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El ciclo económico que vendrá después de la reforma tributaria

Escrito por Jaime Villamil

Ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas.

Jaime VillamilSe trataba de cubrir “a como fuera” el déficit fiscal, y por eso en lugar de ayudar al crecimiento y aumentar el bienestar, esta reforma está agravando la desaceleración, empobreciendo a los trabajadores y acentuando la desigualdad.

Jaime Villamil*

Reforma recesiva

El crecimiento económico tiene cuatro fases: el auge, la desaceleración, la crisis y la recuperación. Esta dinámica de los ciclos de negocios tiene a veces momentos de auge prolongados que van acompañados de crisis de corta o de larga duración. Cuando se agota una etapa favorable sigue una contracción.

Según algunos economistas, la atención de quienes deciden la política debe orientarse a crecer lo más que se pueda porque este hecho por sí solo trae beneficios para todos. Sin embargo dicen que no se necesitan acciones directas del Estado para llevar los frutos de las bonanzas a los sectores excluidos, y menos aun para protegerlos cuando llegan las vacas flacas.

Pero las evidencian contradicen esa hipótesis. Por ejemplo Angus Deaton estudió la crisis de 2008 en Estados Unidos y encontró que allí aumentaron los casos de alcoholismo, drogadicción y suicidios entre la población blanca no hispana de mediana edad que fue excluida del auge inmobiliario.

Reforma Tributaria.
Reforma Tributaria.  
Foto: Urna de Cristal

En Colombia apenas entramos en la fase de desaceleración y ya se han visto afectadas las condiciones de vida de los más pobres. La incidencia de la pobreza extrema, que había mostrado una tendencia decreciente, aumentó en 60 puntos base entre 2015 y 2016.

Cuando una economía se está expandiendo tiende a emplear a todos sus factores productivos. En el caso del trabajo podría hablarse de niveles cercanos al pleno empleo. Entonces los salarios reales aumentan y disminuyen las tasas de ganancia, los inversionistas revisan sus expectativas y se inicia un proceso de desaceleración donde disminuyen el nivel de empleo y los salarios.

Con el fin de estimular la producción y mitigar las crisis, la financiación del gasto público debe hacerse a través del crédito y no de los impuestos que en último término recaen sobre los salarios, afectan negativamente la demanda y acaban por frenar el crecimiento.

La incidencia de la pobreza extrema, aumentó en 60 puntos base entre 2015 y 2016.

Desde mediados de 2014 la caída sostenida del precio del petróleo ha tenido un efecto negativo sobre los ingresos fiscales de Colombia. En 2016 se necesitaban 34 billones de pesos para cubrir los gastos de la Nación. La solución fue imponer más impuestos, sin tener en cuenta las consecuencias de este hecho sobre el ciclo económico y sin pensar en las consecuencias sociales de esta decisión.

Si se mantiene el patrón del último ciclo económico en Colombia, se esperaría que la contracción llegue a sus niveles máximos a finales del próximo año y volviéramos a ascender al punto de máximo potencial a finales de 2020. Pero la reforma tributaria le apostó a los impuestos indirectos, que afectan principalmente a la demanda de los hogares (que ya venía desacelerándose). En la siguiente gráfica se observan las tasas de expansión  del PIB, del consumo de hogares y del crédito de consumo, que han venido disminuyendo desde junio de 2016. Por eso es de esperar que el aumento tres puntos porcentuales en el  IVA afecten gravemente nuestra recuperación.

Fuente: DANE y cálculos autor.

Estímulo insuficiente

Mientras que la política fiscal altera las decisiones del sector privado sobre las actividades o sectores donde conviene invertir y por lo tanto afecta las tasas de ganancia, la política monetaria no cambia las rentabilidades sectoriales (con excepción, por supuesto, del sector financiero y el ingreso de los ahorradores). Por eso los grupos de presión han insistido para que los bancos centrales se encarguen más y más de regular las economías.

Bajo estas circunstancias, la Junta Directiva del Banco de la República reconoce que la economía se está desacelerando, que el nivel de precios se elevó por efecto del aumento en el IVA, y que el mercado laboral se está deteriorando: “la tasa de desempleo muestra una tendencia ascendente para el total nacional y las trece áreas (…) se observó una desaceleración importante en el empleo asalariado, el número de no asalariados aumentó frente a enero”.

