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Del ‘me gusta’ al ‘me comprometo’: el uso político de las redes sociales

Escrito por Víctor Solano

Colombia fue pionera –y tiene un record mundial en la movilización masiva de ciudadanos a través de las redes sociales. Hoy tenemos experencias diversas y estimulantes, pero también un cierto sesgo farandulero y más verbal que real.

Víctor Solano*

Ciudadanos en red

Las redes sociales emergieron como un tsunami gigante,  impredecible e incontenible. Lo que comenzó como un ‘lugar’ para el encuentro casual con amigos (o para hacer nuevas amistades) se convirtió en la plataforma de interaccion social más revolucionaria. 

Estas redes se han convertido en canales para construir movimientos sociales que van desde el alzamiento contra las dictaduras árabes encorvadas por su propia vejez, hasta la pequeña revolución de un grupo de niños que recuperan el espacio de una ladera en los cerros de Medellín.

Pero también –y aunque quizás sin entender aún muy bien los medios sociales–, los gobiernos han encontrado un canal adicional para comunicarse con los ciudadanos.

Y todavía se nota la torpeza de los políticos que pretenden encontrar en estas redes canales ‘a la moda’ para seguir con trasnochados discursos ‘veintijulieros’ que les ayuden a perpetuarse en el poder.

Mientras tanto, allá afuera, los ciudadanos empiezan a encontrar en la red espacios que estimulan el discurso disruptivo, el cambio social. De pronto, las preocupaciones de siempre encuentran un nuevo lugar para propagar la inconformidad.


Protestas en Bogotá durante el Paro Agrario Campesino.
Foto: Marcha Patriótica

La experiencia del 4F

Febrero 4 de 2008. Una cantidad aún no totalmente confirmada de personas por toda Colombia salió a las calles, vestida de blanco, y con un coro unísono: “¡No más FARC!, ¡no más FARC!”.

Se llenaron las principales calles de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, pero también las de Icononzo, San Gil, Cereté, Tuluá y cientos de municipios más. Además, decenas de ciudades en todo el mundo vieron a una diáspora colombiana, feliz y emancipada, enarbolando banderas tricolor.

Un mes antes, un grupo de no más de 12 colombianos que no se conocían entre sí, empezó a conversar en Facebook y conectaron las voluntades de cientos de ciudadanos que se organizaron en nodos informativos en cada pueblito y en cada capital del mundo.

Un mes después esos 12 colombianos se habían convertido en una cantidad que algunos estiman en 12 millones de compatriotas en las calles repudiando la violencia del grupo guerrillero que había hastiado a la sociedad civil.

El ‘4F’ sigue siendo considerada como la manifestación más grande en las calles originada por las redes sociales –y no solo en Colombia, sino en el mundo–. Aún cuando la llamada ‘Primavera Árabe’ tuvo un impacto tangible a las pocas semanas de iniciada con el derrocamiento de las dictaduras respectivas en Túnez y Egipto, el 4F tuvo la contundencia de movilizar masivamente a una sociedad apática.

Salvo algunos brotes sindicales y estudiantiles en las décadas de los 60 y 70, Colombia tiene una tradición de protesta popular bastante débil. Las manifestaciones han sido de gueto, de gremio, de minorías parcialmente organizadas y representadas en el asfalto por grupos aún más minúsculos y predecibles.

En cambio, el 4F, sin ser del todo aséptica frente a los intereses del gobierno –que acabaron por infiltrarse– pudo recoger la simpatía sincera de millones que se encontraron en un mismo grito y al mismo tiempo.

Todavía se nota la torpeza de los políticos que pretenden encontrar en estas redes canales ‘a la moda’ para seguir con trasnochados discursos ‘veintijulieros’ que les ayuden a perpetuarse en el poder.

En los cuarteles generales de Facebook aún siguen citando la proeza que un pueblo dio en tiempos en que en toda Colombia no había más de 450.000 usuarios, y el grupo fundacional de ‘No más Farc’ alcanzaba los 380.000 miembros.

A partir de allí, el entorno digital y las redes sociales comenzaron a ser tomadas en serio por los activistas.

Otras experiencias importantes

Brigada Digital: En diciembre de 2010 los ciudadanos decidieron organizarse para enviar ayudas a los damnificados de la ola invernal que azotó a decenas de municipios en toda Colombia.

El Ministerio de las TIC advirtió el poder que allí se estaba alzando y articuló a los operadores de telefonía móvil para que por cada mensaje de texto enviado por los usuarios que donaban dinero los operadores pusieran otro porcentaje. En solo cuatro días de operación, los ciudadanos  reunieron 313 millones de pesos y la cifra se multiplicó por varias veces más en las semanas siguientes.

Hoy la Brigada Digital sigue siendo una iniciativa ciudadana que forma a usuarios en todo el país para que estimulen el uso solidario de las redes sociales en situaciones críticas y en la movilización de causas o debates de relevancia pública.

Recientemente, con su presión a través de las redes sociales esta brigada logró apoyar a ciudadanos que pidieron debate entre los candidatos presidenciales cuando estos intentaban escabullirse y parapetarse en sus cuñas de radio y televisión. Igualmente, logró presionar para que no se aprobara la reforma a la salud.

