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Educación: el segundo tiempo

Escrito por Francisco Cajiao
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Francisco_Cajia0El gobierno se resignó a perder el año. Ministros que no conocen el sector, retrocesos en la descentralización, desafíos que se acumulan, malestar estudiantil…y ratificación de la ministra fracasada, hacen que sigamos a la cola en los rankings internacionales.

Francisco Cajiao

Pasar de agache

La segunda mitad del gobierno Santos comenzó con un dominó de noticias: el cambio de algunos ministros, la ratificación de otros y el anuncio espectacular del inicio de un proceso de negociación con las FARC tendiente a la terminación del conflicto.

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La recomposición del gabinete ministerial: un equipo encargado de construir las condiciones que aclimaten una paz duradera
Foto: Presidencia

Desde luego, esta última noticia opacó la recomposición del gabinete ministerial: un equipo encargado de construir las condiciones que aclimaten una paz duradera, más allá de la negociación y de la terminación de la guerra.

Esto implica fortalecer la acción social del Estado, revisar problemas de tierras, resolver los graves problemas de la salud, acrecentar la oferta de vivienda y, desde luego, garantizar una educación que siembre nuevas esperanzas de progreso y de movilidad social. En otros términos, se trata de atacar los factores objetivos de la violencia, que ahí están a la vista de todos, por más que pretenda ignorárselos.

Mientras estos asuntos ocupaban los titulares, los estudiantes de las universidades y los maestros convocaron a una movilización para el pasado 5 de septiembre, por considerar que no se han cumplido las promesas y los compromisos del gobierno en torno a la reforma universitaria y otros asuntos relacionados con los maestros oficiales. Más aún: se consideran burlados.

En su comunicado rechazaron también la ratificación de la ministra María Fernanda Campo y alertaron sobre el peligro de que los diálogos de paz sean un pretexto para escatimar reivindicaciones fundamentales del sector. Las marchas fueron voluminosas y en su mayoría pacíficas en diversas ciudades, pero apenas han sido mencionadas por los medios.

En manos de cualquiera

En los días siguientes a la renuncia de los ministros, muchos comentaristas aseguraban que un cambio seguro sería en la cartera de educación, pero el presidente decidió ratificar a su ministra.

Francisco_Cajiao_educacion_maestrosLos estudiantes de las universidades y los maestros convocaron a una movilización el pasado 5 de septiembre: consideran que no se han cumplido las promesas
Foto: Oce.

Posiblemente esta decisión resulte sensata si se considera que a estas alturas no es fácil apropiarse de problemas tan complejos como son los ajustes administrativos y presupuestales o los programas para mejorar la calidad, sin mencionar el escenario supremamente complicado de la educación superior.

En el medio educativo circuló la tesis de que “mejor es malo conocido que bueno por conocer”, y que peor sería estrenar un ministro que llegara a descubrir el sector – como ha sucedido reiteradamente a lo largo de décadas. Al fin y al cabo, decían algunos, ya con la ministra Campo se había construido algún nivel de interlocución.

¿Pero por qué un sector tan grande, con tanta gente bien preparada, que ha trajinado toda su vida en la educación básica y superior, no produce administradores públicos de alto nivel, con suficiente vocación y dimensión política como para participar efectivamente en el desarrollo nacional?

Cuando se examina la hoja de vida de la mayor parte de los ministros de educación durante las dos últimas décadas, no se encuentran funcionarios que provengan de la academia, de la vida universitaria, de la rectoría de las grandes y prestigiosas instituciones superiores públicas o privadas, tal como ocurre con otras carteras.

Es como si la educación pudiera ser gerenciada por cualquiera, menos por quienes la conocen en profundidad. Por cualquier político… y generalmente no del más alto calibre. Como mucho, algún tecnócrata con más experiencia en la administración privada que en el mundo de la cultura.

Entonces, ¿cuál es el papel de la educación en la construcción de ciudadanía, en el ejercicio de los altos deberes colectivos, en la capacidad de comprensión de un sector sobre el que descansa la formación intelectual, ética y emocional de una sociedad?

Algo no está funcionando, si quienes lideran universidades, facultades, colegios, academias no son capaces de insertarse en el alto ejercicio de la política para dar sentido a la gestión de su propio sector.

Desde luego, también puede analizarse el problema desde otra perspectiva: si los gobernantes no conocen a nadie del mundo educativo, si no se relacionan con la academia, si no consideran idóneos y cercanos a quienes se mueven en este mundo, entonces algo no funciona en el propio ámbito del ejercicio del poder.

Cuando se habló de cambiar a los ministros de Hacienda, de Salud o de Minas, el sonajero de los medios de comunicación y de los mentideros comenzó a arrojar nombres de personas conocidas y reconocidas para tan altos menesteres. Pero cuando renuncia un ministro de Educación, no suena nadie conocido -y mucho menos reconocido- en este campo.

No es raro entonces que la ministra hubiera sido ratificada.

