Hay que dar un paso más allá del fracaso de la guerra contra las drogas - Razón Pública
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Hay que dar un paso más allá del fracaso de la guerra contra las drogas

Escrito por Ricardo Vargas
Ricardo Vargas

El tráfico y el consumo de drogas siguen aumentando a pesar de la estrategia prohibicionista. La legalización no es la solución de todos los problemas.

Ricardo Vargas*

Una guerra obsoleta

La guerra contra las drogas está en su peor momento. A pesar de los esfuerzos policivos y militares, en Estados Unidos y en el mundo miles de personas están muriendo en una epidemia por uso de drogas legales e ilegales.

En 2020, las muertes por sobredosis de opiáceos marcaron un hito histórico: 93.331 personas fallecieron por este motivo en Estados Unidos, lo que muestra un aumento

Gráfica 1. Muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos

Fuente: BBC News World.

En los países del sur, la responsabilidad se atribuye a los consumidores, mientras que en los del norte se culpa a las naciones productoras. Como si fuera poco, el problema del consumo suele abordarse desde una perspectiva individual: la del usuario que tiene contacto con una sustancia psicoactiva.

Pero estas perspectivas no explican el problema en toda su complejidad. ¿Cuáles son las causas subyacentes al consumo de sustancias psicoactivas? ¿Quiénes tienen interés en prolongar una guerra que no funciona? ¿La legalización de las drogas es la salida o es solo una parte de la solución?

El consumo, más allá del individuo

Según Anne Case y Angus Deaton, la epidemia actual por uso de drogas solo puede explicarse en el contexto de un modelo económico neoliberal y desigual, que ha excluido y marginalizado a poblaciones enteras.

La falta de acceso a la salud y la educación, la inequitativa distribución de ingresos y el consecuente empobrecimiento de un amplio grupo de personas han creado una masa emocionalmente frustrada y desesperada, que “encuentra refugio” en el suicidio, el alcoholismo o las drogas legales e ilegales.

En Estados Unidos, las dos últimas epidemias por uso de drogas han estado relacionadas con la pérdida de empleos:

  • Durante la década de los setenta, la epidemia por uso del crac asoló sobre todo a las poblaciones negras en las ciudades del norte y se relacionó con la pérdida prolongada de empleos de la clase trabajadora.
  • La epidemia más reciente por uso de opiáceos viene golpeando principalmente a poblaciones blancas con menos estudios y pocas oportunidades.

En palabras de Case y Deaton, “con la globalización, la tecnología cambiante, los crecientes costos sanitarios de los empleados y el paso de la manufactura a los servicios, las empresas despidieron a la mano de obra menos formada, primero a los negros y después a los blancos con menos estudios”. Después de ser despedidas, estas personas buscaron las drogas disponibles, “que podían atenuar el dolor psicológico o físico a un precio (podría decirse) asequible para poblaciones que deseaban la huida que proporcionaban”.

En 2020, las muertes por sobredosis de opiáceos marcaron un hito histórico: 93.331 personas fallecieron por este motivo en Estados Unidos

En estas epidemias, el causante no ha sido una bacteria o un virus, sino un grupo de personas:

  • las compañías farmacéuticas que fabrican algunos medicamentos y promueven agresivamente su venta;
  • los congresistas, que han impedido que la Administración de Control de Drogas (DEA) persiguiera una prescripción excesiva de recetas;
  • la misma DEA, que accedió a las peticiones de los empresarios y mantuvo las normas que permitían importar ciertas materias primas;
  • la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), que ha aprobado medicamentos sin tener en cuenta las amplias consecuencias sociales de hacerlo;
  • los profesionales médicos que irresponsablemente han recetado medicamentos en exceso; y
  • los traficantes de drogas de México y China, que ocuparon el lugar de los médicos cuando las prescripciones empezaron a reducirse.

Esta es una muestra del entramado de intereses políticos y económicos que están en juego en el negocio de las drogas. En ese contexto, la represión y la erradicación violenta no representan una solución viable. Pero esto también lleva a pensar que la legalización de las drogas no es suficiente, y que se requiere una respuesta de largo plazo que atienda las causas subyacentes del consumo.

La cocaína: un escenario incontrolable

En el caso de la cocaína, su auge mundial está fuera de control y muestra que la actual estrategia prohibicionista fracasó.

A pesar de la diferencia de cifras entre la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca (ONDCP) y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), ambas muestran un incremento del potencial productivo de cocaína de más de 2.000 toneladas al año en la región andina.

Cuadro No.1

Áreas de coca y potencial productivo de cocaína en la región andina 2017-2020 según ONDCP y UNODC

Fuente Años Colombia Perú Bolivia Región
No. Has. Prod. (ton.) No. Has. Prod. (ton.) No. Has. Prod. (ton.) Prod. (ton.)
ONDCP 2020 245.000 1.010 88.200 810 39.400 312 2.132
2019 212.000 936 72.000 649 42.180 301 1.886
2018 208.000 877 52.100 527 32.900 251 1.655
2017 209.000 906 49.800 481 31.000 246 1.633
UNODC 2020 143.000 1.228
2019 154.000 1.137 54.700 25.500 1784
2018 169.000 1.120 54.100 23.100 1723
2017 171.000 1.058 49.900 24.500 1647

Fuente: elaboración propia con información de la UNODC y la ONDCP.