Twitteraton: Como un coletazo de la Brigada Digital para recoger ayudas para los damnificados de la ola invernal, nacieron las famosas “twitteratones”, jornadas donde los ciudadanos se organizaron de manera espontánea para apoyar el trabajo de alguna fundación sin ánimo de lucro que por el valor de su misión merecía un apoyo especial en momentos difíciles.

Hasta este momento, los twitteratones han salvado a fundaciones que cuidan animales y a otras, como la Fundación Niños por un Nuevo Planeta, que protege a menores víctimas de abuso sexual. En cuestión de horas recogieron cerca de 5.000 productos de primera necesidad y consiguieron el apadrinamiento de muchos de estos 130 niños.

#AyudaValentina: Bajo este hashtag, una medellinense decidió poner a rodar los piñones de la solidaridad para recoger ayudas para sobrellevar los pocos días de vida que le quedaban, según los diagnósticos médicos, a una niña de semanas de nacida que había sido producto de la violación a una joven con problemas de desarrollo mental.

El ‘4F’ sigue siendo considerada como la manifestación más grande en las calles originada por las redes sociales –y no solo en Colombia, sino en el mundo–. ​

La menor nació con sífilis, dislocación de cadera y otros problemas de salud que ponían en riesgo su vida. Con el esfuerzo de @catalojara88 (con menos de 100 seguidores en Twitter para la época), cientos de ayudas llegaron.

Un desconocido en Bogotá decidió pagarle a la niña la educación hasta que fuese mayor de edad; una celebridad que no quiso revelar su nombre le costea aún la medicina prepagada. Y hoy, casi cuatro años después, Valentina no solo está viva sino que es feliz, sonriente y saludable.

La derrota de la reforma a la justicia: Un grupo de ciudadanos, con muy pocos hilos de conexión entre sí, decidió reunirse una fría noche en el andén de la Universidad Javeriana. Allí, resueltos a hacer algo para que la reforma a la justicia no se aprobara con todos los vicios de forma y fondo que traía, decidieron adoptar una estrategia mediática con el apoyo de las redes sociales.

Bajo el hashtag #SeMueveLaContraReforma lograron el hasta hoy récord de duración de una etiqueta política como tendencia (trending topic) en Colombia: tres días en los que los colombianos fueron entendiendo los riesgos de dicha reforma.

La presión llegó a su clímax cuando el presidente Santos se bajó de un avión proveniente de Brasil y pidió a los congresistas que reversaran su idea de aprobar la reforma. Los congresistas obedecieron, ganaron los ciudadanos.

‘El tal paro’ agrario sí existió: Con una fuerza sin precedentes, los movimientos campesinos lograron mover las fibras de los usuarios en las redes sociales que se volcaron a sus dispositivos para hacer visible una protesta que en un primer momento fue desestimada de manera miope por el gobierno.

Cientos de ‘memes’ aparecieron para caricaturizar al gobierno y mostrar las reclamaciones campesinas. Etiquetas como #ParoAgrario o #YDelCampoQue fueron tendencia en las redes que aglutinaron a sectores distintos del gremio campesino.


Protestas en contra de las Farc en la calle 127 de Bogotá.
Foto: Patton

Un baldado de agua fría

El presente trae la pertinente reflexión sobre otras movilizaciones que parecen llamar la atención, pero que dejan la sensación del humo disperso. Un ejemplo claro y vigente es del llamado “reto de la cubeta” que se inició en Estados Unidos para llamar la atención de la sociedad civil con respecto a la necesidad de apoyar con fondos a la investigación para mitigar el efecto de la Esclerosis Lateral Amiotrófica.

El golpe visual de la campaña consiste en verter una cubeta de agua helada sobre la cabeza del personaje que es retado por otros, pero que lo más importante es hacer la donación de dinero. Hasta ahí todo bien.

De hecho, en cuestión de dos meses de campaña en Estados Unidos, la Asociación que recibe los recursos recogió cerca de 100 millones de dólares, cifra que podría ubicar a esta campaña de comunicación como una de las más exitosas en toda la historia.

Sin embargo, la asociación par en Colombia señaló que a pesar de la cantidad de videos que habían visto de celebridades y de anodinos regándose el balde en la cabeza, en el país no habían recibido un solo peso.

Con esta denuncia llegaron las primeras donaciones. Mientras en Estados Unidos van en más de 100 millones de dólares, en Colombia va un poco más de un millón de pesos.

La tentación de quedarse en el efecto farandulero de mojarse pudo más que el estímulo a la sociedad civil para que ejercitara su solidaridad.

A los colombianos les fascina usar redes sociales y muchos de ellos son activamente digitales. Esto se les facilita por la tradición paternalista de entender la responsabilidad social como la donación de elementos, pero se les dificulta mucho salir a las calles.

A pesar de los ejemplos anteriormente citados, aún la arenga se queda muchas veces solo en la red y allí, en medio de las barreras que dan el anonimato y la distancia, muchos no van más allá.

Sin embargo, el gran reto es pasar en Facebook del perezoso botón ‘me gusta’ a la actitud y la acción del ‘me comprometo’, un botón que lamentablemente no existe, pero que se tiene la esperanza de que se active dentro de cada uno.

 

*Consultor en comunicaciones

twitter1-1@solano

 

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