Detector de humo: contra el desorden informativo (79) No tengo pruebas, pero tampoco dudas
Foto: Desorden informativo

Detector de humo: contra el desorden informativo (79) No tengo pruebas, pero tampoco dudas

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En una cadena de WhatsApp casi todo llega escrito por alguien más. Esa línea que escribimos nosotros decide si el mensaje sigue como aviso o como certeza. El paro armado en Santa Marta permite ver cómo funcionan esas frases y qué preguntas pueden frenarlas.

Santa Marta amaneció el martes 22 de septiembre con el transporte suspendido y buena parte de sus calles vacías. El lunes, alias Cholo, segundo jefe de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), había muerto en una operación militar, y enseguida comenzó a circular el anuncio de un paro armado de 48 horas. Esa jornada ardieron dos buses de servicio público, una tractomula y un taxi. El comercio cerró casi por completo y el presidente Abelardo de la Espriella ordenó militarizar la ciudad.

En los teléfonos se mezclaron videos de hombres armados, imágenes sin fecha y cifras todavía sin confirmación. Casi todo llegaba con una frase encima. Lo paso por si acaso.

El video lo grabó otro y el audio lo dictó alguien que nadie conoce. Nuestra parte es la línea que acompañó el mensaje. “No tengo pruebas, pero tampoco dudas” convierte una corazonada en veredicto. “Yo solo comparto” deja el mensaje en circulación, mantiene la cadena activa y desliga a quien envía de lo que pase después.

Hace ochenta años, los psicólogos Gordon Allport y Leo Postman analizaron cómo crecen los rumores. Según su fórmula, un rumor gana fuerza con la importancia del asunto y con la ambigüedad de lo que se sabe. Santa Marta reunió las dos condiciones. La violencia fue real y el miedo estaba más que fundado. Faltaban datos. En ese vacío se colaron las frases que dan permiso para repetir lo que todavía ignoramos.

La orden y el aviso viajan juntos

El psicólogo Nicholas DiFonzo estudió el rumor en comunidades que enfrentan una amenaza sin información suficiente. Lo describe como un trabajo colectivo para entender lo que pasa. Visto así, preguntar y avisar son reacciones sensatas. En una ciudad paralizada, los primeros mensajes sobre quemas o barrios cerrados ayudaron a muchas familias a decidir si salían o se quedaban en casa.

El propio paro llegó primero como mensaje. Un grupo armado necesita pocos hombres en la calle cuando la orden de cerrar circula sola por los teléfonos. Solemos pensar el rumor como un contenido falso que hay que desmentir. En Santa Marta el anuncio del paro resultó cierto, y reenviarlo protegía a la vecina y hacía cumplir la orden en el mismo gesto. 

El “por si acaso” tiene un efecto que pasa inadvertido. Tranquiliza a quien envía, que siente cumplido su deber de avisar, y deja la duda entera en manos de quien recibe. El daño comienza cuando, por querer saber, culpamos o reenviamos sin separar lo confirmado de lo apenas oído.

Lo que un video pierde en el camino

Un video de quince segundos pierde pronto la fecha y el lugar exacto. Lo que queda es el bus en llamas. Allport y Postman describieron ese recorrido en sus experimentos. Primero se pierden detalles, luego algunos rasgos se exageran y al final la historia se acomoda a lo que cada grupo ya esperaba. Lo llamaron nivelación, agudización y asimilación.

En Santa Marta las mismas imágenes alimentaron relatos opuestos. Un analista escribió en X que el Gobierno no tenía capacidad de reacción y un portal tituló que el presidente no había podido con la seguridad. El Ejército, por su parte, presentó la operación contra alias Cholo como un golpe al mando y a las finanzas del grupo. Cada lectura encontró en el humo del bus una prueba de su relato previo.

La fórmula de 1946 ayuda a entender por qué la ambigüedad multiplica versiones, aunque no predice cuál ganará. Eso lo decide la frase que cada quien pone al reenviar. 

Cuatro permisos para reenviar

Las frases que dan permiso para que circule lo no comprobado se cuentan por cientos, con variantes según la plataforma y el lugar. En Santa Marta volvieron las de siempre. Se pueden agrupar en cuatro familias. Cada una admite una pregunta que ayuda a frenar el reenvío. 

La certeza sin expediente reúne expresiones como “No tengo pruebas, pero tampoco dudas” o “El que piensa pierde”. Cierran el caso con una intuición y tratan la duda como flaqueza. La pregunta mira hacia adelante. ¿Qué hecho, si apareciera mañana, me haría cambiar de opinión? Si no puede aparecer ninguno, esa certeza ya no depende de los hechos.

El salvoconducto aparece en “Lo paso por si acaso” y “Yo solo comparto”. Quien reenvía se presenta como mensajero y no se hace cargo. En los grupos suele ir con las cadenas de alarma. Si resulta falso, ¿a quién le aviso? 

La fuente innombrable habla con frases como “Me llegó de buena fuente” o “Tengo un primo que es policía”. Da crédito sin decir quién habla ni cómo lo sabe. El periodismo resguarda fuentes y aun así ofrece a sus lectores indicios de cómo comprobar. Un grupo de chat casi nunca lo hace. ¿Qué puede saber esa persona, de primera mano, sobre esto?

