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El desafío liberal: entre el poder y la moderación

Escrito por Juan Fernardo Cristo
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Juan Fernando CristoPara entender la política desde adentro, hoy iniciamos esta serie de análisis a cargo de voceros calificados de cada uno de los partidos con representación en el Congreso. Tras el avance del Partido Liberal en las pasadas elecciones, su vocero analiza el papel dentro de la Unidad Nacional y señala los grandes desafíos: no volver a la trampa del clientelismo y mantenerse en el centro ideológico. Santos gobierna con ideas liberales, y este es el aire fresco que hoy se respira.

Juan Fernando Cristo *

partidos

El repunte electoral

Normalmente, durante los días siguientes a unas elecciones como las del pasado 30 de octubre, los medios de comunicación se llenan con declaraciones de los partidos que reclaman el triunfo, del gobierno nacional anunciando que el país votó en paz y se fortaleció la democracia, y de los propios medios proclamando de manera superficial unos ganadores y unos perdedores, sobre la base de análisis muy parciales.

Esta situación es aún más evidente respecto de las elecciones regionales, donde resulta muy difícil señalar con claridad, al menos a primera vista, cuáles partidos ganaron y cuáles perdieron, debido a la gran cantidad de movimientos ciudadanos y de coaliciones, unas lógicas y otras realmente incomprensibles.

Además, cuando las cifras mismas pueden diferir dependiendo de cuáles sean los resultados que se comparen: los balances son unos si se contabiliza el número de alcaldes o el de gobernadores que eligieron los partidos, pero resultan ser otros cuando se revisa la votación total para asambleas o concejos.

Sin embargo, en estas elecciones puede afirmarse de manera contundente que el liberalismo fue el gran triunfador, que la U y Cambio Radical obtuvieron resultados aceptables, que el Partido Verde apenas pasó raspando y que el Polo y los conservadores fueron los grandes perdedores.

Tras ocho años de transitar en circunstancias muy complejas, la oposición a un Presidente que convirtió en su principal obsesión política la liquidación de su antigua colectividad, en medio de ataques a su dirigencia, de montajes, de chuzadas y de intimidación permanente, el liberalismo no solo logró sobrevivir, sino que hoy puede —con cifras y hechos concretos en la mano— reclamar su condición de primera fuerza política del país.

Del bipartidismo al multipartidismo

Claro que ya no en las condiciones de mayoría absoluta que ostentó durante buena parte del siglo anterior. Esa época del bipartidismo ya fue superada y hoy tenemos un sistema multipartidista en construcción, al que aún le hacen falta algunos ajustes. Por ello, cuando algunos despistados todavía intentan recordar los tiempos en los que el partido liberal constituía mayoría de manera solitaria en las corporaciones públicas o cuando salían elegidos 15 o 20 gobernadores con la sola L, olvidan que ya el país no se divide políticamente en liberales, conservadores y comunistas.

Hay ahora 6 o 7 partidos organizados, con presencia nacional, con importante representación en el Congreso y con unas propuestas e ideas que recogen algún sentimiento ciudadano. Y eso, hay que decirlo con franqueza, es un gran avance democrático.

Que hayamos pasado de los dos partidos organizados y desgastados de los años 80 y los más de 70 anarquizados, sin valores ni ideas de los 90, más conocidos como partidos “de garaje” al actual sistema, representa una evolución positiva del sistema democrático e indica que en esa materia vamos por el camino adecuado.

Es en ese nuevo escenario, donde el liberalismo obtuvo ocho gobernaciones propias y cinco más en coalición, más de 200 alcaldías, entre ellas siete de capital, más de 2.000 concejales y el mayor número de diputados que cualquier otra fuerza política.

Con ideas liberales

Esto significa que el partido liberal es la primera mayoría relativa, y eso nos impone unos deberes que constituyen el gran desafío para el futuro. Y es motivo de mayor satisfacción el haberlo logrado por primera vez en mucho tiempo sobre la base de impulsar unas ideas y propuestas, que la opinión pública identificó con el partido.

Las ideas que gobiernan no son solo un eslogan de campaña, son una realidad política que hoy los colombianos perciben y frente a la cual el liberalismo debe estar a la altura de las nuevas expectativas.

Los resultados electorales del domingo 30 demuestran, en resumen, que los colombianos se sienten cómodos con el hecho que Santos esté gobernando con ideas liberales, que más allá de la necesidad de autoridad que todos compartimos, hay unos valores democráticos y pluralistas, un espíritu liberal que el país ha recuperado y que gusta a la gente que se siente hoy más tranquila, más libre.

Retos

Son varios entonces los retos que a partir de ahora tiene el liberalismo:

  • demostrar a los colombianos que efectivamente el partido se transformó y hoy es capaz de representar unas ideas y principios y no las maquinarias del pasado que ya son patrimonio de otras colectividades;
  • persistir en el profundo proceso de renovación ideológica y de dirigentes que comenzó hace dos años, con la elección de Rafael Pardo como candidato y jefe único;
  • proteger al partido de los extremos ideológicos de izquierda y derecha para mantenerse en el centro democrático;
  • continuar en la defensa de banderas y compromisos claros con los sectores más débiles de la sociedad, como la ley de víctimas y restitución de tierras y la ley de primer empleo, antes que el discurso vago y etéreo de “lo social” que hoy nada dice a la inmensa mayoría de colombianos.

