Eileen Moreno: radiografía de un caso de violencia machista en Colombia - Razón Pública
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Eileen Moreno: radiografía de un caso de violencia machista en Colombia

Escrito por Catalina Ruíz Navarro
Violencias de género.

Catalina RuizCriticar a la víctima y no al agresor, desprestigiar a quien denuncia y no ver el peligro que corren las mujeres, son reacciones frecuentes ante casos de violencia. ¿Cómo pueden las mujeres –y los hombres- reconocer, evitar y combatir esa violencia?

Catalina Ruiz Navarro*

Un caso típico, pero mediático

Durante las últimas semanas hemos asistido a una  conversación nacional sobre la violencia machista que vivimos las mujeres. La causa fue la agresión a la actriz Eileen Moreno por parte de su novio, el también actor Alejandro García, quien le destrozó la cara.

Fue un caso paradigmático de la violencia machista: el tipo le pegó, ella intentó buscar apoyo en su representante y ayuda de la policía, pero ambas le fueron negadas, así que Moreno procedió a denunciar públicamente el hecho.

Desde entonces los medios han cubierto el caso como si se tratara de un reality show, lo cual dice mucho de lo atrasadas que están nuestras discusiones públicas sobre la violencia de género.

Revictimización

La primera reacción general fue de solidaridad con Moreno e indignación contra García. Pero ni siquiera la solidaridad pública estuvo exenta de machismo.

Algunos actores que conocen a Moreno dijeron en sus redes sociales que ellos “sí protegen a las mujeres a su alrededor” y que la violencia de García se explica porque él, como individuo, es un “desgraciado”.

La primera reacción general fue de solidaridad con Moreno e indignación contra García. Pero ni siquiera la solidaridad pública estuvo exenta de machismo.

La primera frase es problemática porque para vivir una vida libre de violencia las mujeres no necesitamos que lleguen nuevos machos a protegernos; necesitamos que se nos respete como personas y ciudadanas, y que la sociedad no refuerce la idea de que somos débiles, indefensas, menores de edad. Por ese camino argumentativo, la mujer que no tenga “quien la proteja” quedaría a merced de la violencia.

Por otro lado, atribuir las acciones de García a un defecto de su personalidad oculta que el problema de la violencia contra las mujeres y niñas es estructural.

Le recomendamos: Micromachismo: un enemigo silencioso de la equidad de género.

También muchos y muchas “bienpensantes” salieron a decir en medios y redes sociales que la solución es que las mujeres denunciemos (¡gracias, no se nos había ocurrido!), y la etiqueta #YoSíDenuncioAMiAgresor se hizo viral. Esta última parece buena idea, pero es un mensaje re-victimizante. ¿Qué pasa con quienes no quieren o no pueden denunciar?

Todo lo anterior demuestra que nuestra sociedad no entiende cómo opera la violencia contra las mujeres. El caso de Moreno es, de hecho, una denuncia fallida: el sistema penal la defraudó y los medios le abrieron los micrófonos a su agresor. Incluso cuando una víctima muestra fotos de su cara destrozada se duda de su testimonio.

Según cifras de Sisma Mujer, en Colombia el 78 por ciento de casos de violencia de género acaban siendo archivados, y el promedio de impunidad en América Latina es del 98 por ciento.

A esto se suman los tipos penales insuficientes, como el de “violencia intrafamiliar”, que obliga a las mujeres víctimas a demandar a sus exparejas —que ya no son familia— tan solo por lesiones personales. Hay que recordar también que la policía es machista, que los jueces y las juezas son machistas, y que todo esto se suma para garantizar la impunidad.

Hashtags como el mencionado ponen injustamente el peso de la defensa sobre las víctimas, y no les exigen al Estado ni al sistema judicial que hagan bien su trabajo, ni a los agresores que cambien su comportamiento.

Puede leer: Feminismo, víctimas e inocencia.

¿Denuncias falsas?

De la manera más ruin, García se ha dedicado a filtrar grabaciones de peleas privadas donde Moreno parece estar ebria. También dijo en La W que ella “fumaba marihuana”. Las grabaciones no tienen valor periodístico y no justifican la agresión, pero sirven para desprestigiar a Moreno, para que no parezca una “buena víctima” y sus denuncias pierdan peso.Cuando una mujer denuncia un caso de violencia de género se enfrenta a un proceso largo, desgastante y costoso que la afectará económicamente y hará mella en su salud física y mental. Si no va acompañado de terapia, este proceso puede crear cuadros de ansiedad y depresión potencialmente peligrosos para su vida y su salud. Además, las denuncias van acompañadas de una intensa  revictimización pública.

Esta es una estrategia sistemática en casos de violencia machista: si las víctimas no son buenas e intachables, la sociedad no las apoya y algunas personas incluso se ponen del lado del agresor. Y como las mujeres somos humanas e imperfectas, las pocas “buenas víctimas” lo son por ser extremadamente jóvenes o por terminar muertas (o ambas, como Yuliana Samboní).

Las víctimas tampoco entran a una relación pensando que van a sufrir violencia machista, así que no están documentando las agresiones desde el comienzo. Pero los agresores, especialmente los reincidentes, perfeccionan sus métodos y buscan incriminar a las víctimas desde el comienzo.

