El año deportivo 2013: grandes triunfos y desigualdad deportiva - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad El año deportivo 2013: grandes triunfos y desigualdad deportiva

El año deportivo 2013: grandes triunfos y desigualdad deportiva

Escrito por Jorge Humberto Ruíz
Balance deportivo

Balance deportivo

Jorge Ruíz

Aunque este año Colombia obtuvo triunfos sin precedentes en deportes como el salto largo o el fútbol de salón, todavía se valoran más los logros conseguidos en disciplinas, como el fútbol o el ciclismo, que gozan de mayor popularidad en el país. ¿Cómo se construyó esta tradición excluyente en el deporte colombiano?

Jorge Humberto Ruiz*

El nacimiento del héroe deportivo

En 1924 Jorge Wills Pradilla, excelso representante de la élite capitalina colombiana, fundó la primera organización deportiva en el país: la Asociación Deportiva Nacional. En aquella época los deportes apenas comenzaban a abandonar sus lugares de gestación inicial -los clubes sociales de Bogotá y Medellín- para encarrilarse en un continuo proceso de popularización y masificación.

Los deportistas, que en un principio simplemente fueron personas de la élite que practicaban deportes como un mecanismo de distinción frente a las demás clases sociales, fueron constituyéndose, durante el proceso de popularización, en personajes con una relativa importancia en la vida pública de las ciudades colombianas.

Esos personajes que ahora pasaban buena parte de su tiempo practicando actividades corporales denominadas “deportes”, comenzaron a representar el valor supremo de la superación individual

La idea de “mejoramiento de la raza” que, junto a la higiene y la pedagogía, fue inicialmente asociada al deporte, permitió que este fuera considerado un instrumento civilizatorio y modernizante, característica que fue transferida a los deportistas bajo la forma del principio central de la modernidad: la superación del individuo.

Esos personajes que ahora pasaban buena parte de su tiempo practicando actividades corporales denominadas “deportes”, comenzaron a representar el valor supremo de la superación individual, y este se asoció directamente con el desarrollo urbanístico, económico y social de las ciudades colombianas.

De este modo, las actuaciones de los deportistas, sus triunfos y derrotas, los hechos memorables derivados del drama, la competición, la belleza de las formas corporales o del dominio de una técnica en particular, pasaron a representar, en el plano de la identidad colectiva, la características socioeconómicas y culturales de cada ciudad. Posteriormente, esta relación se elevó a un nivel de mayor complejidad: la nación.


​Martin Emilio Cochise Rodríguez.
Foto: Wikimedia Commons

El deporte: asunto de Estado

Durante la década de los 30, época en que la República Liberal de Alfonso López Pumarejo buscó construir las bases de una identidad nacional sustentada en aspectos de la cultura popular, los deportistas ya eran depositarios corporales de los sentidos más profundos de la personalidad de la nación.

Previamente se había sancionado la Ley 80 de 1925 (primera en considerar al deporte como un asunto del Estado) y se habían desarrollado los primeros juegos nacionales durante 1928 en la ciudad de Cali.

Este acontecimiento proporcionó la posibilidad del encuentro entre las distintas identidades de las ciudades colombianas. Estas identidades se fusionaron posteriormente con la primera participación de Colombia en unos Juegos Olímpicos, los realizados en Berlín en 1936.

A partir de este momento los deportistas representaron a una nación que buscaba decididamente entrar a la modernidad y que mostraba, a través de los logros de estos, los avances de ese proceso.

En la década de los 40 fue el béisbol el deporte que más representó al país, al conseguirse los títulos mundiales de 1946 y 1947, y fue el pelotero Carlos “Petaca” Rodríguez la figura central de esta época.

Por su parte, el ciclismo fue el símbolo de los años 50, con su máxima figura: Efraín “el Zipa” Forero. Y en pleno furor de la Guerra Fría, la década de los 60 vio el surgimiento de figuras como Bernardo Caraballo en el boxeo, así como la participación de la Selección Colombia en el Mundial de Fútbol de 1962 en Chile.

Los deportistas representaron a una nación que buscaba decididamente entrar a la modernidad y que mostraba, a través de los logros de estos, los avances de ese proceso. 

La década de los 70 nos trajo las primeras medallas olímpicas con los deportes de tiro y boxeo, mientras que Martín Emilio “Cochise” Rodriguez rompía el récord de la hora en ciclismo de pista, convirtiéndose junto al boxeador Antonio Cervantes “Kid Pambelé” en la encarnación del deportista nacional por excelencia.

Por otro lado, si los años 80 representan la internacionalización del deporte colombiano con la llegada del ciclismo a las competiciones europeas y con la seguidilla de títulos mundiales en el boxeo, a partir de la década de los 90 se debilita la relación entre deporte, modernidad y desarrollo nacional.

