
El desarrollo es una forma de pensar
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Acabo de terminar una carrera de 21 años con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Empecé a escribir esta columna mensual sobre los temas del desarrollo internacional en los cuales trabajé diariamente en la USAID. Aquí, quiero mirar esos temas con más profundidad y más abiertamente de lo que era posible mientras trabajaba. Y, en este momento de incertidumbre y transformación para el sector del desarrollo internacional, quiero contribuir a la conversación sobre cómo debe cambiar el sector.
Mi carrera me llevó alrededor del mundo a países en desarrollo en África, Asia y América Latina terminando como líder senior en Colombia durante los últimos cuatro años. Si bien cada país era diferente, con su propia historia, cultura, y retos de desarrollo, todos tenían algo en común. En cada uno, trabajé con líderes de esos países que sincera y apasionadamente buscaban resolver problemas de desarrollo puntuales en su país. Expandir la red eléctrica, construir vías rurales, poner lecciones al radio durante COVID, prevenir la transmisión de VIH/SIDA: llegué a conocer líderes en cada país que imaginaban un mejor futuro para su pueblo y tramaban una manera de llegar allí.
Esta nueva columna se dedica a la idea de que el desarrollo depende de la calidad del liderazgo en el país. Esta idea contradice ideas viejas y cansadas, que el desarrollo depende de montos masivos de cooperación internacional o de descubrir petróleo u otras dotaciones naturales. En otras palabras, el desarrollo es una forma de pensar. Brevemente, quiero contar las historias de tres países que exhibieron tal liderazgo con resultados diferentes, mientras buscaban un mejor futuro.
Vietnam en los años 80 era un caso perdido. Tras una guerra larga y sangrienta con los EE.UU., el país adoptó un modelo de economía planificada con resultados desastrosos. Al borde de la hambruna, muchos vietnamitas salieron de sus orillas como balseros, buscando una vida mejor. Para el final de los años ochenta, los líderes de Vietnam reconocieron que sus políticas estaban fallando y adoptaron las reformas “Doi Moi” o “puerta abierta”. Estas reformas económicas dieron la bienvenida a inversión extranjera y permitieron la propiedad privada de negocios. Durante los siguientes años, Vietnam construyó por encima de estas reformas, entrando al sistema de comercio mundial y transformando su economía en una cada vez más competitiva internacionalmente. En los 20 años después de la introducción de Doi Moi, Vietnam tuvo crecimiento anual promedio de 6.5 por ciento, una de las tasas más altas entre países en desarrollo y su tasa de pobreza fue de “70 por ciento en el mediado de los años 80 a 37 por ciento en 1998 al 19 por ciento en 2007” según Global Asia.
Sudán del Sur proporciona un ejemplo diferente. Históricamente parte de Sudan, pero distinto en cuanto a cultura y raza, los norteños dominaron y oprimieron los sureños. Empezando en los años 50, los sureños lucharon una guerra civil por su liberación del norte que duró décadas. La comunidad internacional, liderada por los EE.UU., ayudó a redactar un Acuerdo de Paz Comprensivo para acabar con las hostilidades, que se firmó en 2005. Como fue previsto en el Acuerdo, un referéndum sobre la independencia tuvo lugar en enero de 2011 en el cual 98% de los sureños votaron a favor de la independencia. En julio de 2011, Sudan del Sur, el país más nuevo del mundo, nació. Sin embargo, la política de la tribu y tensiones profundas entre líderes tribales tradicionales, Salva Kiir Mayardit y Riek Machar, se desbordaron a la violencia en el 2013 que desvió los esfuerzos de construir la nueva nación. Desde su independencia, el país ha acumulado deuda, visto condiciones cercanas a la hambruna, y los indicadores del desarrollo se han estancado por debajo de sus niveles antes de la independencia. Mientras los líderes de Sudan del Sur lograron una oportunidad para un futuro esperanzador por la independencia, el mal liderazgo después de la independencia lo ha condenado a la violencia, pobreza, y hambruna.
Colombia es el tercer ejemplo de liderazgo en el desarrollo. Exhibiendo una visión increíble para el futuro, líderes colombianos firmaron el Acuerdo de Paz en 2016, terminando con décadas de guerra con las FARC. El Acuerdo es el fundamento para resolver los retos de desarrollo de Colombia, pero hasta ahora los resultados son mezclados. En junio 2025 el Instituto Kroc reportó “El proceso de paz sigue adelante, pero el progreso es desigual y frágil en algunas áreas. Los próximos años serán críticos.” ¿Colombia se parecerá más a Vietnam con avances consistentes acumulando año tras año o más a Sudán del Sur recayendo a la violencia y el subdesarrollo? ¿Qué harán los líderes de Colombia a todo nivel, nacional, subnacional, y en las comunidades para imaginar un nuevo futuro y trazar la ruta para llegar allí?
Hoy lanzo esta nueva columna intitulada “El Desarrollo es una forma de pensar”, para explorar temas del día en el sector del desarrollo internacional. Mis escritos estarán guiados por la idea de que el desarrollo está impulsado por la calidad de los líderes de un país en todos los niveles. Les invito a unirse conmigo en esta exploración de ideas de cómo mejorar el desarrollo.
Acerca del autor

Jeremiah Carew
*Arquitecto de la Universidad de Yale y Maestro en Estudios Latinoamericanos y Planeación Regional y Comunitaria de la Universidad de Texas. Fue oficial senior del servicio exterior del Gobierno de Estados Unidos. Subdirector de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID/Colombia) y ha estado en varias misiones de USAID en el mundo: En Sudán del Sur, Vietnam, Afganistán, Uganda y Perú. También fue consultor y voluntario en el Cuerpo de Paz, en República Dominicana y Ecuador.
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