García era quien grababa a Moreno con su celular y le decía cosas como “esto es tu culpa, mira lo que me hiciste hacer”. Es la misma estrategia del congresista liberal Andrés Felipe Villamizar contra su exesposa Verónica Pinto, a quien grabó llorando, descompuesta, y cuando ella lo acusó públicamente de maltrato filtró el video a Semana para desprestigiarla.

Puede leer: Sexo, género e ideología: uso y abuso de los conceptos.

Manifestaciones de apoyo a Eileen a través de Twitter con el #YoSíDenuncioAMiAgresor.
Manifestaciones de apoyo a Eileen a través de Twitter con el #YoSíDenuncioAMiAgresor.
Foto: Twitter

¿Cómo identificar la violencia machista?

En condiciones como estas es comprensible que muchas mujeres no quieran denunciar. Pero también están las que no pueden hacerlo.

Estos cuadros de violencia comienzan mucho antes del primer golpe. Sin embargo, nadie nos enseña a reconocer las señales tempranas de la violencia machista.

Para empezar, la sociedad nos dice a las mujeres que tener una pareja hombre es una especie de logro profesional que define cuán exitosas somos en nuestras vidas, y mientras más presión exista más difícil será que las mujeres se atrevan a dejar a sus agresores. Las mismas personas que hoy dicen cosas como “no se dejen cascar de ningún güevón” exhortan a las mujeres a ser tolerantes con sus parejas y las culpan si las dejan por no haber “cuidado la relación”.

Nuestra sociedad no entiende cómo opera la violencia contra las mujeres.

Pero aunque cada caso de violencia machista es diferente, hay algunas situaciones y comportamientos recurrentes:

  • El noviazgo comienza intensamente y el agresor llena a la mujer de atenciones que se entienden como románticas en nuestro contexto: flores, cenas, viajes, gastos. Parecen hombres devotos y espléndidos.
  • Después el hombre empieza a usar los celos como excusa para controlar y asume actitudes extremadamente sensibles. Cualquier palabra o mirada de la víctima puede desatar su ira, aunque el énfasis siempre será que ella lo provocó.
  • Otra estrategia común es aislar a las mujeres de sus círculos cercanos, ya sea creando distancias con sus amistades y familia o llevándolas a vivir a otro lugar.
  • Luego empieza la dependencia económica y, con ella, un mayor control sobre los movimientos de la víctima.

Durante este proceso hay mucho maltrato psicológico, pues una mujer cuya autoestima ha sido destrozada puede ser más dependiente. Después vienen los golpes, que son apenas la punta del iceberg.

Aquí surge una razón adicional para abstenerse de pedir a las víctimas que denuncien sabiendo que se estrellarán con un sistema judicial que parece garantizar la impunidad: cuando las mujeres intentan dejar a sus agresores o denunciarlos la violencia se escala y muchas veces llega al feminicidio.

Otra práctica equivocada en este caso fue llenar las redes de imágenes de mujeres golpeadas, supuestamente para alertar pero sin tener en cuenta las reacciones de las miles de víctimas que hay en Colombia o sin darse cuenta de que esto les puede dar ideas a los agresores. Inundar las redes con estas imágenes no soluciona nada, pero sí causa miedo y parálisis.

Estrategias

Violencias de género.
Violencia contra Eileen Moreno por parte de su pareja sentimental.
Foto: Instagram @eileenmorenoact

Entonces, ¿qué hacer? No hay una solución única e inmediata pero sí hay algunas medidas que se pueden tomar:

  • Creerles a las mujeres. Al denunciar violencia de género las mujeres se enfrentan a la incompetencia de la justicia y a la revictimización pública, y sus vidas son escudriñadas por los medios. Los costos por denunciar la violencia son muy altos para las víctimas y no está garantizada la condena del agresor. Por eso se estima que en el mundo las denuncias falsas por violencia de género no superan el dos por ciento. Así, al creerles a las mujeres hay una probabilidad de acertar del 98 por ciento.
  • Tener a la mano información legal y psicológica por si una mujer busca nuestra ayuda. No se puede obligar a las víctimas a dejar a sus agresores, pues esto puede ponerlas en peligro, pero sí es posible ayudarles a encontrar herramientas para fortalecerse e iniciar un proceso de separación.
  • Crear redes de apoyo y solidaridad donde las mujeres se sientan seguras y puedan hablar de estos temas. Hablar con nuestras amigas de la violencia que vivimos ayuda a que otras mujeres aprendan a reconocerla en sus vidas.
  • Comprometerse a no tolerar el machismo: ni chistes, ni acoso, ni deshumanización, pero, sobre todo, señalar a los hombres que tengan comportamientos violentos y sexistas. Como muchas de estas expresiones ocurren en espacios donde no hay mujeres, es tarea de los hombres confrontar el machismo de los demás hombres a su alrededor.
  • Exigirles al Estado y a la fuerza pública una perspectiva de género y trabajar para que la violencia contra las mujeres no quede en la impunidad. Un tasa de impunidad del 98 por ciento indica que las mujeres somos ciudadanas de segunda categoría, que no le importamos al Estado y que no estamos seguras ni en nuestras propias casas. Esto se resuelve con políticas integrales que ataquen el problema penal, social y culturalmente, lo cual exige un proceso colectivo de “desaprendizaje” de la violencia.

*Feminista caribe-colombiana, columnista de El Espectador, y editora en jefe de la revista feminista regional Volcánica. Filósofa y artista visual de la Universidad Javeriana con maestría en Literatura de la Universidad de los Andes.

@Catalinapordios

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