Doscientos años de la Carta de Jamaica - Razón Pública
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Doscientos años de la Carta de Jamaica

Escrito por Giovanni Molano
Retrato de Simón Bolívar por José Gil de Castro, 1828.

Retrato de Simón Bolívar por José Gil de Castro, 1828.

Giovanni MolanoEl Bicentenario de uno de los documentos más importantes de Simón Bolívar fue festejado en algunos contextos y simplemente ignorado en medios e instancias oficiales ¿Cuál es la importancia de este texto y por qué sus propuestas siguen vigentes?

Giovanni Molano Cruz*

Un poderoso documento político

La Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla, suscrita por Simón Bolívar en Kingston el 6 de septiembre de 1815 y dirigida a Henry Cullen, conocida como la “Carta de Jamaica”, es quizás uno de los documentos más comentados y trajinados de El Libertador.

Sin embargo, en Colombia su Bicentenario pasó desapercibido tanto en grandes rotativas y páginas digitales como en las altas esferas político-institucionales, con apenas algunas    excepciones.

La conmemoración del documento ha estado reducida a unos pocos espacios académicos, un par de columnas de opinión y a algunos círculos políticos, que han coincidido en calificarlo como un texto profético.

Con este mismo énfasis se ha leído en el ámbito latinoamericano, en donde Venezuela se destaca por su ímpetu de vincular directamente la celebración de los 200 años de la Carta con la construcción y el mantenimiento de un proyecto político.

No obstante, Bolívar era un genial político y militar, pero no un profeta. Comprender la actualidad de su carta exige conocer los confines históricos del texto y evitar lecturas apologéticas.

Comprender la actualidad de su carta exige conocer los confines históricos del texto y evitar lecturas apologéticas.

Ciertamente, la riqueza temática, analítica e informativa del documento ofrece diversas perspectivas de interpretación. Además de exponer las causas y la justificación de la guerra de independencia, lanzar a Europa un llamado para apoyar la emancipación de las colonias españolas y destacar la originalidad de nuestro mestizaje, en la Carta de Jamaica Bolívar precisa la situación social y política de toda la América hispana.

En ella expresa su deseo por la unión y, con un amplio conocimiento de hechos y  circunstancias, se atreve a delinear un panorama de tintes oscuros sobre eventuales acontecimientos y procesos de unas naciones que por entonces eran virtuales. Se trata de un denso documento político producido en una singular coyuntura histórica.

El contexto histórico

Batalla de Junín, 1824. Óleo que retrata al libertador en una de sus campañas militares.
Batalla de Junín, 1824. Óleo que retrata al libertador en una de sus campañas militares.
Foto: Wikimedia Commons

Aunque derrotado y desterrado tras su fallida campaña militar en marzo de 1815 en la costa atlántica colombiana, en la Carta de Jamaica Bolívar consigna sus ideas y temores sobre la formación social y la organización pública de las que serán nuevas naciones.

Expone su convicción por crear repúblicas liberales y constitucionales, pero también apunta a la pasividad política de sus congéneres, los criollos, a quienes señala de carecer de los talentos y virtudes que encuentra en “nuestros hermanos del norte”: Estados Unidos.

En su carta Bolívar no habla para la eternidad. Su documento es la consignación por escrito de unos planes y unas reflexiones puntuales que pueden cambiar. De hecho, años después, su práctica y argumentos acerca de la organización del estado serán matizados a propósito de la creación de Colombia y el proyecto constitucional para Bolivia.

Asi mismo cambiará su percepción del papel de Estados Unidos ante las nacientes repúblicas que se están gestando al sur del río Bravo. Pero estas variaciones pueden resultar poco sorprendentes si consideramos que los matices y los cambios son propios del político, no del iluminado.

En cuanto a la dimensión externa, tras la restauración del absolutismo de Fernando VII en España (22 de marzo de 1814) y la consecuente llegada de Pablo Morillo a Venezuela (7 de abril de 1815), en su misiva desde Kingston El Libertador insiste en continuar la lucha según su informada lectura del contexto geopolítico global y en procura del objetivo de autonomía política para la región.

Bolívar, quien desde su llegada a Jamaica en mayo de 1815 buscó financiación para ir a Londres a promover los procesos independentistas, espera que su carta y sus demandas de cooperación y apoyo al movimiento emancipador lleguen a Inglaterra, la nación más poderosa del siglo XIX.

