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El debate pacífico: las minorías étnicas y la pobreza

Escrito por Miguel Antonio Galvis
Elecciones presidenciales.

Elecciones presidenciales.

Miguel GalvisLo que dijeron, callaron y mostraron los candidatos en su último debate hasta el momento. 

Miguel Antonio Galvis*

El escenario

Los debates regionales entre candidatos a la presidencia permiten que los habitantes de la región respectiva conozcan sus planteamientos sobre los problemas que más los afectan.  Por eso en pocos días han tenido lugar tres de estos debates, el de Medellín (3 de abril), el de Barranquilla (5 de abril) y el de Buenaventura sobre la región Pacífica.

Para contextualizar este último debate, comienzo por destacar cuatro características de la región pacífica:  

  • Presencia mayoritaria de integrantes de las minorías étnicas, en particular de las comunidades negras y los pueblos indígenas;
  • Altos índices de pobreza extrema y de necesidades básicas insatisfechas;
  • Alta biodiversidad y altos niveles de deforestación y degradación ambiental por los efectos de la minería y los cultivos ilícitos;
  • Presencia de actores armados ilegales que ejercen su soberanía ante la falta de Estado.

Los candidatos se ocuparon sobre todo de los dos últimos rasgos, pero desatendieron los dos primeros y por eso aludiré más a ellos.

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El pacífico y las minorías étnicas

Población Afrocolombiana.
Población Afrocolombiana. 
Foto:  Santa Marta 

El 3,43 por ciento de los colombianos se auto-reconocen como indígenas y el 10,62 por ciento como afrocolombianos.  Pero según el censo de 2005, estos dos grupos tienen mayor presencia en los departamentos de la región pacifica, así:

Departamentos

Porcentaje de  afrocolombianos

Porcentaje de indígenas

Porcentaje de minorías étnicas

Chocó

82,1

8,21

90,31

Valle del Cauca

27,2

0,60

28,00

Cauca

22,2

21,55

43,75

Nariño

18,8

10,8

29,60

Promedio Regional

37,5

10,29

47,91

Promedio Nacional

10,62

3,43

14,05

 

Los pueblos indígenas viven en 261 “resguardos” con una extensión de 1.904.822 hectáreas   y son gobernados por autoridades propias (los cabildos). Las comunidades afrocolombianas viven en 159 Territorios Colectivos Ancestrales que ocupan cerca de 5.243.116 hectáreas y son gobernados por los Consejos Comunitarios.

Uno de los mayores problemas de estos pueblos es el despojo sistemático por parte de actores ilegales o empresas privadas de territorios ancestrales que en teoría gozan de una especial protección constitucional, al ser inembargables, inalienables e imprescriptibles. Además de lo cual el Pacifico colombiano cuenta con 2.468.243,93 hectáreas en áreas protegidas, zonas de reserva forestal y parques naturales. Y sin embargo este tema no fue tratado en el debate.

Como tampoco lo fue la consulta “previa, libre e informada” que ordena la Constitución sobre cualquier tipo de actividad productiva o de infraestructura que afecte los territorios o las comunidades étnicas. Vargas Lleras manifestó la necesidad de que el Congreso reglamente este derecho,  pero ya antes había dicho que la consulta previa es un obstáculo al desarrollo , un chantaje  de las comunidades étnicas y que debe recortarse o limitarse.

Es más: este asunto se redujo a las consultas populares realizadas en la región andina, y –otra vez- Vargas Lleras tuvo el gesto menor de aludir a la representación política de las élites afrodescendientes en su gabinete de gobierno.

De modo pues que, en resumen, los candidatos no hablaron sobre los problemas de los pueblos indígenas y las comunidades afrocolombianas.

En el Pacífico: Tumaco, espacio y sociedad encallados.

El pacífico y la pobreza

La riqueza gigantesca de la biodiversidad, la abundancia de recursos hídricos, la diversidad cultural y la ubicación privilegiada contrasta duramente con la pobreza de los habitantes de la región pacífica.

Según la encuesta del DANE, todos los departamentos de la región pacífica son más pobres que el promedio de Colombia. Chocó es el más pobre del país, con una tasa del 63,1 por ciento (medida por ingreso monetario), seguido en la región por Cauca con 58,4 por ciento, Nariño con el 47,6 y Valle del Cauca con 27,2 por ciento. Es más: mientras que la pobreza en Colombia habría disminuido en un notable 38 por ciento entre 2012 y 2013, en el Cauca habría aumentado en un 1 por ciento y en Chocó disminuido “tan solo” en 7 por ciento.  

La pobreza en las zonas rurales es dramática y por ejemplo en Chocó afecta al 96 por ciento de los hogares. Los casos más críticos son los de los municipios de Argelia en el Cauca, Atrato, Medio Atrato, Bagadó, Novita y Bojayá en Chocó, y El Charco en Nariño, cuyos índices de pobreza rural superan ¡el 99 por ciento! (DANE-DNP, 2005). Por eso no sorprende que el pacífico presente tasas sencillamente escandalosas de desnutrición y de mortalidad infantil.

Las comunidades afrodescendientes y los pueblos indígenas del pacifico son los más pobres de Colombia, y esto confirma la discriminación étnica, la desatención del Estado y el daño de la violencia que han padecido de manera sistemática. Pero los candidatos no presentaron ninguna estrategia que involucrara las características étnicas, ambientales o socioeconómicas de estas poblaciones:

Iván Duque simplemente se abstuvo de concurrir a este debate

Germán Vargas mostró la menor simpatía hacia las comunidades étnicas, y en su lugar respondió a las preocupaciones de los inversionistas privados nacionales e internacionales. 