Ante la magnitud del problema, el Banco decidió disminuir la tasa de interés de intervención en 25 puntos base, teniendo siempre presente el cumplimiento de la meta de inflación y anunciando que vendrán más bajas: “se han elevado simultáneamente los riesgos de desaceleración excesiva y de persistencia en la inflación, aumentando la incertidumbre sobre el paso al que se deben realizar reducciones adicionales de las tasas de interés”. 

Banco de la República.
Banco de la República.  
Foto: Wikimedia Commons

Aunque se trata de una medida expansionista, no se espera que el crédito reaccione antes del año entrante (y así lo indica el gráfico anterior), de manera que estas modestas bajas en la tasa de interés no implicarán una aceleración marcada en la tasa de crecimiento ni por lo tanto en el empleo y el ingreso de las familias. Y por el contrario beneficia a los bancos quienes mejoran sus ingresos porque les reduce el costo de fondeo, y aumenta la riqueza de los tenedores de TES debido a la relación inversa entre la tasa de interés y el precio de los bonos.

Crecimiento sin equidad

El crecimiento económico de Colombia no es favorable a la clase asalariada. El empleo que genera es de baja calidad y los salarios se ajustan sobre la base de las metas de inflación del Banco de la República que a veces no se cumplen.

En la siguiente gráfica se observa cómo, independientemente de la fase del ciclo económico, durante los últimos años Colombia ha tenido entre el 42 y el 48 por ciento de su población económicamente activa por fuera del sistema de protección social en pensiones. Además son muy pocas las personas mayores que disfrutan de su jubilación, y el ingreso del 80 por ciento de los pensionados está entre uno y dos salarios mínimos. Estas cifras son  consecuencia de la extendida informalidad y se traducen en bajo ingreso y capacidad de ahorro de los asalariados.

Fuente: DANE y cálculos autor.

Pese a la situación anterior, las administradoras privadas de fondos de pensiones están presionando para que el gobierno elimine el régimen de “prima media”, donde el valor de la mesada pensional depende de la solidaridad generacional y no del rendimiento financiero de los aportes. En cambio el régimen de “ahorro individual” que reclaman las administradoras privadas  deja a su propia suerte a quienes no cumplan los montos mínimos para pensionarse o simplemente raciona las mesadas para cubrir hasta donde alcance el dinero.

El crecimiento económico de Colombia no es favorable a la clase asalariada.

Las decisiones privadas por supuesto buscan su propio beneficio y no aportan mucho en términos de equidad y bienestar para las mayorías. Es el gobierno quien debe utilizar sus herramientas para proteger a la población de las consecuencias de los intereses privados. Y es principalmente a través de los impuestos y del gasto público como el Estado incide  directamente sobre la actividad económica y sobre las condiciones laborales.

El gobierno ha optado por aumentar los impuestos y mantener la austeridad en el gasto,   lo cual tiende a acentuar la fase recesiva. La última reforma tributaria mostró que la política fiscal también puede usarse en contra del bienestar general y el crecimiento económico. El aumento del IVA golpeó fuertemente a las clases populares y no se hizo mucho por atacar la evasión o por eliminar varios beneficios que abundan en el Estatuto Tributario.

En el impuesto al consumo la evasión se acerca a los 2 billones de pesos y la deducción plena del IVA en bienes de capital representa 6,4 billones cada año. De otro lado no tiene sentido hacer devoluciones de IVA a productos exportados que no tengan valor agregado, como el carbón, los minerales y el petróleo crudo.

Haber llegado a una situación donde el 1 por ciento de los colombianos recibe la quinta  parte del ingreso nacional es el producto acumulado de decisiones de política económica que no estaban equivocadas sino que no fueron bienintencionadas. Estas medidas han mostrado la debilidad de un Estado que cede fácilmente ante las presiones de intereses económicos nacionales e internacionales y no reacciona frente al deterioro de las condiciones sociales.

Economista y magister en Matemática Aplicada de la Universidad Nacional de Colombia,  miembro de la Fundación de Investigaciones y Estudios en Economía, Cultura, Ecología y Ambiente (FIECCE). 

twitter1-1@javillamilt

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