Recuperando la identidad

No cabe duda que los dos períodos de Uribe en la Presidencia sirvieron para que el liberalismo reencontrara su identidad ideológica. Los excesos autoritarios del gobierno anterior, su permisividad frente a la creciente corrupción, su desprecio por los derechos humanos y las víctimas del conflicto, su discurso de extrema derecha y su actitud perseguidora contra la oposición que representamos los liberales durante este tiempo, contribuyeron a que el partido se depurara ideológica y éticamente, más allá del alto costo político y electoral que se pagó ante la apabullante popularidad del Jefe de Estado del momento, como consecuencia lógica de sus éxitos militares frente a una guerrilla que se hizo odiar con razón por parte de la casi totalidad de los colombianos.

Sin embargo, el liberalismo aguantó con firmeza y convicción todos estos años y se convirtió en dique de contención frente a los excesos autoritarios del gobierno. Hoy podemos decir que el partido recoge los frutos de esa posición digna y erguida que mantuvo contra viento y marea y que contribuyó a preservar los valores democráticos.

Al terminar el gobierno Uribe y comenzar la era Santos, el liberalismo adoptó la decisión correcta al aceptar la invitación a ser parte de la Unidad Nacional. Apostamos a que éste sería el primer gobierno de Santos y no el tercero de Uribe como algunos temían. Y afortunadamente tuvimos razón.

Al aceptar la invitación del nuevo Jefe de Estado, planteamos nuestra propia agenda liberal, encabezada por la Ley de Víctimas y la de primer empleo. Hoy esas dos iniciativas son ley de la República y se convirtieron en dos políticas prioritarias para el gobierno de la Unidad Nacional.

Hace mucho tiempo no se veía en Colombia una coalición del gobierno con un partido que estuviera cimentada básicamente en propuestas y programas y no en puestos y contratos. Este hecho no es solo motivo de satisfacción para el partido, sino que además es una demostración de que la democracia colombiana avanza en calidad.

Poder y moderación

El desafío para el liberalismo ahora es el de convertirse en garante del éxito en la aplicación de estas leyes, que deberán beneficiar a más de cuatro millones de víctimas y a millones de jóvenes, hoy sin posibilidades de conseguir un empleo digno, formal y estable.

También será muy importante que el partido se mantenga alejado de los extremos. El liberalismo a través de la historia ha sido sinónimo de estabilidad, institucionalidad, tranquilidad para los colombianos. Por ello debemos aislar en el partido las voces de la izquierda y la derecha radical, las actitudes de confrontación y el populismo fácil.

Con un discurso sereno, moderno, coherente y sin estridencias como el de los últimos tiempos, podemos seguir conquistando el centro del espectro político colombiano. Un centro decente y progresista en lo político, responsable y serio en lo económico y audaz, concreto y realizador en lo social.

Y finalmente el partido debe apostar a la renovación permanente de sus cuadros, a la búsqueda de nuevas figuras en las regiones —tal como acaba de suceder— a alejarse de los caudillismos y de los “ïsmos” del siglo anterior que tanto daño nos hicieron.

Se ha avanzado en ese camino y debemos profundizar para consolidar el liberalismo moderno, ético y transformador del siglo XXI, que envíe un mensaje contundente a las nuevas generaciones de colombianos.

Construcción de confianza

En fin, el liberalismo ganó las elecciones y recuperó el espacio perdido en los últimos años. Pero este éxito no fue apabullante y tampoco debe asumirse con triunfalismo. Este resultado debe tomarse como la oportunidad que se presenta, tras más de una década de crisis, de continuar el proceso de restitución de la confianza de los colombianos en el partido.

Y ese propósito sólo lo alcanzaremos:

  • si seguimos impulsando ideas y propuestas dentro de la Unidad Nacional,
  • si respaldamos con argumentos y razones el gobierno Santos en los tiempos por venir,
  • si mantenemos una actitud enérgica contra la corrupción,
  • si nos mantenemos alejados del clientelismo,
  • si garantizamos que los gobernadores y alcaldes liberales que gobernarán en muchos departamentos y municipios ejerzan su mandato con seriedad, transparencia y eficacia, especialmente en la implementación en la región de las leyes liberales de víctimas y primer empleo,
  • si la bancada liberal del Congreso sigue trabajando con coherencia y disciplina.

Solo de esta manera avanzaremos más como partido y demostraremos que vale la pena que Colombia siga teniendo gobiernos liberales, como el actual. Eso es lo fundamental.

Ya habrá más tiempo y espacio para la discusión sobre la famosa reunificación con Cambio Radical o con parte de la U, sobre la candidatura a la reelección de Santos o las cábalas de candidaturas liberales para el 2018.

Ahora solo nos corresponde apoyar al gobierno de la Unidad Nacional e impulsar nuevas iniciativas de transformación social, para que en los próximos anos Colombia siga bien gobernada… con ideas liberales que beneficien a todos.

* Senador. Partido Liberal
@CristoBustos

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