La mayor puesta en escena de los deportes en los medios de comunicación masivos permitió la creación de mercados globales y transnacionalizados, que difuminaron la imagen del deportista nacional mediante la construcción de una imagen bifronte: una cara del deportista representa a la nación mientras la otra representa a la empresa transnacional patrocinadora.


Nairo Quintana. 
​Foto: nuestrociclismo.com

Desigualdad en los deportes

Las reflexiones anteriores permiten comprender la razón por la cual cada fin de año se realizan recuentos deportivos que resaltan los logros de un país en esta materia, y que ponen a los deportistas al nivel de héroes de la nación a pesar de la creciente globalización deportiva.

La inclusión o no de un hecho deportivo en estos recuentos depende de varios factores:

1) La contundencia del acto deportivo, es decir, el triunfo inobjetable en una disciplina,

2) El sentido histórico y la tradición que tenga un acto deportivo independientemente de su contundencia, y

3) La relación del acto con lo que podría denominarse “mercado deportivo”, es decir, la popularidad de la disciplina deportiva a la que pertenece dicho acto.

De este modo, el año 2013 estuvo marcado por tres grandes hechos deportivos: la medalla de oro de Caterine Ibargüen en los mundiales atletismo, el segundo lugar de Nairo Quintana en el Tour de Francia y la clasificación de la Selección Colombia al Mundial de Fútbol de Brasil.

La contundencia del triunfo de Caterine Ibargüen en la prueba de salto triple riñe con la ausencia de una tradición colombiana en este deporte, ya que se podría decir que es la misma Caterine quien vendría a iniciarla. Por esta razón, su relevancia en el balance deportivo del año se disputa con los otros dos hechos, que aunque no posean la contundencia de este, sí referencian tradiciones deportivas más arraigadas en el país.

Estas tradiciones, que pueden ser mayores en el ciclismo que en el fútbol, son las que definen el sentido histórico de un hecho deportivo. Esto sustenta el importante lugar que ocupan los logros de Nairo Quintana y la Selección Colombia en el resumen deportivo de 2013, pues aunque no constituyen victorias en sí mismos, su significado está marcado por la mezcla entre el arraigo cultural que tienen el fútbol y el ciclismo, y la ausencia reciente de actuaciones importantes en estas disciplinas.

Una cara del deportista representa a la nación mientras la otra representa a la empresa transnacional patrocinadora. 

La popularidad de un deporte o de una prueba específica es el otro factor que incide en los recuentos deportivos. Este factor permite explicar la importancia un poco menor que se le ha otorgado a la actuación de Rigoberto Urán, quien obtuvo el segundo puesto en el Giro de Italia, frente a la de Nairo Quintana.  

El Giro no es tan popular como el Tour de Francia, ya que este último es más televisado, más visto y, por lo tanto, representa mayor flujo de capital, y esta situación le otorga un lugar de mayor jerarquía al logro de Quintana.

Otro ejemplo de esta situación es el título mundial logrado este año por la selección femenina de fútbol de salón. Es curioso observar la forma en que este hecho deportivo, a pesar de su importancia, no fue lo suficientemente valorado por el “país deportivo” ni difundido por los medios de comunicación. Es claro que la modalidad femenina de este deporte no cumple con dos de los factores ya mencionados para su reconocimiento masivo: la tradición y la popularidad.

Este último caso pone sobre la mesa el papel que deben jugar el Estado y los medios de comunicación en la búsqueda de un equilibrio que disminuya las desigualdades existentes entre las disciplinas deportivas, pues estas desigualdades son la que definen que un deporte tenga mayor promoción y, por tanto, mayores logros que otros.

Nosotros mismos, en este artículo, hemos sido víctimas de dicho desequilibrio, ya que hemos nombrados algunos hechos considerados relevantes, pero al mismo tiempo hemos dejado por fuera del análisis acontecimientos como la realización de los Juegos Mundiales en Cali, el primer lugar de la delegación colombiana en los Juegos Bolivarianos, así como las actuaciones en las disciplinas del béisbol, el tiro al arco, el automovilismo y el motociclismo.

Todos estos deportes y sus deportistas tienen la capacidad de representar los imaginarios sobre los que se construye la nación, pero no todos tienen las mismas posibilidades de ser reconocidos y apropiados por ella.

 

*Sociólogo y magíster en Estudios Políticos, autor del libro La política del sport: élites y deporte en la construcción de la nación Colombiana, 1903-1925, miembro de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte –ASCIENDE-.

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Cuando ayudas a Razón Pública


· Apoyas el análisis independiente
· Apoyas el debate con argumentos
· Apoyas la explicación de las noticias
 
Apoya a tu Revista

DONA A RAZÓN PÚBLICA