Igualmente, su deseo de unidad de la América meridional está inscrito en su argumentación de la doble necesidad de posicionar la región en el escenario mundial y luchar contra la expansión del absolutismo monárquico que ya se vislumbraba en los preparativos adelantados para la firma entre Rusia, Prusia y Austria, de los acuerdos de la Santa Alianza (26 de septiembre 1815).

Sin embargo, a su pregón por la unidad regional le sigue una advertencia sobre la imposibilidad de dicha unión debido a poderosos factores: geografía e intereses opuestos de las élites políticas, sumados a los caracteres diferentes de sus proyectos.

La valoración política

Si bien como documento político la Carta de Jamaica responde a unas necesidades concretas de los procesos de independencia americanos en un mundo atravesado por las tensiones y alineamientos que siguen a la derrota, encarcelamiento y destierro de Napoleón en Santa Elena (15 de julio de 1815), su difusión en el siglo XIX fue muy pobre.

Únicamente disfrutó de dos publicaciones en inglés (1818 y 1825) y una en español (1833), que no permiten inferir que en ese momento sus reflexiones, propósitos y argumentos hayan sido ampliamente difundidos o discutidos.

La valoración política de la Carta de Jamaica y su amplía circulación tomaron impulso con su sesquicentenario, en 1965, para acelerarse con ocasión del Bicentenario del nacimiento de Bolívar, en 1983, y catapultarse en los albores del siglo XXI.

El secretario general de la OEA invocó “el espíritu de la Carta de Jamaica” para solucionar la crisis en la frontera colombo-venezolana

La proliferación contemporánea de apreciaciones positivas e interpretaciones que le adjudican al documento incontrovertibles predicciones tiene su correlato en el culto a Bolívar que han forjado tanto la derecha como la izquierda.

Porque muchos de los postulados de la Carta no han llegado a realizarse, estos se mantienen como objetivos políticos válidos. Incluso cabe la apreciación de que la celebración de los 200 años de la Carta de Jamaica es la coda del Bicentenario de la Independencia, que estuvo fuertemente determinado por nacionalismos y por la ausencia de registros subcontinentales o regionales, e incluso binacionales.

Más allá de los debates en torno al documento icónico, la Carta de Jamaica tiene el mérito de que nunca antes habían sido tratados por escrito, de manera coherente y argumentada, temas cardinales que aún rondan el devenir de América Latina y el Caribe: autonomía política en el espacio mundial, integración regional, consolidación efectiva de nuestros países como repúblicas constitucionales y el heterogéneo tejido cultural que nos identifica. 

La cuestión de la unidad latinoamericana

Altar de la Patria en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta.
Altar de la Patria en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta.
Foto:  Wikimedia Commons

Entre esos temas tal vez sea la unidad latinoamericana el asunto más traído a colación en opiniones y eventos que rondan el Bicentenario de la Carta de Jamaica. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) incluye el documento en sus antecedentes históricos, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) realizó en su sede de Quito un acto conmemorativo del documento, y el secretario general de la OEA invocó “el espíritu de la Carta de Jamaica” para solucionar la crisis en la frontera colombo-venezolana

La Carta de Jamaica está empotrada en el pensamiento latinoamericano que aboga por la unión regional, y la celebración de su Bicentenario permite preguntarse por el movimiento de integración latinoamericano en el espacio mundial contemporáneo. Pero, una vez más, conviene evitar el tono laudatorio y procurar la comprensión del fenómeno.

Hoy coexisten múltiples organizaciones regionales con proyectos superpuestos que dificultan la caracterización y aprehensión de la integración latinoamericana. Para algunos se trata de un período de integración “posliberal” que abandona la economía y enfatiza la acción política. Para otros, estamos en un momento “post-hegemónico”, al neoliberalismo y la prepotencia estadounidense. Mientras otros consideran que la época señala un agotamiento del potencial unionista; y algunos más argumentan que en Latinoamérica la integración está fragmentada.

Si es evidente la complejidad de la unidad latinoamericana, también lo es que 200 años después de la Carta de Jamaica el fenómeno es dinámico y equívoco. De ello puede dar cuenta la reunión entre Maduro y Santos en Quito, bajo los auspicios de las presidencias pro tempore de Unasur y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la organización que por primera vez reúne al conjunto de países latinoamericanos y caribeños.

* Profesor en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.

 

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