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El capo, el cartel y el Estado: a propósito de la captura de El Chapo Guzmán

Escrito por Jorge Cadena-Roa

La captura del capo es una prueba de que las capacidades del Estado mexicano se están reconstruyendo y de que ahora es posible que la violencia, la impunidad y el crimen organizado vayan siendo acotados paulatinamente.

Jorge Cadena-Roa*

El Capo más buscado

La detención de Joaquín Guzmán Loera -alias El Chapo- el 22 de febrero en Mazatlán es un duro golpe al Cartel de Sinaloa. Como ha sucedido con otros jefes latinoamericanos de las mafias del narcotráfico, se había convertido en uno de los más buscados en el mundo.

El Chapo (el chaparro) había llegado a ser una figura muy conocida y emblemática del narcotráfico en México. Nació en 1957 en Badiraguato, Sinaloa, en una familia de campesinos pobres, con apenas educación básica. Se había convertido en el capo de una multinacional (se dice que el cartel de Sinaloa tiene operaciones e intereses en más de cincuenta países) y había acumulado una fortuna personal cuantificada en más de mil millones de dólares, suficientes para hacer parte de la lista de Forbes de las personas más ricas del mundo. 

No es la primera vez que está en prisión. En 1993 fue detenido en Guatemala, extraditado a México y condenado a veinte años por delitos contra la salud. Como suele suceder con este tipo de delincuentes, su fuga de la cárcel fue espectacular: faltando poco tiempo para ser  extraditado a Estados Unidos se escapó en un carrito en el que llevaban la ropa sucia a la lavandería. Llevaba siete años en la cárcel de alta seguridad de Jalisco Puente Grande, que desde entonces llaman Puerta grande.

La detención de Joaquín Guzmán Loera -alias El Chapo- el 22 de febrero en Mazatlán es un duro golpe al Cartel de Sinaloa. 

Cuando El Chapo se fugó y retomó las riendas del cartel de Sinaloa, Vicente Fox solo llevaba unas pocas semanas como presidente. Su fuga tuvo un gran impacto mediático, fue incluido en la lista de los más buscados del FBI y las autoridades de todo el mundo estaban detrás de él -a pesar de ser el más buscado se mantuvo prófugo durante trece años-. Se dice que en varias ocasiones las fuerzas federales estuvieron a punto de capturarlo, pero lograba escapar protegido por una compleja organización que incluía a las autoridades –según The Economist, El Chapo gastaba 1,2 billones de dólares anuales en sobornos a las policías- y a que las casas de seguridad donde se alojaba contaban con una red de túneles subterráneos que las comunicaban entre sí y con el drenaje de la ciudad. El Chapo se escapaba como un topo. 

El narcotraficante más buscado del mundo, a quien se atribuye el manejo de la mitad de las drogas que circulan en México y de la cuarta parte de la cocaína que entra a Estados Unidos fue capturado por efectivos de la Marina sin un solo disparo en un modesto condominio en las playas de Mazatlán, Sinaloa. Eso habla bien del trabajo de inteligencia y de la cooperación entre instituciones de seguridad y de justicia  concentradas en la Secretaría de Gobernación desde comienzos del gobierno de Peña Nieto. La Marina sigue siendo la institución más confiable y leal de las fuerzas federales, por encima del Ejército y de la Policía federales. Con la Marina los servicios de inteligencia de  Estados Unidos se sienten más seguros y no reparan en compartirle información de inteligencia. 


Ciudad Juárez, población fronteriza entre México
y Estados Unidos.
Foto: Aidan Wakely-Mulroney

Cartografía de carteles

El cartel de Sinaloa es la más antigua organización de narcotraficantes de México. Es un cartel de “la vieja escuela”, concentrado en el negocio de la producción, distribución y contrabando de marihuana, cocaína y metanfetaminas hacia Estados Unidos. Opera  de forma discreta y no suele involucrar a la población civil en sus acciones violentas. 

Este cartel empezó a actuar de forma más violenta debido a la competencia con carteles de “la nueva escuela,” algunos de los cuales fueron creados expresamente para operar como brazos armados de organizaciones especializadas en el narcotráfico. Es el caso de los Zetas, conformado por desertores del Ejército mexicano que fueron reclutados por el cartel del Golfo para usar sus capacidades y entrenamiento militar de elite. Más adelante los Zetas se independizaron del cartel del Golfo y empezaron a operar por su cuenta.

Los Zetas eran militares, no narcotraficantes. De aquí se deriva su modo de operar basado en la violencia y en la intimidación. Cuando se independizaron comenzaron a incluir entre sus actividades cualquier medio de extracción forzosa de renta, secuestros, extorsión, permisos para operar en los territorios bajo su control, venta de protección, entre otros. Pero además, como la violencia era su especialidad, procuraban que sus asesinatos fueran tan brutales y visibles que llegaran a la prensa e infundieran miedo a la población, a sus competidores y a las fuerzas policíacas y militares que los perseguían. 

