Darío Acevedo, o la verdad de los conversos - Razón Pública
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Darío Acevedo, o la verdad de los conversos

Escrito por William Duica
Darío Acevedo: la verdad de los conversos

Darío Acevedo: la verdad de los conversos

William DuicaEl nuevo postulado para dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica es parte del grupo de ideólogos que alguna vez fueron de izquierda y ahora son uribistas. ¿Por qué se dio ese cambio extremo?

William Duica*

Cambios de bando

José Obdulio Gaviria, Alfredo Rangel, Carlos Alonso Lucio… ¿cómo explicarse el fenómeno que encarnan estos enigmas del pensamiento político colombiano?

Es muy famosa la imagen de Konrad Lorenz, precursor de los estudios etológicos, donde le ve caminar seguido de patos recién nacidos. Lorenz había descubierto que los polluelos lo seguían porque ellos desarrollan un vínculo filial indeleble con el ser con quien primero interactuaron al salir del cascarón. A esa memoria original fijada en el nacimiento la llamó “impronta”.

Quiero usar la idea de que existe una cierta impronta sicológica (específicamente, un delirio) para tratar de dar cuenta del curioso caso de estos personajes. Ellos, en sus días de polluelos políticos, militaron vehementemente en las más aguerridas alas de la izquierda. Pero al “madurar” no solo les cambió el plumaje, sino que volaron al extremo opuesto de sus idearios de juventud para posarse en las frondosas ramas de la ultraderecha criolla.

El actual senador del Centro Democrático (CD) José Obdulio Gaviria es el caso ejemplar de esta tendencia. Fue militante del partido comunista, marxista, leninista línea Mao Tse-tung.

Pero también están Everth Bustamante, senador del CD, que fue guerrillero del M-19. Alfredo Rangel, senador del CD, que militó con la Juventud Comunista y el Partido Comunista. Y Carlos Alonso Lucio, quien pasó de ser guerrillero del M-19 a predicador cristiano segregacionista.

Informes sobre desplazamiento hechos por el CNMH
Centro Nacional de Memoria Histórica.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica. 

Estos son los nombres que recurrentemente se mencionan para hablar de este fenómeno de conversión ideológica. Aunque quizá se esté olvidando a Plinio Apuleyo Mendoza, a Angelino Garzón o a Rosemberg Pabón. Pero esta lista pretende ser más emblemática que exhaustiva.

No estamos hablando de lo que llaman “transfuguismo político” es decir, de que las personas pasen de un partido a otro. Hablamos del fenómeno de conversión ideológica, de ese aparente giro de 180 grados en los valores políticos y morales que, en este caso, va de izquierda a derecha.

Puede leer: La derecha en Colombia: ¿partidos ideológicos o empresas electorales?

Un historiador negacionista

Informes sobre desplazamiento hechos por el CNMH
Informes sobre desplazamiento hechos por el CNMH
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

La reflexión sobre este fenómeno viene al caso por la designación de Darío Acevedo Carmona para dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Acevedo viene a ser uno más de estos conversos que, según el El Espectador, “admite haber militado en el ala política del Ejército Popular de Liberación (EPL)” y que ahora, digo yo, tiene el propósito de desvirtuar la “versión marxista” de la historia de Colombia que, según él, se ha apoderado de los documentos que produce el CNMH.

A Acevedo se le ha criticado desde la academia por ser un negacionista y sostener que en Colombia no ha habido “conflicto armado”, sino delincuencia asociada con el “narco terrorismo”. A raíz de esas declaraciones, muchas personas han advertido el peligro de que Acevedo, basado en sus opiniones, quiera cambiar la historia reciente del país.

Yo no creo que eso pueda hacerse. Acevedo podría quemar el CNMH y después volver a llenarlo con sus propios estudios, pero eso no cambiaría el conocimiento ni la memoria que ya tenemos.

Pero esto no quiere decir que el nuevo candidato a ocupar la dirección del CNMH sea inofensivo. El enemigo anunciado de Acevedo no es la memoria histórica sino la historia oficial. Esta es una de sus declaraciones: “Ojo, las Farc empiezan a imponer su versión sobre el ‘conflicto armado’, para que sea Historia Oficial”. 

Lo que quiere destruir Acevedo es la historia oficial. Y lamentablemente eso no es imposible. Ese es el peligro que encarna su designación.

Le recomendamos: El fantasma del revisionismo histórico ronda el CNMH.

Historia y verdad

Centro Nacional de Memoria Histórica.
Centro Nacional de Memoria Histórica. 
Foto: Daniel Sarmiento para el CNMH.

