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Desde Managua: el derecho se debe respetar

Escrito por Francisco Bautista
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Francisco_Bautista_RazonPublicaUna reconocida autoridad de Nicaragua explica el origen y desarrollo del diferendo con Colombia. De los cuatro escenarios previsibles, uno resulta atractivo y generoso: negociar una moratoria para la plena aplicación de la sentencia, mientras avanzan las negociaciones de paz con las FARC.

Francisco Javier Bautista Lara *

“El respeto al derecho ajeno es la paz”
Benito Juárez (1806 – 1872)

Entre la razón y la fuerza

El papa Inocencio III (1198-1216) – uno de los pontífices más poderosos de la Historia- afirmó desde la oscura y despiadada época medieval: “El Derecho sólo es útil cuando las dos partes tienen la misma fuerza”.

 

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En 1972 un joven nicaragüense desembarcó en los cayos Roncador y Quitasueño y plantó una bandera azul y blanco de Nicaragua.

Foto: La Prensa de Nicaragua

 

Aunque me resisto a aceptar que siga siendo así, el sentido dramático de la frase nos lleva a pensar sobre la validez del derecho nacional o internacional. La pretensión del más fuerte con frecuencia ha prevalecido sobre el deseable Estado de Derecho.

Cuando se relega la razón, la aplicación de normas obligatorias y asumidas pasa a un segundo plano: quien tiene el poder se impone de hecho según su conveniencia, acepta al árbitro cuando gana, pero lo descalifica y lo desconoce cuando una sentencia no le favorece. Triste historia, injustas prácticas y lamentables consecuencias que suelen repetirse a lo largo del tiempo.

Estas reflexiones nacen a raíz de la decisión inapelable dada a conocer el 19 de noviembre de 2012, referida al diferendum de límites en el Mar Caribe entre las repúblicas de Colombia y Nicaragua, emanada de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), “órgano judicial principal de las Naciones Unidas encargado de decidir conforme al Derecho Internacional las controversias de orden jurídico entre Estados”.

¿Prevalecerá, como esperamos, la razón sobre la fuerza o, se manifestará la indeseable prepotencia del poderoso que desconoce los derechos de otros? Confiemos en que subsiste la razón, sensata y justa y no la respuesta arbitraria y prepotente.

Un largo camino

La primera vez que tuve referencias del asunto limítrofe con Colombia en el Caribe fue en 1972, cuando un joven nicaragüense desembarcó en los cayos Roncador y Quitasueño y plantó una bandera azul y blanco de Nicaragua. La noticia tuvo un amplio despliegue en los diarios y cables informativos.

Tras recorrer un prolongado camino, se ha llegado a lo que debería ser el punto final de la controversia, gracias a la que ha sido calificada como una “equilibrada sentencia”. La Nueva Granada no tenía soberanía sobre el archipiélago de San Andrés — a 679 kilómetros de Colombia y 198 de Nicaragua — ni sobre los cayos, ni sobre esa parte del mar en el momento de la transición de la Colonia a la independencia de España, criterio básico e inicial que se adoptó para la delimitación de las fronteras terrestres y marítimas. La Gran Colombia asumió de hecho la soberanía sobre este vasto territorio en 1822.

Las Provincias Unidas de Centroamérica apelaron en 1825 al principio de Uti possidetis iure de 1810: “cuanto poseas, poseerás”. El Tratado Bárcenas–Esguerra, firmado en 1928 con Colombia — cuando Nicaragua estaba ocupada militarmente por Estados Unidos — fue declarado nulo en 1980 por Nicaragua.

Sin embargo, en 2007 la CIJ resolvió que el tratado tenía validez parcial sobre las islas mayores del archipiélago, quedando en discusión la soberanía sobre los demás islotes y cayos. También declaró la Corte que el meridiano 82 no podía considerarse límite, como argumentaba Colombia desde 1969.

