Educación para todos: Colombia en el informe de UNESCO - Razón Pública
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Educación para todos: Colombia en el informe de UNESCO

Escrito por Francisco Cajiao
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Francisco_Cajia0Este gobierno y los de Uribe se han dedicado a aumentar la cobertura, pero  la calidad es lamentable y la desigualdad sigue siendo muy aguda. No estamos formando jóvenes capaces de competir.

Francisco Cajiao* 

Educación: ¿para qué?

“Este Informe de Seguimiento de la Educación para Todos (EPT) en el Mundo nos recuerda que la educación no estriba solo en velar por que todos los niños puedan asistir a la escuela. Se trata de preparar a los jóvenes para la vida, dándoles oportunidades de encontrar un trabajo digno, ganarse la vida, contribuir a sus comunidades y sociedades y desarrollar su potencial. A nivel más general, se trata de ayudar a los países a cultivar la fuerza de trabajo que necesitan para crecer en la economía mundial.”

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Educación: se trata de preparar a los jóvenes para la vida, dándoles oportunidades de encontrar un trabajo digno, ganarse la vida, contribuir a sus comunidades y sociedades.
Foto: sanvicentedechucuri-santander.gov.co
 

En otras palabras: ya no es suficiente con escolarizar; hay que ofrecer una educación eficaz, que sirva para la vida. Este es el mensaje central del estudio sobre la educación en el mundo que la UNESCO lanzó el pasado 16 de octubre.

En un mundo globalizado ya no basta con jactarse de que las nuevas generaciones asistan a la escuela, o que logren terminar el bachillerato, o que aumente el promedio de años de estudio, o que la educación sea gratuita. Todo este esfuerzo, inmensamente costoso, no tiene mucho sentido si quienes asisten a la escuela son incapaces de obtener buenos empleos, de desarrollar la ciencia, la tecnología y la cultura, de vincularse a la vida pública, de ser parte de las grandes transformaciones sociales.

Por eso, como subraya el Informe, nunca había sido tan importante volver la mirada sobre las competencias para desempeñar actividades productivas que ayuden tanto al desarrollo individual como a tener un país competitivo. La pregunta es entonces si nuestra educación es eficaz.

Comienzo muy desigual

Aunque el Informe no ahonda mucho sobre cada país, da la impresión de que los resultados de Colombia a partir del año 2000 no son suficientemente satisfactorios. En efecto,

“Los niños de hogares humildes suelen ingresar por vez primera en la escuela más tarde que los demás, por lo general porque viven demasiado lejos de la escuela, porque su salud y su nutrición es peor y/o porque sus padres y madres pueden ser menos conscientes de la importancia de enviar a los niños a la escuela a tiempo.

“En Colombia, en el 42 por ciento de los hogares más pobres se inició la escolaridad con dos años o más de retraso, siendo esta cifra de 11 por ciento en los hogares más acomodados. Ese retraso tiene una incidencia en la capacidad de los niños de terminar el ciclo educativo.” 

“En el tercer grado, las probabilidades de abandonar la escuela en los niños que han ingresado con retraso pueden ser cuatro veces superiores a las de los niños que han ingresado a la edad adecuada.”

El último punto es especialmente grave porque, según muestra la evidencia científica, el tramo decisivo en el desarrollo personal es la educación temprana o inicial, de suerte que la brecha de inequidad aumenta cuando los niños más pobres no comienzan su educación en igualdad de condiciones con los de estratos altos:

  • Colombia sigue ofreciendo servicios de muy baja calidad a los niños y niñas más pobres, quienes por eso no se benefician de la alta tasa de retorno de la inversión en educación preescolar, cuando se basa en modelos adecuados y es ofrecida por personal especializado.
  • Las brechas no solamente se dan entre estratos altos y bajos de las grandes ciudades, sino entre el centro y la periferia: quienes habitan en pequeños municipios y en el sector rural tienen muchas menos posibilidades de éxito en la etapas siguientes de la educación.
  • Todavía se insiste en modelos como los hogares comunitarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), más orientados al cuidado que al desarrollo infantil.
  • En el sector oficial siguen dándose discusiones bizantinas, que aplazan la integración del pre–jardín y el jardín a la educación básica. Estos niveles del preescolar no se financian con cargo al Sistema General de Participación, única forma de asegurar la atención de los niños más pobres y de romper el círculo vicioso se la pobreza.

Por qué desertan los jóvenes

El Informe destaca la brecha que existe entre ricos y pobres en materia de educación:

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En Colombia, en el 42 por ciento de los hogares más pobres se inició la escolaridad con dos años o más de retraso.
Foto: escuelaprecoz.edu.co
 

“Muchos niños y adolescentes que no van a la escuela debido a la pobreza están trabajando en vez de asistir a clases. En 2008, se estimaba que unos 115 millones de niños y jóvenes de entre 5 y 17 años de todo el mundo trabajaban en condiciones peligrosas.”

