El camino de la Paz: Los discursos de Santos y Timochenko - Razón Pública
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El camino de la Paz: Los discursos de Santos y Timochenko

Escrito por Adolfo León Atehortúa
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Adolfo-AtehortuaUn análisis matizado y cuidadoso de los estilos, las palabras, los símbolos y los mensajes, que confirma el acierto de un proceso discreto, la confianza incipiente y hasta una cierta humanización del conflicto, pero también divergencias y tropiezos.

Adolfo Atehortúa

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Santos procuró, ante todo, ilustrar los antecedentes del acuerdo y mostrar la agenda de cinco puntos que empezaría a desarrollarse.    Foto: Presidencia.

El suceso del año

Las declaraciones oficiales del gobierno nacional y de las FARC sobre la firma del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” que ponen punto final a la fase exploratoria e inaugura la fase de negociaciones propiamente dichas — mediante una mesa que iniciará labores en Oslo y operará luego desde La Habana — provocaron una explosión inmediata de noticias y opiniones, como era de suponer:

  • En un solo día — el pasado martes 4 de septiembre — el buscador de Google reportó más de 3.200 registros nacionales al respecto, entre datos sonoros y de imagen originados en los medios.
  • Un día más tarde, la cuenta llegó a 4.552 artículos, sin contar las alusiones que la prensa internacional publicó en el mundo entero, en idiomas distintos del español.
  • Cincuenta horas después de los discursos de Santos y Timochenko, la cuenta había llegado a 5.607 resultados.
  • Y al tercer día, a pesar del declive natural de la noticia, se alcanzó la cifra de 6.028 registros.

Sin duda, ha sido el evento más destacado del año para los colombianos.

Estilos y palabras

El discurso de Santos – en un estilo sobrio y de salón – hizo un fuerte contraste con la alocución de Timochenko: tradicional, retórica y de plaza pública. En sus ejes centrales, también se notó una diferencia de perspectiva:

  • Santos procuró, ante todo, ilustrar los antecedentes del acuerdo y mostrar la agenda de cinco puntos que empezaría a desarrollarse.
  • Timochenko puso en manos de los colombianos la llave de la paz, para que fueran “escuchados” a lo largo del proceso y se movilizaran para detener la guerra.

Un lector desprevenido podría encontrar certezas y expectativas en el discurso de Santos, mientras que la alocución del comandante de las FARC podría haberse leído en otros contextos y en otros momentos, dejando la impresión de que o no conocía en detalle los puntos definitivos del acuerdo o simplemente prefirió no referirse a ellos en la medida en que la apuesta gira en torno a la participación y a la presión popular, sin importar la temática.

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Timochenko puso en manos de los colombianos la llave de la paz, para que fueran “escuchados” a lo largo del proceso y se movilizaran para detener la guerra.

Foto: Telesur

Examinadas las intervenciones a la luz de sus significados, podría entreverse que mientras en el discurso de Santos se identifica con claridad el proceso, su hoja de ruta y el acuerdo mismo, en el caso de las FARC se tiene clara la meta, pero no el camino. En lugar de girar en torno del acuerdo, con la precisión que otorga la fortaleza en la negociación, el laudo de la guerrilla queda a disposición de los colombianos “que salgan a las calles y decidan qué es lo que necesita el país”. Este hecho puede apreciarse también mediante un rápido análisis de las palabras más frecuentes:

  • Los términos más empleados en el discurso de Santos fueron “conflicto” y “paz”, cada uno 17 veces, y “acuerdo”, pronunciado en 15 ocasiones. Aquí se ve coherencia entre la identificación del problema, la alternativa que se busca y el mecanismo para lograrla. 
  • En el discurso de Timochenko la palabra “paz” se utiliza más (21 veces), seguida de Colombia (12 veces); “gobierno” y “guerra” siguen como los términos más empleados, en 8 y 7 ocasiones, respectivamente. La relación deja clara la meta, el actor con el cual se identifican y aquél contra quien se enfrentan, así como la denominación que brindan a la problemática. No se mencionan ni el procedimiento ni las herramientas. Se busca la paz, pero el camino queda a la deriva.

