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El caso de El Heraldo: poder judicial contra el periodismo

Escrito por Omar Rincón
Omar Rincón

Omar RincónLa justicia en Colombia parece haberse convertido en un instrumento de censura para defenderse a sí misma y a los poderosos, en este caso a costa de los derechos a la información y a la libre expresión.

Omar Rincón*

Palacio de Justicia en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

El caso

La historia dice así: al director del diario El Heraldo, Marco Schwartz, le notificaron una sanción que incluía un arresto de tres días y una multa de tres salarios mínimos, por haber desacatado parcialmente una decisión del Juzgado Sexto Penal del Circuito de Barranquilla con respecto a la rectificación de una información.

Todo comenzó en junio de 2015, cuando El Heraldo publicó una nota sobre una investigación de la Fiscalía relacionada con las supuestas acciones irregulares de varios funcionarios judiciales en un proceso entre el Distrito de Barranquilla y un grupo de pensionados.

Para curarse en salud y aunque no había lugar a una rectificación, El Heraldo publicó una nota con algunas observaciones sobre el tema. Sin embargo, los magistrados Julio Ojito Palma y Jorge Eliécer Cabrera Jiménez del Tribunal de Barranquilla consideraron insuficiente la aclaración e interpusieron una tutela, que les fue concedida.

El periódico publicó entonces una nueva nota aclaratoria donde daba espacio a los magistrados para explicar su participación y expresaba su opinión sobre el proceso. Esta no le gustó a Ojito y compañía y por eso interpusieron otra acción, ahora por desacato, que tiene a Schwartz a punto de ir a la cárcel por tres días.

Andiarios, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y editoriales de El Tiempo y El Espectador han pedido al Tribunal que falle a favor del director del diario por considerar que las rectificaciones ya constan en las tres notas que han salido en las páginas del periódico.

Censura, censura, censura

Sede de la Fiscalía General de la Nación en Bogotá.
Sede de la Fiscalía General de la Nación en Bogotá.
Foto: Observatorio de Transparencia y Anticorrupción

El caso es bastante extraño. Nunca se puso en duda la veracidad de la información publicada por El Heraldo, y esta no puede hacerse porque viene de la misma Fiscalía, que es una fuente oficial. Pero pese que la información proviene del mismo Estado, los magistrados alegan que se trata de un error del periodista y del medio.

El asunto es otro: la tutela del caso fue presentada por Ojito y Cabrera porque consideraron que se les habían vulnerado sus derechos fundamentales al buen nombre y a la honra. Entonces uno diría que Ojito y Cabrera deberían proceder contra la Fiscalía que es la fuente. ¿O no?

En este contexto, el tuit de El Heraldo es lógico: “No nos resignamos a que una noticia fidedigna, que se limita a recoger un comunicado de una institución del Estado, acabe en una orden de arresto”. Parece que la justicia prefiere errar y condenar a inocentes que asumir que se pudo equivocar o sobrepasar en sus fallos.

Nunca se puso en duda la veracidad de la información publicada por El Heraldo.

El editorial de El Espectador lo explica muy bien: “¿En qué ha fallado el periódico con su responsabilidad social? ¿Cuál es, en últimas, la motivación de una decisión que coarta la libre difusión de información cierta?”. La verdad es que hay censura por vía judicial en Colombia.

El abogado Guillermo Puyana, quien está acompañando al director de El Heraldo en el proceso, indica que es “un exceso” haber tenido que hacer tres aclaraciones sobre una nota “neutra” y cuyo contenido “no se ha puesto en tela de juicio”. Hay un exceso de la justicia y de sus justicieros, y ¡huele a censura!

Hay censura porque el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos afirma que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión” y nuestra Constitución lo respalda en su Artículo 20, donde dice que “se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”. 

¿Y los que encarnan la justicia no sabían esto? Pero usan su poder para decidir qué es rectificar y cómo se rectifica. Además se aprovechan de la acción de tutela, que se creó para proteger derechos fundamentales, para rectificar información verdadera.

El abuso está en que además de la acción de tutela se aplique el recurso de desacato. Esto, según la FLIP y todos los organismos de libertad de expresión, es censura indirecta. Y la constitución dice: “No habrá censura”.

