Desaceleración y recuperación económica: retos y precauciones
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Desaceleración y recuperación económica: retos y precauciones

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Ante la realidad de las cifras, el gobierno propone dos muy malas ideas: inversiones forzosas de la banca y relajar la regla fiscal. Esto dicen las cifras, y esto dice la experiencia de la propia Colombia.

Andrés F. Giraldo Palomino*

Cifras contundentes

Los datos macroeconómicos más recientes muestran una seria desaceleración de la economía colombiana.

Según el DANE, el aumento del producto del último trimestre del año 2023 fue 0, 3%, lo cual implica un resultado anual de 0, 6%. Sin contar las recesiones de 2020, año de pandemia, y de 1999, ese dato iguala al de 1998, justo antes de la recesión de fin de siglo.

Por su parte el Indicador mensual de Seguimiento de la Economía del DANE muestra también una fuerte desaceleración. La actividad económica aumenta en un 1, 3%, cifra similar a las del 2023 y muy por debajo de los dos años de postpandemia.
En concordancia con lo anterior, en marzo de este año aumentó el desempleo en comparación con el mismo mes del 2023. En un artículo anterior en Razón Pública señalé que el panorama para este año no era alentador, y las cifras infortunadamente lo corroboran. 

El rezago entre actividad económica y mercado laboral explica que el desempleo haya empezado a aumentar desde finales de este año. Este fenómeno es preocupante porque el mercado laboral tardará en reaccionar si se presenta una recuperación económica, lo que nos hace vislumbrar un panorama difícil del mercado laboral en el 2024.

Le recomendamos: ¿Un próspero año?: la economía colombiana en 2023 y 2024

Respuestas insuficientes 

La recuperación económica debe ser un tema central en la agenda del gobierno. Y debe reaccionar rápido. 

Ya el Banco de la República está reduciendo la tasa de interés, pero todavía a un ritmo lento debido a que la Fed se ha mostrado cautelosa sobre la reducción de su tasa y a que el Banco está esperando que la senda descendiente de la inflación se consolide y que las expectativas de inflación también caigan.

Lo que en materia monetaria podría interpretarse como un esfuerzo tímido de reducir la tasa de interés, en el frente fiscal debería ser una alerta que prenda todas las alarmas:  preocupa la escasa ejecución presupuestal a marzo 31. La Contraloría General reportó que, a esa fecha, la ejecución presupuestal global del rubro de inversión no supera el 9,1%. 

Preocupa que la tendencia no cambie respecto del año pasado y que llevó al peor resultado de la inversión pública y privada en muchos años, con una caída de más del 20% respecto del 2022.

Desconcierto y anuncios

Las respuestas del gobierno a las críticas por la poca ejecución y los malos resultados macroeconómicos han despertado otra oleada de críticas por la falta de norte que sugieren esas declaraciones.    

Foto: X: Presidencia - El anuncio del presidente sobre los proyectos de ley, solo se centró en la búsqueda de inversiones forzosas por parte del sistema financiero.

En resumen, del cónclave gubernamental salieron dos muy malas ideas para impulsar la reactivación económica: que el sector financiero realice inversiones forzosas y relajar la regla fiscal, lo cual significará aumentar la deuda pública. ¿Qué implicaciones tienen estas propuestas?

En el cónclave ministerial en Paipa, el presidente anunció la presentación de proyectos de ley para iniciar la recuperación económica, aunque limitó  su anuncio a la búsqueda de inversiones forzosas por parte del sistema financiero. La semana siguiente a esa reunión no trajo buenas noticias. 

Al anuncio del DANE del aumento del desempleo a marzo de 2024, se sumó la polémica respecto de la recuperación de ingresos tributarios por litigios de la DIAN. El Comité Autónomo de la Regla Fiscal ya se había pronunciado sobre la idea del gobierno de incluir esos ingresos inciertos como ciertos en el balance fiscal del 2024. Además de llamar la atención sobre el falso optimismo que implicaría esta decisión, el Comité hizo notar que hacerlo llevaría a una “subestimación estructural del déficit fiscal”.  

Y como si lo anterior no fuera preocupante, el anuncio del 1 de mayo produjo merecido revuelo en la opinión: el gobierno presentará un proyecto de ley para relajar la regla fiscal.

En resumen, del cónclave gubernamental salieron dos muy malas ideas para impulsar la reactivación económica: que el sector financiero realice inversiones forzosas y relajar la regla fiscal, lo cual significará aumentar la deuda pública. ¿Qué implicaciones tienen estas propuestas?