En reversa

Durante la última década, la descentralización educativa que puso en marcha la Constitución del 91 ha sufrido una profunda regresión, y no faltan razones:

  • La mayoría de las entidades territoriales no fueron capaces de administrar sus recursos de manera eficiente y eficaz.
  • Otros recursos provenientes de regalías se han dilapidado, y parece que entre los administradores locales del sector hay un severo déficit de conocimiento.
  • Con excepciones como Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Barranquilla, da la impresión de que los gobernantes seccionales no conciben nada más que la adquisición de kits escolares o la precaria reparación de colegios. Pero escasean los programas agresivos que marquen una identidad educativa y una clara diferencia en los resultados cualitativos.
  • Además, las entidades territoriales no cuentan con recursos propios para invertir en el sector, de manera que dependen casi en la totalidad de lo que el Ministerio les gira por el Sistema General de Participación (SGP). Es tal el grado de dependencia, que ni siquiera tiene sentido hacer planes sectoriales.

Tareas pendientes

Ante semejante situación, el Ministerio viene avanzando en programas de mejoramiento de la calidad mediante el acompañamiento de maestros en el aula de clase. Aunque habrá que aguardar al resultado de las pruebas escolares para evaluar estos programas, cabe notar que se trata de una apuesta importante pero riesgosa y limitada en su cobertura, pues resulta imposible atender desde el nivel central las muy diferentes características y necesidades regionales.

Francisco_Cajiao_educacion_ministraEstudiantes rechazaron la ratificación de la ministra María Fernanda Campo.
Foto: Wendy Peña.

De igual manera, desde el nivel central se adelanta la depuración de la matrícula para determinar cuántos niños hay efectivamente matriculados. Todo indica que hay mucha matrícula inflada. De ser así, algunos presupuestos territoriales pueden disminuir significativamente y aparecerán sobrantes de maestros, de acuerdo con los parámetros establecidos.

Entre tanto, no se nota ningún esfuerzo importante por fortalecer la autonomía local, con todo lo que ello implica en participación de la comunidad.

El programa de primera infancia es otro desafío pues no acaba de incorporarse al sistema educativo. Lo establecido en la ley 115 de 1994 – que definió tres grados de preescolar formal – fue desmontado posteriormente, y el Sistema General de Participación no dispone de recursos para estos tres niveles.

Adicionalmente los tiempos de permanencia de los niños en los jardines es muy corto y subsiste el debate alrededor de las madres comunitarias y el tipo de atención que dan a los niños, dada su precaria formación académica.

Pero en el ámbito de la Educación Superior se enfrentan las mayores dificultades, debido a las equivocaciones al elaborar un proyecto de ley que debió ser retirado del Congreso, pero que propició un movimiento estudiantil capaz de unir universidades públicas y privadas – al igual que a los docentes y demás trabajadores.

El gobierno prometió que volvería a discutir el proyecto sobre la base de aportes de todos los sectores. Posteriormente se anunció que no habría una nueva ley, sino que se harían ajustes mediante actos administrativos directos.

Ahora la MANE (Masa Amplia Nacional Estudiantil) denuncia que han sido engañados y que de todas maneras presentarán su propuesta, que incluye numerosas demandas muy difíciles – cuando no imposibles- de atender.

Vamos perdiendo el año

Habrá que ver entonces qué ocurre con el sector de la educación durante los dos próximos años. Todo indica que habrá mucha agitación y muchas movilizaciones, pero a cambio no se prevén propuestas que preparen el país para los grandes desafíos del mediano plazo.

Francisco_Cajiao_educacion_movilizacionDurante la última década, la descentralización educativa que puso en marcha la Constitución del 91 ha sufrido una profunda regresión
Foto: Wendy Peña.

Si bien el sector ha ido acumulando algunos logros modestos, está muy lejos de los estándares de un país desarrollado e inclusive del nivel de desarrollo que corresponde a Colombia, de acuerdo con comparaciones internacionales, como el Reporte Global de Competitividad para 2012 – 2013, recién publicado, tal como se observa en el cuadro siguiente:

Fuente: The Global Competitiveness Report 2012–2013. World Economic Forum. Geneva. Switzerland. 2012.
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Como la negociación con los grupos insurgentes ocupará mucho espacio en la agenda pública, es probable que el tema educativo siga posponiéndose y siga marchando a la zaga. Por ahora, vamos perdiendo el año…

 

* Filósofo, magister en Economía. Consultor en educación, ex Secretario de Educación de Bogotá y columnista de El Tiempo.

Fuente: The Global Competitiveness Report 2012–2013. World Economic Forum. Geneva. Switzerland. 2012.Francisco_Cajiao_educacion_competitiveness

Como la negociación con los grupos insurgentes ocupará mucho espacio en la agenda pública, es probable que el tema educativo siga posponiéndose y siga marchando a la zaga. Por ahora, vamos perdiendo el año…

* Filósofo, magister en Economía. Consultor en educación, ex Secretario de Educación de Bogotá y columnista de El Tiempo.

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