“Sin la capacidad de adquirir competencias, se encuentran atrapados para toda la vida en empleos mal pagados e inseguros. Las desigualdades entre ricos y pobres tienden a aumentar conforme van creciendo los niños, pues los que pertenecen a medios desfavorecidos se ven cada vez más obligados a contribuir a los ingresos familiares.

“En Colombia y Viet Nam, casi todos los niños van a la escuela primaria. Pero la mayoría de los niños de hogares acomodados llegan hasta el primer ciclo de la enseñanza secundaria, cuando solo unos dos tercios de los de hogares pobres lo consiguen en Viet Nam y aproximadamente la mitad en Colombia.”

Es fácil constatar que las tasas de abandono escolar en Colombia han vuelto a aumentar en los últimos años. Las razones son principalmente dos: necesidad económica, e insatisfacción con lo que ofrece la escuela. Lo primero se refleja en las encuestas de hogares, pues los niños todavía representan una fuente de ingreso para muchas familias colombianas. El segundo factor no aparece en las encuestas pero sin duda pesa mucho sobre la población adolescente: la percepción de inutilidad de una educación poco pertinente, sin perspectivas de acceso a niveles superiores.

Este último fenómeno es más fuerte en municipios pequeños y en el sector rural, donde no existen oportunidades de educación técnica, tecnológica y profesional, porque la educación básica no alcanza los estándares que permitan competir por los escasos cupos de educación superior, y porque el costo de irse a vivir en la ciudad es prohibitivo.

La deserción es un corolario de la desesperanza. La calidad de la educación básica para los pobres es pésima: según la tabla que se anexa al final, en las pruebas PISA para 2009 Colombia ocupó el puesto 60 entre 68 países en matemáticas; y fue el país con la brecha más grande entre los resultados de los niños más ricos y más pobres. 

Avances en cobertura, retrocesos en calidad

El Informe CO para 2012 no tiene el nivel de detalle que se requeriría para sacar conclusiones en relación con el país, pero induce a preguntarse sobre las líneas que se vienen siguiendo en la política pública desde hace más de una década.

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La brecha de inequidad aumenta cuando los niños más pobres no comienzan su educación en igualdad de condiciones con los de estratos altos.
Foto: Fundación Pies Descalzos
 

Es innegable que Colombia ha avanzado de manera notable en la expansión de la cobertura en la educación básica y media y algo ha logrado en la expansión de la educación superior.

También debe reconocerse como un avance significativo el logro en mayores niveles de eficiencia del sistema, los cuales han obedecido a un modelo de financiamiento de la demanda, que se basa en criterios de capitación para distribuir los recursos entre las entidades territoriales.

Estos mecanismos han tenido virtudes indudables, especialmente en el control de los dineros que se transfieren a las regiones, acompañados de pautas y parámetros muy precisos sobre la relación de niños por maestro, cumplimiento de horas efectivas de aprendizaje y nombramiento de maestros por concurso.

Pero, a cambio, se ha sacrificado la capacidad de iniciativa de las entidades territoriales en la búsqueda de soluciones específicas en los contextos locales, la adecuación de infraestructura, la participación efectiva de las comunidades en el diseño de las políticas locales de educación, a adecuación de infraestructura y el impulso de programas y proyectos autónomos de formación para el trabajo y el establecimiento de alternativas de formación técnica laboral en los colegios.

Esta substitución de la iniciativa local por planes y programas cada vez más centralizados termina por generar no solamente desaliento en la búsqueda de soluciones al problema educativo territorial, sino una cierta indiferencia frente a las decenas de planes y programas que les llegan ya contratados desde el nivel central.

Divorcio entre educación y cultura

Seguramente ha llegado el momento de plantearse seriamente una nueva discusión sobre el significado de la descentralización y de su eventual impacto en la transformación de las condiciones de calidad y pertinencia de la educación, con todas las implicaciones que esto tiene en el actual modelo de financiación del sistema.

Si los logros obtenidos en la eficiencia del sistema no se traducen en indicadores que demuestren su eficacia, todos los esfuerzos pueden resultar inútiles, como lo demuestra el muy precario éxito en los esfuerzos por mejorar la calidad dentro del actual paradigma.

En un momento histórico — cuando se discute la posibilidad de terminar el conflicto armado y construir una paz duradera — no puede olvidarse que esta pasa necesariamente por la educación y el fortalecimiento de las comunidades locales como productoras de riqueza y cultura.

En este sentido vale la pena recordar a Tomas Lowy: “Cuando los objetivos políticos se hacen dominantes en la educación, suelen contradecir las culturas que, por naturaleza, son dinámicas, contradictorias, escasamente complacientes con premisas políticas precisas. Los Estados totalitarios pueden resultar un buen ejemplo en ese sentido, pero también muchos sistemas democráticos, en contradicción con su definición teórica… En ese marco se determinan las competencias de la administración estatal, cuyo primer desafío es discernir el posible divorcio entre educación y cultura, buscando su conjunción armónica”

Fuente: OECD, PISA 2009 Database
http://dx.doi.org/10.1787/888932343342

* Filósofo, magister en Economía. Consultor en educación, ex Secretario de Educación de Bogotá y columnista de El Tiempo.

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