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El cartel de los biches

Escrito por Freddy Cante

fredy canteLas propuestas de cambio en la elección presidencial se apoyaron sobre el statu quo, lo que llevó a que el abstencionismo fuera el gran ganador.

Freddy Cante*

Los médicos también se enferman

Para mí, el gran conjunto de los biches incluye no sólo a los verdes (que todavía están muy verdes) sino también al resto de opciones presidenciales que no alcanzaron a madurar lo suficiente para llegar a ser competitivas en la contienda electoral. Hace pocas semanas (antes de que se hubiese constatado la inviabilidad constitucional de una segunda reelección), Uribe ostentaba una ventaja gigantesca frente a un puñado de enanitos que se disputaban las migajas de la poca intención de voto que atraían. El pasado 30 de mayo el casi seguro sucesor de Uribe, quizás otro enano que se paró sobre los hombros de su antecesor, ostentó una enorme ventaja electoral por encima de unos pigmeos de diferentes estaturas.

Los problemas de inacción colectiva, de prisioneros egoístas y miopes que se perjudican mutuamente y terminan colaborando con sus carceleros, no sólo son historietas teóricas, sino también tragicomedias de la vida real. Un cuantioso número de consumidores de literatura y  novelas que serían condenados por muchos intelectuales "serios", han entendido tal problemática de irracionalidad colectiva gracias a series como "El cartel de los sapos". Otros testigos críticos opacamos un tanto la tristeza y la frustración, al ver la tragicomedia que protagonizaron los biches en el prolongado novelón de la contienda electoral.

"La unión hace la fuerza"

Hace casi tres lustros un grupo de compatriotas provenientes de los más disímiles puntos cardinales del conflicto (sindicalistas, guerrilleros, paramilitares, empresarios, estudiantes, etc., sin la presencia de narcotraficantes), liderados por R. Kehane, imaginaron desde sus distintas perspectivas escenarios del país que amaban y odiaban al mismo tiempo. Sus simples ejercicios de prospectiva fueron asombrosa y sospechosamente mucho más certeros e influyentes que las ahora tan demeritadas encuestas y sondeos preelectorales. El país le jugó a la tentativa de negociación mediante iniciativas como el mandato ciudadano por la paz y el gobierno de Pastrana. Después, durante dos períodos consecutivos, le apostó al modelo de "todos a marchar", el cual fue magistralmente protagonizado por Uribe y sus seguidores. En tan entretenido y seminal ejercicio se conjeturó que el modelo autoritario no sería tan exitoso, y que seguramente le sucedería una virtuosa acción colectiva denominada "la unión hace la fuerza".

Infortunadamente se olvidó lo más importante. La gran enseñanza de Kehane es la posibilidad de resolver problemas complejos mediante la participación de todos los actores del conflicto y con el concurso de todos los puntos de vista, sin exclusión, sin sectarismo, sin la maldición de intelectuales iluminados que se sienten poseedores de la única verdad.

La esperanza verde y el liderazgo de Mockus aparecieron hace pocos meses como premonición de que semejante escenario positivo, plural y participativo sería una realidad. El mismo Antanas expresó abierta o soterradamente su intención de concretar ese virtuoso modelo de acción colectiva. Fue consecuente en sus alianzas con otros ex alcaldes. Más allá del juego cooperativo, sospecho que el despliegue de la llamada ola verde fue fruto de la paciente obra de jóvenes gomosos de la Internet, y del contagio mediático ocasionado por "first movers" que manifestaron su favoritismo en la intención de voto por Mockus.

Lo que no conjeturaron o no quisieron expresar los participantes de aquel legendario taller fue la propensión colombiana al cultivo de egos y la tradicional dificultad para el trabajo en equipo. Quizás por una desbordada embriaguez de optimismo o por desconocimiento del país, no se atrevieron a vaticinar las tragedias de la inacción colectiva, que en Colombia afectan por igual a gamines del bajo mundo y a prestigiosos intelectuales y políticos.

Propensión a la estupidez

En el invaluable trabajo de Carlo Cipolla (Allegro ma non troppo, Biblioteca de Bolsillo, Barcelona, 2001), se muestra que la estupidez es uno de los problemas más grandes que aquejan a la humanidad. El autor hace énfasis en que la cifra de gente estúpida no es infinita tan sólo porque el número de seres humanos es finito, y que aún las mentes más privilegiadas padecen de dicho mal: "personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas". Su definición de estupidez la plasmó en una Ley Fundamental (o de Oro) así: "una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas".

Iluminados intelectuales y políticos obraron como estúpidos en los últimos días. En particular Mockus se esforzó por mostrar más lealtad al legado autoritario y de cuestionadas ganancias del uribismo, al endulzar el oído del primer mandatario sugiriendo que, al igual que Santos, él podría cuidar muy bien los tres huevitos: cohesión social, confianza inversionista y seguridad democrática. Lamentablemente, no manifestó la misma apertura espiritual para generar una acción colectiva con opciones más cercanas a sus ideales de anticorrupción.

El tiempo avanzó inclemente y se dejó escapar un momento histórico de gran importancia. Personas como Rafael Pardo, Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro, además de haber mostrado acertadas propuestas programáticas, fueron cruciales para que el país no se hubiese desbordado hacia peores precipicios. No hay que olvidar sus acciones al momento de denunciar las fallas en la ley de justicia y paz, los descarados subsidios de Agro Ingreso Seguro, la parapolítica y los falsos positivos. Con el prestigio que aún le quedaba, Mockus hubiera podido liderar un frente por la decencia y la dignidad, y trabajar para diferenciar más su propuesta frente a la seguridad democrática y la unidad nacional que clamaba Santos.

No obstante, como buenos exponentes de la egolatría y de la inacción colectiva, los diferentes pigmeos trataron de salvar su propuesta individual, aunque la nave del país deambulara desenfrenada hacia corrientes más peligrosas. Y lo peor es que a su manera trataron de aferrarse al rentable cordón umbilical del uribismo. Como bien lo decía un destacado historiador de "la nacho": estas elecciones fueron más aburridas de todas porque, a falta de carácter e imaginación, cada candidato buscó continuar con la propuesta de la seguridad democrática legada por Uribe.

Tan sólo queda el pequeño consuelo de que los más aguzados lectores entenderán que la estupidez puede ser un mal más nocivo que la ilegalidad, y que la falta de moralidad.

El gigante desapercibido

Aunque se pueda calificar como "arma de los débiles" y como forma disimulada y facilista de rebeldía, el abstencionismo fue el gran vencedor. A sabiendas de que dejaron de votar unos quince millones de electores (algo más del 50 por ciento), las cifras de votos del "vencedor" y del segundón en la primera vuelta palidecieron ante tal realidad. Seguramente, por la persistente decepción que causan los políticos, por la monotonía de este purgatorio, y por la ausencia de propuestas auténticamente atrevidas y pertinentes, la sabiduría popular se inclinó todavía más por la abstención en la segunda vuelta. Sin embargo quedará la imponente evidencia del registro histórico, y más de una persona pondrá en duda el significado de nuestra democracia: mientras en los concursos para ocupaciones privadas o públicas, las competencias se pueden declarar desiertas, en nuestra "democracia" un presidente es elegido cuando la mitad o más de la mitad del electorado no acude a las urnas.

*Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Asesor de diferentes instancias del gobierno Distrital. Recientemente ha sido consultor del International Center on Non Violent Conflict. Actualmente es profesor principal de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, e investigador en temas de acción colectiva y movimientos sociales. Correo: documentosong@gmail.com

 

 

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