
Davos, la semana de la ruptura geopolítica
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En la edición de 2026, el evento fue escenario de una significativa ruptura geopolítica entre los países integrantes de la Alianza Occidental, bloque que ha ejercido una influencia predominante en los ámbitos político y económico desde la Segunda Guerra Mundial.
El Foro Económico Mundial, realizado anualmente en Davos desde 1971, constituye un espacio en el que figuras clave de la economía, la tecnología y la política internacional analizan y debaten las tendencias globales. En la edición de 2026, el evento fue escenario de una significativa ruptura geopolítica entre los países integrantes de la Alianza Occidental, bloque que ha ejercido una influencia predominante en los ámbitos político y económico desde la Segunda Guerra Mundial.
Esta situación se define por las acciones, declaraciones y dinámicas promovidas por el gobierno de Donald Trump durante su segundo mandato. Tras doce meses en funciones, se observa que, pese a mantener un discurso aislacionista, ha implementado medidas intervencionistas que se desvían de la dirección adoptada por la Casa Blanca desde 1941 y contravienen el consenso previamente establecido. Este enfoque posiciona a Estados Unidos junto al grupo de países orientados a crear, mantener o expandir esferas de influencia, incluso aquellos que abogan por recuperar y sustentar antiguos legados imperiales, dejando de lado el sistema multilateral que históricamente fundamentó la influencia global estadounidense.
El proceso de fragmentación se ha producido, hasta ahora, en cuatro pasos:
- primero, ha impuesto aranceles a los aliados en forma abrupta, buscando, aparentemente, una actitud de sumisión principalmente entre los países europeos;
- segundo, ha dado la razón en los conflictos internacionales a los países que usan la fuerza militar directa para alcanzar sus objetivos, sin importar cuáles sean estos y dejando de lado las instituciones internacionales y los acuerdos que conforman el derecho internacional, lo que había sido uno de los grandes temas de defensa de la diplomacia de Estados Unidos desde la posguerra de 1945;
- tercero, ha ejecutado polémicas acciones militares internacionales, al tiempo que se presume de finalizar guerras motivadas en intrincados contextos,
- y cuarto, ha reclamado territorios para la expansión territorial. Un capítulo que Washington cerró al final de la guerra con España, cuando adquirió Puerto Rico, Filipinas, Guam y el control de Cuba.
Y pese a lo anterior, esta semana, con Davos como escenario, ante un público europeo en tensión, con hastío y en creciente desconfianza, se llevaron a cabo nuevas acciones que ponen en entredicho la posición internacional de Estados Unidos. Estas se pueden explicar así:

La exigencia de la propiedad sobre Groenlandia
Desde que Trump asumió el cargo en su primer mandato, dejó claro que su intención era que Estados Unidos se expandiese territorialmente hasta Groenlandia. En este objetivo están presentes diversas razones, todas con importancia notoria: por las posibles minas de tierras raras que la isla alberga, por las posibles reservas de petróleo, y otros recursos más. Esto se debe no solo a que es un punto estratégico de control militar y geopolítico respecto de Rusia y China, sino también a que representa una base clave para la proyección de poder geoestratégico hacia el Polo Norte, considerado la última “terra nullius” en el mundo actual. En este escenario, Rusia ostenta la posición dominante en materia de derecho marítimo, mientras Estados Unidos apenas mantiene una presencia mínima gracias a su proyección marítima desde Alaska. Además, existe una fragmentación entre los países europeos, lo que muestra una de las mayores debilidades de la OTAN en esta región.
En este segundo gobierno, Trump anunció, el día de su posesión, su objetivo de expansión territorial, afirmando que Estados Unidos tomaría Groenlandia, Canadá y el canal de Panamá. Muchos creyeron que era demagogia, pero luego del bombardeo a Irán en junio de 2025 y de la captura de Nicolás Maduro mediante una operación militar sin precedentes a nivel mundial (otra discusión son los diversos atenuantes que motivaban una acción de este tipo, así como su legalidad y legitimidad), las alertas por los objetivos de expansión se encendieron.