El desmentido como prueba se resume en “Si lo borran, era verdad”. Cualquier contraste le sirve de prueba y deja sin espacio a quien quiera aclarar. Que una plataforma retire un contenido no demuestra que sea falso o cierto y tampoco prueba censura, pues las plataformas también se equivocan. La pregunta pide otra cosa en este caso. ¿Qué fuente independiente lo sostiene, aparte de que lo hayan retirado?

Por qué un “es falso” se queda corto

Un metaanálisis de Dolores Albarracín y su equipo midió qué desmentidos logran que la gente abandone una creencia falsa. Los que explican con detalle por qué algo no es cierto funcionan mejor que un simple rótulo. El efecto se debilita cuando la persona ya había elaborado sus propias razones para creer. Los permisos producen justo esas razones y llegan antes de cualquier verificación.

El grupo al que uno pertenece lo pone más difícil. Frases como “despierta” o “abre los ojos” marcan quién está dentro. Corregirlas suena a ataque contra la comunidad que las usa, y esa defensa pesa más que el dato. Ofrecer contexto y una ruta para comprobar funciona mejor que repetir ‘es falso’ como veredicto moral.

Un desmentido compite también con algo más atractivo. Hay mensajes que llegan con un culpable incluido, y un culpable da más alivio que un “todavía no se sabe”. Frases como “¿todavía creen que fue una coincidencia?” o “miren quién se beneficia” convierten una sospecha en una historia con autor. Si la respuesta se limita a decir “es falso”, queda un hueco que la sospecha vuelve a llenar. La indignación puede ser legítima y aun así no prueba quién causó el daño ni con qué propósito. Antes de pasar una acusación, la pregunta útil es qué prueba une a esa persona o a ese grupo con el hecho.

Contestar en una línea

No todos los reenvíos piden lo mismo. El periodista Charles Duhigg estudió por qué una respuesta atinada en una conversación suena torpe en otra. Planteó que un mensaje puede buscar una solución práctica, expresar miedo o reafirmar la pertenencia a un grupo.

El mismo “lo paso por si acaso” puede pedir ayuda para decidir si salir, expresar el miedo de alguien que vive en el barrio o decir que el grupo confía más en sus vecinos que en la Alcaldía. Por eso, responder con un dato seco a quien tiene pavor puede sonar a indiferencia.

Del mismo modo, un desmentido largo frente a una alarma inmediata tampoco funciona. Se puede más bien contestar en una línea en la conversación familiar o en el grupo del trabajo. “Entiendo que preocupa, ¿sabemos de dónde salió?” reconoce la alarma y pide detalles. “¿Qué está confirmado y qué sigue pendiente?” separa un dato útil de una versión en construcción, sin humillar a quien lo reenvió.

Cuando se trata de un aviso útil para la seguridad de alguien, se puede enviar con su etiqueta de certeza. “Confirmado por la Alcaldía a las 3 de la tarde.” “Me llegó sin origen y no he podido comprobarlo.” Esa pequeña marca permite que quien recibe decida con más elementos y evita que la sospecha llegue disfrazada de noticia.

La etiqueta de certeza también es oficial

El Digital News Report 2026 del Instituto Reuters registró que la confianza en las noticias en Colombia bajó al 25% y que el 49% de las personas evita las noticias con frecuencia. Apartarse de la saturación no produce desinformación por sí solo. En una crisis, sin embargo, quien se aleja de los medios necesita saber igual si puede abrir su negocio o mandar a sus hijos al colegio. Si las alcaldías, la fuerza pública y los medios no ofrecen información oportuna y verificable en los canales donde esa gente está, el hueco lo ocupa la cadena.

Las instituciones también escriben una línea de arriba. Un boletín con hora, lugar, fuente y grado de confirmación le dice a la gente cuánto sabe la entidad, y por eso compite mejor con un audio anónimo que un comunicado tardío y general. La confianza crece cuando una entidad explica qué sabe y cuándo volverá a informar, y cuando corrige en público sus errores. Pedir fe en la versión oficial, en plena crisis, produce el efecto contrario.

Esa información requiere equipos en el territorio, vocerías identificables y reglas claras para corregir. Requiere también autonomía frente a la presión política. Un boletín pensado para cuidar la imagen del Gobierno pierde lectores apenas la cadena lo contradice.

La línea que escribimos

Lo de Santa Marta no es un caso para hablar de redes y desorden informativo en abstracto. Hubo buses quemados, comerciantes amenazados, clases suspendidas y una ciudad encerrada por orden de un grupo armado. Verificar, ahí, es una forma de no sumar temor al temor.

A quien tiene miedo sería injusto pedirle que investigue cada mensaje como un verificador de datos profesional. Le corresponde una tarea más pequeña y más difícil de delegar. Decir, en la línea de arriba, cuánto sabe. Nombrar la fuente o admitir que no la tiene toma unos segundos, y con eso el miedo deja de circular como prueba.

En Santa Marta, los hombres armados escribieron la orden de cerrar y otros grabaron los videos del fuego. La línea que acompañó cada reenvío la pusimos nosotros. Lo paso por si acaso. No tengo pruebas, pero tampoco dudas. 

Acerca del autor

Alvaro Duque
Álvaro Duque Soto
aduque@razonpublica.org | + posts

*Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Turín (Italia). Ha sido docente e investigador de temas de comunicación política, periodismo y educación mediática e informacional. | @alduque

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*Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Turín (Italia). Ha sido docente e investigador de temas de comunicación política, periodismo y educación mediática e informacional. | @alduque

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