El diálogo con el EMC: la Amazonía y el respeto a los derechos humanos
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El diálogo con el EMC: la Amazonía y el respeto a los derechos humanos

Escrito por Monica Amador-Jimenez

El 20 de enero finalizó el tercer ciclo de negociación entre el gobierno y el Estado Mayor Central de las FARC. Aunque la agenda ambiental tuvo un papel fundamental, hay más añoranzas que certezas.

Mónica Amador Jiménez*

Expectativa versus realidad

El 20 de enero concluyó el III ciclo de negociación entre el gobierno y el grupo armado Estado Mayor Central de las FARC (EMC). El comunicado a la opinión pública informa que se abordarían los temas siguientes: transformación de los territorios; dependencia de las economías ilícitas; presencia de militares en el Cañón de Micay; situación socioambiental de la Amazonía, específicamente, en el Guaviare, Caquetá y Putumayo, y evaluación del Acuerdo de Respeto a la Población Civil y de Implementación del Cese al Fuego.

Por desgracia estos ítems no fueron abordados en profundidad. De igual forma, fue notable la ausencia de los comandantes más importantes. Por ejemplo, las cabecillas del Caquetá y del Cauca no pudieron estar presentes debido a la postergación del levantamiento de las órdenes de captura. Por este motivo, los asistentes no podían tomar decisiones relevantes para avanzar en los diálogos. Además, el líder de la delegación del EMC, Leopoldo Durán, tuvo problemas de salud y no pudo asistir hasta el final del ciclo.

Este ciclo tuvo que lidiar con inconvenientes legales y de representación. Sin embargo, es importante aclarar que se trata de un grupo armado fragmentado y sin una plataforma sólida con la cual llegar a la negociación, pero con capacidad de coerción a nivel territorial gracias al poder de las armas y los recursos provenientes de las economías ilegales.

Cruzamos el punto de no retorno cuando hayamos deforestado el 20% de la Amazonía (en la actualidad, se ha deforestado casi el 17%). En Colombia, la deforestación se disparó en el 2016 cuando, después de la firma del Acuerdo de Paz, el gobierno de Iván Duque no asumió el control de la zona selvática.

A pesar de las dificultades, hay que destacar los aspectos positivos. Por ejemplo, en lo concerniente a la participación de las organizaciones sociales en la mesa de diálogo, se reforzará la autonomía y el pluralismo de las comunidades. También, se hizo énfasis en la importancia de dar garantías jurídicas, logísticas y de seguridad para facilitar el diálogo.

Este último es un tema clave ya que, como lo han informado organizaciones de derechos humanos en Caquetá, Meta y Guaviare, el EMC estaría expandiéndose mediante la coerción y la extorsión. Por desgracia, los campesinos y los liderazgos locales son los principales afectados. Por esta razón, el gobierno debería monitorear el compromiso del EMC con la pluralidad, la autonomía y el gobierno propio en los territorios más afectados por la ilegalidad.

Un nuevo cese al fuego

Otro punto importante fue la ampliación del cese al fuego hasta el 15 de julio de 2024. Como lo documentó la Coordinadora Humanitaria en ‘Las voces de los territorios tejen paz’, entre el 1 de enero y el 5 de diciembre, fueron documentados 1.047 “eventos violentos” en contra de líderes sociales y la movilidad de las personas y los defensores de los derechos humanos. De este porcentaje, el EMC ocupa el segundo lugar en violaciones al cese al fuego, después de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

El informe también resaltó que las violaciones de los derechos humanos se redujeron en un 34% luego de la firma de los ceses al fuego, específicamente, en el segundo semestre de 2023. En otras palabras, es posible confirmar que la Paz Total ha tenido efectos positivos en la disminución de la violencia en Colombia, sobre todo en la vida de las comunidades más vulnerables.

Adicionalmente, por la falta de compromiso del EMC, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la misión de verificación en Colombia no han podido extender su mandato. Por su parte, Estados Unidos ha planteado que el proceso de paz es aún muy débil porque la guerrilla está desarticulada y continúa vinculada al narcotráfico y otras economías ilegales.

Sin el agua que drena la cordillera, la zona selvática se convertirá en un desierto. Dicho de otro modo, estaríamos frente a un ecocidio que, además de poner en riesgo el metabolismo del planeta, aumentaría el impacto del cambio climático.

Foto: Gobernación del Tolima - El EMC reclama al gobierno por la prohibición de la ganadería en la Amazonía. Sin embargo, ceder al respecto destruiría estos ecosistemas y causaría un aumento de temperaturas que pondría en riesgo a los habitantes de estas zonas.