Dice Acevedo que para la academia y los investigadores de la historia es claro que existen múltiples verdades y aproximaciones a los hechos históricos y, por lo tanto, no puede haber una historia oficial. Para él el concepto mismo de historia oficial es propio de los regímenes dictatoriales.

Cuando digo que es lamentable que consiga su objetivo, me refiero a que con este argumento puede engatusar a más de uno. Porque el relativismo, en todas sus versiones, ha cautivado al mundo posmoderno de izquierda y de derecha.

La artimaña de Acevedo, ataviada de argumento académico, consiste en unir una verdad con una falsedad. La verdad es que en la investigación histórica (la científica en general) siempre hay múltiples aproximaciones a los hechos (eso es lo que llamamos hipótesis). La falsedad consiste en de esa premisa se siga que no puede haber historia oficial.

El primer giro falaz está en relacionar la idea de múltiples aproximaciones con la idea de múltiples verdades. Las hipótesis, por definición, no son verdades, porque justamente están por comprobarse.

Por eso es tramposo equiparar verdades con aproximaciones. Con ese engaño quiere convencer a los incautos de que es más democrático que convivan las múltiples verdades sobre la historia de Colombia, que pretender reducirla a una versión, que por ser oficial sería única e indiscutible.

El segundo giro de la falacia está en hacernos creer que “oficial” significa “único” e “incuestionable”. Por eso es Acevedo asocia lo oficial con lo autoritario. Pero cuando hablamos de una entidad oficial, lo que se quiere destacar es su carácter público, estatal. Oficial en este sentido se opone a privado.

La historia oficial

Ahora pensemos en lo importante que es la idea de una historia pública: una historia expuesta a todos sin ocultamientos, una historia que un Estado asume públicamente como su historia. Eso es lo que debemos entender por historia oficial, el autoconocimiento de una nación. En ese caso no hay nada que implique la existencia de lo que el mismo Acevedo se propone hacer: ser un comisario que controla lo que se puede decir.

Lo que lograría Acevedo al desvirtuar la “versión” del conflicto armado como historia oficial es volver todo un cuento: el cuento ese del conflicto, el cuento de las tales “condiciones objetivas”, el cuento de que la concentración de la tierra es un factor de violencia, el cuento del exterminio de los líderes sociales. Todos esos son, según Acevedo, cuentos. Son la versión marxista de la historia que quiere desvirtuar.

Para lograrlo invoca su legítimo derecho a tener otra opinión sobre la historia. Porque cree que, a la larga, los historiadores tienen solo opiniones sobre los hechos. Y entonces cree que nadie le puede quitar su derecho a ser director del CNMH por opinar lo que opina. Pero la ciencia, profesor Acevedo, no queda reducida a un conjunto de opiniones por el hecho de no sostener verdades absolutas.  

Siempre han sido extremistas

Informe Basta Ya.
Informe Basta Ya. 
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

¿Cómo es posible que un historiador llegue a estas conclusiones? Una posibilidad es que se deba a su metamorfosis, a esa transformación radical que sufrió al pasar de la “extrema izquierda” a la “extrema derecha”.

La otra posibilidad es que no haya habido tal transformación. Quizá debamos concentrarnos en lo que no ha cambiado, en esa impronta sicológica que desarrollaron estos conversos en el momento de su nacimiento político.

Es cierto que han cambiado de ideología, de compromisos, de fachas, de amigos y de enemigos, y eso es lo que marca el contraste entre “izquierda” y “derecha” en ellos. Pasaron de defender las luchas del pueblo en contra de los intereses del Estado capitalista a defender los intereses supremos de la Patria en contra de la lucha de clases.

Pero en ambos casos han pensado la práctica de la política como una labor de salvación, como una lucha redentora.

La impronta psicológica que adquirieron es su carácter extremo. En la derecha o en la izquierda han sido y son extremistas. No conciben a un contradictor sino a un enemigo. Y en ningún caso quieren rendirse al enemigo.

Piensan que reconocer al contradictor como interlocutor es doblegarse. Por eso no entienden la idea de “acuerdo”. Por eso ven a Santos como un arrodillado o como un aliado de las FARC. En su visión extremista no hay ninguna otra posibilidad de comprensión.

Le recomendamos: Colombia, por fin derecha: ¿e izquierda?

Como militantes de izquierda o de derecha conservan ese carácter extremista que adquirieron cuando salieron de sus cascarones de crianza y se encontraron con la primera actitud política que vieron y que fijó su impronta: el delirio mesiánico.

*Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en el Departamento de Filosofía. Investigador en el grupo Relativismo y Racionalidad.

 

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