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Desinformación y autoprescripción en la pandemia

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Vacunas, hidroxicloroquina, plasma convaleciente, dióxido de cloro y más: ¿cuáles medicamentos o tratamientos están probados? ¿cuáles son los riesgos de utilizarlos sin que estén probados?

Patricia Zuluaga Arias* y Alejandra Cruz Becerra**

Automedicación y autoprescripción

Debido a la pandemia actual causada por el SARS-Cov-2 por la que está atravesando el mundo, y la cantidad de información poco fiable que circula por los medios de comunicación, las personas se han visto envueltas en un fenómeno de desinformación y miedo que las ha llevado a adoptar prácticas relacionadas con el mal uso de medicamentos y sustancias químicas que pueden atentar contra su propia salud.

Para aterrizar la situación actual en torno al uso de medicamentos por parte de la población, es necesario introducir dos términos importantes: la Automedicación y la Autoprescripción que, si bien, son usados indistintamente por muchas personas, tienen pequeñas pero sustanciales diferencias.

La automedicación es el uso de medicamentos de venta libre según signos y síntomas leves que las personas pueden identificar con facilidad (como los antigripales y algunos analgésicos). Aunque parezca inofensiva, debe hacerse con responsabilidad. El uso indiscriminado de estos medicamentos podría acarrear riesgos como:

  • Ocultar las manifestaciones de la enfermedad;
  • Causar daños colaterales en otros órganos;
  • Prolongar o empeorar la enfermedad para la cual están siendo usados.
  • Poner en riesgo a pacientes si no se verifican las contraindicaciones o no se siguen las dosis indicadas por el fabricante.

Por otro lado, la autoprescripción es el acceso a medicamentos que deben ser vendidos «bajo formula médica» sin que medie un documento expedido por un profesional de la salud. Es una práctica altamente riesgosa, y no se considera automedicación responsable.

Tratamientos sin evidencia concluyente

En la actualidad no existe ningún tratamiento específico para detener la replicación del virus SARS-CoV-2 en Colombia y la mayoría de países.

Existen sí tratamientos para manejar los síntomas de la COVID-19 en casos leves; y, para casos más graves, se tratan las complicaciones de los órganos y sistemas afectados. Esto se hace bajo criterio médico y según la evaluación del estado del paciente y el estadio de la enfermedad.

Sin embargo, desde el comienzo de la pandemia se les ha atribuido una supuesta efectividad en el tratamiento y/o en la prevención de la enfermedad causada por el virus a una serie de medicamentos, aunque no había ni hay hasta ahora evidencia concluyente de que funcionan para ese fin.

Como factor agravante, se trata de medicamentos de prescripción cuyo uso debe realizarse bajo estricta supervisión médica, dados los riesgos asociados con un uso no responsable.

Hoy no existe ningún tratamiento específico para detener la replicación del virus SARS-CoV-2.

Algunos de ellos tuvieron un gran despliegue mediático:

  • Hidroxicloroquina. Según el INVIMA, está indicado como “antiamebiano, antipalúdico, alternativo en el manejo de la artritis reumatoidea aguda y crónica, tratamiento de lupus eritematoso sistémico y discoide.” Su uso no monitorizado y no justificado conlleva grandes riegos, incluyendo toxicidad cardiovascular, que puede llevar a la muerte.
  • Azitromicina. Es un antibiótico, sin efecto antiviral, indicado en “infecciones ocasionadas por gérmenes sensibles a la azitromicina.” Dado su mecanismo de acción, no tiene ningún efecto en la prevención o tratamiento de la infección por SARS-CoV-2.
  • Ivermectina. Es un medicamento antiparasitario. Su uso se basó en la evidencia de algún grado de eficacia para disminuir la replicación del virus. Pero esa evidencia se dio en condiciones de laboratorio —in vitro— de modo que no puede ser directamente extrapolada a su uso en el ser humano; y en altas dosis, puede llegar a ser tóxico para el cuerpo.
  • Anticuerpos Monoclonales. Durante el tiempo que lleva la pandemia han sido estudiados varios anticuerpos monoclonales. De hecho, hoy en día varios de estos medicamentos continúan en ensayos clínicos para evaluar su eficacia en tratar la enfermedad. La evidencia sigue en construcción y aún no existe un consenso al respecto.

