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Diez lecturas recomendadas para el 2021

Escrito por Esteban Guerra Upegui

Estas son algunas recomendaciones literarias para conocer otras realidades, entender a las personas y vivir las ciudades de forma diferente.

Esteban Guerra Upegui*

Vidas y literatura

El 2020 fue un año convulso. Gracias al comienzo de la pandemia fue posible regresar a literatura con mayor entusiasmo. De estas lecturas quedaron diez libros imprescindibles que abordan la vida de distintas formas.

El arte sirve para entender la realidad. El país enfrenta uno de los momentos más críticos de la pandemia. Aunque se eliminaron algunas restricciones, aun no se tiene certeza sobre cómo será el proceso de vacunación ni sobre la efectividad de la vacuna. Las UCI siguen llenas. En la medida de lo posible, hay que quedarse en casa y encontrar consuelo en el arte, particularmente en la literatura.

La lectura es una forma de analizar, comprender y descubrir puntos de vista distintos y realidades desconocidas. Ahora mismo es importante entender que únicamente trabajando en conjunto podremos superar los retos actuales. Para eso hay que comprender las dificultades que atraviesan las personas, y la mejor manera de hacer esto es mediante la literatura.

Un ejemplo lo ofrece “Las malas” de Camila Sosa Villada. Este texto relata la historia de una mujer trans que llegó a Córdoba, Argentina, para estudiar en la universidad.

“Podría reconocerlo en cualquier lugar del mundo: su dulzura cambia el aire, convierte el oxígeno en vectores de ternura”.

En la narración se mezclan el rechazo de un padre, los augurios de una muerte temprana por obedecer a sus sentimientos, los primeros encuentros sexuales, la soledad y el descubrimiento de una red de prostitutas y de amigas que trabajan y se ayudan a soportar la vida.

Leer a Villada permite entender la violencia contra los cuerpos, contra aquello que es diferente. Al mismo tiempo, exhibe los soplos de vida en los resquicios de tanta crueldad, en los Ojos del Brillo de los ojos. Es una lectura que te parte en dos, brillante y conmovedora, que borra los límites entre la no ficción y la ficción, si tales límites existen, y defiende la escritura como refugio.

“Podría reconocerlo en cualquier lugar del mundo: su dulzura cambia el aire, convierte el oxígeno en vectores de ternura”.

De forma similar, “Donde nadie me espere” de la escritora colombiana Piedad Bonnett explora el interior de Gabriel, un profesor universitario que en medio de su enfermedad mental se entrega a la calle. Un linyera cuya errancia le permite preguntarse por la escritura, los vínculos personales y el sentido de la vida, para concluir que “a veces, el precio de la libertad es el desamparo”.

Otro ejemplo es “Sólo la noche”, la primera novela del estadounidense John Williams. La novela fue publicada en español en 2019, aunque apareció por primera vez en 1948. Este texto narra la vida de Arthur Maxley, un hombre solitario que recibe una carta de su padre y debe decidir si enfrenta los traumas del pasado, arriesgándose a reabrir viejas heridas, pero con la posibilidad de sanar.

El texto abre con un epígrafe del poeta inglés A. E. Housman: “Oh, no tengas miedo, hombre, no hay nada que temer/ No mires a los lados/ En el camino interminable que tienes por delante/ Queda solo la noche”.

En su texto, Williams se pregunta sobre el significado de la vida y de la realidad, permitiendo recordar la pregunta sobre si estamos dormidos o despiertos.

Las relaciones familiares marcan la vida de muchos, entre ellos la del escritor y periodista argentino Jorge Barón Biza. En “El desierto y su semilla” Biza narra su tragedia familiar. Esta novela se público por primera vez en 1998 y es un relato brutal sobre el ataque de ácido de su padre a su madre y sobre los días que pasó en el hospital.

Asimismo es una exploración anatómica de la vida y la naturaleza de los cuerpos, una conversación con los muertos, una exploración de los vínculos y un intento de comprender los tránsitos insondables del tedio, el asombro, el odio y el amor. Aquí la mesura esta alejada del arte narrativo: “Hay que ofrecer, para que la Naturaleza pueda restaurar”.

Finalmente, otro texto que invita a comprender la vida de los otros es “Somos luces abismales” de Carolina Sanín. Este escrito difícil de clasificar tiene las características propias del ensayo narrativo, pero también de la literatura del yo.

Características como las asociaciones libres y la rapidez en su escritura pueden interpretarse de muchas formas. Discutí sobre este aspecto con un amigo, quien desconfiaba de estos puntos en donde yo encontraba la riqueza narrativa.

“Los animales nos hacemos visibles en el desamparo: somos luces abismales”.