Guardando una prudente distancia y salvando las características diferenciales, puede hallarse cierta semejanza de contenido entre el discurso de Timochenko y la intervención de Pablo Monsanto, comandante de la guerrilla guatemalteca, al reunirse en Costa Rica – el 31 de agosto de 1988 – con la Comisión Nacional de Reconciliación para iniciar el proceso de diálogo definitivo en ese país.

Consciente de su limitada capacidad negociadora para obtener puntos de importancia social, el comandante guerrillero trasladó a las organizaciones de masas y a la movilización popular, “a todos los sectores del país”, la responsabilidad de los acuerdos sobre tan cruciales aspectos, y así se mantuvo hasta el final.

Símbolos e intenciones

Santos apareció caminando sobre una alfombra roja hasta el atril, desde donde pronunció el discurso. A su derecha, los altos mandos militares y de policía, a su izquierda, los ministros. Más próximos al presidente los primeros que los últimos. La cámara de apoyo se ubicó a la derecha y desde ese ángulo se hicieron seis tomas generales, con los uniformados en primer plano. 

Adolfo_Atehortua_paz_presidenteLos términos más empleados en el discurso de Santos fueron “conflicto” y “paz”, cada uno 17 veces, y “acuerdo”, pronunciado en 15 ocasiones.

Foto: Urna de Cristal.

Los mandos militares y de policía aparecieron cuatro veces en relieve, los ministros nunca. Se hizo una toma particular del ministro de Defensa y otra del General Navas. La intención era obvia: se buscó realzar la presencia castrense, mientras que la ministerial recibió menos atención.

Las imágenes previas al discurso de Timoleón Jiménez también venían cargadas de valor simbólico: la bandera de las FARC, Bolívar, Gaitán, Marulanda y Pardo Leal. Una importante diferencia con respecto al Caguán, en donde las imágenes de guerra se exhibían como antesala.

El orador apareció estático, solitario, con la imagen de Manuel Marulanda como telón de fondo. Sin embargo, la efigie del desaparecido jefe histórico de las FARC se encuentra fuera del contexto de la guerra: en pose tranquila, bucólica, con visos románticos, acompañado por una mujer.

Las cámaras de apoyo se ubicaron a ambos lados, pero prevalecieron las tomas desde la izquierda y se utilizaron aproximaciones al rostro en primer plano. Los voceros de las FARC estaban de civil al presentar el video. Marcos Calarcá, quien lo anunció, vestía camisa blanca.

Discreción y humanización

Sin embargo, el hecho más esperanzador se encuentra fuera de los textos y de las cámaras. Lo enunció Santos, no Timochenko: la seriedad demostrada en las conversaciones. El acuerdo es producto de numerosos encuentros y de largas rondas preparatorias durante un año y medio. Participaron delegados de las FARC y del gobierno, facilitadores, funcionarios y jefes de Estado de diferentes países.

A pesar de ello, la información sólo se filtró a la prensa cuando, al parecer, los publicistas gubernamentales consideraron que había llegado el momento de medir la receptividad en la opinión pública. Para esa fecha, ya el acuerdo estaba firmado.

Las FARC no abandonaron su discreción a pesar de la muerte de Alfonso Cano y el gobierno mantuvo su hermetismo asegurando el traslado de los guerrilleros, con la cooperación de gobiernos hermanos.

Para los especialistas en resolución de conflictos, estos hechos concretos permiten construir la confianza entre los negociadores, los acercan, les brindan la oportunidad de identificarse. La discreción, la confidencialidad, el silencio mutuo frente a la importancia de la meta perseguida, dejan traslucir el interés real de ambos grupos de actores, y eso los aproxima.

Otro mensaje importante se encuentra en un párrafo poco mencionado de la alocución de Timochenko. Es el reconocimiento que hace a los soldados, con quienes las FARC combaten “a diario”: hombres entre la “incertidumbre” de la vida y “el miedo a la muerte o la invalidez”.

Para los especialistas en resolución de conflictos, este tipo de expresiones destaca la madurez en los conflictos. Con ellas se reconoce el padecimiento del enemigo que es el propio; se le mira como espejo.