Inversiones forzosas, o subsidios a dedo   

La idea del gobierno es aplicar esta estrategia que fue muy usada en la segunda mitad del siglo XX y cuyos resultados fueron negativos en términos de efectividad de largo plazo y de profundización de un mercado de crédito sano para Colombia.

Como señalan Sánchez, Fernández y Armenta en el libro “Economía colombiana del siglo XX, un análisis cuantitativo”, el bajo nivel de desarrollo del mercado de dinero y del mercado de crédito se debió, entre otras cosas, a la financiación directa del Banco de la República a través de crédito y los préstamos dirigidos a tasas administradas.

Lo primero porque implicaba emisión directa y perpetuaba la inflación. Lo segundo porque se regía por criterios políticos y no técnicos. Un conjunto de personas en la Junta Monetaria del Banco de la República, que no era independiente, decidía a dedo cuáles   sectores, peor, cuáles empresas (y cuáles dueños) “merecían” tasas de interés preferenciales. 

Por eso el sistema no funcionó, y aunque la economía creció a buen ritmo, la evidencia indica que no se debió a las inversiones forzosas del Banco de la República en sectores beneficiarios.

Ahora el gobierno quiere que el sistema financiero haga lo que el Banco de la República no logró en la segunda mitad del siglo XX. ¿Quién define los sectores que recibirán los préstamos? ¿Quién define las tasas de interés? ¿Por qué unos sectores y no otros?

Las inversiones forzosas son una intervención en el funcionamiento del mercado de crédito que nos harían desandar el camino recorrido desde la Constitución de 1991, que eliminó esos subsidios. Si muchos dicen que el sistema financiero es oligopólico, deberían repasar algo de historia económica y revisar el funcionamiento de ese mismo sistema financiero con menos competencia de la que existe hoy día.

Relajar la regla fiscal, disparar la deuda

Las reglas (flexibles) en la política macroeconómica pretenden que las autoridades actúen de manera transparente en el diseño y ejecución de sus políticas. 

Esas reglas permiten anclar las expectativas de los agentes, porque pueden anticipar las acciones de las autoridades monetarias y fiscales. 

La regla fiscal, por ejemplo, da margen al gobierno cuando la deuda neta está por debajo de un cierto nivel y le envía señales de qué medidas tomar cuando existe riesgo de desborde. La pandemia dio margen de actuación al gobierno de entonces porque era una situación atípica de un tamaño jamás vivido en la historia reciente.

Aunque todos los gobiernos tienden a aumentar el presupuesto, el aumento de este año con relación al año pasado es de los más altos de la historia reciente. Y si a esto le añadimos la poca ejecución presupuestal, no hay argumento de peso para pedirle al Congreso que apruebe un cambio en la regla fiscal.

Hacerlo implicaría una deuda pública interna y externa más costosa y por ende más recursos del presupuesto para servicio de la deuda, peor aún cuando este gobierno ha aumentado el gasto de funcionamiento.

Dos malas ideas

Las propuestas de reactivación económica por parte del gobierno, resultado de la reunión de Paipa, son malas por donde se le mire. Y aunque tiene intenciones loables, como enfrentar la desaceleración económica, lo que hace es llenar de trampas el desempeño en el mediano y largo plazo de la economía colombiana. 

El gobierno está optando por salidas fáciles que en el muy corto plazo podrían mostrar efectos positivos pero que son insostenibles a la luz del mediano y largo plazo. 

El gobierno debería pensar estratégicamente en cómo impulsar la inversión pública en infraestructura y vivienda, y en convocar al sector privado en un propósito común de país que lleve a un crecimiento sostenible. Enviar señales amistosas a quienes generan empleo ayudaría a cambiar el rumbo de la inversión y reversaría la trayectoria de la desconfianza económica reinante.

Un sector privado preocupado por invertir y generar empleo y un sector público enfocado en abonar el terreno para el crecimiento económico y concentrado en atacar las desigualdades en sectores sociales que se quedan atrás en el crecimiento, es la mejor receta para pensar en un mejor futuro. No cónclaves en donde lo que pareció brillar fueron las malas ideas macro que no funcionaron en el pasado.

Lea en Razón Pública: La trata de mujeres, niñas, adolescentes: ¿cómo prevenirla?

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Andres Giraldo

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Andres Giraldo

*Economista y profesor asociado de la Universidad Javeriana. Correo: (afgiraldo@gmail.com).

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