Gustavo Petro y Humberto de la Calle dijeron que adelantarían programas de carácter social en el pacífico, pero eso mismo había dicho Petro en el debate sobre la costa atlántica.

Fajardo fue así el único que en efecto mencionó su voluntad de consultar los planes de desarrollo con las autoridades en sus territorios, aplicando un enfoque diferencial como el que utilizó con los indígenas y los afros que residen en Antioquia. 

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El pacífico electoral

Elecciones presidenciales
Elecciones presidenciales
Foto: Gobernación del Tolima

Los departamentos del pacífico aportaron cerca de 2,5 millones de votos en la segunda vuelta de las elecciones de 2014, de manera que Duque no acertó al ignorarlos y a los demás candidatos les habría convenido una mayor claridad en sus propuestas. Tal vez si alguno de ellos optara seriamente por un “plan de choque social” para esta región podría acumular una fuerza decisiva para el próximo 27 de mayo.

Por ahora, a juzgar por el debate del pacífico donde cada candidato reafirmó sus mensajes conocidos– y en el orden de preferencia en las encuestas- sus balances prospectivos podrían ser como sigue:

-Iván Duque, el ausente de Buenaventura, es el de menor experiencia administrativa, el que menos conoce el país y el que tiene menos méritos personales para gobernar a Colombia. Tal vez por eso no volvamos a verlo en estos espacios regionales, lo cual empobrecería el debate presidencial en su conjunto. Y tal vez ante el fracaso electoral de la FARC no necesita hablar de “hacer trizas el acuerdo” sino del riesgo de que Colombia se convierta en otra Venezuela, una estrategia de alto rendimiento frente a su seguidor inmediato en las encuestas.

-Gustavo Petro invoca su trayectoria como dirigente social y político, sus debates de control en el Congreso, sus denuncias sobre la corrupción (que incluso lo llevaron a salirse del Polo Democrático) y su experiencia como alcalde de Bogotá (que él contrasta con la impopularidad de Peñalosa). Petro propone democratizar la propiedad rural y urbana, cambiar las prioridades de la minería a la agroindustria, eliminar las EPS e impulsar la salud preventiva.

-Sergio Fajardo se presenta como un profesor y un científico que se cansó de quejarse de la clase política y derrotó a las maquinarias de Medellín y Antioquia. Su apuesta no es ser el salvador de Colombia sino el catalizador de un cambio en la cultura ciudadana para que deje de votar por los corruptos. La educación, la ciencia, la tecnología, la innovación y la cultura son las claves discursivas de este candidato, que a diferencia de Petro no pretende cambiar el régimen político y no es calificado de “castro-chavista”.  

-Germán Vargas invoca su probada experiencia administrativa y política, lo cual incluye una ambigua relación con el gobierno Santos.  Aunque tiene su propio partido, se inscribió por firmas para intentar desmarcarse de personajes oscuros. Es el candidato con mayor apoyo entre los congresistas que fueron elegidos el 11 de marzo – el segundo es Duque- y sus banderas son las alertas sobre Venezuela y los venezolanos en Colombia, la simpatía hacia los empresarios y sus logros en materia de vivienda, agua potable, vías e infraestructura.

-Humberto de la Calle es el más ponderado de los candidatos, también con larga trayectoria política y el distintivo evidente de haber negociado el acuerdo con las FARC. Respetuoso de la ley y progresista, su candidatura sin embargo está inmersa en el Partido Liberal, muchos de cuyos cuadros ya han dejado entrever la voluntad de acompañarlo sólo de dientes para afuera. En relación concreta con el acuerdo de paz, su contendor obligado sería Duque porque es el candidato del Centro Democrático y el ganador entre los tres precandidatos del “no”.

A modo de conclusión, diría yo que el debate no fue sobre el pacifico, sino desde una ciudad ubicada en el pacífico, que por lo mismo sirvió más para confirmar lo que todos sabíamos sobre cada candidato que para ahondar en las preocupaciones propias de esa región de Colombia.

En efecto, ninguno de los candidatos que asistieron a Buenaventura presentó propuestas concretas y diferenciadas para enfrentar la pobreza y la discriminación en el pacífico. Petro dijo que su política social comenzaría en esa región, Fajardo habló del enfoque diferencial y la participación de las autoridades étnicas en el plan nacional de desarrollo, Vargas ofreció aumentar las inversiones en la región y la cuota de los afrocolombianos en el gabinete, y De la Calle se comprometió a cumplir los compromisos del Gobierno Nacional a raíz del paro cívico de Buenaventura.

Los demás fueron lugares comunes: combate a las bandas criminales y grupos armados al margen de la ley, sustitución de cultivos ilícitos, no aspersión con glifosato, lucha contra la minería ilegal, formalización de la minería artesanal, inversiones en salud, educación, infraestructura, conectividad y competitividad.

Por todo eso las comunidades afrocolombianas y los pueblos indígenas del pacifico no deben esperar grandes cambios de una política formulada desde Bogotá y diseñada para los centros urbanos que aportan las mayores votaciones -menos aun cuando los candidatos son cachacos, paisas o costeños sin vínculos efectivos con esa “otra Colombia”.  

* Consultor del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y analista independiente.  

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