La humanización del conflicto y su culminación son imposibles si no afloran sentimientos y actitudes subjetivas de esta naturaleza en la expresión pública de los actores. A lo anterior se suma la frase más publicitada: la guerrilla llega a la mesa de diálogos “sin rencores ni arrogancias”.

Finalmente, tanto Santos como Timochenko se mostraron conscientes de los errores del pasado y de los peligros que rodean al proceso de parte de enemigos y de “saboteadores”.

Divergencias de fondo

Lo fundamental del acuerdo para el presidente Santos es la plena conciencia de la guerrilla frente a la culminación del conflicto. El documento suscrito lleva ese título y aunque las intervenciones no se sustraen al propósito, dejan entrever ciertas divergencias.Para el gobierno la ruta es clara. Se desarrollará una agenda establecida sobre cinco ejes:

  • En sesiones de trabajo reservadas y directas, se abordará el desarrollo rural junto con las políticas ya planteadas en términos del desarrollo, de la fortaleza de la economía y del Estado.
  • Se discutirán las garantías para el ejercicio de la oposición política y de la participación ciudadana.
  • Tales serán los presupuestos para el final del conflicto armado, que incluye la dejación de las armas y la reintegración de las FARC a la vida civil.
  • Los temas del narcotráfico y de los derechos de las víctimas se conjugarán al final, al definirse la puesta en marcha de lo acordado.

Las FARC no entienden de la misma forma la terminación del conflicto. Si bien suscriben las cláusulas del acuerdo, “detener la guerra” no pasa simplemente por la dejación de armas.

Adolfo_Atehortua_paz_trasladoEl comandante guerrillero trasladó a las organizaciones de masas y a la movilización popular, “a todos los sectores del país”, la responsabilidad de los acuerdos.

Se relaciona más estrechamente con la participación en el acuerdo de “millones de víctimas y afectados por las políticas neoliberales, a quienes corresponde jugar su rol protagónico por una Colombia en paz”. La apuesta de las FARC es abrir “la puerta de la esperanza” para que “los colombianos del montón, los oprimidos y explotados” se pongan de pie y busquen la libertad. Si bien las frases pueden sonar a retórica tradicional o de cajón, contienen preceptos difíciles de doblegar en verdad.

Para las FARC, como se dijo atrás, las decisiones ya no son solo de ellos: apelan al pueblo — en forma abstracta y retórica — del cual se reivindican como voceros… Los días de la negociación serán difíciles.

Primeros tropiezos

Otras contradicciones no parecen insalvables:

  • Exigir la presencia de Simón Trinidad, por ejemplo, puede verse como un acto honroso para la organización, sin desconocer las dificultades de su exigencia. 
  • La continuidad de los combates, por otra parte, se ha advertido en el acuerdo y la posición del gobierno será inmodificable hasta tanto se vislumbre un arreglo definitivo. 
  • Las FARC presionarán por un cese al fuego, pero el gobierno mantendrá la presión militar, porque está convencido de la supremacía de su poder y tiene la convicción de que las derrotas militares empujan la negociación de la guerrilla. 
  • La persistencia de la guerra es, por otro lado, una reivindicación sentida por sectores necesarios para la política gubernamental, en este momento. 
  • La designación del general Enrique Mora Rangel en la mesa de negociaciones, parte también de este supuesto. Aunque cuestionado por su pasado, Mora Rangel, fiel a la tradición militar, defenderá los intereses del agente de poder que lo ha investido y representa a un sector concreto de las Fuerzas Armadas. Lo mismo ocurre con Oscar Naranjo o con Luis Carlos Villegas, respecto de los empresarios e industriales.

La negociación no será fácil, de todos modos. Para los colombianos, el optimismo debe adoptarse con moderación. Se puede ganar y aún por goleada, como el viernes pasado, pero primero hay que saltar a la cancha.

* Decano  de la Facultad de Humanidades, de la Universidad Pedagógica Nacional. Historiador, Doctor en Sociología. Autor de diversas obras en torno a los conflictos en Colombia, entre las cuales sobresale “El poder y la sangre. Las historias de Trujillo, Valle”.

 

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