia del sector manufacturero no reside tanto en el empleo y la producción doméstica que genera, sino en el potencial que tiene para expandirse en el comercio internacional y para de esta menar corregir los desbalances externos.

Dije ya que el déficit comercial de Colombia se ha venido agravando desde hace 15 años. A lo largo del proceso – y en virtud de la llamada “enfermedad holandesa” que Jorge Iván González describiera en Razón Pública- la industria manufacturera fue perdiendo participación dentro del producto total al mismo tiempo que fueron aumentando las importaciones manufactureras. Esto nos pone en la situación infortunada de haber debilitado el sector económico que tendría que contribuir a remediar el desbalance externo. 

La inversión extranjera

Algunos especialistas consideran que los sistemas actuales internacionales de comercio y de pagos se corrigen de manera automática y que por consiguiente no hay necesidad de preocuparse.

Pero esta visión no da cuenta del hecho de que muchos países, incluso más desarrollados que Colombia (Grecia o España son ejemplos conocidos)  acabaron con altos niveles de endeudamiento por ignorar el problema durante demasiado tiempo y tuvieron que adoptar medidas de emergencia con altos costos en términos de desempleo y desaceleración de sus economías.  

Si esperamos a que la situación se corrija por sí sola, tarde o temprano la solución vendrá con un alto costo social.

Otros consideran que el déficit externo no es perjudicial porque representa una inversión por parte de extranjeros en Colombia y que esto solo puede ser beneficioso. Pero también este argumento carece de sustento: la inversión extranjera solo sirve cuando crea o desarrolla activos productivos y produce exportaciones adicionales suficientes para cubrir  al menos la salida de capitales en la forma de dividendos o ganancias.

Este déficit externo tiene que ser financiado por los extranjeros, inducidos por altas tasas de interés. Sin embargo, sería inconveniente denominar esas entradas de capital como “inversión extranjera”.

De hecho, para el caso colombiano, la inversión extranjera directa ha aumentado y ha sido relativamente estable durante los últimos años, pero el desbalance ha sido compensado mediante el aumento vertical de los activos financieros que están manos de extranjeros.  Estos activos (títulos y bonos) no significan nada para la productividad de la economía, pero sí producen pérdidas de ingreso y son una fuente de volatilidad.

¿Es posible reducir el déficit externo?

Existen dos grandes opciones para mejorar la balanza de pagos, cada una con diferentes repercusiones:  

-Una de ellas es la deflacionaria es decir, la de ajustarse el cinturón hasta que caigan las importaciones y el déficit externo se corrija. Pero los costos de esa opción en términos de crecimiento y desempleo serían elevados, porque ella implica una política fiscal y monetaria lo suficientemente dura para que la contracción económica acabe por inducir la necesaria reducción de las importaciones.

¿Cómo reducir las importaciones sin afectar el crecimiento y el empleo? La respuesta tradicional consiste en la devaluación de la moneda, lo cual hace más costosas las  importaciones y las exportaciones más competitivas. Pero bajo el sistema actual de tipo de cambio flotante y flujo de capitales internacionales, la devaluación no es un instrumento  suficiente ni adecuado. Más bien se llega al punto en que la caída del valor de la moneda dispara la desconfianza de los mercados internacionales y el país desemboca en la temida crisis de insolvencia.

-La segunda vía consistiría en reorientar el consumo hacia la producción nacional para reducir las importaciones. En este orden de ideas debería considerarse la posibilidad de utilizar control temporal y no selectivo (no discriminatorio) de las importaciones – una medida que ayudaría a corregir el déficit y no implica reducir el crecimiento económico ni el empleo-.

Al revé de lo que muchos suponen, la Organización Mundial del Comercio (OMC) apoya el uso de controles a las importaciones si existe un conflicto entre los objetivos de pleno empleo y el equilibrio en la balanza de pagos mediante controles no-selectivos. Esto es totalmente distinto de imponer aranceles prohibitivos sobre las importaciones para defender  intereses sectoriales, los cuales contradicen el espíritu a los acuerdos de la OMC.

En resumen, si esperamos a que la situación se corrija por sí sola, tarde o temprano la solución vendrá con un alto costo social.

 

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