“Duqueconomics”: la vieja política económica del nuevo presidente - Razón Pública
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“Duqueconomics”: la vieja política económica del nuevo presidente

Escrito por Álvaro Moreno
Presidente, Iván Duque.

Presidente, Iván Duque.

alvaro moreno Las propuestas económicas de Duque no son ninguna novedad. Son la repetición de viejas hipótesis que han sido defendidas durante décadas –y cuya falsedad está más que demostrada-. Esta es la evidencia para el caso de Colombia. 

  Álvaro Martín Moreno*

Retorno de lo reprimido

El filósofo japonés Kojín Karatani dijo una vez que existen dos versiones de la idea de repetición de la historia: “La primera ocurre al evocar eventos o personas del pasado, en el momento de realizar algo nuevo. La segunda ocurre cuando el pasado es repetido pese a ser olvidado y rechazado. Esta compulsión de repetir lo que no funciona es lo que Freud denomina el retorno de lo reprimido”.

El triunfo del uribismo en las presidenciales fue sin duda un retorno al pasado —es decir, en el sentido propio de la expresión, el regreso de un proyecto reaccionario—. Y a pesar de que el presidente Duque nos exhorta día tras día a “pasar la página”, los ciudadanos no dejamos de sentir una extraña sensación de “retorno de lo reprimido”. En este caso, sin embargo, no se repite un evento o una persona sino algo más estructural: el autodenominado “Estado comunitario” que gobernó entre 2002 y 2010.

Puede leer: El regreso atropellado del uribismo.

Las palabras de Duque hablan por sí mismas: “una nueva generación llega a gobernar con todos y para todos”, “no mas divisiones, pensemos en un país con todos y para todos”. Sin ahorrar en cursilería, dijo también que “quiero ser el presidente que le dé el mismo amor a los que votaron por mí y a los que no lo hicieron o votaron en blanco”. Y, convirtiendo la vida civil en un cuartel, prometió que obrará “como comandante en jefe de todos los colombianos”.

Pero esta idea bonapartista de situar el poder presidencial por encima de las clases e integrar los diversos intereses de grupos y sectores en una sola persona deja varias preguntas sin respuesta, por ejemplo,  

  • ¿Cómo compaginar los intereses de los exportadores y los de los importadores?
  • ¿Cómo integrar los anhelos de los trabajadores y los intereses de los empresarios?
  • ¿Cómo resolver los conflictos entre comunidades y empresas mineras?
  • ¿Cómo cambiar la situación casi feudal de Colombia sin tocar la propiedad terrateniente?
  • ¿Cómo distribuir las cargas entre deudores y acreedores sin perjudicar a nadie?

La austeridad expansionista

Economía.
Economía.
Foto: Urna de Cristal

Según Duque la solución es simple: fomentaremos la fraternidad entre empleados y empleadores. Durante su campaña electoral, el candidato presentó de manera sencilla el mecanismo. Lo primero será reducir la carga tributaria de las empresas, pues, según dijo, en Colombia ellas soportan las tasas más elevadas del mundo. Pero para no agravar el déficit fiscal y aumentar la deuda pública, se necesita racionalizar de manera rigurosa el gasto público, lo cual incluye reducir los gastos de funcionamiento, especialmente en salarios y pensiones. Una vez que se sienta el alivio tributario y mejore la rentabilidad de los negocios, la inversión y el empleo aumentarán y, al mismo tiempo, lo harán los salarios e ingresos de los hogares.

Encuentre en RP: La unidad nacional de Duque: una propuesta legítima pero inquietante.

Este razonamiento que suena convincente, que al mismo tiempo promete el bienestar de los empresarios y los trabadores, de los ricos y de los pobres, que emprendería un circulo virtuoso de optimismo, no es en efecto nada más que el refrito de una vieja teoría especulativa de la década de 1990, que se conoce como la “austeridad expansionista”. En palabras simples, la teoría sostiene que los programas de recorte del gasto público impulsan la inversión, el gasto en consumo y las exportaciones.

Pero como lo han demostrado, por ejemplo, Alberto Botta y Daniele Tori, los efectos de esta política son inciertos y las condiciones para que se cumpla son muy estrictas. Los grandes ajustes presupuestales suelen ser acompañados por recesiones moderadas o profundas, con déficits fiscales a la postre más alto y con señales que tienden a inquietar los mercados, de manera que suben las tasas de interés sobre la deuda pública, mientras que las depreciaciones consiguientes del tipo de cambio no necesariamente aumentan las exportaciones y más bien empeoran la balanza comercial.

Pero esos fracasos repetidos en países con distinto nivel de desarrollo no han sido óbice para que la hipótesis de la “austeridad expansionista”, reformulada sin mucha precisión o análisis, se convirtiera en el eslogan de los asesores más jóvenes y fogosos del presidente Duque.