Precisamente como reacción ante sus niveles de violencia y explotación de la población en general, algunos Zetas de Michoacán decidieron expulsar a los Zetas provenientes de otros estados, contener sus abusos y crueldad y hacerse de una base social. Así nacieron la Familia Michoacana, primero, y los Caballeros Templarios, después. 

La captura y sus secuelas

El cartel de Sinaloa es la más antigua organización de narcotraficantes de México. Es un cartel de “la vieja escuela”

En este panorama de carteles en competencia es previsible que la detención de El Chapo provoque un repunte de la violencia, por varios motivos: 

Si la línea sucesoria no es clara, se abre una lucha sin tregua entre quienes se sienten con derecho, capacidad, méritos e incondicionales suficientes para encabezarla hasta que uno prevalezca sobre los demás.

Como el territorio controlado por la organización parece quedar a disposición de quien lo quiera tomar, hay enfrentamientos para arrebatarse los despojos.

Se presentan ajustes de cuentas porque se rompen los equilibrios que mantenía el líder caído y por las sospechas de delación. Esto sucedió con la captura de Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo, en 2008. Sus hermanos creyeron que El Chapo había dado a las autoridades la información sobre su localización y en represalia asesinaron a Édgar Guzmán López, su hijo de 22 años.

Los socios del capo caído encargados de lavar el dinero en la economía legal -los narco-empresarios y financieros-, y entre las autoridades gubernamentales -los narco-políticos- y los cuerpos de seguridad pública a su servicio, intentan esconder sus huellas, cortar vínculos que los inculpen y reducir sus pérdidas. 

La competencia no es menor y el número de competidores tampoco. Además de los cuatro ya mencionados -Sinaloa, Zetas, Familia Michoacana y Caballeros Templarios- operan en México otros carteles: el del Pacífico, el del Golfo, el de Juárez, el de los Arellano Félix, el de los Beltrán Leyva y el de Jalisco Nueva Generación. Recientemente han surgido los cárteles del Poniente (en la Comarca Lagunera), La Corona (en Jalisco) y Los Rojos (estado de México y Morelos). Todos ellos quieren una rebanada más grande del pastel.


El Presidente de México, Enrique Peña Nieto.
Foto: Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte

La acción del Estado

En México parece haber un giro en el manejo del Estado y la acción gubernamental está demostrando algunos resultados que se pueden reflejar también en el manejo del problema del narcotráfico.  Contrario a las expectativas, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha demostrado en su primer año una gran capacidad de cabildeo y de negociación con los líderes de los partidos  representados en el Congreso. El resultado ha sido positivo y se han aprobado reformas al sistema de educación pública, a la industria energética estatal, a las telecomunicaciones, al sistema impositivo y financiero y a la organización electoral y política. 

De igual forma, la justicia está obrando en contra de algunos personajes siniestros que  prosperaron al amparo de del Partido de Acción Nacional (PAN) que gobernó al país entre 2000 y 2012. Algunos de ellos han parado en la cárcel, como Elba Esther Gordillo, la líder vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el sindicato más grande del país. Se espera que otros delincuentes le hagan compañía pronto. Hace unas semanas se giró orden de aprensión contra Gastón Azcárraga, empresario que saqueó a Mexicana de Aviación y la llevó a la quiebra y fue intervenida la empresa Oceanografía –contratista de PEMEX- por cuenta de un fraude multimillonario contra Banamex Citigroup;  miembros de la familia política del ex presidente Vicente Fox tendrían intereses en  Oceanografía. 

Este cartel empezó a actuar de forma más violenta debido a la competencia con carteles de “la nueva escuela,” algunos de los cuales fueron creados expresamente para operar como brazos armados de organizaciones especializadas en el narcotráfico.

La violencia asociada con el crimen organizado se disparó durante el sexenio de su sucesor, Felipe Calderón, llegando a unos 70 mil muertos y a un número indeterminado de desplazados. Con cada éxito legislativo y judicial del gobierno del Presidente Peña Nieto se refuerza la idea de que durante los gobiernos panistas algunos de los problemas más graves del país sencillamente empeoraron. 

El PRI está haciendo lo que anteriores jefes del Ejecutivo no pudieron. Un refrán popular dice que “para los toros de Tepehuanes, los caballos de allá mismo” Ese refrán se podría parafrasear como, “para desmontar los lastres del autoritarismo, nadie mejor que quienes lo construyeron.” 

Parece que México empieza a salir del pantano y que se están reconstruyendo y empleando las capacidades del Estado. 

 

* Investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM (http://unam.academia.edu/JorgeCadenaRoa) y Coordinador del Laboratorio de Análisis de Organizaciones y Movimientos Sociales (LAOMS). http://laoms.org 

@cadenaroa

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