El aporte colombiano al volumen global de cocaína se puede observar con más consistencia en las cifras de la UNODC. A pesar de que se carece de un dato sobre el potencial productivo en toda la región, se sabe que está alrededor de las 1.800 toneladas y que Colombia estaría aportando el 70 % de esa producción.

Paradójicamente, la incautación es un motor que impulsa el círculo vicioso de crecimiento de áreas sembradas con coca y potencial productivo de cocaína. A mayor cantidad de incautaciones, mayor presión en la oferta de materia prima y de cocaína para los países productores. Actualmente existe un auge sin precedentes de exportación de cocaína a mercados diferentes a Estados Unidos, como Europa occidental, Suramérica, Oceanía, Asia y África.

Los cambios globales

El mercado global de cocaína se ha reinventado para mantenerse vigente: se están fortaleciendo las redes criminales, cambiando las rutas, innovando en los sistemas de refinación y acceso a materias primas, entre otras cosas.

La falta de acceso a la salud y la educación han creado una masa emocionalmente frustrada y desesperada, que “encuentra refugio” en las drogas legales e ilegales.

En los últimos años, la refinación de cocaína ha tenido un auge en países distintos de aquellos en los que tradicionalmente se produce la hoja de coca y la pasta básica de cocaína. El número de países involucrados en procesamiento de cocaína pasó de 12 entre 2010 y 2014 a 19 entre 2015 y 2019.

Además, cada vez hay más laboratorios de producción de cocaína en países que no pertenecen a la región andina: la cifra pasó de 64 entre 2011 y 2014 a 93 entre 2015 y 2019. Estos laboratorios se han reportado en Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Honduras, pero también en Europa, Norteamérica, Asia y Oceanía. Esto está revolucionando las rutas de suministro mundial, y está haciendo más difícil el control de las autoridades.

Como se ve, en este nuevo escenario Estados Unidos ha venido perdiendo importancia. Si se utilizan los datos de incautaciones para tener alguna idea de las rutas y el involucramiento de los diferentes países bien sea como lugar de demanda o de tránsito, Estados Unidos presenta una disminución visible: en 1989 el 49 % de las incautaciones tenían lugar en Estados Unidos, mientras que en 1999 la cifra pasó al 36 % y en 2019 a apenas el 18 %.

Mientras tanto, las cifras se han aumentado el resto del mundo. En Centroamérica y el Caribe se incautaron 144 y 14 toneladas respectivamente en 2019. Europa alcanzó una cifra sin antecedentes de 213 toneladas y, en Asia, las incautaciones se quintuplicaron entre 2018 y 2019. En África –principalmente occidental y central–, la cifra de incautaciones se cuadruplicó entre 2018 y 2019 y, en Oceanía, también hubo un crecimiento si se compara con lo que se incautaba hace diez años.

Foto: Pixabay - Hoy hay muchos más países involucrados en el negocio de la cocaína y la guerra por imponer la prohibición está más que perdida

El número de países involucrados en procesamiento de cocaína pasó de 12 entre 2010 y 2014 a 19 entre 2015 y 2019.

Aunque Estados Unidos ha perdido importancia como destino de exportación, se ha convertido en un lugar cada vez más importante para la reexportación de drogas hacia Europa, Asia y Oceanía. Este dato es novedoso y muestra que Estados Unidos podría dejar su lugar dominante como consumidor para pasar a responder ante el mundo como reexportador de cocaína.

Esto contrasta fuertemente con las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Colombia, que siguen estando “narcotizadas”, como lo estaban en el pasado. A pesar de las expectativas que trajo la elección de Joe Biden, hasta ahora no se ve ningún cambio sobre este tema en su administración.

Lo que sigue

El uso descontrolado de drogas tiene causas estructurales relacionadas con la marginalidad y la desigualdad. En ese contexto, es inútil seguir pensando en una estrategia represiva y militar, que solo prolonga la exclusión. Pero también es equivocado pensar que la legalización de las drogas lo solucionará todo: esta solo es una parte del conjunto de políticas que se requieren.

Desde una perspectiva transnacional y, dados los cambios en el mercado de cocaína en el mundo, las estrategias bilaterales entre Washington y Bogotá para responder al problema de las drogas son obsoletas y no corresponden con la realidad.

Para replantear el problema, Colombia debería liderar una estrategia diplomática que le dé visibilidad al problema de la cocaína internacionalmente y que busque soluciones respaldadas por investigaciones de alta calidad. Se necesitan políticas de gran alcance, que permitan sortear los efectos de un modelo económico excluyente y concentrador de la riqueza.

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