Quizá lo más preocupante de la mesa de diálogo es que no tiene una agenda temática consolidada. Aunque se han planteado varios asuntos aún no hay una estructura clara que aborde los reclamos políticos del EMC. Sin embargo, se puede afirmar que tienden a enfocarse en la situación del campesinado localizado en el norte de la Amazonía colombiana. Por ejemplo, han traído a colación la falta de titulación de tierras, la autorización o la prohibición de la ganadería en áreas de conservación y los efectos de la política antinarcóticos.

La Amazonía colombiana

La zona de conexión Andino-Amazónica no tiene vocación ganadera. Este es uno de los territorios donde se concentra la conectividad ecológica del país y donde los ríos voladores, provenientes del océano atlántico, chocan con la cordillera. El anterior fenómeno es fundamental para drenar exceso de aguas y alimentar los principales ríos del Amazonas y el Orinoco. En consecuencia, destruir estos ecosistemas con ganadería impactaría negativamente en la temperatura, generando incendios y afectaciones para las comunidades.

Acabar con la conexión Andino-Amazónica es poner en riesgo la existencia de uno de los pulmones del mundo: la Amazonía. Sin el agua que drena la cordillera, la zona selvática se convertirá en un desierto. Dicho de otro modo, estaríamos frente a un ecocidio que, además de poner en riesgo el metabolismo del planeta, aumentaría el impacto del cambio climático.

Una mesa de diálogo cuyo tema central es la situación socioambiental de la Amazonía requiere de información científica y datos fidedignos. Además, es muy importante poner de manifiesto, tal y como lo ha plantado el Panel Científico de la Amazonía, que si perdemos los servicios ecosistémicos no podremos resistir a los desastres naturales causados por: desbordamiento de ríos, sequías, la muerte de las especies y la pérdida de la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas de la zona selvática.

Por otro lado, hay que pensar en los pueblos no contactados (grupos nómadas que han rechazado el contacto con el mundo occidental) que hoy viven bajo la presión de los grupos armados provenientes del norte amazónico y las mafias brasileñas que entran a Colombia con sus dragas para sacar el oro. Si el Amazonas se convierte en un desierto ¿qué pasará con los campesinos, los indígenas y las demás comunidades que supuestamente dependen del EMC? En pocas palabras, la colonización forzada y la apropiación de tierras ya no tendrá ningún sentido.

El punto de inflexión

Cruzamos el punto de no retorno cuando hayamos deforestado el 20% de la Amazonía (en la actualidad, se ha deforestado casi el 17%). En Colombia, la deforestación se disparó en el 2016 cuando, después de la firma del Acuerdo de Paz, el gobierno de Iván Duque no asumió el control de la zona selvática. Por su parte, las disidencias y otros grupos armados ilegales se propagaron en el Amazonas en busca de los beneficios económicos de los cultivos ilícitos, la extracción de oro de aluvión, la apropiación de tierras y la reinversión de dineros provenientes del narcotráfico.

El crecimiento del EMC en el norte de la Amazonía concuerda con el aumento de la deforestación. Los análisis multitemporales de imágenes satelitales muestran que en las zonas con presencia guerrillera la deforestación está disparada, sobre todo en Caquetá, Meta, Guaviare y Putumayo. También, la expansión del EMC mediante el Frente Carolina Ramírez, entre el Putumayo y el Huila, ha generado una crisis humanitaria derivada de la lucha contra las disidencias de las FARC.

La situación socioambiental de la Amazonía es heterogénea como un fractal, es decir, con dimensiones y sistemas ecológicos conectados por comunidades indígenas, campesinas y afro que simultáneamente perciben un territorio desde sus propias cosmovisiones. Hablar de la Amazonía en singular demuestra que conocemos muy poco de ella. Incluso en el norte, aludir exclusivamente al Caquetá y Guaviare es absurdo porque sus problemas, ecosistemas y poblaciones, son diferentes. Por supuesto, tampoco hay que olvidar las particularidades de Guainía, Vaupés, Putumayo y Leticia.

Estados Unidos ha planteado que el proceso de paz es aún muy débil porque la guerrilla está desarticulada y continúa vinculada al narcotráfico y otras economías ilegales.

La mesa de diálogo tiene que ser acompañada por la comunidad científica y los diversos grupos poblaciones del Amazonas. Será un reto interesante tener una negociación preocupada por discutir en términos científicos y desde la ecología, las ciencias ambientales, la antropología y la sociología. De este modo, tendremos elementos para hablar sobre la transformación territorial y el reconocimiento de los derechos de las comunidades.

No hay que olvidar que las voces indígenas, campesas, afro y demás grupos vulnerables deben expresarse sin tener miedo a ser desplazados, asesinados o amedrentados. Por este motivo, quizá el mayor logro del III ciclo de negociación con el EMC fue acordar el respeto por la pluralidad y la protección de los derechos humanos. Asimismo, sería una importante muestra de voluntad de paz si el EMC efectivamente respeta los derechos políticos de los líderes locales, incluso los de aquellos que piensan diferente.

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