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El debilitamiento de la democracia liberal en Occidente

Escrito por Andrea Arango
En Hong Kong las protestas se centraron en exigir más libertad a los regímenes autoritarios.

Andrea Arango Razón PúblicaAunque democráticas, las numerosas movilizaciones han tenido un carácter populista y antiliberal. Mientras tanto, fuera de Occidente se reclaman las libertades individuales.

Andrea Arango Gutiérrez*

El liberalismo en Occidente

En su reporte anual, Freedom House indicó hace un año la tendencia al declive de la democracia liberal en el mundo. La organización afirmó que entre 1998 y 2005 aumentó el número de regímenes liberales; sin embargo, la tendencia se invirtió entre el 2005 y el 2018, registrando un aumento del 26 por ciento de países en el mundo catalogados como “no libres”, mientras que disminuyó en un 44 por ciento el número de países considerados “libres”.

A diferencia de Freedom House, quien habla de la libertad en todo el mundo, me referiré a los fenómenos que dan cuenta del declive de la democracia liberal en Occidente. Como lo expresé en un artículo anterior de Razón Pública, se trata de un régimen político anclado a la trayectoria histórica de Europa y Norteamérica, de modo que a la hora de estudiarlo es muy importante tener en cuenta el contexto.

El corazón del liberalismo es su idea atomizada de la persona en la figura del individuo, quien posee la capacidad de autodeterminación (agencia); algo ajeno al confucianismo y al islam. Así que hechos como la represión china a las manifestaciones en Hong Kong o el liderazgo despótico de Erdogan en Turquía no son en verdad indicadores del declive de la democracia liberal.

Movilizaciones democráticas, pero no liberales

Mientras que el 2018 fue el año del declive de la democracia liberal, el 2019 fue el de las movilizaciones populares; y aunque esto parece ser un indicador de mayor democracia, vamos a ver que en Occidente la naturaleza de esas movilizaciones, aunque sí es democrática, no es liberal.

Las movilizaciones registradas durante el 2019 se pueden agrupar en dos tipos: en el seno de Occidente, son movilizaciones por la precarización de las condiciones socio-económicas; mientras que en lugares como Hong Kong, República Checa, Kasajistán, Argelia y Sudán, los reclamos son por más libertad en el contexto de regímenes autocráticos.

Las personas están cansadas de no ser escuchados por las instituciones.

Foto: Flickr
Las personas están cansadas de no ser escuchados por las instituciones.

Resulta paradójico que sea por fuera de Occidente donde se reclamen derechos individuales y minoritarios propios de la democracia liberal; mientras que, en territorios occidentales, las movilizaciones tiendan a reforzar fenómenos populistas en la trayectoria antiliberal que afectan la división de poderes y ocasionan violaciones a los derechos humanos.

Lo anterior coincide con lo que había identificado Freedom House. Será interesante ver cómo ese portal va a registrar el aumento de las protestas, un indicador de la participación democrática, en sociedades occidentales con ideas antiliberales, como los movimientos anti-inmigración en Holanda o la eurofobia en el Reino Unido.

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Descontento popular con el establecimiento

El Brexit y el triunfo de Trump en el 2016 fueron eventos inequívocos del descontento popular con el establecimiento que representaba la democracia liberal; descontento que no diferenciaba entre el progresismo del proyecto cosmopolita liberal y la desigualdad que produce el neoliberalismo. Sin embargo, la interpretación de entonces minimizó las causas del fenómeno, culpando a los analistas de datos y a la injerencia rusa en la política occidental; como si la movilización sólo fuese genuina cuando defiende valores liberales.

El corazón del liberalismo es su idea atomizada de la persona en la figura del individuo

Esto menosprecia la capacidad de agencia de los votantes, ya que la movilización no obedece a la manipulación ni desinformación, sino a la experiencia de vida de los trabajadores que padecen la incapacidad de movilidad económica, de las personas que no se sienten representadas políticamente y de los jóvenes que carecen de sentido en el contexto de la modernidad tardía. Occidente está atravesando una crisis económica, política y cultural que afecta directamente la democracia liberal.