En 2001, Nicaragua radicó la demanda ante la CIJ: al igual que Colombia, presentó los alegatos y contra–alegatos, pruebas y evidencias ante los honorables jueces del máximo tribunal mundial, proceso que culminó con la mencionada sentencia definitiva.

La reacción inicial del gobierno de Colombia fue de rechazo, actitud que confiamos sea replanteada con serenidad y madurez. Nicaragua, aunque no obtuvo todo lo que demandaba – como era previsible – aceptó la decisión e hizo un llamado a acatar el fallo del Derecho Internacional, como expresión de una política de Estado de unidad nacional en los asuntos limítrofes, que según distintos analistas, fue el factor principal que le permitió articular sus tesis y sus sólidos argumentos, asegurándose la gestión efectiva del proceso ante La Haya.

Es imprudente azuzar a los pueblos o levantar amenazas; son actitudes intransigentes que no deberían tener cabida. Es peligroso manipular la sensibilidad, el falso patriotismo de la gente común con propósitos insanos. La prudencia y la responsabilidad recomiendan recurrir al diálogo en el marco del respeto de la ley internacional que nos compromete.

Cuatro escenarios

Para Nicaragua la recuperación de parte de la plataforma continental reclamada y concedida en reconocimiento al derecho histórico cercenado constituye una oportunidad de desarrollo, pero también conlleva una mayor responsabilidad. Por intermedio de la CIJ, la Historia acaba de resolver una controversia y reivindicó lo reclamado por el país.

 

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En 2007 la Corte declaró que el meridiano 82 no podía considerarse límite, como argumentaba Colombia desde 1969.

Foto: CIJ

 

El Tribunal confirmó la legitimidad de la soberanía de Colombia sobre una gran franja del Mar Caribe, sobre el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, los islotes y los cayos, pero decidió dar por terminado el usufructo por parte de Colombia de una parte significativa del área marina, tras un siglo de extraer importantes recursos.

Lo sensato sería asumir una actitud distinta: si no de agradecimiento, al menos de resignación responsable y de readecuación del ejercicio de su soberanía en el extenso territorio marítimo del cual seguirá disfrutando, por obligación jurídica y moral, y en procura del bienestar internacional.

A partir de la sentencia y de las reacciones iniciales, estimo posibles cuatro escenarios:

1. A pesar de la diferencia de fuerzas y de medios militares y económicos, Colombia y Nicaragua acatan la sentencia de La Haya y acuerdan un plan ordenado de entrega y ajustes de lo establecido en el fallo.

Este es el escenario más conveniente para ambas naciones y para preservar el orden jurídico internacional: una actitud ejemplar ante sus pueblos y el mundo. Pero si no se materializara este escenario, ¿con qué autoridad reclamarían dentro o fuera el respeto a la ley nacional o internacional y cómo ganarían la confianza de otros para cumplir los compromisos que asuman?

2. Nicaragua acata el fallo, pero Colombia lo rechaza de manera definitiva y parcial.

En consecuencia, no permitiría de hecho que el país centroamericano ejerciera su soberanía ni se beneficiara de los recursos disponibles en su mar territorial.

Ante semejante eventualidad, es de esperarse que pasen varias décadas y que Nicaragua — como parte de su política exterior — denuncie sistemáticamente en todos los foros regionales e internacionales y gestione apoyo ante el incumplimiento de la sentencia por parte de Colombia, con el consecuente deterioro de las relaciones mutuas, la puesta en duda de las mecanismos para la paz y la convivencia entre las naciones, y el alejamiento de una solución pacífica de nuestras diferencias.

3. Nicaragua acepta lo resuelto y Colombia lo rechaza públicamente en el marco del complejo escenario político e institucional interno actual, pero estaría dispuesta a aceptar la sentencia unos años después.