Esos elementos son justamente los que muestran la capacidad de Sanín para encontrar puentes narrativos, crear nuevos sentidos y presentar al mundo de otra manera. Por si fuera poco, algunos textos están compuestos en versos y revelan la intención poética de la autora: Beleza não tem fim.

Foto: Alcaldía de Bogotá “Una soledad demasiado ruidosa” es un excelente compañero para estos tiempos de confinamiento.

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Literatura y política

Además de establecer puentes entre las personas que hagan posible el diálogo y la comprensión, la literatura puede representar armazones sociales de gran envergadura y destacar las dificultades que atraviesan la vida.

Por ejemplo, “La rebelión de los oficios inútiles” de Daniel Ferreira describe el conflicto armado colombiano. En el libro se dice: “Trato de entender mi vida a través de la vida de los demás. Como ves, aquí no estoy sola. Tengo las palabras”.

La novela narra la historia de una líder social, un hacendado arruinado y ebrio que contempla las ruinas de su poder y un periodista con el espíritu militante de su profesión.

Otro texto que invita a comprender la vida de los otros es “Somos luces abismales” de Carolina Sanín.

Ferreira desarrolla una prosa osada, un estilo intrépido (en el primer capítulo no usa puntos seguidos) que entrecruza las historias de los personajes de manera trágica, pero con una belleza sin igual. Este libro es “un golpe a la mandíbula”, como decía Arlt sobre los buenos libros. Es una historia sin contemplaciones, directa y sensible.

En esta misma línea, “Purgatorio” del poeta chileno Raúl Zurita es el reconocimiento de la crueldad que los hombres causaron sobre la tierra, sobre los paisajes. Al mismo tiempo, es la reivindicación del paisaje y del desierto como merecedores de belleza. Este poemario refleja las experiencias del poeta durante la dictadura en chile:

“Hasta que finalmente no haya cielo sino Desierto de Atacama y todos veamos entonces nuestras propias pampas fosforescentes carajas encumbrándose en el horizonte”.

Un último ejemplo de este fenómeno es la novela “Una soledad demasiado ruidosa” de Bohumil Hrabal publicada originalmente en 1977 en una edición clandestina prohibida por el régimen soviético.

Esta novela describe la vida de Hanta, un personaje delirante que trabaja desde hace 35 años en el subsuelo de Praga triturando libros y papel viejo. En medio de sus delirios y alucinaciones, Hanta reflexiona sobre la censura de los libros, el pensamiento y la cultura. Esta obra es una oda a la literatura en medio del oscurantismo de la política en sus expresiones más atroces y obtusas:

“Todo lo que he visto en este mundo está animado simultáneamente por un movimiento de vaivén, todo avanza y retrocede”.

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Textos de ciudad

Una de las experiencias más valiosas que se perdieron debido a la pandemia fue la vida en la ciudad: el ruido de los carros, el encuentro con las personas, la vida nocturna, deambular por las calles, etc.

Estos temas son justamente los que trata “Apegos feroces” de Vivían Gornick, un libro transformador. Gornick posee una voz singular que cambia la experiencia de vivir y caminar por la ciudad, de leer las relaciones filiales que a veces son una cárcel, pero tienen casi siempre algo de entrañable. Ella es una maestra del personal narrativo. Espero que su lectura me acompañe y me ilumine siempre:

“-Dime una cosa -dice-, ¿Maddy es eso que se llama homosexual?
-Sí –contestó.
-¿Y qué hacen los homosexuales? -pregunta.
-Pues lo mismo que tú, mamá.
-¿A qué te refieres?
-Follan igual que tú.
-¿Y cómo lo hacen? ¿Por dónde?
-Por el culo.
-Eso debe doler.
-A veces sí, pero la mayoría de veces no
-¿Y se casan? -me dice riéndose.
-Algunos sí, pero la mayoría no.
-¿Y se sienten solos?
-Tan solos como nosotras, mamá.”

Por estos tiempos, resulta imposible no sentirse perdido en algún momento. La última recomendación trata sobre este sentimiento. “Una guía sobre el arte de perderse” de Rebecca Solnit es un ensayo narrativo sobre la importancia de perderse. ¿Hay algo más poético que eso?

Solnit crea un viaje que recorre desde los colonizadores que se perdían buscando tierras donde asentarse, exploradores que se adentraban en el bosque profundo (quizás incluso con la esperanza de perderse), hasta la pérdida de las identidades, los cambios profundos que producen los amores que vienen y van y los paisajes que irrumpen.

“Perderse es estar enteramente presente”. Y la voz de Solnit es un canto que te desplaza entre las líneas con un encanto inigualable. “Anhelo, decimos, porque el deseo está hecho de infinitas distancias”.

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