En general, el uso no monitorizado e injustificado de los medicamentos puede traer riesgos considerables a la salud, e incluso la muerte. Lamentablemente se han visto muchos casos de personas que han usado medicamentos de manera injustificada o no monitoreada y han perdido la vida.

Foto: Gobernación de Norte de Santander La recomendación desde la Asociación Colombiana de Farmacovigilancia es siempre hacer uso responsable de los medicamentos y no realizar prácticas poco responsables como la autoprescripción.

Tratamientos preventivos

Desde el punto de vista de prevención de la enfermedad, los científicos han explorado otras intervenciones terapéuticas que incluyen:

  • Plasma convaleciente. Es una porción líquida de la sangre de pacientes que ya han tenido contagio por el virus SARS-CoV-2 cuyos componentes han sido separados. El plasma contiene agua, sales, anticuerpos y otras proteínas.Usualmente se utiliza en terapias para personas con deficiencias del sistema inmunológico, y en este caso para aumentar la respuesta inmune de personas expuestas al virus causante de la COVID-19. Aunque se ha observado alguna evidencia positiva respecto a la resolución de la enfermedad en pacientes infectados, aún no se ha declarado tratamiento para COVID-19.
  • Vacunas. En la actualidad hay varias vacunas en fase de comercialización y otras cuantas en las fases finales de estudios clínicos controlados. El panorama es alentador y en varios países se están iniciando campañas masivas de vacunación. Sin embargo, aún hay información que se desconoce sobre la inmunidad que conceden y su seguridad en el largo plazo.

 

Por eso, las medidas de distanciamiento social y autocuidado, como lavado de manos y uso de tapabocas, deben continuarse en tanto los gobiernos y la comunidad científica y médica no establezcan lo contrario.

Dióxido de cloro

Los anteriores medicamentos han sido probados, en la gran mayoría de los casos, en un entorno controlado y bajo supervisión médica, a pesar de que algunos no hayan ofrecido resultados alentadores en el tratamiento de la enfermedad.

Si embargo, un hecho que preocupa a la comunidad científica es el uso del dióxido de cloro, un compuesto químico con alto potencial tóxico y que es usado como desinfectante de superficies o como purificador de agua y alimentos, ya que elimina bacterias, virus, hongos y parásitos de pequeño tamaño.

La diseminación de información falsa a través de redes sociales ha hecho que miles de personas en el mundo lo estén usando para prevenir y tratar la enfermedad causada por el SARS-CoV-2, poniendo en riesgo sus vidas.

Hasta la fecha no existe evidencia de que el dióxido de cloro pueda ser usado para tratamiento de COVID-19. Por el contrario, podría causar eventos adversos derivados como intoxicaciones, insuficiencia hepática, respiratoria o ritmos cardiacos anormales.

La importancia de la farmacovigilancia

Actualmente, el mundo científico y médico está en una lucha contra el tiempo para identificar las bases fisiopatológicas de la enfermedad causada por el SARS-CoV-2 y encontrar dianas terapéuticas para el tratamiento y prevención de esta enfermedad.

Hasta el momento no se ha encontrado un medicamento o conjunto de medicamentos que puedan cumplir ese propósito. El mayor avance ha sido en el campo de las vacunas y aún queda un largo camino por recorrer.

El dióxido de cloro podría causar eventos adversos derivados como intoxicaciones, insuficiencia hepática, respiratoria o ritmos cardiacos anormales.

Por el tiempo que dure esta pandemia, la famacovigilancia —ciencia que se encarga de proveer la evidencia necesaria para evaluar el balance riesgo/beneficio de cualquier medicamento— tendrá un papel protagónico. Sobre todo, cuando existe la amenaza de la desinformación y el uso no responsable de medicamentos y otras sustancias.

La Asociación Colombiana de Farmacovigilancia, en conjunto con otras sociedades científicas, se ha dado a la tarea de producir información depurada y basada en la evidencia científica para promover prácticas seguras. Su recomendación es siempre hacer uso responsable de los medicamentos y evitar prácticas poco responsables como la autoprescripción, que pueden poner en peligro la vida de los pacientes.

Gráfica 1: “Medicación responsable en tiempos de coronavirus”

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