Los efectos del neoliberalismo

El aplastante triunfo electoral de Macron sobre la populista Marine Le Pen en Francia en el 2017 parecía ser una luz de esperanza para el liberalismo en Occidente. Allí sí se hablaba de verdadera capacidad de razonar por parte de los electores: ¡reapareció la agencia a la luz de la razón ilustrada!; aquella que valora el proyecto emancipador del liberalismo político y es capaz de diferenciarlo de las desigualdades que acarrea su versión económica.

A pesar de ello, el movimiento popular de los chalecos amarillos, protagonista desde el 2018, indica que la base electoral de las propuestas populistas de Le Pen, al igual que la base de Trump, tiene un sustento material mucho más radical que la simple manipulación. Se trata de un descontento con la política fiscal iluminada por la teoría del “derrame” –vale decir, la idea de que al reducir los impuestos los empresarios e inversiones aumentará la creación de empleos, aumentará el consumo y se acelerará el crecimiento de la economía.

2018 fue el año del declive de la democracia.

Foto: Flickr
2018 fue el año del declive de la democracia.

La desigualdad que produce ese sistema fiscal regresivo, donde las clases medias y bajas soportan una mayor carga impositiva, es palpable en el mismo Estados Unidos, un país con ausencia de Estado en materia de seguridad social. Al igual que en Francia y Estados Unidos, la precarización de la vida y la desigualdad, efectos del neoliberalismo, fueron el motor de movilizaciones durante el 2019 en territorios occidentalizados como Ecuador, Chile y Colombia.

En territorios occidentales, las movilizaciones tiendan a reforzar fenómenos populistas

La reducción del tamaño del Estado, el desarrollo tecnológico y la globalización han entregado la promesa del crecimiento económico a costa del desempleo, la desindustrialización, la automatización y la deslocalización del trabajo. Todas esas condiciones exacerban la movilización de las ciudadanías y estimulan los discursos demagógicos, como el de “El gran reemplazo” -según el cual los trabajadores blancos norteamericanos están siendo reemplazados por latinos que tienen “menor capacidad intelectual” que ellos- . Esta es la base del nacionalismo blanco que le habla al oído a Donald Trump, primero a través de Steven Bannon y ahora a través de su consejero Stephen Miller.

La crisis de las instituciones representativas

Ante el descontento generalizado que produce el declive de la movilidad económica, los canales representativos que ofrece la democracia liberal se han mostrado insuficientes. No sólo estamos ante la crisis del liberalismo por cuenta del auge de los nacionalismos y supremacismos racistas, sino también de la crisis de las instituciones representativas.

Se trata de la incapacidad de los cuerpos intermedios de servir de canales de comunicación entre el Estado y la sociedad, o entre las élites y los colectivos. Los partidos políticos, los parlamentos y los mismos sindicatos son incapaces de representar la diversidad de reclamos populares.

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Frente a la crisis del sistema representativo, la vía alternativa al populismo sería una democracia directa en la era digital; sin responsables a cargo. Aun así, el ejemplo de la democracia plebiscitaria en Suiza es revelador; allí los electores son capaces de hacerse cargo de ellos mismos a través de las tecnologías de la información y la comunicación, pero no por ello han evitado la existencia y el triunfo de políticas antiliberales y xenófobas.

A pesar de la opción de la democracia directa, el reclamo de nuevos liderazgos sigue latente. El populismo se presenta como una solución cercana, un catalizador que, aunque antiliberal, sí es democrático.

*Politóloga de la Universidad de Antioquia y magíster en Ciencia Política de la Universidad Estatal de San Diego en California (SDSU). andrearango09-15@hotmail.com

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1 Comentario

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oscar mauricio castaño enero 20, 2020 - 5:01 pm

muy interesante el tema de la democracia directa en la era digital, para ello en nuestro contexto hace falta por la cualificación liberal pero en el marco constitucional del estado social de derecho, pues la deriva neoliberal al parecer ha calado profundamente en el alma de un sector quizá mayoritario del país, mientras que otro sector nada despreciable, el de los abstinentes y el de la apatía política (que aunque pierde terreno lentamente) es visto por sectores populistas y progresistas como la clave del cambio en la correlación de fuerzas

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