El pasado no sirve apenas para evocarlo o para repetirlo de manera compulsiva, sino para probar o desvirtuar ideas o prejuicios que se esgrimen con más o menos fundamentos. Por ejemplo, el uribismo acusó a la administración Santos de indisciplina fiscal y desgreño presupuestal, apelando a la metáfora de la “mermelada” para descalificar las iniciativas que en estas materias formuló aquel gobierno.  

En cambio, la exaltación del “presidente eterno” se nutrió de un sinfín de virtudes: las administraciones de Uribe fueron responsables en el manejo de la cosa pública y las “finanzas sanas” fueron su criterio orientador. No extraña pues que el presidente Duque haya adoptado la bandera de austeridad expansionista como eje de su propio proyecto para Colombia.  

Indicadores de lo que viene

Duque repite el estribillo de Uribe: un Estado austero es condición obligada de las economías saludables. Pero una cosa es el discurso y otra es la que revelan los hechos.   Presento dos indicadores para evaluar la sostenibilidad de la política fiscal y la fragilidad de las finanzas del gobierno nacional.

1. El indicador de fragilidad financiera de Fernando Ferrari-Filho y otros se define  como la razón entre (a) el superávit o déficit corriente del gobierno (diferencia entre ingresos totales y gasto corriente —sin incluir intereses—),  y (b) los intereses y  amortizaciones de la deuda externa e interna. Si este indicador es mayor que 1, se dice que la situación es de cobertura (los ingresos netos permiten cubrir las obligaciones financieras); si el valor es menor que 1 se habla de situación especulativa (los ingresos netos solo cubren intereses); y si es menor que 0 la situación es de tipo Ponzi (los intereses y amortizaciones tienen que cubrir con nuevo endeudamiento). La Gráfica 1 muestra el comportamiento de este indicador en los últimos años.

Gráfica 1. Indicador de fragilidad financiera del gobierno central nacional

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Fuente: Banco de la Republica, Ministerio de Hacienda. Cálculos propios.

Pero viene lo más interesante: al final de ambos períodos de ocho años, el indicador de fragilidad se desploma y vuelve a estar en la difícil situación de Ponzi; para decirlo en castellano, el que sale del gobierno deja un hueco que no se puede tapar sino agrandando el hueco, y el que sigue primero achica el hueco que volverá a agrandar antes de despedirse. Es el ciclo político o por mejor decir, el ciclo del oportunismo irresponsable.   Como se ve, no existen diferencias importantes en los patrones del indicador de fragilidad financiera entre los dos períodos de Uribe y los períodos de Santos: el promedio para los ocho años es de -0,04 para ambos mandatarios. El indicador mejora al comienzo del primer período de ambos mandatarios, pasando de una situación Ponzi a una especulativa durante un par de años.

El patrón se repite durante 16 años, o sea que ni Uribe ni Santos obedecieron al principio de “finanzas sanas”. Y esto arroja algunas sombras sobre la credibilidad de los anuncios del presidente Duque respecto de su “austeridad expansiva”.

Cargas tributarias.
Cargas tributarias.     
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

2. El sano escepticismo aumenta con el indicador de sostenibilidad fiscal de Luigi Pasinetti. Este es un indicador que se utiliza para evitar los excesos de endeudamiento y cuya formulación matemática no es necesario detallar aquí; el índice establece si la capacidad de pago del gobierno en función del crecimiento proyectado del producto nacional es o no es suficiente para servir la deuda, y concluye diciendo si la deuda es “sostenible” o no lo es. La Gráfica 2 presenta el comportamiento de este indicador en los últimos lustros; en pocas palabras, si la línea negra está por encima de la roja, la política fiscal no es sostenible.

Gráfica 2. Sostenibilidad fiscal del gobierno central nacional

Sostenibilidad-fiscal.jpg - 36.20 kB

Fuente: Banco de la Republica, Ministerio de Hacienda. Cálculos propios.

La política fiscal fue sostenible entre 2005 y 2009 (gobiernos de Uribe) durante varios años del primer período de Uribe y durante un par de años del gobierno Santos (2012, 2013). Pero al final del segundo período de los dos mandatarios el indicador pasó a ser insostenible. Ambos presidentes aumentaron el gasto público al final de sus segundos períodos y con el fin oportunista de ayudar a elegir a un sucesor de su confianza. Por eso bien puede ocurrir que el gobierno Duque comience por reducir el déficit fiscal y recuperar la sostenibilidad de las finanzas públicas, pero al final se aleje del eslogan de las “finanzas sanas” y acuda de nuevo al déficit.

Le recomendamos:  El primer gran reto para Iván Duque: repartir la torta.

En este punto valdría citar el epitafio que Nicolas Kaldor, el padrino de algunas de las “leyes” que sustentan la teoría económica moderna, le endilgo al gobierno de Margaret Thatcher: “Este gobierno me recuerda a Tácito, quién escribió que los romanos habían creado un desierto al que llamaron estabilidad cuando invadieron lo que hoy es Gran Bretaña (en el año 43 de nuestra era)”.

* Profesor asociado de la Universidad Nacional y profesor investigador de la Universidad Externado de Colombia.

 

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