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El caso Batuta

Escrito por Germán Páez

Germán Paez​La inesperada salida del director de la Fundación Batuta, uno de los proyectos culturales más exitosos del país, deja en el aire más preguntas que respuestas. ¿Por qué se sacrifica a un buen director en estos momentos?

Germán E. Páez*

Noticia desconcertante

La noche del 18 de febrero se anunció la salida —no sé si mejor decir relevo forzoso o destitución— del presidente ejecutivo de Batuta por decisión del gobierno nacional.

Al día siguiente la ministra de Cultura, Mariana Garcés, expresó a los medios de comunicación que el gobierno reconocía la labor del maestro Juan Antonio Cuéllar Sáenz, pero que no debía mantenerse en el cargo tras cumplir su tercer período, pues  “es necesario en esta etapa de la Fundación contar en la Presidencia Ejecutiva con un perfil con una visión comercial”.

Muchas personas vinculadas con la música y la cultura nos preguntamos qué habría detrás de esta decisión, cuando sabemos que la gestión de Batuta en los últimos seis años ha sido  impecable y ha llevado la institución a su mejor momento.

Esto se supo a través de la carta que la ministra y el director del Departamento para la Prosperidad Social (DPS) habían dirigido a los miembros de la Junta Directiva de Batuta y que se hizo pública gracias a una publicación virtual.

La noticia tomó por sorpresa a todos, incluyendo al maestro Cuéllar, y produjo diversas reacciones. Muchas personas vinculadas con la música y la cultura nos preguntamos qué habría detrás de esta decisión, cuando sabemos que la gestión de Batuta en los últimos seis años ha sido  impecable y ha llevado la institución a su mejor momento.


Presentación de Batuta en Cali.
Foto: Gran Concierto Nacional

¿Quién dirige la orquesta?

Para entender mejor el asunto, recordemos que Batuta se creó como una fundación privada sin ánimo de lucro en 1991 por iniciativa de la primera dama, Ana Milena Muñoz de Gaviria.

Con apoyo del Estado, así como de entidades privadas, Batuta ha estado dedicada a su misión de “cumplir fines de interés público y social, fortalecer e incrementar el disfrute, la práctica y la enseñanza de la música en el país y garantizar su positiva incidencia en el mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos”.

La Fundación Nacional Batuta cuenta con una Junta Directiva compuesta por la primera dama, el ministro o ministra de Cultura, el director del Departamento para la Prosperidad Social (DPS), el secretario distrital de Cultura, Recreación y Deporte, seis representantes del sector privado, un representante de las Organizaciones Departamentales Batuta y el presidente ejecutivo de la Fundación. Esta junta define el plan de acción y elige al presidente ejecutivo.

Así las cosas, es claro que no corresponde a la ministra ni al gobierno nacional decidir unilateralmente sobre la permanencia o no del maestro Cuéllar. La ministra  se ha excedido en sus funciones, pues siendo parte de la junta directiva y habiendo aprobado el plan de la Fundación hasta 2016, ahora desaprueba públicamente la labor cumplida durante los seis años anteriores y se arroga el derecho de no ratificar al maestro Cuéllar sin seguir un debido proceso de evaluación o auditoría.

Cabe entonces preguntarse si este será otro caso donde intereses personales o privados se esconden bajo el manto de las políticas culturales.

¿Motivos válidos?

En la carta a la Junta Directiva la ministra afirma que: “Desde la perspectiva del Gobierno Nacional, la realidad financiera de la Institución es muy preocupante; entre el 2010 y el 2013 los ingresos de Batuta se componen en un 88% para 2010, en 76.58% para 2012 y en 85.53% para 2013 de recursos que provienen de entidades del sector público del nivel central, siendo el mayor aportante el Departamento para la Prosperidad Social”.

Y más adelante: “El programa indudablemente le ha significado grandes satisfacciones al DPS, aunque consideramos que su visibilidad ha sido bastante baja”.

Pero aquí hay una trampa en la manera de presentar la información: Batuta es una entidad privada sin ánimo de lucro que puede gestionar y recibir recursos tanto públicos como privados. Las cifras aportadas por la ministra muestran que la participación gubernamental en el presupuesto de la Fundación es muy alto pero no prueban ni sugieren desaciertos en su gestión, su destinación o en quienes sean sus beneficiarios.