Las descalificaciones y la búsqueda de culpas por el “inesperado” resultado de La Haya se podría entender como una reacción inicial normal, al temer el gobierno colombiano mostrar una posición de debilidad cuando apenas inicia las negociaciones con las FARC con el propósito de terminar el conflicto armado interno, y frente a los graves problemas de inseguridad provocados por el narcotráfico internacional y la guerrilla.

En este escenario, es posible que ambos gobiernos establezcan pronto comunicaciones informales o formales, no necesariamente públicas, para precisar el momento y las condiciones apropiadas para dar cumplimiento al fallo.

4. Otro escenario desafortunado podría ser que Colombia asuma una actitud agresiva e irracional ante la limitada capacidad ofensiva, de patrullaje marítimo y de pesca en el importante pedazo del mar territorial que la ley internacional reconoció a Nicaragua.

Esto podrá significar la agudización de las tensiones entre ambos países, la identificación de aliados para enfrentar el conflicto, un grave desafío al desconocer al máximo Tribunal, la ruptura del orden jurídico internacional y hasta encontronazos ocasionales de carácter bélico y por lo tanto, no solo el irrespeto a la resolución, sino agresión a marinos y pescadores. Confiamos que este escenario indeseable no ocurra en la realidad.

Más responsabilidades para Nicaragua

Si se diera el escenario más favorable, al recibir el reconocimiento jurídico de la nueva extensión marítima, Nicaragua tiene la urgente necesidad de reordenar sus capacidades y establecer alianzas con otros países para el patrullaje propio y conjunto, así como para la explotación de sus recursos.

 

Francisco_Bautista_fallo_pescadorSan Andrés está a 679 kilómetros de Colombia y 198 de Nicaragua.

Foto: Carlos Sueskún, colombia.travel

Como se sabe, el 90 por ciento de la droga procedente del Sur hacia Estados Unidos — principal mercado consumidor — pasa por Centroamérica y el Caribe. ¿Cuánto ha transitado por el mar territorial que tenía Colombia, una parte del cual acaba de reconocer la Corte Internacional a Nicaragua?

El país ha demostrado tener buenas competencias en el manejo de la seguridad ciudadana y en la lucha contra el crimen organizado, pero ahora tendrá el deber de ampliar su capacidad de vigilancia en el espacio marítimo al Este del meridiano 82: otros 90.350 kilómetros cuadrados, de acuerdo con el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales. No sobra recordar de todas maneras que la lucha contra el narcotráfico es una responsabilidad internacional compartida.

Ante la imprecisa situación creada por el rechazo inicial del fallo por parte de Colombia y la necesaria transición que esperamos ocurra, es posible que otros actores aprovechen el periodo de incertidumbre — tan prolongado como la parte en rebeldía mantenga su actitud — para obtener “en río revuelto, ganancia de pescadores”, como dice el refrán.

Por el bienestar común

Podemos y debemos seguir construyendo el bienestar común entre nicaragüenses y colombianos: pueblos y gobiernos hermanos, latinoamericanos, con idénticas aspiraciones de paz y desarrollo, con lengua, religión, cultura e historias compartidas, unidos por la sangre y los genes comunes de indios, blancos y negros; fundamentalmente seres humanos que habitamos una casa común, la Tierra, en la región tropical del continente.

Así como recurrimos a un árbitro reconocido para dilucidar las diferencias sobre nuestros límites en el Caribe, ahora debemos aplicar con responsabilidad y madurez el fallo resultante.

Aspiramos a que llegue el día en que las fronteras latinoamericanas artificiales sobre mar y tierra terminen borrándose y que sea posible alcanzar el sueño de Bolívar y de Sandino. Mientras tanto, estas convenciones necesarias existen y deberemos respetarlas sobre la base del Derecho Internacional.

Escritor, académico y consultor nicaragüense, Fundador y ex Comisionado General de la Policía Nacional de ese país, autor de varios libros y columnista de distintos periódicos y revistas, brinda asistencia técnica en países de América Latina sobre policía y seguridad ciudadana.

 

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