Democracia y periodismo

Las implicaciones del caso son grandes para la democracia. La justicia hace rato está juzgando al periodismo basada en sus opiniones y no en el derecho. Y este caso lo comprueba. La justicia se hizo para defender derechos y libertades, pero los jueces en Colombia la usan para defenderse a sí mismos.

A la justicia hay que recordarle que el periodismo tiene como misión fiscalizar al poder; que el buen periodismo es el que molesta al poder, el que no quiere ser amigo del poder, el que se hace respetar del poder. La libertad de expresión es garante de la democracia porque defiende a quien controla los excesos, corrupciones y arrogancias del poder.

Y los poderes que deben ser más vigilados por la prensa y la ciudadanía son el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial porque son poderes públicos que se deben a los ciudadanos. Por eso parte fundamental de la democracia es defender y proteger la libertad de expresión… incluso a pesar del mal periodismo.

En el caso de El Heraldo no se hizo mal periodismo. Se citó la fuente y la fuente fue oficial. No hay falsedad ni se atenta contra derechos fundamentales. Se aclaró, y eso es ya una victoria para la justicia censora. Se les dio voz para que dijeran lo que querían los reyezuelos, y eso ya fue goleada de la justicia censora. Y ahora quieren cárcel: su dignidad sucia quiere lavarse en cuerpo ajeno.

Pero el periodismo seguirá intentando hacerlo bien; seguirá molestando al poder y seguirá exigiendo justicia, así a Ojito y a Cabrera no les guste. Quien tanto se defiende, mucho debe de tener que temer.

¿Y la justicia?

Sede del periódico El Heraldo en Barranquilla.
Sede del periódico El Heraldo en Barranquilla.
Foto: audio-collage

Lo extraordinario es que la justicia puede hacer lo que se le dé la gana porque la democracia (el gobierno del pueblo) le da el papel del dios de las teocracias y de los reyes de la monarquía. La justicia es dios, rey y pueblo. Lo triste es que a los jueces les gusta ser dioses (como al procurador, al fiscal y a los magistrados de las Cortes) y ser reyecitos que viven y comen del pueblo.

Y cuando todo lo hacen mal hay un culpable: el periodismo. Es decir, la culpa es del mensajero. La mentira reina porque viene con intimidación judicial de demanda y cárcel. A la justicia colombiana le encanta un periodismo mascota, ese que le lame, le es útil y celebra a los reyecitos y diositos judiciales.

La justicia lucha contra el periodismo y lleva a que los medios no informen sus mentiras y marrullas a través de la judicialización del oficio y con la creencia de que, si no se informa, el delito no existe.

Los narcos, paras y guerrilleros amedrentan, intimidan, secuestran y matan. Los corruptos persiguen judicialmente y amenazan haciéndose pasar por narcos, paras y guerrilleros. Los políticos mienten, agreden y no responden lo que se les indaga, y ante cualquier acusación afirman que es “persecución política”. Los jueces meten a la cárcel por informar la verdad.

Hay censura por vía judicial en Colombia.

A estas alturas la justicia se ha convertido en el enemigo de la sociedad. Y tal vez más peligroso que la guerrilla y demás bárbaros porque no se quiere reformar. Todo es un despelote y nombrar fiscal o procurador o magistrado es un escándalo.

La corrupción de la justicia se informa en los medios y no pasa nada. Son inmunes e impermeables a la opinión ciudadana y mediática. Solo saben defenderse y cínicamente usar su poder contra quien se les oponga, sobre todo contra el periodismo y contra los pobres.

En este contexto, hacer periodismo de calidad es misión imposible. Por eso Caracol y RCN huyen con el muertico pobre y de calle que da rating y es buen negocio. Ese periodismo vampiro que goza con la sangre de los pobres “en directo”, “en desarrollo” y de “último minuto” no incomoda a dioses y reyes de la justicia y la política. Solo sirve para envenenar pueblo, da rating y no crea problemas. También, para evitar líos con el dios y rey justicia, solo se habla de fútbol y farándula.

El peor enemigo de los periodistas hoy es la justicia. Y por ahora en Colombia, la justicia existe para defender, vigilar y castigar al periodismo. El periodismo de calidad es un pecador y blasfemo contra los diosecitos y reyes judiciales y políticos. Por eso habrá periodismo por siempre. Amén.

 

* Director de la Maestría en Periodismo, Universidad de los Andes, Colombia. orincon61@hotmail.com
@OmarRinconTV

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