Trump, seguro de las capacidades militares de Estados Unidos, desde el mismo 3 de enero empezó a pujar por la toma de Groenlandia, desconociendo la posición tanto del gobierno de Dinamarca como del gobierno autónomo de Groenlandia de negarse a cualquier consideración de cesión territorial o integración dentro del país gobernado por Trump. Al llegar a Davos el miércoles 21, la tensión era evidente, pues el fin de semana anterior Trump afirmó que Groenlandia sería de Estados Unidos por las buenas o por las malas. Además, luego de que una decena de países europeos enviaron una fuerza militar mínima a la isla para simbolizar el apoyo a Dinamarca, Trump anunció nuevos aranceles a quienes habían participado de esta acción.
Y en este punto, el orden de las cosas se rompió, y no afirmaré, como han dicho muchos, que al final se salvó la situación, sino que seré enfático: Occidente no solo está en medio de su peor crisis desde 1945, sino que carece de lo fundamental: confianza. Los líderes europeos decidieron plantar cara y activar el instrumento anticoerción previsto en los reglamentos de la Unión Europea para contrarrestar a Estados Unidos, al tiempo que muchos criticaron abiertamente las acciones de Trump, entre ellos E. Macron, F. Merz, G. Meloni y otros.
El día martes, las sesiones de debate de Davos subieron el tono de preocupación, confirmaron la creciente desconfianza hacia Washington, cuando el discurso de mayor repercusión y claridad geopolítico lo pronunció el primer ministro de Canadá, quien, criticando a Trump sin mencionarlo, nos dejó una frase histórica: “Si no estás en la mesa, eres parte del menú”, con la cual indicó el cierre del orden internacional de 1945 e hizo un llamado a las potencias de mediana capacidad a resistir a los imperios y construir un nuevo orden internacional.
Finalmente, Trump presentó su “extraño” discurso el miércoles 21 y en cierta forma desactivó la crisis por Groenlandia, diciendo que no usaría la fuerza y retiraba la imposición de aranceles a los países europeos que apoyaban a Dinamarca. Ello en espera de que surtiera efecto una negociación estilo “Chipre”, sobre la presencia de Estados Unidos en Groenlandia. Los europeos, escenificando de nuevo parte de su debilidad institucionalizada, respiraron con tranquilidad.
Pero las cosas no acabaron aquí.
La Junta para la Paz
En el marco de los acuerdos para cerrar el conflicto de Gaza, el gobierno de Trump propuso la creación de una junta de gobierno transnacional que gestionara la reconstrucción de la Franja y, en esos términos, el Consejo de Seguridad apoyó la iniciativa. El gobierno de Trump, sin embargo, convirtió la organización en una entidad paralela a la ONU, al invitar a más de sesenta países y sugerir, antes de su fundación el 22 de enero, que podría reemplazar a la ONU.
La estructura de conformación se parece más a un club privado de empresarios con peculiaridades que en la política internacional son inaceptables que a una organización internacional de países.
Finalmente, el día 22, los firmantes fueron 19 países, siendo la mayoría autocracias y países de menor relevancia e influencia en la política internacional, pero ninguna de las grandes democracias occidentales, al tiempo que Trump retiraba la invitación a Carney, el primer ministro de Canadá.
Algunos analistas internacionales no solo han señalado los inconvenientes que dicha junta tiene para el orden internacional, sino que han señalado cómo los países más importantes han rechazado la invitación a ser parte del organismo toda vez que su intencionalidad va encaminada a erosionar la ONU.
Además de mantener su apoyo a Rusia y retrasar la entrega de armamento y municiones antiaéreas a Ucrania, se promueven conversaciones trilaterales que, hasta el momento, no ofrecen perspectivas claras de éxito mientras continúa el conflicto. Adicionalmente, Trump ha criticado a las tropas británicas por su desempeño en Afganistán y en otros escenarios de combate. Todo esto genera una creciente desconfianza hacia Estados Unidos, en contraste con la imagen de China como un país equilibrado y estable.
Le recomendamos: Estados Unidos y la realpolitik: de la contención al “corolario Trump” de la Doctrina Monroe
Acerca del autor
Carlos Patiño
* Profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia.
1 comentarios






Excelente análisis de la geopolítica internacional y lo que depara al mundo para el futuro en la materia.