
Dictaduras y territorios en disputa
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El pasado domingo 25 de mayo el régimen de Nicolas Maduro convocó elecciones para elegir 569 cargos regionales y parlamentarios en Venezuela. En unas elecciones fuertemente cuestionadas por una parte de la comunidad internacional, con una oposición dividida entre participar o no, sufriendo altos niveles de represión y con una abstención igualmente alta, un tema que también llamó la atención fue que el régimen incluyó dentro de los cargos a elegir a 16 autoridades del Esequibo, un territorio en disputa con su vecino Guyana, quien de hecho lo controla de facto.
El Consejo Nacional Electoral controlado por el régimen dio como ganador al almirante chavista Neil Villamizar con 4.720 votos, lo que corresponde al 97,4 % del total de la votación. Al no tener control territorial efectivo sobre la zona en disputa -pues como lo señalamos es administrada por Guyana- el régimen de Maduro realizó las elecciones en el municipio fronterizo de Sifontes ubicado en el estado Bolívar, muy cerca de la frontera con el Esequibo. Esto lo hizo incluso en contravía de los llamados emitidos por la Comunidad de Estados del Caribe (CARICOM) y el Tribunal Internacional de la Haya -quien lleva el diferendo limítrofe entre Venezuela y Guyana- en el sentido de abstenerse de realizar estas elecciones
Pese a que el reclamo venezolano sobre el Esequibo –territorio muy rico en recursos naturales por cierto- no es para nada nuevo ni se lo inventó el chavismo, siendo uno de los pocos consensos entre gobierno y oposición, sí es un tema que el régimen de Maduro ha desempolvado en los últimos años e instrumentalizado con fuerza, como lo demuestra el referéndum de 2023 en el que el régimen de Maduro aprobó la creación del estado Guyana Esequiba y la posterior convocatoria a elegir sus autoridades el pasado domingo 25 de mayo.
Pero no es extraño que las dictaduras en ocasiones revivan, agraven o generen conflictos con los vecinos, con el propósito de obtener más apoyo popular moviendo las fibras del nacionalismo. En algunos casos el tiro les ha salido por la culata, pues lo que al inicio significaba algún grado de apoyo popular, puede terminar con graves derrotas militares o diplomáticas, que incluso terminan convirtiéndose en detonantes para la caída de los regímenes autoritarios y el inicio de sus procesos de democratización.
Tomemos por ejemplo el caso de Argentina. En 1983 la Junta Militar de Videla se embarcó en una guerra contra el Reino Unido por las Islas Malvinas o Falkland Islands. La Dictadura de Videla perdió la guerra, lo que terminó por desprestigiar al régimen, forzándolo -entre otros factores- a una negociación con la oposición para pactar la transición a la democracia.
En 1974 el régimen militar de Los Coroneles en Grecia decidió realizar una intervención militar en la isla de Chipre, con el argumento de anexarla y defender a la población grecochipriota, en vista de la invasión militar realizada por Turquía a la parte norte de la isla con el argumento de defender a la población turcochipriota. Los griegos terminaron siendo derrotados, no pudiendo evitar que la parte norte de la isla se independizara de facto con apoyo turco. Esta derrota también favoreció el inicio de la caída del régimen de Los Coroneles y la democratización en Grecia.
De la misma forma, en 1973 en Portugal ocurre la Revolución de los Claveles, un golpe militar que pone fin a la dictadura del Estado Novo. Uno de los factores del descontento militar con la dictadura eran el desgaste y las derrotas sufridas durante las guerras colonialistas en Angola y Mozambique.
Como vemos, las transiciones a la democracia tanto en Portugal (1973), Grecia (1974) y Argentina (1983) iniciaron justo después de derrotas militares en el extranjero. La pérdida de legitimidad, el descontento popular y la insatisfacción de un sector de los militares fueron claves en todos los casos. Pero también existen algunos contraejemplos, como en Irak en 1991, donde si bien Saddam Hussein salió derrotado en su intento de invadir Kuwait, esa derrota no implicó el colapso de su régimen autoritario, pues esto vendría más de una década después.
El régimen autoritario de Maduro parece haberse consolidado fuertemente en Venezuela. Los leves aires de un posible cambio como consecuencia del descontento interno y la presión internacional contra el régimen, producto del fraude electoral masivo que le dio la reelección a Maduro en agosto del 2024, parecen haberse detenido. Pero, así como la política comparada enseña que en ocasiones los fraudes electorales masivos le pueden pasar factura a las dictaduras, buscarse conflictos armados con los vecinos también lo puede hacer. El empujón hacia la democracia puede venir en ocasiones de donde uno menos cree.
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
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