Por el contrario: los aportes estatales corresponden básicamente a convenios con entidades oficiales para proyectos de interés primordial para el gobierno. Por ejemplo, el programa “Música para la Reconciliación” en convenio con el DPS y el “Plan Fronteras para la Prosperidad” con la Cancillería sirven bien a los intereses políticos y diplomáticos del gobierno nacional.

Es claro que no corresponde a la ministra ni al gobierno nacional decidir unilateralmente sobre la permanencia o no del maestro Cuéllar. 

Gracias a ellos los programas de educación musical se presentan también como acciones dirigidas a la población vulnerada por el conflicto  y a los habitantes de las fronteras,  donde se vienen creando Centros Orquestales Binacionales, como es el caso con Ecuador. Esto sin contar los aportes y convenios realizados con alcaldías y gobernaciones a lo largo y ancho del país.

Pero la mayor falacia consiste en pensar que el hecho de que el gobierno nacional sea un gran aportante de la Fundación le da el derecho a desconocer la Junta Directiva de una entidad privada legalmente constituida.

Actuar así —sin transparencia— deja el sabor de que lo menos importante aquí son la cultura y el buen desempeño de la Fundación.


El exdirector de la Fundación Batuta,
Juan Antonio Cuéllar Sáenz.
Foto: Filarmónica Joven de Colombia.

La realidad de Batuta

Durante los 6 años de gestión del maestro Cuéllar, Batuta ha alcanzado un excelente nivel de desarrollo. El Informe de Gestión 2008-2013, titulado Calidad, Visibilidad y Sostenibilidad  presenta varios logros:

El total de beneficiarios del Sistema se acercaba a los 40.000 niños y jóvenes. Se ha duplicado el número de entidades territoriales donde existen orquestas sinfónicas de Batuta, y se ha quintuplicado el número de niños y jóvenes vinculados al programa de formación orquestal sinfónica.

En 2012 y 2013 iniciaron sus actividades tres orquestas icónicas: la Binacional Tricolor Colombia – Ecuador en Ipiales, la Antonio Ricaurte en Villa de Leyva y la Sinfónica Libre de Quibdó. En 2012 se creó la Orquesta Nacional Batuta Ecopetrol, integrada por niños y jóvenes sobresalientes, beneficiarios de la alianza entre Batuta y Ecopetrol en 10 municipios del país.

En 2012 se creó el Programa de Coros de Batuta y se incorporó al programa Música para la Reconciliación en alianza con el DPS. 18.517 niños y jóvenes y 536 adultos se encontraban vinculados a finales de 2013. Durante los últimos cuatro años Batuta realizó cientos de conciertos en todo el territorio, reconocidos por su nivel de calidad musical y de producción.

La Fundación ha recibido reconocimientos como el Premio Iberoamericano a la Excelencia Académica (2009); el premio Colombiano Ejemplar en la categoría de Cultura (Periódico El Colombiano, 2012); el premio Portafolio en la categoría Aporte a la Comunidad (Diario Portafolio, 2013); el Premio Pax Urbis International en la categoría de desarrollo humano integral (Fundación Batuta Caldas, 2013); el reconocimiento del Ministerio de Cultura por su aporte al desarrollo sinfónico del país (2013); y el Chief Executive Program (National Arts Strategies, 2013-2014).

De nuevo queda claro que las afirmaciones de la ministra desconocen una gestión que ha  fortalecido la calidad musical y el crecimiento de los programas de la Fundación en todos los frentes.

¿Botín político en época preelectoral?

¿Por qué todo esto no es visible o no parece suficiente para el gobierno nacional? ¿Acaso estos proyectos no han requerido la gestión de grandes recursos para su realización? ¿Será que no son lo suficientemente visibles?

Actuar así —sin transparencia— deja el sabor de que lo menos importante aquí son la cultura y el buen desempeño de la Fundación.

Si es así, ¿cuál sería la visibilidad que espera el gobierno de uno de los proyectos culturales más sólidos que ha tenido Colombia? ¿Se estará entendiendo por “éxito comercial” que Batuta obtenga más “premios Grammy”, o que alcance récords de ventas de CD, DVD, “mugs” o esferos con el logotipo de la Fundación? ¿Cuál es la “venta” que el gobierno espera de Batuta para ser “más exitosa en términos comerciales”?

Tras la triste “serie de eventos desafortunados” de esta semana faltaría que el cargo de presidente ejecutivo de Batuta se convierta en un botín político apetecible en esta época   preelectoral.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos de la ministra?

*Filósofo y músico

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